sábado, 26 de octubre de 2013

Capítulo 18

-Regla número uno: nada de decir quiénes somos. Regla número dos: nada de poderes si no es necesario. Regla número tres: no os alejéis de la Puerta. Regla número cuatro: no andéis con los de la ADM, pero eso no hay ni que decirlo. Regla número cinco: cumplir cada cosa que los poderosos os manden cada semana.
Todos están raros, con ropa muy rara. Pero lo que más extraña a Ainhoa es la ropa que usa Viva, no tiene pantalones y nada le tapa sus morenas piernas.
-¿Entendido? -dice con desgana una de las poderosas más vagas de todas, como todo lo demás que ha dicho en todo el viaje hasta la puerta.
-Sí. -contestan todos a la vez, también con desgana, ante la mujer.
-Cuando paséis la Puerta os encontraréis con tierras verdes y mucha luz, puede que os haga impresión al principio, pero notaréis que os cuesta respirar muchas veces, para eso, os tendréis que meter por donde sale vuestra voz, partirlo con vuestros dientes, a pesar de que es bien blandito y luego le tendréis que pasar como vuestra saliva. Tomaos esas cajitas y, cada día, os cogéis una, y cada mes, un tiempo que tendréis señalado en los números que señalan los días. Si necesitáis cualquier otra cosa aquí tenéis a Nana, trabajará como gato de vuestra casa, pero será quien os vigile y os guíe en algunos momentos.
Cuando termina la breve explicación con tanta desgana y voz tan irritable, Elías se destapa los oídos y mira a su alrededor, prefiere no saber nada sobre nada, y Ainhoa observa todos los gestos de él, está cambiado, y el cambio no le queda nada mal.
<A Viva y Perrito tampoco le queda mal, y Valeria... la ve igual, siempre con la misma expresión en la cara y con todo igual. Y luego dicen que Viva es como los humanos.>
Elías sonríe, y Ainhoa no entiende nada, pero gira la cabeza y sigue a su rumbo.
-Y una cosa más. Os pedirán vuestro nombre, lo cual todos sabéis, pero también os pedirán una cosa que se llama apellido, porque hay mucha gente que se llama como vosotros ahí afuera, y también son diferenciados por aquella manera.
-¿Y qué? -pregunta Valeria, desagradable. -¡Decimos que no pensamos decirlo y ya está!
-No solo os lo pedirá la gente, también otros que están en un nivel superior y que necesitarán ver también vuestra edad y de dónde sois... esas cosas. Y claro que tenéis que mentir sobre vuestra verdadera identidad.
-¿Y para qué nos enviáis a la superficie? -pregunta Elías, curioso.
-Pues porque también necesitamos información sobre cómo son, por si a alguno se le ocurre pasar por la puerta, ¿con esa respuesta te basta? -contesta con desgana la mujer.
-¿Y los apodos? -añade Perrito, (Enara).
-¿Y la manear de vivir? -sigue Fabio.
-No soy buen mentiroso. -termina Leo.
-Los apodos no están permitidos, sobre todo porque ahí todo el mundo está vivo, y hay muchos perros. A la manera de vivir os iréis acostumbrando, yo nunca he subido así que ni me preguntéis más cosas como esas. Y no hay que ser buen mentiroso, simplemente, saber decir verdades a medias. Ahora, tenéis que coger esos trozos de plástico que tengo en la bolsa, cada uno el de su nombre, y os lo guardáis, como lo perdáis, estáis perdidos. Si la gente os pregunta por él, lo llamará como DNI.
Uno por uno, todos van cogiendo ese trozo de plástico, DNI, o como sea, y cada uno va mirando todo lo que aparece ahí. Cuando le llega el turno a Ainhoa, esta, pone una cara rara.
-¿Qué pasa? -pregunta Viva, a la que ahora no se la puede llamar así.
-Soy... soy yo. -contesta señalando el cuadrado en el que se ve otra ella paralizada. -¿Qué me han hecho?
-Pues yo soy Nerea Fuentes Castillo, tengo quince años y soy de... ¿Lodosa? ¿Navarra? -pregunta ella desconcertada.
Perrito se une a ella y mira para diferenciar los trocitos de plástico.
-Yo soy Enara Castillo Gómez, tengo también quince años y soy también de... ese lugar.
Ainhoa mira la suya, tampoco es que estén comparando, pero bien a las tres les parece todo raro, no puede evitar sentir vibraciones malas dirigiéndose a la otra ella petrificada.
-Ainhoa Lasa Núñez, dieciséis años, Logroño, La Rioja. -susurra Elías, mirando por encima del hombro de la muchacha.
-¡Oye! -exclama ella un poco enfadada.
-¿Y tú cómo eres? -pregunta amablemente Nerea Fuentes Castillo.
-Elías Montes Velázquez, dieciséis, Madrid, Madrid.
-¿Y el Rudolf no necesita? -dice Leo, después de levantar la mano.
-Curioso nombre para un perro, y no. -contesta con desgana la muchacha.
Todos siguen compartiendo cómo son, todos con todos, menos Valeria, Omar y Fabio, en una esquina, que observan todo, esperando a subir.
-Bueno, ¿quién es el primero en pasar? -pregunta la señora.
Nadie levanta la mano ni se ofrece voluntario, tan solo permanecen quietos, mirándose unos a otros.
-Pues entonces tendré que elegir yo... haber... tú. -dice señalando a Enara Castillo Gómez, quien, en un acto de valentía, se acerca con todas sus cosas a la puerta, y pasa.
Nerea Fuentes Castillo no puede evitar juntarse las manos donde se encuentra el corazón y pensar en qué tal se encontrará su prima.
-Siguiente... tú. -dice señalando a Elías, para quien la cosa no va mal.
-Después yo. -se ofrece Nerea.
Y casi al mismo tiempo, ambos pasan con sus cosas por la puerta.
-Tú. -dice señalando a Ainhoa.
<Este momento tenía que llegar, tú lo sabías, no te va a pasar nada, es tan solo una puerta, y un camino al otro mundo.>
Ainhoa, coge sus cosas, cierra los ojos y pasa por la puerta, sin evitar tener que abrir los ojos en medio camino y encontrarse con un solo color que jamás había visto: el blanco.

