lunes, 8 de septiembre de 2014

Después del veranito... ¡a currar!

¡Hola a todos!
Ya lo sé, he estado muy desconectada y no he echo nada desde que se acabó la primera parte, pero como una primera parte necesita una segunda porque sino no se dividiría en partes... ¡Aquí viene la segunda!
Creo que ya todos (o casi todos) sabéis que el título de la segunda va a ser Sombras, puede que sepáis a lo que me refiero o puede que no. Pero bueno, el tema es que el final quedó sin decir mucho más, por lo que espero que os paséis por la segunda parte si es verdad que la historia os ha gustado.
La primera entrada tendrá lugar el domingo, que será el día en el que empiece a publicar, pero como me parece muy de lejos, os haré pequeños adelantos, uno el miércoles y otro el viernes que espero que compense. Eso sí, os tengo que comunicar que Sombras solo será publicado una vez a la semana para el bien de todos, ya que ponerse al día será más fácil y yo con todas mis complicaciones no tendré tantos atrasos si en algún momento me vienen improvisos.
Dicho esto... aquí está el enlace al nuevo blog: SOMBRAS
Y para terminar, también os tengo que comunicar que hay nueva historia, creo que menos liosa y más interesante, pero bueno, eso ya lo juzgaréis vosotros.
Un besazo,
Nerea.

sábado, 5 de julio de 2014

Capítulo 78: Último Capítulo

Pasaos por mi otro blog: Mi Pequeño Mundo
Gracias:)

Ainhoa se despierta y se levanta, se ha desmayado, pero apenas puede respirar. Tose, y se vuelve a tumbar, se arrastra por el suelo llegando a la puerta.
Lo único que pasa por su cabeza es una palabra: "Ayuda".
Extiende su brazo hacia la puerta, pero se cae en seco en seguida.
Detrás de la puerta oye unos golpes, intenta escuchar en silencio lo que dice.
-¡Vamos! ¡Joder que ha echado una bola de gas! ¡Vamos, vamos, vamos!
-¡Cállate, Fabio! -escucha a Nerea, pero está a lo lejos.
-¡Nerea! ¡El fuego! ¡Páralo, páralo, páralo!
-¡Cállate! ¡Como me hables no puedo concentrarme y parar el fuego! ¡Si no estás haciendo nada invéntate un juego!
-Veo, veo... -empieza Sam.
-¿Qué es eso? -pregunta Fabio.
-Un juego.
-Sigue pegando la puerta, por favor.
-Ayúdame, pues.
Más golpes en la puerta, y hay fuego, y ella no puede moverse, y el gas está espeso, y no puede hacer nada ara impedir todo eso. Se vuelve a sentir inútil.
En seguida, su cabeza se le cae.
Está inconsciente, pero a pesar de todo, consigue escuchar todo lo que se encuentra atrás.
El fuego sigue haciéndose paso y Fabio se pone nervioso, cada vez más, lo que hace que la poca paciencia de Nerea salte y se enfade. Sam parece tranquilo, paga su frustración de no poder abrir la puerta en la puerta.
También escucha unos pasos que se acercan hacia ellos.
Le gustaría gritar para advertirles del tema.
-Iros, yo me encargo de ella. Tenéis que salir de aquí, si uno se queda, no dudéis, seguid, es mejor que cojan a uno que a tres.
Ainhoa reconoce en seguida la voz del hombre que se ha acercado a ellos para la advertencia. Es sin ninguna duda Hermenegildo.
-¿Estás bien? -pregunta en seguida cuando los chicos se marchan corriendo.
-Sí. -susurra Ainhoa con el único hilito de voz que le sale de la garganta.
Escucha dos golpes a la pared en el último tramo, seguido de otros dos más débiles. Sin ninguna duda son Nerea y Fabio, animándola.
Hermenegildo se pega tres veces contra la puerta, y por fin se abre una pequeña grieta por la que el humo empieza a salirse un poco. Pero el fuego también hace que humo entre por él, creando un problema para el hombre, al que le cuesta respirar.
Se escuchan unos pasos corriendo y un chorro de agua.
-¡Vete, niña!
-De nada por salvarte. Adiós.
Nerea se va corriendo.
Otro golpe. La puerta se abre, y un montón de humo empieza a desaparecer del suelo donde ella está inconsciente.
-¡Mierda! ¿Estás bien? Si lo estás muévete un poco.
Ainhoa intenta con todas sus fuerzas colaborar, pero sólo consigue mover el dedo meñique.
Hermenegildo coge a Ainhoa en los brazos y sale corriendo, sigue corriendo hasta que se para en seco en una esquina.
De repente, el hombre levanta el pie y le pega a un mágico en ese mismo lugar, haciendo que caiga y que su cara de directamente contra el suelo. Por si fuera poco, Hermenegildo remata dándole un gran pisotón con fuerza en la misma cabeza.
Sigue corriendo y pega con el pie en un pequeño botón que se encuentra al lado de una puerta.
Se queda en silencio y se mueve hacia los lados.
Entonces, cuando menos se lo espera, es cuando él se gira y le pega una patada en las pelotas a otro mágico que ha venido y mirando hacia atrás se mete en el ascensor y usa a Ainhoa para ir al nivel 0 mientras que controla que el mágico se aleje.
Cuando se abalanza dentro, Hermenegildo no puede evitar que salga, y entonces empieza la pelea en la que el Olvidado pega sin cesar con el pie al mágico que se cae al suelo y apenas se puede mover.
Cuando las puertas se vuelven a abrir Hermenegildo pega un salto para no pisar al mágico y escapa, pero el chico le coge del pie y este lo mueve para que lo deje en paz.
Corre y escoge un pasillo estrecho por el que pasa de lado
De nuevo, el hombre se para en seco.
-¿Puedes convertirte en humo?
La chica no responde.
-Da igual.
Ainhoa piensa "¿Cómo que da igual?", pero entonces sus pensamientos se convierten en miedo cuando el hombre se lanza por la ventana.
Una almohada de humo hace que no se hagan daño.
Salen corriendo hacia el bosque y los únicos pensamientos de Ainhoa son que escapar, ha sido demasiado fácil.
Pero entonces, es cuando cae en un sueño profundo. Demasiado profundo.

