lunes, 11 de noviembre de 2013

Capítulo 22

-Tenéis la casa para vosotros, en caso de cualquier problema, llamadnos, estamos en la casa de al lado. -comenta la señora amargada.
-Todavía faltan tres. -vuelve a decir por probablemente quinta vez Enara.
-¡Pues les abres la puerta, joder! ¡Tampoco es tan difícil!
-¡Francisco!
-¿Qué? ¡Si es la verdad!
La discusión entre madre e hijo continúa durante unos cuantos minutos, y entre ellos, se sienten, por no primera pero tampoco última vez, raros, diferentes y extraños.
Esa es la pura verdad.
Los dueños de la casa se van, y tras ellos, sale una pequeña niña de unos tres años, Alba, la otra hija de la dueña amargada.
-Elías es listo, sabrá cuidarlos. -dice moviendo las manos y con tono burlón Enara.
-Me fastidia mucho decirlo, pero lo sigo pensando. -le responde con mal tono Ainhoa.

Las manecillas de metal del reloj se han movido desde un número con dos círculos a uno con dos números, uno larguito y el otro ovalado, y el tiempo, se les ha echo eterno, la única emoción que en ese tiempo ha estado han sido las discusiones entre la Princesita Valeria y el Rey de la Sabiduría el gran Fabio.
Enara es la única que ha pasado todos esos minutos de los nervios no por esa pareja, si no por los tres que faltan.
Omar, se las ha pasado corriendo por toda la casa, intentando limpiar su camiseta, y hasta que no lo ha conseguido, se las ha arreglado para que todo el vecindario lo oyera.
Ainhoa, la más normalita, por así decirlo, se ha pasado todo ese tiempo, lanzando unos extraños y supuestos alimentos de forma ovalada, con un color blanco por fuera, que al tirarlo por la ventana en un acto de reflejo, ha teñido la fachada del vecino, de un color medio naranja medio amarillo, observando por la ventana abierta toda la calle.
Cuando mira por la ventana, se encuentra con un perro, grandote y un poquito viejo, quien otro que el perro Moe, el gran artista de la mancha marrón en la camiseta de Omar, y un poquito más tarde que él, el treintañero de Rafa.
-¡Eh, chicos! -chilla. -¡Veo al camionero loco!
Omar lo capta en seguida y se acerca a la ventana para mirar con odio al estúpido perro viejo de Rafa, con una mirada que incluso se podría decir que es medio asesina.
Entonces, se fija en la mancha de la fachada a la que observan esos dos y mira a Ainhoa, algo le dice que ha sido ella.
-¿Qué? Enara es increíblemente silenciosa y me ha dado un susto cuando me ha tocado por atrás.
-¿Qué es eso? -pregunta.
-No lo sé... ¡quién sabe cómo se llamará! Pero si Nerea estuviera aquí seguro que diría que es una fantástica manera de dar color a la vida.
-Pero, ¿qué coño es?
-Yo no pienso volver a abrir el zampón frío. No, gracias.
-Pero ¿cómo es? Por lo menos eso.
-Blanco, están apilados juntos en lo más alto.
Omar no se corta y coge unos cuantos, algún que otro se le cae y resbala, cayendo justo al lado de Ainhoa, mirándola desde abajo arriba.
-Menudo día llevas. -exclama la chica.
-Mejor que cualquiera en Daemón... -comenta.
Eso toma a Ainhoa por sorpresa, Omar, el hijo de los más poderosos de todos, de los líderes de todos, ¿prefiere mancharse con esas cosas y que su camiseta se llene de caca?
-Ni preguntes. -la corta cuando abre la boca.
-¿Y qué vas a hacer? .pregunta Ainhoa.
El chico no contesta con palabras, es más de actos, por lo que parece, pues empieza a lanzarlos al perro negro tiñéndolo de medio amarillo medio naranja.
-¿Que coño? ¡Policía! ¡Tortura animal! ¿Señor Gustavo? ¿Hay alguien en este maldito barrio que esté bien de la cabeza?
Rafa mira a la ventana ahora cerrada de la cocina de la casa, donde Ainhoa y Omar se han sentado para ocultarse.
-V de Vendetta. -dice Omar, alegremente. -Sabe mejor de lo que me imaginaba.
-¿Dónde has oído eso?
-En esa cosa que habla, en la caja maldita esa que está en la otra sala grande.
-¡Ah, ya sé! MTV Tunning Moe.
-¿Y de dónde narices has sacado tú eso?
-De esa caja enorme donde la gente presa hace cosas raras que también está en esa sala grande.
Pasan unos segundos en los que los dos se quedan mirando uno al otro, y en ese tiempo, ve a Omar con otros ojos, no como el estúpido hijo de los poderosos, y algo ocurre que hace que a ambos les entre la risa tonta, donde ríen sin parar hasta que Valeria llega nerviosa a la cocina.
-¿Os habéis enrollado? -pregunta.
Las risas se paran, y Omar coge un color rojo que incluso se le podría confundir con un tomate mientras que Ainhoa, se pone tan blanca, que podría ser una de esas cosas que han lanzado.
Acto seguido, la muchacha, se levanta, casi cayéndose, gracias a la mesa de al lado, y se lanza detrás de Valeria, saltándole encima a la altura del sofá, y dejándola lo que se suele decir, hecha una mierda.

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