jueves, 24 de octubre de 2013

Capítulo 17

-¿Cómo saber si alguien te odia?
Esa pregunta le llega como un jarro de agua fría. No se esperaba nada de eso, pero, a pesar de todo, responde lo más rápido posible.
-Pues... no sé. Pero supongo que será cuando te mira con mirada agradable, una sonrisa de ironía con una cara horrible, si suspira cada cinco segundos cuando habla contigo. Y creo que también cuando intenta evitarte cuanto más puede.
-Vale.
-¿Por qué preguntas?
-Por nada.
-Ainhoa. Uno, es muy raro que me hagas una pregunta. Dos, no paras de mirar al estúpido reloj del ayuntamiento. Tres, llevas tres días mínimo pegada a mí. Cuatro, no me has gritado ni una sola vez...
-Ya te he entendido, Irati, ya te entendí.
-Bien.
La rubia niega con la cabeza. Ainhoa es increíble. Un día, puede estar hecha una furia como en el siguiente puede pegarse a ella como un perrito indefenso que necesita a alguien todo el rato, porque tiene una herida en la pierna, o como el perro de Leo, como está ciego, lo tiene todo el rato a su lado, para poder cuidar de él.
-Bueno, ¿a qué se debe todo esto? -explota Irati.
Ainhoa se queda perpleja, mirando a su vecina, a la que todavía no ha llamado amiga en su vida, a pesar de que puede que en esos últimos días, haya podido empezar a serlo.
-¡A nada, imbécil! ¿A qué se puede deber? ¿No te has oído a ti misma? ¡Puff! -exclama enfadada Ainhoa, con su mismo aire de siempre.
-¡Por fin!
-¿Por fin?
-¡Sí! ¡Por fin dejas a un lado tu gilipolleces! ¿No te das cuenta de que estos tres días has estado más que rara? ¡Cómo si Carlos hubiera cambiado a alguien por ti!
-Pues no me importaría que lo hiciera... -murmura bien bajito.
-¿Qué? -pregunta la otra que no ha oído nada.
-Nada, nada... ¿es que acaso a ti te importa?
Irati sonríe maliciosamente.
-Volvemos a estar como antes, entonces. Bien, volvemos a ser amigas.
-¿Antes éramos amigas?
-Lo éramos, y lo seguimos siendo, pero a nuestra manera, idiota. Peleándonos, casi sin soportarnos y la una incordiando a la otra. Así es nuestra amistad.
-Buena definición.
Ambas se quedan calladas, Ainhoa sigue vestida con su ropa de siempre, mirando los extraños colores de aquella vestimenta que le han traído de los humanos.
-¿En serio que los de arriba se visten así?
Irati estalló en una carcajada al ver la cara de asco de Ainhoa, algo que hizo enfadarla, pero, al fin y al cabo, tenía razón, volvían a ser las de antes. Y menos mal.
-¡No te rías! -chilla.
Irati se gira y sigue riéndose silenciosamente.
Ainhoa, mientras, aprovecha para vestirse esos pantalones pegados negros tan brillantes y esa camiseta de tirantes con flecos blanco y negro.
Cuando Irati se gira, no puede creerse lo que ve. Es extraño. Pero le parece bonito. Y no puede permitir decir nada bonito.
-¡Te queda fatal! -suelta pensando lo contrario.
-Haré el sacrificio. -responde la muchacha.
Ainhoa mira las extrañas cosas que tiene a sus lados donde pone su nombre, un apellido falso y un teléfono que le acaban de dar, como todos los años hacen, repitiéndolos pero con distinto móvil. Tiene dos maletas negras.
-¿Has mirado qué tipo de ropa tienes ahí dentro? -pregunta Irati, curiosa.
-Todo es parecido a esto. Lo llaman lujo. Pero no sé yo...
-¡Venga! ¡Que ya te escribo yo todas las semanas para contarte las historias del viejo Damián! De eso no te librarás ni en sueños.
-Gracias, supongo pues.
-De nada, supongo yo también pues.
A Ainhoa, una de las cosas que más rabia le dan de la rubia son los juegos de palabra que ella a veces hace a la hora de responder, y que sigue haciendo porque sabe que le sacan de quicio.
-Bueno, esto es un adiós.
-Sí... pero piensa el lado positivo. Ahora no tendrás a una vecina amargada.
-Ni tú a una cotilla que te cuente todo.
-Estará Valeria.
-Ya, pero ella no es como yo.
-Es verdad... es mucho peor.
Las dos sonríen y se dan un abrazo, ¿quién diría a esas dos chicas que algún día se dirían eso? Y sobre todo después de todas las peleas que tuvieron de pequeñas porque Ainhoa se tuviera que quedar en casa de Irati todos los días.
Aunque ahí fue, donde, sin querer, comenzó la extraña amistad de las dos.
Porque, al fin y al cabo, hay algo que aquellos días ha cambiado, puede que sea por la niebla, cada vez menos espesa, puede que sea por los grises que cada vez son más claros. No saben la razón, pero hay una. Ya que, para que esas dos se hayan perdonado todas las cosas que se han hecho, a pesar de que siempre se han considerado, en algún lugar de ese negro corazón, amigas.