Siento que el capítulo haya sido demasiado corto, espero que no importe. A pesar de ser el último capítulo habrá epílogo, así que hasta la semana que viene :)

domingo, 29 de junio de 2014

Capítulo 77

Ainhoa mira hacia los dos lados, tienen que ganar tiempo y a ella le toca estar junto a Enara.
Andan sigilosas hacia una puerta verde esmeralda.
-¿Crees que vamos bien? -susurra la miedosa Enara mientras que clava sus uñas sin querer en la espalda de su compañera.
-Sam nos ha dicho que sí. -responde Ainhoa.
-Por eso te pregunto. Le hemos ignorado y parece no haberle sentado nada bien. ¿Y si de repente hace algo que va en nuestra contra?
-Por algo va con tu prima en busca de Fabio. No seas tan pesimista, anda.
-No puedo evitar serlo.
Ainhoa mira para los dos lados en el más absoluto silencio, entonces, sale corriendo a intentar abrir la puerta seguida de Enara, pero esta ya, usa sus poderes para abrirlo. Algo que no sale bien.
-Con esto probamos que lo que está al otro lado es muy valioso. -piensa Ainhoa. -¡Ya sé! ¿Puedes crear el fuego ya directamente dentro de la sala?
Enara lo niega con la cabeza. Esa es la razón por la que ella está ahí, para seguir quemando cosas, se siente utilizada como un mechero.
-No sé cómo es el interior, y además, si tienen productos químicos puedo producir un desastre enorme.
-Espera, ahora vuelvo, buscaré algo para abrirla. -comenta decidida Ainhoa.
Le da rabia. Eso hace que a Enara le hierva la sangre. ¿Por qué tiene que tener tantas dudas respecto a algo que se supone que ya está decidido? Quizá sea una señal de que es una mala idea y debería de huir de ahí, pero no puede hacer una traición tan grande, deberá dejarse guiar y actuar como cuando hacía en Daemón, como una chica fuerte y decidida.
A pesar de que intenta llenar su cabeza de pensamientos positivos, la sangre le sigue hirviendo de un enfado que no es normal... ¡Espera un poco! ¡Ahí está!
-He encontrado una barra, quizá podamos echar la puerta abajo. -exclama Ainhoa al llegar.
-No. Tengo una idea mucho mejor. En vez de echar la puerta directamente abajo, puedo fundirla. Será verde pero es de metal, y si la hiervo a suficiente temperatura, se fundirá en un periquete. Sólo con una pequeña ojeadita puedo quemar todo lo demás.
-Desde luego que será más silencioso.
Enara sonríe. Le gusta sonreír, eso es algo que durante los últimos días ha aprendido con Leo. Cuánto le gusta ese chico y cuánto le agradece a su prima poner tanta excusa para que pudieran ir juntos. Más que una misión han parecido más unas vacaciones, de tanto ir de aquí allí y de allí aquí.
-¡Enara!
-Si, ahora.
Ainhoa observa a la chica con un tono rojo en las mejillas. Es extraño, porque todavía no ha empezado a hacer calor a su alrededor.
Entonces es cuando Enara apoya sus manos contra la puerta y aplica el fuego. Ainhoa pensaría que el calor se transmitiría hacia el exterior también, por lo que se extraña, también cuando toda la puerta se vuelve puré y empieza a caer hacia los lados.
-Era suficiente con un trocito, ¿no? -opina la mayor.
-Sino no podría ver nada, además, he pensado que si podía moldearlo y crear botellas o algo podríamos usarlo para llevar agua y luego para poder quemar a los oponentes.
-Buena idea. -la felicita Ainhoa, algo que hace que la sonrisa de Enara, que parecía ya bastante grande, crezca todavía más. -Enciende la luz, por favor.
Dicho y hecho.
Delante de ellas aparece una enorme biblioteca de las cuales todas las cubiertas son negras y llevan un número romano inscrito en ellas. La biblioteca parece inmensa, pero en realidad, es porque en el fondo hay un espejo donde miles de fotos de gente están colocadas. A un lado de la puerta se encuentra una mesa de madera con muchos papeles encima de ella y una silla de plástico de Heineken.
Ainhoa decide ir a hojear libros mientras y Enara se dirige hacia la mesa.
La mayor empieza a leer el primer libro que ha conseguido encontrar, el número veinte.
"Evelio Montenegro. El sujeto muestra un terrible miedo hacia los espacios cerrados. Lo hemos metido en la cámara de tortura que va disminuyendo de tamaño medio metro durante cada minuto. El Sucio ha prometido que nos lo contaría todo. Pero ha mentido. Ha dicho que es demasiado importante para nosotros y que si querían, que lo matáramos. Pero sólo es el primer día, seguiremos con las torturas y su inspección diaria, de mientras, que disfrute dentro de tubos de cristal."
Ainhoa deja caer el libro. De repente se ha dado cuenta. Sucios. Tortura. Tubos de cristal... Entra en pánico y empieza a sacar libros para mirar nombres y cómo empezaban.
Jacinta Rey, Teresa San Pedro, Ramón y Braulio Huertas, Martín Clemente... todos iguales. Todos torturados y documentados exactamente hasta su muerte o hasta su asesinato. Todos igual, como todos los demás.
Ainhoa se tapa la boca con las manos pero en seguida las aparta cuando nota que la habitación empieza a darle vueltas. Se sienta en el suelo. Algo que en seguida vuelve a cambiar. Se levanta corriendo y busca los números más recientes.
Su corazón empieza a palpitar más de prisa y encogerse a medida que ve avanzar los números, ¿cómo ha sido todo eso posible?
