viernes, 22 de noviembre de 2013

Capítulo 26

Querido hijo,
Ha pasado mucho tiempo que no me respondes, y yo también me he empezado a plantear que no debo de esperar a una respuesta para seguir escribiéndote, porque, ahora que pienso, tú apenas tienes tres años, no creo recordar que yo a esa edad supiera hablar.
Y tu madre... seguramente no quiere leértelas. Pero ojalá que los haga y que le hable a ese pequeño de su gran padre, de aquel que espera verlos pronto.
Espero que esta carta no sea demasiado larga, tampoco espero que sea demasiado corta, pero eso es lo que hay.
Se nota que en la Tierra ya llegó el invierno hace unos cuantos días. Aquí también se ha empezado a notar que el aire ha enfriado bastante últimamente.
Pero, ¿para qué que hablo yo del frío?
Esas son las típicas conversaciones entre los humanos cuando no saben de qué hablar: del tiempo, de cualquier cosa que vean o de qué ocupada tienen la tarde.
O por lo menos así era cuando yo me consideraba un humano y todavía no había descubierto Daemón, así iban las cosas.
Aunque no me malinterpretes, aquí también hay frases típicas para esos momentos en los que no sabes de qué hablar, pero no suelen ser en casos en los que no lo conoces de nada, en ese caso aquí en Daemón se ignora.
El mejor ejemplo que te puedo poner es cuando estás esperando a entrar en el ayuntamiento porque te va a caer una buena bronca, en ese momento, no se nos ocurre otra cosa que hurgar en la herida y ampliarla diciendo la frase mágica:
-Oye, ¿tú no eres el que la cagó el otro día y tiene un juicio para haber si va a morir o no? Por lo que a mí me contaron hay muchos boletos.
Y siempre es lo mismo, la misma frase, la misma situación y el mismo resultado que consiste en que la cara del que tiene la problema se triplique en miedo, le tiemble todo el cuerpo, y tú, tan gilipollas como eres, vas y le empujas hacia dentro deseándole suerte como si no pasara nada porque le vayan a matar.
No... no pasa nada.
Hay pocas situaciones como estas, pero cuando ocurren se repiten una y otra vez y lo más probable es que cuando mueran, tu frase sea la siguiente.
-¡Venga! ¡Si su supuesto crimen tampoco fue para tanto!
Y es porque tú no cogiste como cosa seria lo que le dijiste al pobre cuando se encontraba delante del ayuntamiento, pero si alguien está contigo en los dos momentos lo único que pensará de ti es que eres un gilipollas de alto cuidado.
O si no, esa persona también hará lo mismo que tú apoyando tus palabras en los dos casos.
¿Quién dijo que los Olvidados éramos súper serios y que lo que siempre decíamos era lo que pensábamos? Porque esa es la mentira más grande que he oído.
Eso me pasó a mí hace un gran tiempo, se lo hice al gran Darío, quien desde luego no se merecía morir, y ahora su cuerpo se encuentra enterrado en la tierra, en el Cementerio de las Historias, ¿te he hablado alguna vez de ese cementerio?
No creo, pero bueno, te digo 'ese' porque, desgraciadamente, hay demasiados cementerios en la Tierra y yo conozco a unos cuantos.
Aunque ahora que pienso sí que hay otro cementerio donde son enterrados los poderosos y esos que llegan a ser grandes nombres. Ese cementerio se llama el Cementerio del Triunfo. Y en mi opinión, es el nombre más ridículo que se le puede poner.
Pero bueno, volviendo a lo nuestro, ese cementerio es sagrado para los mediocres como yo, puesto que ahí, en cada lápida, se inscriben las memorias del muerto que yace ahí abajo.
Toda su historia resumida y volando por ahí encima de su cabeza, pocos son los afortunados que son capaces de verlo, normalmente suelen ser los más cercanos, los que ocupaban su corazón, y esos son capaces de ver sus historias con esa persona.
Otro detalle de esas lápidas es que cuando se le quita aquella imagen que quiere se vea en la lápida, cada vez que alguien va a ver la lápida, las imágenes se vuelven reales y repiten una y otra vez aquel recuerdo.
Las flores crecen por número de corazones que laten, por así decirlo, por su muerte, el número que sufre mucho por la pérdida, y los más cercanos serán los que más han llegado a querer a esa persona, en cambio, los altos, los que más sufren.
Suelen ser espectáculos preciosos, y yo pienso, que su por lo menos alguien tiene que morir así, aquella es la mejor manera.
En cada lápida, además, se pone el nombre y el árbol genealógico de aquella persona, pero con los más cercanos, como mucho sus hijos, hermanos, padres y nietos, si tiene alguno, y cada vez que uno de ellos muere, la luz blanca que iluminaba aquellos nombres, se apaga.
Por último, en memoria, se les pregunta a aquellos que van a morir desde el momento en el que son condenados, haber quién quieren que aparezca en la lápida.
Es precioso.
Y la verdad es que para todos suele llegar a ser duro, es uno de los pocos sentimientos que los Olvidados sentimos: las pérdidas.
Para mí lar pérdida de aquel amigo mío con el que metí la pata, fue uno de los más duros, y espero que no se vuelva a repetir.
Quizá después de esto me pasé por allí a hacerle una pequeña visita y a ver una vez más nuestros recuerdos.
Me encanta pasarme por el cementerio, aunque me den mucha pena todas las historias que esos poderosos han ahogado por estupideces.
La carta me está quedando muy larga.
Voy a cortar, otro día te sigo contando frases e historias típicas de aquí.
Te quiere,
Papá.

1 comentario:

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