-Me ha roto el palo. -se queja Irati.
-Porque es tonta. -contesta Ainhoa.
-Tú todavía más. -responde Irati.
-No tú.
-Tú.
-Tú.
-Tú.
-Callaos las dos. Sois igual de tontas una de la otra. -contesta el hermano mayor de Irati: Bruno.

domingo, 20 de octubre de 2013

Capítulo 16

Querido hijo,
Dolores me ha vuelto a pillar en el ayuntamiento, pero, como siempre, me ha amenazado con el cobarde de Abraham a su lado y se ha ido corriendo.
Tener esta vida es dura, pero posible.
Recuerdo aquella frase que Margarita nos recuerda siempre antes de dormirnos: 'si nuestras heridas se pueden curar, cualquiera que sea, que se nos haga notar, nada más que la libertad marca nuestras almas'.
Es una gran mujer, y cada día me cae mejor. Siempre viene adonde los más ¿'idiotas'?
La verdad, no sé se ese sería el mejor concepto para referirse a mí mismo, pero ya sabes, una cosa es ser realista y otra optimista.
Realista es llamarme pringado a mí mismo, pues estoy entre los pringados, pero optimista es pensar que ganaremos esta guerra y que pronto, tú y yo, nos podamos encontrar.
Hoy ha aparecido una niña nueva, que la verdad, no se ha llevado muy bien con las demás. Ella es tan sincera, y tiene una cara de angelito...
Y, con tan solo ocho años, es incluso más madura que Peste, (¿te había comentado que Peste era muy maduro y que la gente también se metía con él llamándolo Papá o Papi?)
Y es que la verdad, los más jóvenes parecen los más maduros, y los más mayores, los más infantiles, sobre todo con el cuento de los apodos.
Y es que tenemos tanto tiempo libre y tanto aburrimiento, que incluso ahora, han empezado a haber peleas, pero no cualquier tipo de peleas, más bien unas peleas fuertes y sangrientas. Tú no veas cuánta Sangre han derramado hoy los dos chulitos.
Por si fuera poco, no se sabe la cantidad exacta, ya que la Sangre Olvidada es negra, como nuestras lágrimas, y eso hace que con tanta oscuridad y tanta niebla que no sé cómo se filtra por las paredes, las cosas sean menos visibles.
Para los humanos, vivir en un lugar como este sería imposible, nosotros, nos hemos adaptado a ellos, vamos un paso adelante, por así decirlo.
Hacernos daño y luego Sanación. Eso es lo único triste que nos queda.
Triste, ¿verdad?
La esperanza, en cambio, a algunos, como a mí, por ejemplo, nos salva de la locura de hacerse daño a sí mismo.
No sé si eso será importante entre vosotros.
No creo.
Yo ya no me acuerdo, pero sí que tengo algo que me dice que siempre hay algo para hacer en los momentos más duros. Aquí pegas a tíos el doble de fuertes que tú y dejas todo el suelo negro.
¿Sabes la gracia?
Vuestra sangre se termina, la nuestra no, por lo que no paramos de sufrir en todo el momento mientras que vosotros podéis cerrar los ojos para terminar.
No sé siquiera por qué te cuento estas cosas, mis penas, algo que a nadie le importa, algo que a nadie le interesa, pero se ha vuelto costumbre a hablar de mí, mientras que tú sigues callado, sin responderme ni siquiera que no te vuelva a enviar las cartas.
Y el silencio aquí no duele, más bien, se convierte en esperanza y en algo mejor que pegar a personas.
Y no soy el único.
Hoy Peste me ha hablado de su familia en la Tierra de Luz.
Me ha hablado de su madre, me ha hablado de su padre y de todos sus hermanos. Es el primero de toda su familia que hace Olvidado. Y espera ser el último. Es un gran tipo que no espera nada malo de los demás, y que no quiere que sus desgracias sean también vividas por otras personas, y mucho menos si los conoce y le importa.
Dice que seguramente Susy no le echará de menos. Es su hermana mayor. En realidad se llama Susana. No sé cuántos años tiene que tener, pero, desde luego, se alegró mucho cuando supo que su hermano no se haría con su habitación, la más grande de todas.
En cambio, Frida... es su otra hermana. La pequeña de los tres. Debe de ser un amor. Está enferma y Peste era el único que conseguía que se pusiera de buen humor. Tiene que estar pasándolo muy mal. En mi opinión, (algo que no le he dicho ni por asomo a Peste), ¿no te parece Frida un nombre feo? A mí me suena muy brusco.
También me ha hablado de su madre y del cabrón de su padre. Esas han sido sus palabras. Debe de ser que su padre abandonó a su madre por otra mujer, dejándola sola con tres hijos, una enferma y Peste... bueno, ya sabes lo de Peste.
Cuando se enteró de lo que era, fingió su suicidio y se vino a Daemón.
Fue entonces cuando lo conocí, porque, si te soy sincero, yo me vine bastante antes, y como volvía a la Tierra de Luz, (la llamo así porque así es como se refiere a él Peste), y vigilaba la salud de su familia hasta mudarme aquí definitivamente.
Entonces, por lo menos, su familia se encontraba bien.
Yo fui quien le dio esperanza y razones por las que luchar por la libertad. Ya que, por si fuera poco, ahora, los poderosos, pretenden ponernos unas cosas para saber lo que estamos haciendo en el momento y con quien.
Es ridículo y horroroso, porque nos tratan como objetos.
Margarita me mira.
Ha sido la niña.
¿Sabes? Ve el futuro, ese es su don, y me acaba de ver escribiendo esto, pero, al fin y al cabo, ambas saben que no pararé de escribir este tipo de cosas, quizá cada tres Sanaciones o así, pero bueno, escribiré, porque ambas saben que esta es mi esperanza y mi razón para luchar contra la libertad. Pero a Margarita le parece mal. Muy mal.
Escríbeme pronto,
te quiere,
Papá.