Cuando llega a la última estantería, la número treinta, probablemente, se agacha y busca el número más grande. 4500.
Nota cómo su corazón se va rompiendo por momentos.
La saca y observa el nombre con los ojos como platos. Margarita Soler. Ese nombre le suena mucho, de echo, le asusta que suponga realmente que la abuela de Enara haya estado ahí.
Coge el libro y va hacia su amiga a hacer la dolorosa pregunta.
-¿Tu abuela se apellidaba Soler?
La chica asiente.
-¿Por?
-Pues nos encontramos en la biblioteca de todos aquellos que fueron torturados hasta tu abuela. Ella es la última.
Los ojos de Enara se llenan de lágrimas cristalinas.
-¿Te has fijado si en todos tenían dones?
-No.
-¿Y los tenían?
-Ahora que dices... sí.
-¿Y alguno que se repita?
Ainhoa lo niega con la cabeza.
-No documentan sobre todos los que tengan poderes, sino todos aquellos que han podido echar a la mierda matando y torturando a estos. ¿Cuántos son?
-Muchos, demasiados.
-¿Cuántos?
-Cuatro mil quinientos.
Enara se levanta y le entrega a Ainhoa los papeles que se encontraba leyendo. Van de lo mismo. Pero van de algo distinto hasta ahora. Alguien a quien han alejado de los demás. El raro. Samuel Rojas.
La joven abre sus brazos y de ellos salen todos los libros que se abren y de ellas se arrancan la primera página que se doblan y se meten bien ordenaditos en la mochila que trae Enara.
-Mira en los cajones, puede que haya un libro con el nombre de todos los demás.
-¿Quieres hacerles memoria?
-Es lo que se merecen. -dice Enara con una sonrisa.
Ainhoa busca y saca dos libros grandes de tapas de cuero, una de ellas está bastante llena de polvo, pero la otra ha sido limpiada recientemente.
Abre ambas a la vez encontrándose muchos nombres.
-Dame la mochila que ahora las meto. Mientras, empieza a quemar todos los recuerdos que los malditos cabrones han creado.
Enara asiente y obedece.
En un minuto, la biblioteca de los torturados se encuentra en llamas y ellas ya han huido de ahí. Su misión ya está cumplida, pero ninguna parece querer irse.
-¿También opinas que deberíamos volver a la cárcel?
-Los cristales son resistentes al fuego, así que sí.
Mientras que andan, Enara se cae y Ainhoa observa un agujero en su brazo derecho. Alguien la ha disparado a traición. Eso es un golpe de cobarde.
Enara se levanta volando, tan rápido que parece un pajarito, parece enfadada, se ha puesto más roja de lo que la ha visto antes. Con la mano ilesa, saca la bala y se la lanza a su agresor a la cabeza, que cae como un saco al suelo.
Las dos chicas corren antes de que alguien más aparezca mientras que buscan algo con lo que poder defenderse.
Ainhoa se para y sonríe. Se defiende la cara y con el codo pega un buen golpe al cristal que esconde el extintor, el único que han visto en tanta vuelta.
-Vamos a apagar a los mágicos. -exclama cuando llega a la altura de su compañera.
Enara y Ainhoa corren y se encuentran con una pared que no da a más, pero ambas siguen corriendo porque están a la corriente del poder de la pequeña, que abre la pared como lo más fácil del mundo. Las chicas saltan y entran a una sala destruida. Alguien ha estado antes.
-Veo que la diversión sigue. -murmura una chica de ojos verdes intensos debajo de una capa marrón como el de los demás.
Para Enara es una mágica más, para Ainhoa es la chica que la atacó aquella vez en el prado, aquella que se multiplicaba y aquella que no podía vencer a menos que llegara ayuda, algo que ocurrió.
-Yo me encargo de ésta, tú ve, te necesitan en otro lado.
Ainhoa obedece, sabe que la chica podrá con esa mágica que tanto le suena. Busca la salida cerrada y la abre dándole un golpe con el extintor. Ainhoa se gira.
-No lo necesito.
Ainhoa asiente y se va con el extintor.
Un mágico aparece delante de ella. Ainhoa aprieta un botón que hace que humo blanco salga y consigue que el hombre se quede cegata, lo que aprovecha para darle con el extintor una y otra vez para dejarlo seco en el suelo.
Sigue corriendo y escondiéndose en los huecos para que no la vean, y en una de las veces en las que se ha quedado mirando por los pasillos, observa cómo los mágicos más jóvenes intentan huir del lugar. Entre ellos, en cambio, ve una cara conocida que no trata de la de Omar.
Es Nico.
Nico, el chico de Valeria, la misma Valeria torturada y metida en un tubo de cristal, está huyendo como si nada con los mágicos. El maldito traidor.
Empieza a dudar, incluso llega a desconfiarse de sí misma.
Coge la dirección opuesta y avanza hasta encontrarse una puerta abierta. En efecto, trata de la cárcel de los Olvidados.
Mira para los lados, el fuego ha sido apagado y todos aquellos que faltaban han sido sacados por alguien que llevaba algo eléctrico, puesto que un cable se le ha caído.
Mientras que observa un poco a su alrededor, alguien la empuja dentro.
Mira hacia atrás, pero es incapaz de ver a nadie ya que han cerrado la puerta, pero antes, han echado una especie de pelota que está empezando a echar gas.
Ainhoa intenta pararlo con el humo del extintor, pero no consigue nada, sólo hace que la cantidad de gases crezca.

