sábado, 16 de noviembre de 2013

Capítulo 23

La señora amargada dueña de la casa ha llamado durante unas diez veces durante la noche, que si no tenían sueño, que si hay que dejar dormir a los vecinos...
-Le secuestro a su hija y si quiere luego duerme, ¿bien? -ha contestado Enara en la última visita.
Las manecillas vuelven a apuntar a dos números idénticos y larguiruchos, como dos palos con dos líneas más, cuando unos ladridos les desconciertan.
Fabio, se dispone a abrir la puerta, cuando Omar le prohíbe el paso con una sonrisa falsa en la cara.
-¿Me vas a dejar abrir la puerta o tendré que usar la fuerza? -pregunta Fabio.
-¿Qué fuerza? -contesta Omar, burlón.
-¡La que voy a usar como no te quites!
-Paz. -grita alguien desde el otro lado de la puerta.
Es Omar quien abre la puerta rápidamente, aliviado de que no se trate de Rafa con Moe, pero en cambio, se trata de los tres desaparecidos.
Están un poco sucios, rasgados, pero en la cara de Leo y Nerea se encuentra una sonrisa de oreja a oreja, nunca mejor dicho, y no de estar en casa o lo que fuera, si no de ver que todos los demás están bien.
-¡Nerea!
Enara salta al cuello de su prima y Elías se aparta para no volver a caerse, porque, por lo que parece, tiene una herida nada bonita en la cara, al lado de la ceja.
-Tranquila, tranquila, que no se va a ir. Eres muy sobreprotectora.
Enara lo amenaza con su mano tendida en su cara, tan cerca y doblada para que le pueda dar un golpe fuerte sin que él pueda apartarse, así que levanta las manos mostrando paz.
-Gracias que estáis aquí, ahora podremos espantar a todos con el pedazo perro que tenemos. ¡Y así no se meterán con nosotros! -exclama Valeria por detrás.
-Pero, ¿tú para que narices necesitas un perro que te proteja si no has salido de casa? -pregunta Fabio el sabiondo saliendo de su cuarto.
-Pero hemos conocido a Rafa... Y ayer lo escuché chillar como un loco. -responde burlona Valeria.
Omar hace una sonrisa forzada y hace que todos entren en casa.
-¡Déjamelo! -ordena Valeria y a Leo.
-Si no te habías dado cuenta antes, es ciego, y está educado para que la violencia no forme parte de su vida, ¿sabes lo que me ha costado conseguir eso?
-Leo, Leo, Leo... ¡es un perro!
-¡Los perros también son... seres! -exclama, y añade en bajito. -Y encima a nuestra diferencia, ellos sí que están vivos.
-¿Has tenido un perro vivo durante los últimos tres años en Daemón? -pregunta Ainhoa incrédula, y luego añade. -Este chico me acaba de empezar a caer súper bien.
Leo baja la cabeza y Nerea le sonríe dulcemente, resumiendo, como todas sus sonrisas.
-Has venido aquí tan solo para encontrarle a alguien con quien pueda quedarse sin problemas, ¿verdad? -pregunta.
El chico asiente con pena.
-¡Pues qué le vamos a hacer! ¡De aquí no va a salir nada! Ni siquiera Fabio dirá nada, ¿verdad, Fabio? -exclama Elías amenazándolo sin hacer gesto alguno.
-No. -responde fastidiado
-¿Qué coño ha pasado entre estos tres para que ahora se hagan súper amigos? -pregunta bajito Enara a Ainhoa.
-No lo sé, pero mejor ser amigos que enemigos, tendremos que vivir en la misma casa para un largo tiempo.
-Desde luego.
De detrás de la puerta aparecen tres personas, la amargada dueña junto con sus dos hijos, Fran y Alba, el adolescente y la niña.
-Ya que todos estáis aquí, ahora, supongo que será tiempo de que deis una vuelta. Francisco, ¡acompáñalos! No vaya a ser que pase lo mismo que anoche. -dice la mujer con su cara de siempre sin cambiarlo para nada.

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