jueves, 17 de octubre de 2013

Capítulo 15

Están en la casa de Ainhoa, escondidos dentro, mientras que Viva, sentada en las escaleras de delante de la casa, espera a que Carlos aparezca en cualquier momento.
Dentro, Ainhoa-Irati y Elías-Julián se curan de todas las heridas mediante la Sanación.
Viva mira para el lado derecho cuando se encuentra con la mirada del chico, que tras mirarla y encontrarse con su mirada, vuelve cabizbajo.
-¿Lo sabes? -pregunta nada más llegar, y se sienta a su lado.
-Sí, pero a medias. Solo lo que han conseguido explicarme. -se aclara la muchacha.
-¿Entonces sabrás que entramos y que...?
-¿Intentasteis entrar en la sala informática solo para haceros con una cosa que Ainhoa quería y que si os pillaban os mataban? -la mirada de ella, por una vez, es seria, lo es desde que se ha dado cuenta de lo que estaban haciendo.
-En teoría todo ha tenido que ir bien, para que estén aquí.
-Les han pillado, Carlos.
-Y a mí.
Viva se calla y mira hacia adelante.
-Pero estás aquí como si nada, siendo tú, en tu cuerpo, ellos han tenido que volver como Irati y Julián. Mira, la misma Irati y Omar los han pillado, y han tenido que saltar por la ventana, es entonces cuando los he encontrado, por ahora no podrás hacer nada, están en tiempo de Curación. -explica la chica.
-¿Sabes que ya van a matar a tu abuela? -pregunta de improviso el muchacho, para luego añadir.- He visto cómo la metían en la habitación, cómo mi abuelo no hacía nada... y lo peor, como yo tampoco podía.
-Oye, tampoco te culpes, era de esperar, si no era hoy sería mañana.
-Ya, pero ha sido hoy. ¿Sabes que era tu abuela cuando mi abuelo me ha pillado?
Viva sonríe sin poder creérselo.
-¿En serio?
-En serio. Te tomas las cosas muy bien.
-Si todo tiene que salir mal, que por lo menos haya algo con lo que poder consolarse. -dice ella.
-No te falta razón.
-Oye, ¿y por qué habéis hecho todo esto?
-No tengo ni idea, a mí me llamaron porque me necesitaban para poder convertirse en lo que querían, y luego ellos han sido los que han ido por lo que necesitaban.
Los dos se quedan callados y la puerta trasera se abre.
-¿Estás bien? -pregunta Viva.
-Sí, gracias. -contesta Elías-Julián.
-Ven aquí. -dice Carlos dejando un gran hueco entre él y Viva para que su amigo pueda sentarse para el cambio.
-Bueno, yo me voy, ya he cumplido con lo mío. -dice Viva antes de levantarse e irse.
Elías levanta los hombros, odia los cambios, a diferencia de Carlos, quien ya está acostumbrado con tanto cambio y tantas cosas.
-Su vela tardará poco. -anuncia Elías.
-¿Por qué me dices eso?
-Porque es por ella por lo que estamos en esta situación, vale, el plan era mío, pero era ella quien quería conseguir la información costara lo que costase.
-Bueno, vosotros os habéis ganado seguidores, yo me he ganado una pesadilla. -opina Carlos.
Elías lo mira con aire interrogativo, pero su amigo niega con la cabeza.
-No es nada.
Tampoco hablan más, demasiado, cada uno tiene sus cosas en mente, y aunque a Elías le encantaría entrar en la mente de su compañero, le prometió no hacerlo, y es que él también tiene muchas cosas de las que pensar.
Entonces, la puerta se vuelve a abrir.
-¿Y Viva? -pregunta Ainhoa-Irati.
-Se ha ido. -contesta Carlos.
-Es que no quería verte, le daba miedo a decirte que tu cara le da asco. -ataca Elías.
-Ja, ja, ja. Muy gracioso, Eli.
-Bueno, Niñata, por lo menos yo no espanto a la gente, más bien la atraigo, soy como un imán para las personas, Bruja.
Carlos los mira, parecen dos niños, la verdad es que él siempre ha sido más maduro que Elías, y sabe que a él le encanta meterse con la gente.
-Pero, ahora, Bruja Niñata...
-¿No era Pequeña Bruja-Niñata, Memoria de Pez?
-Te llamo como me dé la gana, Bruja Niñata Bebé.
Ainhoa se sale de las casillas, y aunque no se haya dado cuenta, ya vuelve a ser ella misma, la chica rubia ya se fue, ahora se encuentra una morena.
-Si me dejáis intervenir, yo no llamaría Bebé a Ainhoa. -comenta Carlos.
-¡Ja! -exclama Ainhoa.
-Os llamaría Bebés a los dos. -aclara Carlos.
-¡Ja! -exclama Elías. -Espera, ¿qué?

-¡Mi niño! -exclama Dolores al ver a Omar así.
-Lo siento, señora, no sé cómo, pero se derrumbó y he intentado traerlo lo antes posible. -se disculpa mintiendo Irati.
-Gracias, muchacha, ¡gracias!
-No ha sido nada, ahora, ¿puedo volver al trabajo?
-Sí, claro, tranquila.
Irati está decidida, si su impostora quería ese tesoro, ella va a conseguirlo.
Entonces, por su lado, pasa el verdadero Julián, y ella se fija en que tiene la marca, incluso un poco más grande que antes.

-Ya he llegado. -chilla nada más entrar a casa, con las manos en el bolsillo.
-¿Qué tal?
-Bien mamá.
Se mete en su habitación y saca el extraño objeto que se encontraba en sus bolsillos: la piedra azul que se encontró aquella tarde.