sábado, 21 de junio de 2014

Capítulo 76

Ainhoa, junto a una Valeria casi incapaz de moverse, mira seriamente a todos. Se acercan poco a poco dándole dramatismo al momento.
Su mirada se detiene en Sam, es el más serio de todos, o quien más parece tener una idea de todo. Siente que él es la clave para salir de ahí, pero no puede evitar pensar que esas probabilidades son bien pocas, con Omar en el otro bando... todo se ha ido al traste.
Piensa en toda esa gente que ha conocido los últimos días y con los que ha compartido tantos momentos, ese final no le hace justicia a nada.
Nerea y Elías cruzan miradas. Enara se pega a Leo, y el chico, algo incómodo, se pone rígido, pero no parece molestarle del todo. Valeria está a punto de llorar. Fabio no está por ningún lado. Quién sabe cómo estarán todos los demás. Y Sam... el chico se mueve rápidamente.
-¡Romped los cristales! -grita.
Ninguno de ellos espera, cada uno con su fuerza, su rapidez y su agilidad, intenta hacer lo que él dice.
Los cristales son duros, pero la cabezonería de muchos de ellos también, y eso lo compensa. De alguna manera, de esa forma, consiguen más gente que luchar, y de cada frasco sale gente herida.
Pero ahí no acaba todo, algo en lo que Sam no ha pesando es en que cuanta más gente herida haya más responsabilidad habrá para cuidarlos, y que los ataques de los mágicos son siempre muy rápidos y con un fin despiadado.
Esos pocos escrúpulos son los que al grupo les falta.
Ainhoa intenta ayudar a todos aquellos heridos, y está cubierta por Leo, Nerea y Enara, que la protegen junto a los demás mientras que Elías y Sam se ocupan de herir y defenderse. Por alguna razón, Sam parece entender lo que pasa y lo que tiene que hacer, algo que Elías va ganando poco a poco.
-¡Llévalos a una habitación baja! -chilla Nerea mientras que se adelanta con los otros dos chicos junto con su prima.
-Vosotros también. -añade Enara.
-¿Por qué? -pregunta Elías.
-Necesitáis mi ayuda, conozco esto mejor que nadie. -comenta Sam.
-No si te asamos como a un pollo. -advierte Nerea.
-Es verdad, iros, y por esa misma razón os necesitan más, no seáis cabezones e iros de una vez. -exclama Enara, fuerte, aunque le cueste serlo, como Nerea ya les comentó a Ainhoa y Omar una vez, la chica es demasiado pesimista, además, tiene un sentido de la culpabilidad que al mínimo se despierta.
Elías le hace un gesto con la cabeza a Sam para que lo acompañe afuera.
Pero la curiosidad pica, y tampoco se alejan tanto al irse, es Elías es que hace más ademán para irse y esconde a todos los heridos en la sala de al lado.
Todos los demás, asoman la cabeza, pero Ainhoa, es la menos sorprendida al ver lo que pasa.
Enara y Nerea se miran, se dan una mano y se extienden para que quede en alto. De pronto, la separan y extienden las dos hacia delante.
De sus palmas no paran de salir llamas como un lanzallamas, como con la fuerza de una cascada, pero todo hacia delante. Tal es la fuerza, que ellas tienen que intentar no caerse hacia atrás y no tienen peligro de quemarse el pelo, que está con fuerza volando hacia atrás. No pueden ver su cara, ya que están de espaldas, pero si lo hicieran, Ainhoa está segura de que sus ojos están cerrados con fuerza.
No le extraña que su familia guardara el secreto de su don tanto tiempo, es demasiado fuerte, pero ahora la pregunta que se plantea es otra, ¿pueden controlar todos los elementos?
No es la primera vez que las usan delante de sus narices, y no parecían precisamente de fuego.
-¿Ya ha acabado la fiesta? -pregunta Elías con voz ronca, apoyado contra la pared y con las manos cruzadas.
-¿Es que lo sabías? -lo acusa Ainhoa.
-Pues sí. Yo no tengo familia, pero hay otros que me han criado, y no ha sido sólo Abraham.
Ainhoa hace memoria.
-Entonces, ¿sólo me ayudaste porque querías liberar a Margarita?
-O por lo menos tenía la esperanza de hacerlo. Carlos y yo pasábamos mucho tiempo ahí, más de lo que te imaginas.
Ainhoa se siente mal, pero la curiosidad le vuelve a picar, esta vez, por la parte del chico.
-¿Qué es el papel que Marcos nos pidió que te diéramos? -pregunta Ainhoa.
-¿Consiguió encontrarlo? -añade rápidamente Leo.
-¿Qué pasa?
-Como he dicho, no tengo familia, otros han jugado como mi familia. -el chico se despega de la pared y ve cómo las chicas salen de la sala. -¿Los habéis cepillado a todos sin dejarme nada a mí? -y pone su sonrisa burlona, como si nada hubiera pasado.
-Para ti las hormigas, Elías. -contesta Nerea.
Enara sonríe.
-¿Y todos los demás? -se preocupa al instante.
-Es verdad. -exclama Leo.
-Si hubierais estado más atentos os daríais cuenta de que están en la sala de al lado. Ya saben lo vuestro. Y ahora Sam es el que manda, así que dentro.
Nerea cierra los puños. Le gusta tener el control y Ainhoa lo sabe. Se ríe en bajito y le frota suavemente el hombro, dándole su apoyo. Ella termina sonriendo y se meten junto a todos los demás en la sala.
-Bien, necesitamos sacarlos, ¿cómo lo hacemos? -dice Leo nada más cerrar las puertas.
-Pues... -empieza Sam.
-Yo tengo dos preguntas más importantes. -corta Elías. -Primero, ¿dónde está Tadeo? Ese perro es más necesario de lo que creéis. Y dos, ¿dónde está el idiota de Fabio?
-¿El de los ordenadores? -pregunta Sam.
-Sí. -contesta Nerea, y luego, dirigiéndose a Elías, añade. -Está en la sala de ordenadores, debería de estar conmigo, pero ya me conoces, estos dos necesitaban mi ayuda. Se ha debido de quedar ahí, me presto voluntaria para buscarlo.
-Eso me parece bien. -admite Sam. -Pero más importante es sacar a los heridos. Necesitan cuidados, más que un perro y alguien que sabe defenderse.
-Dudo que Fabio sepa defenderse como es debido. -corta con mala cara Elías. -¿Acabas de salir? Pues mejor que estuvieras dentro.
-¡Elías! -exclama Ainhoa.
-Es la verdad.
-¿Nerea?
-Opino lo mismo. Los rebeldes siempre se ayudan entre ellos, y ellos no son rebeldes. Ainhoa, estos son traidores, ¿Sabes cuánto tiempo lleva alguien sin venir a la tierra? A este ritmo todos deberían de estar muertos.
-Tienen razón. Si quieres puedes ayudarlos, pero no nos metas a nosotros en el marrón. Buscaremos a Fabio y nos largaremos con los demás. Y a todo esto, eres una Sombra, ¿verdad?
-Pues sí.
-¿Entonces que haces ayudando a unos Olvidados?
-Ayudo a quien haga falta.
Si fuera una película, saltarían chispas entre los ojos de todos.
-Paz, si todos tenemos el mismo fin, deberíamos ayudarnos entre nosotros. ¿Quienes de aquí tenéis un don?
-¿Para? -pregunta Elías, nervioso.
-Para saber quién debería de luchar.
Algún herido levanta la mano débilmente ayudado por la mano energética de las primas y la mano tímida de Elías, también levanta su mano mientras que observa la de Sam.
-¿Tú tienes? -pregunta Ainhoa a Elías.
-¿Cómo crees sino que lo sé todo?
-¿Eres omnisciente?
-¿Qué es eso?
-Que lo sabes todo, pero déjalo.
-Leo mentes. -admite.
-Pues ahora después de todas las aclaraciones, tenemos trabajo, tenemos que sacarlos y protegerlos.
-De eso debería hacerlo yo, soy el único que no tiene don y Tadeo me ayudará. -se ofrece más valiente que nunca, Leo.
-Sácalos de aquí, nosotros intentaremos defender el lugar y sacar al tío ese. -dice muy borde, Sam, y luego se dirige a los heridos. -¿Vosotros podéis luchar?
Un par se levantan, mientras que otros se esconden más.
-Bien, pues manos a la obra.

