miércoles, 6 de noviembre de 2013

Capítulo 20

Caminan agotados, ¡parece que hayan pasado horas desde que comenzaron a andar! Pero es que las quejas de la Princesita Valeria han empezado ya desde el primer minuto.
Se ve en la cara de los demás que ellos también están cansados, y que no saben a dónde van, que no saben que hacer... pero tiran para adelante.
-¿Falta mucho? ¡Me duelen mucho los pies! ¿Alguien sabe dónde estamos? -vuelve a quejarse Valeria.
-¡No! ¡Nadie lo sabe y nadie lo sabrá! ¡Nosotros estamos también cansados! ¡Pero cansados de tus quejidos! -explota Elías. -Ya lo he soltado. -suspira.
Valeria se calla durante un par de minutos, pero vuelve a la carga, y Elías, asqueado, coge sus cosas y empieza a andar en la dirección contraria.
-Pero... ¿Adónde vas, loco? -chilla Enara.
-Es un chico listo, sabrá llegar de algún modo. -comenta Fabio.
-Pues yo no me lo creo. -dice Leo, y acto seguido, comienza a seguir al chico.
Fabio los mira con desdén a todos los demás, con su supuesta superioridad, y para en Valeria, ella se cree más que nadie que está ahí, incluso que Fabio.
-Si alguien más va a seguirlos que haga ahora y ya está.
Ainhoa los mira a todos, uno por uno, Valeria no piensa retroceder en sus pasos, Enara no quiere saber nada de nada, Omar observa atento y con dudas, Nerea también duda en si seguir a los chicos o seguir con su prima, y Fabio... Fabio quiere hacerse el buen líder.
Las miradas entre Nerea y Ainhoa coinciden, y esta baja la mirada al suelo.
-Yo me voy. -pronuncia por fin la muchacha con valor.
-¡Bien! ¡Tres menos! ¿Alguien más se va?
Por alguna razón, los otros cuatro piensan tirar hacia delante y no mirar atrás, pero Ainhoa se da cuenta de que a alguien, se le hace muy difícil.
-¿No? -vuelve a preguntar Fabio por última vez.
Después, continúa con la marcha diciéndole algo a Valeria.
-Tranquila, tienen un perro grande y los chicos son listos, estará bien.
Pero Enara no confía.
-¿Y si les pasa algo? Nerea y yo nunca nos hemos separado.
-¿Ah, no? -pregunta curiosa.
-No. Ella siempre ha estado ahí cuando yo estaba en el ayuntamiento, lo único que no se le veía porque andaba entre los arbustos de atrás, buscando piedras que no fueran grises. Desde niña ha sido así. Es la primera vez que nos despedimos desde lo de nuestra abuela... no sé, siento como si algo me faltara.
-¡Ojalá me pasara a mí eso con alguien! ¡Tienes suerte! -se queja Ainhoa.
-¡Vosotras dos! ¡Callaos! -ordena Fabio.
-Haber si ahora este se va a creer el rey del mundo... -oyen murmurar a Valeria.
Un agudo pitido suena al lado de ellos y no pueden evitar chillar y empezar a mirar a los lados para encontrarse con la cara de un hombre con pelo en la mandíbula y encima de la boca, mucho pelo, al igual que largo como una chica en la cabeza. Lleva un objeto negro que le cubre los ojos y tiene unas pintas que jamás antes ninguno de ellos había visto.
-¿Os llevo?
-¿Adónde? -pregunta Enara, desconfiada, la única sin miedo.
-¡Qué pregunta! ¿Eres muy rara o te estás quedando conmigo? Anda, ¿adónde tenéis que ir?
-¡Yo no me estoy...! -empieza Enara.
-¡Aquí! -chilla Valeria dándole la hoja al extraño.
-¿Pero qué coño haces? -pregunta Enara.
-¡Si este va a ser el único que me saque de este infierno dejaré que me lleve a mi destino! Yo que tú también me lo pensaría. -responde susurrando Valeria, para luego añadir.- ¿Alguien más se viene?
-Yo. -contesta Fabio rápidamente.
-Yo también. -murmura Ainhoa.
Omar y Enara se miran.
-Yo también subiré. -le dice, por fin, abriendo la boca en horas.
-¡Aj! -exclama asqueada la chica. -¡Déjame sitio, Valeria, que no me pienso quedar aquí sola!
-Bueno, ¡pues en marcha! -exclama el hombre extraño.

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