domingo, 13 de octubre de 2013

Capítulo 14

Si no lo hubiera visto, no se lo habría creído. Un Julián muy nervioso y una Irati todavía más extraña saltando desde una ventana de tres pisos del ayuntamiento, desde luego que ahí pasa algo.
-¿Os encontráis bien?
-Sí, Viva, ¡vete por dónde has venido!
El Julián nervioso se levanta del suelo, desde luego que acaba de meter la pata, los poderosos, sobre todo Julián, son los únicos que la llaman por su nombre, por lo que la extraña Irati le pega un codazo, algo que ella nunca haría, desde luego, si algo tiene la Viva es que sabe diferenciar a las personas.
-No puedo irme por donde he venido, señor. -contesta la Viva.- porque por donde he venido me persiguen miles de clones míos y la gente no me distingue. -suelta.
Ainhoa, en el cuerpo de Irati, se pone roja como un tomate.
-Vale, Viva, no soy Julián y me acabo de meter en un lío terrible, ahora si nos permites, tenemos que irnos corriendo.
Ainhoa-Irati, asiente muy rápidamente.
-Lo siento, pero es que hay mucha gente por las calles que podrían veros, y no querréis que crean a una chica que siempre cuenta verdades, ¿no?
-¡Joder! -exclama Elías-Julián. -¡Si es que vas a resultar ser como tu prima!
-Yo tengo mis cosas y ella tiene las suyas, pero yo siempre las digo sin 'tacos', señor No-Julián.
-¿Pues sabes qué te digo? Que ahora mismo, por culpa de una tonta del bote me van a poder pillar y no soy yo quien necesitaba las cosas que esa tonta necesitaba.
-¡Ahora no me eches toda la culpa que tú aceptaste de todas formas! -responde enfadada Ainhoa-Irati.
Viva sonríe, pueden llevar así mucho tiempo.
-Supongo que ninguno de vosotros será Carlos, por lo que será mejor que me sigáis, a menos que queráis que la gente os vea. -dice por fin Viva, sinceramente y con una preciosa sonrisa en su rostro.
-¿Otra vez con la interpretación?
-Así es, Ainhoa.

Carlos ya vuelve a ser Carlos, tal y como era antes, totalmente diferente a su abuelo, a su lado, cuando delante suyo, va a ver cómo una mujer va a entrar viva en una sala, para salir muerta de ella, y es que todo le ha salido mal, y ese es su merecido.
O eso es lo que cree.
Aunque nunca lo haya dicho, las primas no le disgustan, ni Perrito que a veces puede llegar a ser tan irritante, ni Viva, quien se parece mucho a un Vivo.
Y ahora, le toca ver cómo su abuela, su único familiar vivo, por así decirlo, va a salir muerta por esa puerta.
Carlos mira arriba y abajo y empieza a dar palmadas rápidas en su pie izquierdo, nervioso, mientras que su abuelo, tranquilamente espera en la puerta.
-¿Cómo puedes estar así de contento cuando van a matar a alguien en tus narices? -pregunta con desprecio Carlos.
-Simplemente, porque sé que no puedo hacer nada, además, a todos nos llega la hora, ella tuvo cuatro oportunidades, y las falló todas.
-Pues tú también.
Carlos, enfadado, se levanta viendo cómo es en realidad su abuelo, y sale del ayuntamiento con las manos en los bolsillos.
Mirando la oscuridad y la niebla espesa, con la que al respirar, se sienta más lleno, más puro, y con la cabeza pesada.
<Es la hora>, piensa.
Se mete en una casa totalmente vacía y coge una de las llaves que cuelgan, la número dos, como siempre, tiene costumbre de cogerla.
Con las llaves en el bolsillo, abre la puerta del número escogido y entra en la habitación insonorizada todo a oscuras.
Entonces, se sienta en el suelo, con la cabeza apoyada en la pared y, como se lo esperaba, como cada siete días a esa misma hora, una gota negra, cae de sus ojos castaños.

Irati abre los ojos y se levanta, Omar todavía sigue en el suelo y ella se encuentra mareada, la cabeza le da vueltas, desde luego, que te peguen en la cabeza después de vaciarse sus lágrimas, no le sienta nada bien.
Una barrita azul casi llena que se encuentra en la pantalla que su impostora ha dejado abierta le llama mucho la atención.
Pero algo sigue en su mente, ¿por qué la ha elegido a ella y no a cualquier otra persona?
No lo sabe, pero puede que la pantalla sí que lo sepa, la información que ella buscaba, con algunos datos dará con la persona.
Omar todavía siguen en el suelo, le ha debido de dar muy fuerte, porque su vela, todavía no se ha apagado a su lado, pero falta poco, y tiene que ayudarse por ese poco tiempo para descubrir lo ocurrido e inventarse algo para mentir a Omar, el niño mimado de su madre.
-Cargado. -dice la electrónica voz de la pantalla.
De repente, delante de sus ojos, se muestra un mapa, un mapa de entre dos mundos, donde aparecen catorce puntos azules, misteriosos.
Pegando la palma de su mano en la pantalla, se memoriza mediante la electricidad el mapa y luego, borra todo lo ocurrido.
Entonces, coge a Omar por los brazos y lo saca de ahí, intentando llevárselo a su madre.

martes, 8 de octubre de 2013

Capítulo 13

Normalmente, cuando te metes en un gran lío, intentas huir por completo, pero esta vez, no es un gran lío, es el más gordísimo de los líos, en el que si los descubren, los matarán, y eso será si todo sale bien... porque si las cosas se tuercen...
Julián, despreocupado por su verdadero físico, corre hacia la entrada, en la que nadie le ve, además de una pequeña ancianita, a la que por desgracia, siendo tal y como es, la saluda.
Y es que Elías no la ha jodido solo una vez, dejando escapar a Omar, si no que además, ha tenido que saludar a la ancianita, estar raro ante la reunión del verdadero Paco y encontrarse con Dolores, quien le ha dado un beso en la mejilla pensando que era Julián.
Pero eso, por ahora, ha pasado por largo, en lo único que piensa es que la ha liado gorda, y ni se imagina en el estado en el que ha metido a sus compañeros.