sábado, 14 de junio de 2014

Capítulo 75

Mi Pequeño Mundo. ¡Gracias por pasaros y la espera! Aviso que desde ahora, los últimos capítulos son cada viernes. Un beso enorme, Nerea :)

Cae. Otra vez. Pero esta vez la caída es más incómoda y un poco más dolorosa, puesto que su espalda ha chocado contra el pie de Sam y su cabeza... mejor no hablar de su cabeza.
Cuando se levanta, palpa el suelo con la mano en busca de la linterna.
Pero es Sam quien de verdad lo encuentra y quien con un ligero 'click' la enciende.
-Gracias. -murmura ella.
Su sonrisa la intimida, tan perfecta con esos dientes blancos y rectos. ¡Huy que rabia le da! Ya le gustaría tenerlas de la misma manera a ella también.
No le queda otra que devolverle la sonrisa para luego observar los alrededores.
-Una habitación vacía. -concluye.
-Me has quitado las palabras de la boca. -afirma Sam.
La chica sonríe todavía más y se dirige hacia la puerta, la cual abre exageradamente dejando que el chico salga antes.
-Muchas gracias. -agradece el chico enfatizando la 'gra'.
-De nada. -responde enfatizando la 'na'.
Recorren habitaciones y pasillos que los llevan poco a poco hacia un ambiente más oscuro y frío, pero no los incomoda. De echo, les parece incluso cómodo.
A ella por Daemón, y a él por quién sabe qué, pero tampoco le interesa.
Andando por el quinto pasillo largo que han encontrado, un agujero que abre debajo de los pies del chico y cae abajo.
Un ruido en seco se escucha en el ruido azul marino y unos cuchicheos. Pero no sólo eso, unas trompetas llegan hasta sus oídos del norte.
Mierda. Se han despertado.
-Sam, ¿Estás bien? -pregunta.
La luz sigue ahí, pero no se escucha nada, ¿y si lo han atrapado?
-¿Ainhoa?
A la chica esa voz se le hace tan conocida... Y la echaba muchísimo de menos.
-Hola, Fabio. -saluda con la mayor de las sonrisas pintada en la cara.
-¿Por qué no bajas?
La chica no contesta, obedece sin rechistar y cae encima de una mesa. Se levanta y se frota el culo. La altura no es tan grande como la de las demás habitaciones y una de las paredes está cubierta por una pantalla que está siendo utilizada por el chico, mientras que Nerea ayuda al caído.
-Es Sam, estaba atrapado en un tubo y... -empieza Ainhoa.
-Y es una Sombra. -interrumpe Nerea. -Pero no es el Olvidado con el que te hemos dejado, ¿y Elías? Te recuerdo que no es una buena idea dejarlo solo.
-Ya, pero tampoco quedarnos aquí hablando, han tocado las trompetas.
-¿Ya? -se extraña Sam.
-¿Es que tan rápido se te ha pasado? -pregunta Ainhoa.
-Llevo los últimos meses ahí dentro, como para que esto no haya sido rápido.
-¿Y qué te hacían?
-Trataban de entender lo que era, son mucho peores con los Olvidados.
-¿Qué les hacen? -se aventura Nerea.
-Torturar, quitar los poderes y matarlos cuando ya tienen todo lo que quieren. -advierte mirándolos uno por uno.
-Fueron ellos quienes les enseñaron a los poderosos a matarlos. -añade Fabio.
-No son momentos para perder el tiempo, tenemos que llegar a las celdas y liberarlos a todos. -informa Ainhoa.
-Sigo insistiendo en saber dónde está Elías. -dice Nerea.
-En busca de las celdas.
-Con la mala orientación que tiene.
-Pues sí. Y ahora en marcha. ¡Ah! Él es Sam y ellos son Fabio y Nerea.
-Y Fabio se queda. -comenta él refiriéndose a sí mismo como en tercera persona.
-¿Por qué? -pregunta Ainhoa.
-Me tengo que quedar en la sala de máquinas, no sirvo para mucho más. Que Nerea os ayude. Y encima, conociendo a Elías... lo encontraré.
-Oye, que si te parece mal que os ayude me quedo. -exclama Nerea.
-No era porque no quiera ir contigo.
-Ya, lo mío también era broma, y ha sido divertido verte la cara.
-No empieces a parecerte a Elías, por favor. -pide Ainhoa.
-¡Ah! Y encantada, Sam.
-Igualmente, ¿Nerea, verdad?
-Es un nombre simple pero puedes tomarte todo el tiempo que quieras para aprendértelo, ahora hay cosas que hacer. -dice y busca por las paredes algo.
-¿Qué hace? -pregunta Sam a Ainhoa.
-¡Quién sabe! Pero estate seguro de que va a ser una buena idea o la peor del mundo.
-¡Te he oído! Y es una buena idea que... ¡Sí! Tiene futuro. -responde mientras que se abalanza a quitar un pequeño cuadrado que se esconde por el suelo.
-¿El conducto de ventilación? ¡Buena idea! -admite Sam.
-¿Buena idea? ¿Qué tiene eso de buena idea? -contrasta Ainhoa.
-Sí. Es la manera más simple de saber dónde está uno y podemos recorrerlo todo sin ser vistos. Además, que no creo que sean demasiado estrechos.
-¿Por qué? -quiere saber, otra vez, Ainhoa.
-Porque es la mejor manera de huir de un edificio. Aparte de las puertas.
-Exactamente. Oye, Ainhoa, me gusta este chico. ¡Adiós Fabio! Y no le des al botón negro. Recuérdelo.
Durante los siguientes minutos, los tres se meten y gatean por los conductos, que no huelen nada bien, y por los que tosen cada vez que abren la boca, por lo que el trayecto concluye en silencio.
Primero va Nerea, luego Ainhoa, y cerrando camino está Sam, quien guía a la primera con la luz de la linterna.
