domingo, 3 de noviembre de 2013

Capítulo 19

Pedimos disculpas por no poder publicar el capítulo antes, hemos estado muy liadas, y lo seguiremos estando, por lo que es probable que no podamos publicar los capítulos durante un tiempo. Luna y Nerea.

Espera poder abrir los ojos pronto, mientras que la luz no la deje ciega ante su paso, sabe que no estará mal, ya que hay más gente esperando allá afuera lo que de verdad importa: la manera de saber quién es ella.
Aunque nadie lo sabe, hacía tiempo que Ainhoa encontró una carta, aquella carta era de un hombre que desde luego, no era su padre.
Aquel hombre trataba con su padre como si se conocieran de toda la vida, sabe que no es su abuelo, y sabe que tampoco es ningún Olvidado. Desde entonces, ha intentado ir a la Tierra de los Vivos cada vez que ha podido.
Y también se encuentra aquello que es incapaz de decirles a Enara y Nerea, todo eso de lo que pasó con la bola azul marina donde transportaba los recuerdos de la señora Margarita.
Su vida es un completo desastre, y ella lo sabe.
-¿Qué? -pregunta una voz desde un lugar lejano, en el que todo le empieza a dar vueltas y unos colores que nunca antes conocía, empiezan a girar por todos los lados.
Se marea, pero consigue mantenerse a pie.
Entonces, algo intenso se le mete en los pulmones y hace que comience a toser sin poder parar, mientras que se dobla inclinando hacia adelante, manteniendo los ojos cerrados.
Nota cómo alguien se agacha delante de ella, y le abre la boca, metiéndole algo ahí. Pero ella, sigue tosiendo, ahora, con un estorbo.
Suavemente, le cogen de la cabeza y empiezan a abrir y cerrar su boca con tranquilidad, haciendo un picadillo la bolita amarga, y haciéndosela tragar.
De milagro, deja de toser y se levanta, notando cómo alguien aterriza a su lado, y abre los ojos para descubrir a Nerea, con una enorme sonrisa, en frente de ella.
A su lado, ya están todos los demás.
-Bueno... ¡pues la bruja ya no está! -exclama Elías.
Fabio lo mira con mala cara y vuelve a mirar al frente.
-Ya... pero ahora... ¿qué? -pregunta inseguro Leo.
-Ahí lo has clavado. -sigue Omar.
-¿A ti no te han contado nada sobre qué hacer una vez aquí? -comenta extrañada Valeria.
-Pues no. -niega el chico.
Enara mira a Fabio, y poco a poco, seguida por Ainhoa y Valeria, más tarde por Omar, al que sigue Elías, dejando últimos a Nerea y Leo, quedan mirando al inteligente Fabio.
-¿Qué? -pregunta él.
-¿Habéis oído? -se ríe con ironía Ainhoa. -Mira, majo, no sé tú, pero a mí tampoco me agrada la idea de tener que vivir contigo durante un largo tiempo. Ya que estamos aquí, por lo menos, tú que tan amigo de los libros eres, nos podrías contar algo, ¿no?
Valeria asiente con maldad ante la mirada amenazante de Elías y Enara, que a sus espaldas le susurra algo que nadie es capaz de entender, más que el chico.
-Ahora tenemos que coger algún vehículo que nos lleve hasta la dirección que me ha dado.
-¡Bien! -exclama Enara. -¡Nos vamos entendiendo!
-Es increíble cómo la gente puede cambiar de actitud tan fácilmente. -susurra Nerea a Leo, aunque Ainhoa, llega a escucharlo.
El chico, asiente.
Cruzan los árboles que les tapan la vista y se encuentran con tierra seca negra muy fuerte, con rayas blancas, por donde cosas grandes a gran velocidad pasan delante de sus ojos.
Ainhoa mira a los alrededores y se encuentra con la mirada de miedo de Nerea, a su lado, Leo, con los ojos cerrados esperando a que su perro ciego pueda tomar una decisión justa en su nombre. A dos pasos de los más, por así decirlo, débiles del grupo, se encuentra Omar, un poquito apartado de todos, observando los movimientos de sus compañeros.
Fabio y Elías, por su parte, no parecen tener problemas.
Valeria, en cambio, chilla como una loca al fondo de todos, y es callada bruscamente por Enara, quien no la soporta ni un poquito.
Ella, por alguna extraña razón, está en cabeza de todos. Y no tiene idea de nada, pero, lo que más extraño lo parece, es que todos vayan en una dirección y nada más cambie.
-Animales listos... -susurra.
-¿Animales? -pregunta asustada Nerea, apoyando sus manos en sus hombros.
-Eso son vehículos. -aclara Fabio, haciéndose notar, con un punto de ventaja.
-¿Y nos pueden hacer daño? -pregunta Leo.
-No. -contesta Elías.
-Al parecer no soy el más listo aquí. -comenta retando Fabio.
-Ni lo intentes chico. -termina Elías.
-Ahora, ¿qué tenemos que hacer? -pregunta Ainhoa.
-No tengo ni idea. -contesta Fabio.
-Yo tampoco. -añade Elías.
-¿Y qué hacemos? -dice Omar.

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