Margarita, se oculta por las esquinas, esperando a que los guardias, los poderosos y demás que estén en el ayuntamiento pasen y que no la vean.
Aunque, en realidad no se trata de otro que Carlos, un amigo de Elías, más bien, el único amigo del muchacho, quien tiene un don extraordinario de poder transformar a quien quiera incluso a sí mismo en todo lo que quiera.
-¡Pero usted que coño hace aquí! -chilla una voz desde su espalda.
Es Abraham, y trae a la verdadera Margarita de la mano.
-¡No me jodas que obligaste a Carlos a hacer esto! ¡De lo contrario lo meterías en un gran lío! ¡Y como mi nieto se las tenga que pasar buenas por tu culpa, Margarita, no solo este pobre va a morir! ¡Tú también! Y no por los poderosos, si no por mí.
-¿Te quieres callar de una puta vez? -responde Margarita, (Carlos), con furia ante los gritos de Abraham.
-¡Carlitos! -exclama su abuelo al reconocerlo por su manera de hablar.

Irati Verdadera sube a la sala de electricidad, donde se encuentra Irati Impostora, y se encuentra con la muchacha con las manos en la masa, buscando un lugar perdido, pero que todavía se está cargando por su cuenta.
-¿Pero qué narices...? -exclama Irati Verdadera.
Irati Impostora, quien en realidad es quien falta, Ainhoa, se asusta y se queda en el mismo estado de shock en el que se acaba de quedar Omar en la puerta.
Ahora, acaba de liarla gorda.

Carlos ha vuelto a ser Carlos y tiene de la mano a su abuelo, quien tiene de la mano a la verdadera Margarita, tan débil que ni siquiera se da cuenta de lo que está pasando a su alrededor.
-¿Pero cómo narices se te ocurre meterte aquí haciéndote pasar por Margarita por los pasillos como si nada?
Carlos calla, otro sermón de su abuelo, el único familiar que le queda de todos los que murieron en la rebelión hace años, justo en el momento en el que él nació Olvidado.
-¿Qué pensabas hacer, eh, Carlos? ¡Has tenido suerte de que te haya encontrado yo y no uno de los poderosos! ¡Esa es su casa, insensato!
Carlos sigue callado, y su abuelo para esperando respuestas. Pero la única respuesta que le llega es un zumbido de la voz de la anciana que tiene de la mano.
-¡Y piensas seguir así! ¡Callado sin decir nada!
-No.
-¡Pues entonces dime!
Carlos no sabe qué decir, tiene la primera opción, decir la verdad y arriesgarse de que Elías y Ainhoa terminen en la cárcel, presos y listos para su muerte, o mentir, y tener el riesgo que corren su amigo y la chica que peor le cae del mundo, pero esta vez, en la piel de él mismo y de su abuelo, a quien va a meter en toda la historia.
Carlos no sabe qué hacer, solo tiene en cabeza mentir y hacer prometer a su abuelo que no dirá nada ni siquiera cuando le pillen, si lo hacen.
-Tú y yo somos como Perrito, Viva y Margarita. Ellas a la única persona que tienen es a su abuela, y yo a la única persona que tengo es a ti. He estado pensando y me he puesto en su piel, en la piel de las dos, y creo que si esto me pasara a mí, me volvería loco y haría todo tipo de locuras.
-Pero eso no nos pasa ni a ti ni a mí, y no nos va a pasar, esto se queda olvidado, ¿vale? pero hay que matar a Margarita sí o sí, porque, si no, el pelo se nos caerá a los dos.
En ese mismo momento, pasa alguien por su lado, y se les queda mirando, no es otro que Julián, el más poderoso entre los poderosos.

Ainhoa en el cuerpo de Irati, calla, Irati también calla, y Omar sigue en estado de shock.
-¿Quién eres? ¿Qué quieres? -pregunta Irati.
-Te diré quien soy. -responde Ainhoa.- Pero este no es el lugar ni el momento, y entiendo que lo tengas que saber, pero yo también necesito saber cosas y...
Un ruido de sartén extraña a las dos muchachas mientras que hablan, todo lo demás, pasa muy rápido.
Irati se gira y otro sartenazo le da, cayendo al suelo, y una vela de la Sanación es programada, Julián Impostor, (Elías), coge a Irati Impostora, (Ainhoa), y los dos, saltan por la ventana cayendo en los arbustos que se encuentran en frente, y sin ser vistos, por suerte, más que por unos ojos castaños de una dulce chica que iba paseando por ahí: Viva.