Un pequeño puñetazo seguido de una mueca de dolor y un ruido estridente del metal chocando contra el suelo rompe su silencio. A esto, se unen varios golpes a cristales, como los que Sam hacía cuando Ainhoa lo ha encontrado en esa especie de mini laboratorio.
La primera en bajar es Nerea, que aterriza perfectamente sobre sus pies sin hacerse ningún tipo de daños, luego va a Ainhoa, que cae sobre su mano, provocándose una fisura, pero el dolor también se une a las costillas que han chocado contra ella, por último, Sam, que caería bien si uno de sus pies no aterrizara sobre otro de Ainhoa.
Ambos se tuercen y se hacen unas bolas por el dolor, y mientras, Nerea observa a los alrededores y busca entre todos ellos a Valeria.
Su corazón se detiene cuando por fin lo hace, en la tercera fila, toda llena de heridas.
-¿Nerea? -escucha preguntar a Ainhoa.
Pero a ella no le sale la voz, es demasiado, y el nudo en la garganta no ayuda. Incluso siente los ojos más pesados de los normal.
Valeria también la ve. Ella sí que está llorando.
Extiende su mano hasta el cristal, donde lo apoya débilmente, es sin duda alguna a la que más han torturado y la que peor lo está pasando, eso se le ve a plena vista.
Nerea se agacha cuando la primera gota cae desde su ojo izquierdo y apoya la mano que tenía en el corazón en el cristal, junto al de su amiga. Verla así la ha destrozado. En cierto modo le recuerda a su abuela. Y en el mismo cierto modo, el dolor es tan insufrible como aquella vez.
Ainhoa, al no tener respuesta de su amiga, corre en busca de ella. Sam la persigue.
Ambos se quedan mudo en la escena, y hay que decir que a la chica le cuesta cinco veces menos que a la pequeña en empezar a llorar.
-Como sigáis llorando yo también lo haré.
-Me da igual. -contesta Ainhoa y se abalanza junto a ellas.
Nerea en cambio separa su mano he intenta parar.
-¿Cómo se abren estas mierdas? -pregunta mirando hacia Sam, todavía con los ojos rojos.
-Un boli que tiene Ainhoa, sirve como un láser de las pelis, es muy útil, pero lento teniendo en cuenta de a los muchos que tenemos que sacar.
-Dámelo. -ordena Nerea a la otra castaña.
Ainhoa lo hace sin rechistar.
-Tranquila. -murmura Nerea. -Ahora te sacaremos y todo esto será una mala pesadilla por la que les meteremos una buena paliza. Prometo dejarte la mejor parte. Y por parte de Elías también. Si no quiere, le obligo. Te puedo asegurar que a Enara no le gusta vengarse. Y Leo... no tiene lo que se debe. Fabio no sabe luchar. Y Ainhoa está llorando por lo que seguro que está de mi parte. Y... -empieza mientras que corta el cristal y la ayuda a salir.
-Y ahora es cuando yo me pregunto dónde narices me he metido.
-No, Sam. Ahora es cuando yo digo que Omar también estará de acuerdo en que te vengues.
-No lo estará. -niega Ainhoa con un hilito de voz.
-¿Cómo que no?
-Omar ya no está de nuestro lado. ¿Recuerdas esas veces en las que me iba a otro mundo?
Nerea asiente.
-Pues en la última, vi cómo Omar se unía y nos daba la espalda. Nerea, a ti te abandonó a tu merced.
Nerea respira, por intentar tranquilizarse. Sus lágrimas y su pena se acaban de convertir en la ira más grande que jamás se haya podido ver en los ojos de alguien.
-¿Me dejas esa mejor parte a mí? -pregunta.
Valeria asiente.
-Sentimos no haber podido llegar antes. -añade Ainhoa mientras que observa cómo Nerea, acompañada por el chico, sale a liberar a todos.
-Tranquila, ya he visto que habéis tenido otras cosillas pendientes.
Y con esas palabras, escuchan las puertas abrirse y un grito. Un grito de chica. Lo que dice que obviamente es un grito de Nerea. Nunca antes la había oído gritar así, de miedo.
Ainhoa y Valeria salen corriendo.
Valeria se tropieza y cae. Otro ruido más, y bien agudo. Como los gritos continuos de Nerea, que no se sabe a qué se deben.
Ainhoa se queda mirando a Valeria y luego en la lejanía. ¿Qué leches? Su cabeza va a estallar del agobio de no saber qué hacer.
Otras puertas se abren, pero estas son traseras.
Ainhoa ayuda a Valeria a levantarse y la ayuda a correr junto a ella. Pero no son los únicos pasos que se escuchan. También hay otros, más fuertes. Y aunque no son varios, parecen de alguien muy rápido.
Por fin se encuentran en el último pasillo de Olvidados cuando se encuentran con Nerea, dando grititos por haberse encontrado con su prima. Y no está sola. Leo también se encuentra.
Sam está alucinado, pero los pasos siguen hacia ellos y parecen continuos y varios. Rápidos, lentos, ruidosos o ligeros. Pero pasos de varia gente, al fin y al cabo.
De repente, Sam cae al suelo. ¿Y quién lo ha tirado? Elías.
Todos se miran y Enara le tapa la boca a su prima.
-Vamos a morir. -murmura.
-¡No vamos a morir! -intenta animarla Ainhoa.
-¡Oh, no! ¡Sí que vamos a morir! -exclama Elías al levantarse.
En menos de cinco milésimas, todos se encuentran rodeados por una oleada de mágicos con armas de las que sólo el Sombra sabe el nombre.
Ainhoa mira a Enara, en cambio, es Valeria quien dice las palabras:
-Pues sí que estamos muertos.