viernes, 4 de octubre de 2013

Capítulo 12

Abraham, como lo hace habitualmente cuando la campana del ayuntamiento toca las doce, a los que él y muchos otros juntan con que suenen doce horribles sonidos que retumban por todo el pueblo, se pasea para observar a los presos, uno por uno, arrugados como pasas, intentando pasar el rato y esperando el momento de su muerte.
Un chico pelirrojo, con el pelo rizado y abundante, aunque no demasiado rizado, más bien ondulado, pasea también esa mañana por las celdas, observando todo con sus dos verdes e inocentes ojos, mientras que sus pálidos dedos tocan todas las barras de todas las celdas, Omar está nervioso.
Abraham, quien odia a ese chico con toda su alma, le dedica una mirada seria y fija mientras que lo aparta bruscamente de su lado para dirigirse de nuevo a la puerta.
-¡Omar, hijo! ¡Aquí estás! -exclama Dolores.
Dolores, simplemente la madre de Omar y una de las poderosas más tontas de todos los que hay, sin ningún don, y adicta al poder. Una mujer grande con el pelo tan pelirrojo como el de su hijo, pero mucho más rizado y abundante que el de este, con unos ojos castaños y la piel también muy clara. Casada con Julián, uno de los poderosos más temibles de todos, con un don oscuro que su hijo ha heredado, pero, al fin y al cabo, nadie sabe de lo que se trata hasta el momento en el que van a ser asesinados por los poderosos.
-Si mamá. -contesta con su aguda pero masculina voz, Omar.
-He de decirte que aquí abajo se encuentran los traidores, por si no te habías dado cuenta. No quiero que vuelvas a bajar.
-Pero, mamá, ¡si no pueden mover ni un dedo!
-Me sigue dando igual, hijo. ¡Y tú que miras, idiota!
El idiota Abraham sube las escaleras, un débil no puede ni mirar fijamente a un poderosos, tampoco escuchar sus conversaciones, está muy mal visto, sea con un débil o con otro poderoso.
-¡Y tú también sube! ¡Tu padre te espera! ¡Ah! ¡Y dile a tu tío Hermenegildo que lo necesito para un trabajito aquí abajo!
Los presos respiran hondo, saben que cada vez que un poderoso baja y dice eso, es la hora de uno de ellos.
Omar obedece sin rechistar, a pesar de todo, es un buen chico sin experiencia alguna en el liderazgo y sin maldad alguna, algo que su padre no tolera.
-Tío Hermenegildo, mi madre te espera abajo.
-Bien, Paco, bajemos.
El tío Hermenegildo es un hombre pequeño pero de huesos anchos, con una barba castaña, igual que sus ojos y su cabello, ante una piel tan pálida, que muchos piensan que debe de tener algo. Es un hombre más bien serio, sin ningún hijo, tampoco quiere tenerlo, hermano de Dolores, que casi nunca suele mostrar una sola mueca.
Paco, el poderoso más amable de todos, es el que menos se parece a uno de ellos, con el pelo rubio, los ojos azules y la piel morena, es el poderoso y Olvidado en sí con más críticas sobre su físico. Tiene una hija, Aitana, muy fea y que no le cae bien a nadie, con el que pretenden que se case Omar, quien no quiere nada parecido a eso ni en un millón de años.
Los dos hombres bajan rápido.
-Bien, ahora, cada uno sabe lo que tiene que hacer. -dice la mujer.
Con el chasquido de Paco, todos cambian: Paco es ahora Margarita hace tiempo, fuerte y con carácter, Dolores se ha convertido en el poderoso Julián, y Hermenegildo, en cambio, es ahora Irati, la chica eléctrica.
-Cuando terminemos con esto, nos encontramos en mi casa, en el jardín, si no estoy yo, ocultaros entre los arbustos, mejor si nadie os ve. -ordena Irati.
-Que quede claro que esto es peligroso. No podemos perder un solo papel, ¿entendido? Si uno de nosotros es descubierto, que llore, no sé cómo, pero que llore. -añade rápidamente Julián.
-Que conste que a mí todavía hay cosas que aclarar. -termina Margarita, pero no es capaz de obtener ninguna explicación, pues los otros dos, en sus papeles ya se han marchado.

Irati es la más perdida de todas, no encuentra camino para dirigirse, pues se supone que tiene que encontrarse con Julián, quien lo observará durante todo el rato, por lo que se encuentra en la puerta cuando el hombre aparece.
-Espero que hoy no haya errores, Irati. -dice nada más llegar.
-No los habrá, señor. -responde Irati rápido, demasiado rápido.
Julián ya sospecha e Irati le mira a la cara, viendo un pequeño punto en la frente, medio escondido en el que nadie se fija, pero que el Julián con el que ella ha estado no tenía.
<Mierda> piensa. <Que nadie lo note, que nadie lo note...> desea con todas sus fuerzas abandonando un poco el personaje y sin fijarse en el camino que sigue.
-Ya estamos, ¡a trabajar! -ordena seco Julián mientras que entra después de Irati.
Irati entra preocupada, es la primera vez que le ocurre eso, y Julián, por su parte, se extraña, esperando lo peor de cada situación, como su naturaleza y sus reflejos le indican que haga, las cosas comienzan a ponerse tensas e Irati comienza a mirar cada vez más a la puerta.
-¿Qué pasa, niña? -pregunta con desprecio el hombre.
-Nada, señor... pero mientras que veníamos hacia aquí, me ha parecido ver... a...
-¿Ver a quién, leches? -pregunta impaciente.
Irati se decide, es ahora o nunca, todo un trabajo perdido o ganado, pero tiene que darse prisa, mucha prisa en pensar.

Julián sin punto en la frente, más bien, impostor, se dirige por los pasillos, sin saber muy bien dónde meterse ni cómo comportarse, lo único que sabe es que tiene que encontrarse con Omar, lo cual le desconcierta un poco.
-¡Papá! -exclama una voz a sus espaldas.
Julián Impostor se aclara la garganta delicadamente.
-Hola, hijo.
-¿Me estabas buscando?
Julián Impostor se pone nervioso, pero lo disimula bien, a pesar que su silencio, en poca parte, lo delata.
¿Cómo es posible que antes como Dolores le haya ido tan bien y que ahora con Julián se esté casi cagando?
-No, ¿por qué? -dice sin saber muy bien dónde meterse.
-Por nada... mamá me ha dicho que vaya a verte.
-¡Esa madre tuya! ¡Siempre metiéndome en charlas y demás cosas sin consultarme antes!
Omar levanta una ceja, su padre está raro, pero lo que no sabe es que su padre, no es el que tiene en ese momento delante, y que tampoco era su anterior madre.
-Vale, me voy a la sala de electricidad.
Julián se marea, todo en su mente está saliendo mal, en la sala de electricidad no está solo el verdadero Julián, si no que encima, se encuentra Irati, la impostora.