viernes, 6 de junio de 2014

Capítulo 74

Ainhoa se apoya en las paredes y se sienta en el suelo, no sabe ni si será capaz de poder moverse en un buen tiempo, pero lleva demasiado tiempo ahí.
Desconcertada, traicionada y con un dolor que no debería de sentir, entra en la sala, le da igual no saber cuál es, tampoco es que sea difícil encontrar la cárcel, ¿verdad? Siempre le quedará que la atrapen a posta para poder llegar mejor.
¡Ey! Esa es una buena idea, pero debería de esperar mucho tiempo más.
Abre rápidamente la puerta y se introduce dentro. Todo está muy oscuro y se choca un par de veces contra varios muebles, hasta que llega el punto de que su mano se queda metido en un agujero, y tras su mano, llega el resto del cuerpo.
Abre la boca, pero sólo sirve para que polvo entre y empiece a gritar al ritmo que su cuerpo choca contra un suelo frío, probablemente porque es de acero y se encuentra bajo el suelo.
El eco de su caída llega a sus oídos repitiéndose tres veces.
Después de ver unas cuantas estrellitas, todo vuelve a ser negro y escucha unos golpes fuertes, unos de alguna cosa que quiere salir, por lo que no es cosa, sino un ser vivo, o alguna máquina que está programada para hacer ese ruido.
Lo del ser vivo tiene más lógica.
Ainhoa piensa entonces en la linterna, y se palpa el cuerpo para recordar en qué bolsillo se encuentra. Un bulto blando... no, eso es la capa. Otro bulto, este ya duro, y más fino en una parte que en otra, parece pesado... sí, es la linterna.
Ainhoa dobla la pierna y se vuelve a buscar el bolsillo. Una vez que lo tiene, se palpa la parte delantera para encontrar el botón que lo cierra y lo saca rápidamente.
Antes de encenderlo, intenta ponerse de pie y mantenerse así durante un tiempo. Entonces agarra la linterna con fuerza y pulsa el botón para que se encienda.
Un rayo de luz ilumina justo lo que está delante de ella, pero no solo eso, también lo hace con algunas partes de los alrededores, las más cercanas.
Consigue ver mesas, sillas, muchos papeles, tubos de ciencias con unos líquidos extraños de colores, un par de ordenadores, gafas, y al lado, un tubo con alguien dentro. Un tubo con alguien dentro que no para de pegar el cristal.
Ainhoa se dirige corriendo, no lo conoce, jamás ha estado con él, pero le toma cierto aire parecido a alguien... ¡Sergio! Sí, se parece bastante a él.
La chica también empieza a pegar al cristal un par de veces, pero no sirve de nada, puesto que ambos están pegando en la misma zona de dos puntos opuestos, así que será imposible. ¿Le habrá dado Elías cualquier cosa que le sirva contra?
Se coge la linterna con la boca, algo que resulta muy difícil, puesto que no para de caerse y moverse de sitio haciendo que la situación sea muy extraña. Por lo que lo mantiene un rato con las manos y cuando lo suelta, en seguida empieza a sacar cosas de sus bolsillos y tirándolos al suelo.
En una de esas, el chico se tira contra la ventana.
Ainhoa piensa si es un poco tonto, pero él no para de señalar uno de los objetos que están en el suelo, por lo que la chica recoge la luz que tiene en la boca, empezando a girar la mano para moverse entre las cosas y el chico espera atento, hasta que vuelve a señalarlo y levanta las cejas de una manera que da un poquito de miedo.
Bien, hay muchas cosas, pero Ainhoa se agacha y espera a que el chico le diga que sigue estando en el círculo que ilumina cada vez menos.
El chico sigue señalando, por lo que es buena señal, pero ya no puede más así que empieza a coger objetos ante la negativa del chico, hasta que coge la capa y algo sale rodando. El chico lo sigue con la mirada, súper emocionado y parece eufórico, probablemente esté gritando.
Ainhoa deja la capa y sigue el ruido, que hace un ligero "clack" contra algo. Se acerca y se encuentra con el bolígrafo, habría deseado mil veces más que fuera la bola.
Ainhoa lo coge y se acerca al cristal. En un intento de hacer algo con él, empieza a apuñalar al cristal con el boli de una manera en la que casi se lo carga. El bolígrafo, no el tubo de ensayo de tamaño gigante. Es entonces cuando se le ocurre probar si escribe en una hoja.
Se acerca corriendo y aprieta la parte de arriba, de la cual sale la tinta. Cuando se pone a escribir se da cuenta de que está rompiendo la mesa, la está partiendo en dos.
Entonces sonríe y se dirige al cristal para empezar a cortarlo como un trozo de filete.
El chico sale rápidamente y abraza fuertemente a la chica, que se zafa en seguida ya que ni siquiera se conocen, ¿para qué tanto abrazo? Ni siquiera sabe por qué a la gente le gusta tanto, si es como ahorcar una cintura o cualquier otra parte del cuerpo. Es prácticamente eso.
-¿Cómo te llamas? -pregunta Ainhoa.
-Sam.
-Bien, Sam, ¿por qué me abrazas?
-Porque me has salvado. ¿Sabes lo que me querían hacer? Matar y abrir en dos, para resumírtelo.
-¿Por qué?
-No soy igual a los demás. No soy como los Olvidados que ellos conocen. Y por lo que parece, tú eres de los míos.
-¿De los tuyos?
-Sí. ¡Una sombra!
-¿Sombra? ¿Cómo lo que sigue a la gente cuando el sol te da por un lado?
-No. Una mezcla entre humanos y Olvidados.
-De lo que Fabio nos habló una vez.
-Y de lo que yo te estoy hablando ahora mismo.
Ainhoa levanta una ceja, tiene razón, en ese mismo momento están hablando sobre ello, y se da cuenta de que realmente, esa leyenda urbana sobre que si dices el nombre de ellos que los poderosos sabrán donde están o muere uno, es un poco estúpido.
-¿Sabes dónde están las cárceles?
-Unos cuantos niveles más abajo que esto, pero no podemos ir rompiendo los suelos para bajar. Creo que por aquí tiene que haber una puerta.
-¿Cómo que crees?
-Cuando me metieron estaba dormido, y nunca he visto uno aquí, no está a mi alcance.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí aproximadamente?
-Alrededor de cinco días. Me sedan cada mañana para poder cambiarme el aire y que no me ahogue, así que será mejor que nos vayamos vendo.
-¿Es que aquí se hace todo por las mañanas?
-Eso mismo me pregunto yo, y sí, eso parece ser.
-¿Y si esperamos a que vengan para poder salir?
-Ni de palo. -niega Sam. -Sería mejor incluso que saliéramos por el suelo ahora que todavía están dormidos. Si nos pillan aquí dentro te juro que nunca saldremos. Dame el bolígrafo y recoge lo demás.
-¿Cómo sé que puedo confiar en ti si te acabo de conocer?
-Buena pregunta. Entonces... ¡hazlo todo tú!

miércoles, 4 de junio de 2014

Capítulo 73

Hace rato que ha empezado a llover y por fin, a cargo de Elías, han conseguido llegar ilesos al campo de batalla.
Nerea reparte una goma a Ainhoa, para que pueda sujetarse el pelo, pero ella pasa, no quiere hacerse una coleta, siempre se le han echo muy incómodos. Desde aquella vez que Valeria le enseñó a hacérselos.
-¿Y una vez dentro que hacemos? -pregunta Ainhoa.
-Nosotros somos los encargados de buscar a Valeria y sacarla. También tenemos que intentar debilitar el sistema y procurar salir tal y como hemos entrado. -informa Nerea. -¿Los has avisado ya?
-Sí. -responde Elías. -Y cada uno ya está en su posición. Dicen que yo vaya con Ainhoa a buscar a Valeria y que los inteligentes del grupo intenten hacer lo otro.
-¿Por qué dices lo otro? -pregunta Fabio.
-Porque nunca me acuerdo del nombre completo.
-Bien, basta de cháchara, todavía es de noche, pero dentro de una hora más o menos amanecerá, y ellos tienen la ventaja del descanso, aprovechemos el nuestro.
-¿Cuál es el nuestro? -quiere saber Ainhoa.
-La sorpresa. Es obvio.
-¿Por qué si eres tú, Elías, el líder, nos está dando Nerea el sermón? Y por cierto, nunca te he oído dando uno, pero definitivamente que lo hace mejor que tú.
-Cállate, Fabio, que yo soy el líder.
-¿Queréis pelearos como dos niñatos o preferís hacer algo ya que habéis venido?
-Se supone que nos tienes que motivar.
-Ese es tu trabajo, capitán Elías.
-Bien. Pues vamos dentro. Ainhoa y yo a por Valeria y vosotros a lo que solo vosotros recordáis el nombre, maldita sea mi memoria. Ellos ya están dentro, las bases están empezando a ser destruidas silenciosamente. Ahora nos toca a nosotros no sacar ruido, ¿podremos?
-Claro que podremos. -responde sonriente Ainhoa y se da cuenta de que solo quedan ellos dos. -¿Cuándo se han marchado?
-Lamentablemente, en medio de mi charla. Ahora, vamos.
Ainhoa y Elías entran por la puerta del suelo que permanecía abierta tras haberla usado Fabio y Nerea, y se introducen en una sala de paredes grises con una única lámpara encendida que se va apagando por momentos, llegando a su fin.
Elías deja en el suelo la mochila que hasta entonces llevaba en la espalda y saca de él cuatro pistolas, diez bolas que cambian constantemente de color, un par de linternas, protectores para algunas zonas, dos capas marrones y dos especies de lápices que reparte entre los dos, mitad para cada.
-¿Vamos a necesitar todo esto?
-Mejor prevenir que curar, o eso dice Abraham.
-Nos vendría bien Carlos para el disfraz.
-Carlos está bien en su sección. Ahora, sígueme, Hermenegildo me dio una especie de mapa que nos llevará más o menos hasta la sala central de prisioneros, o mejor dicho en cristiano, la cárcel.
-¿Y dónde está?
-Hacia la derecha. Y no hace falta que te lo diga todo, solo sígueme.
Ainhoa lo hace. Lo sigue por pasadizos estrechos, pasillos interminables y de sala en sala buscando la que a ellos les conviene.
El tiempo pasa y estando a contrarreloj, es peligroso que todavía no los hayan encontrado. Ainhoa siente la presión en la cabeza, una que le provoca creer que su cabeza está siendo aplastada por una fuerza brutal.
-Elías, ¿dónde estamos?
-La orientación no es lo mismo.
-¡Eso ya lo sé!
-Lo que te he preguntado es haber dónde estamos.
-Ni idea, pero la última sala parecía la de medicina, por lo que tampoco estamos tan lejos.
-¿Estás seguro de que ese mapa está bien?
-Ha acertado en el orden de las salas donde hemos entrado, por lo que supongo que siguiendo el pasillo y cogiendo la derecha al lado de la habitación donde ponga cinco y entrando en la primera puerta a la izquierda tiene que haber una entrada secreta a la cárcel.
-Estás de coña, ¿verdad?
-No.
-Hemos perdido media hora, Elías, como Nerea ha dicho dentro de otra media hora saldrá el sol y todo esto empezará a convertirse en un caos. No tenemos tiempo que perder.
-Por esa misma razón tenemos que coger ese camino.
-No, Elías, tú mismo has dicho que no tienes buen sentido de la orientación, ahora te toca a ti seguirme a mí porque yo no me equivoco.
-Tú misma, pero yo voy a seguir ese camino.
-¿Te lo sabes?
-Sí.
-Pues entonces no te hará falta esto. -replica Ainhoa mientras que arranca de las manos de su amigo el mapa que el tío de Omar le ha dado.
-Si ves que algo malo ocurre, retrocede y sal pitando, no te preocupes por los demás. Saldremos adelante. Somos fuertes. -aconseja Elías y sin decir nada más, se va.
Ainhoa se queda totalmente sola, y eso le duele, porque ni siquiera sabe para qué sirven la mitad de las cosas que su compañero le ha dado al entrar, tendrá que improvisar sobre la marcha.
Si pudiera tener los recuerdos de Margarita seguro que terminarían antes... ¡Eso es! ¡Recuerdos! Pero no de esa mujer, sino de Hermenegildo. Sólo tiene que pensar en si le ha tocado alguna vez. Afirmativo, en el coche, al ayudarle a cambiar de canción.
Se sienta en el suelo y piensa, (o más bien recuerda), todo lo que el hombre ha podido tener con ese lugar, toca las paredes e incluso se levanta para tocar algún cristal que está por ahí, pero nada.
¿Qué puede hacer si el mapa no le puede servir de ayuda? Espera un momento, el mapa ha sido tocado muchas veces por Hermenegildo, lo que supone que por ese medio, podrá encontrar más recuerdos del hombre respecto al lugar.
Se pone manos a la obra, cierra los ojos, respira y trata de concentrarse lo más posible, obliga a concentrarse, y tras no conseguirlo, piensa que dejarse llevar puede ser lo mejor.
Y entonces ocurre, deja de sentir, deja de pensar y solo se convierte en una esclava de sí misma que sigue unas ordenes que nadie establece.
Tira el mapa, se levanta poco a poco y toca el pomo.
Todo se vuelve blanco. Lo ha conseguido. Se ha transportado a los recuerdos de otra persona. Pero no son de Hermenegildo, ni mucho menos. Se trata de su sobrino, Omar.
Se encuentra su lado, y él camina, sin verla. De pronto todo coge color y lo ve, sentándose junto a otra gente vestido con capas marrones, que se quitan la capucha al verlo.
-¿Y? -pregunta uno de ellos, el mayor.
-Me uno a vosotros. -responde él.
A Ainhoa se le cae todo encima. Omar. Es. De. Ellos. ¿Cómo ha podido pasar eso? ¿Por eso Nerea estaba sola bajo el acantilado?
Pero lo más importante en ese momento no es otra cosa más que Omar es de ellos. Omar se ha unido a los mágicos. Y su corazón está aplastado por un camión una y otra vez.