Irati camina a paso firme, ya se ha descargado, por lo que ahora se encuentra más viva que nunca, sin esas pesadas lágrimas en su cerebro, como si todo eso fuera un rodeo.
<Espero que no me maten por llegar tarde. Bueno, quizá me quiten alguno de los privilegios, pero tampoco más. O eso espero...>
Camina rápido y ya encuentra el ayuntamiento frente a ella, y entra por la gran puerta.

martes, 1 de octubre de 2013

Capítulo 11

Querido hijo:
¿Qué tal te encuentras? ¿Cómo está tu madre? ¿Qué te cuentas?
Yo mismo te contestaré a esas preguntas desde mi punto de vista.
Yo me encuentro regular, las alcantarillas han empezado a oler un tanto mal por la peste del gran Roberto, a quien no le culpo, de hecho, porque está de nuestro lado, pero, es que además de eso, los mareos entre los rebeldes crecen rápidamente.
Mi madre... la verdad es que yo no la conocí jamás, y por eso creo que tú tienes suerte de conocer a ambos de tus padres, a pesar de que no conozcas en persona a uno de ellos.
Y lo que yo me cuento es que estoy preocupado por ti, no recibo noticias tuyas, y me esperaba, que por lo menor, me pudieras escribir una carta cortita para decir que saliera de tu vida o algo... el silencio me duele más que la verdad, ¿sabes? porque, aunque no te lo creas, los Olvidados tenemos sentimientos, muy pocos y que muy pocas veces aparecen en nosotros, pero, bueno, la cosa es que pienses lo que pienses de mí, también tengo sentimientos... a pesar de que me falten el corazón y los demás órganos.
¿Te he dicho algo antes sobre los rebeldes y alcantarillas?
Que yo sepa todavía no te he hablado de ellos.
Yo, tu padre soy parte de la Asociación de Rebeldes que Luchan Contra la Injusticia, la ARLCI, para todos nosotros.
Y supongo que podrás preguntarte ¿y qué es eso?
Pues bien, te lo explico. Se trata de una rebelión, así de simple, contra los poderosos, quienes siempre se están pasando de la raya y a los que les tengo un odio terrible, no podría explicar sus males en palabras, pero es que me duele tener que esconderme en una alcantarilla a esperar al momento adecuado para atacar y no plantarles cara ahora.
Soy bastante impulsivo, y me viene bien tener compañía como la de Roberto 'el Peste', 'Abuela', Osvaldo 'el Triste' y Evelio 'el Cremas'.
Sí, nombres curiosos y horribles, pero es que entre nosotros no hay nombres, simplemente, están los motes por una curiosidad nuestra.
Yo soy 'el Niño'.
Simplemente porque soy un culo inquieto y siempre tengo que estar haciendo algo, además de eso, la gente dice que tengo cara aniñada y recibo también ese mote por ser el que menos experiencia tiene en esto de ser Olvidados, pues yo crecí en otra cultura donde todo era tan distinto y ahora saber que no soy parte de ella... se me hace complicado acostumbrarme.
Hay que decir que vale, no son la compañía más bonita que se puede tener, pues nadie se acerca al Peste, por la simple razón de que apesta como nadie, (lo peor es que la peste no se va), tampoco es muy agradable estar con el Triste, porque, además de ser Triste, también es el más negativo y el que siempre consigue bajarnos la moral a todos, también está el Cremas, quien siempre está con sus cremas y sus pociones para cualquier tipo de enfermedad que se coge cada día.
Y sí, los Olvidados cogemos enfermedades, como mucho una o dos al año, pero el Cremas es la viva imagen de que pueden existir excepciones.
Ese es mi grupo y siempre estoy con ellos, pues nadie quiere al novato, nadie quiere ser su maestro y nadie quiere ser quien cargue sus culpas después de lo que hace mal... todos menos, por suerte, la Abuela.
Es la única mujer de todos nosotros, pero también la más mayor, que yo sepa tiene ya setenta y cinco años de muerta, mientras que entre los varones, probablemente, el que más edad tendrá será 'el Papá', con cincuenta años de muerto.
¡Ah! No, la Abuela no es la única mujer de las alcantarillas, también están tres niñas, la Bicho, pues no para quieta ni un minuto del día, vale, yo también hago lo mismo, pero, por lo menos soy mucho más maduro, luego también están, la Luciérnaga, pues siempre está jugando con las velas de la Sanación y haciendo que uno de nosotros se caiga rendido y que al segundo se despierte jugando con su punto débil, y por último, la más alejada de todos nosotros, con la mirada siempre en las piedras de la pared, donde se encuentran miles de garabatos: el Muro, pues con el cabello tan corto parece un chico.
Hoy, mientras que Luciérnaga seguía jugando con los puntos débiles del Chicle, (por mi cortesía pues todo se le queda pegado por una extraña razón), y mientras que el Muro seguía con su mirada fija en la pared llena de garabatos, la pequeña Bicho se me ha acercado y se ha sentado en el banco medio podrido junto a mí, acogiendo mi postura y quedándose mirando a mi punto de vista, el Muro, quien, por una vez, se encontraba pintando algo.
Y es que esas niñas, en parte, me recuerdan a ti, hijo, y me llenan de tristeza, pero, como no pienso terminar como el Triste, pienso que después de esto todo, las cosas van a ir a mejor y tú, tu madre y yo podremos juntarnos por fin para estar juntos.
No hay nada que me llene más por dentro, y me hace sentirme eufórico y con ganas de pensar, pues Abuela, junto a otros hombres inteligentes y expertos está encontrando la manera para acabar con los poderosos lo antes posible.
No hay nada que los Olvidados disfrutemos más de lo nuevo, mientras que a vosotros, los humanos, lo nuevo os da miedo, por ejemplo, como la muerte, a nosotros nos da ganas de descubrir.
Pero la diferencia es que nosotros ya estamos muertos, y a más a peor la cosa no puede ir.
Cuanto tendrás ahora, ¿siete años?
El Bicho tiene tu misma edad, ¿sabes? es una muchacha muy activa e inteligente, te gustará al conocerla, ya verás, pero si lo que te gusta son las problemáticas, tampoco hay problema, la Luciérnaga tiene tan solo cinco años, pero es una dulzura. Pero si tú eres muy callado y tímido, te aseguro que conocer al Muro, no te vendrá mal.
Intento encontrarle buenos momentos a esto, e intentar imaginarme a mi hijo, y todavía más divertido, con cualquiera de estas tres niñas que tengo en frente... desde luego son esos instantes de felicidad que quisieras mantener para toda tu vida.
Respóndeme.
Yo te seguiré escribiendo.
Te quiere,
Papá.