lunes, 8 de septiembre de 2014

Después del veranito... ¡a currar!

¡Hola a todos!
Ya lo sé, he estado muy desconectada y no he echo nada desde que se acabó la primera parte, pero como una primera parte necesita una segunda porque sino no se dividiría en partes... ¡Aquí viene la segunda!
Creo que ya todos (o casi todos) sabéis que el título de la segunda va a ser Sombras, puede que sepáis a lo que me refiero o puede que no. Pero bueno, el tema es que el final quedó sin decir mucho más, por lo que espero que os paséis por la segunda parte si es verdad que la historia os ha gustado.
La primera entrada tendrá lugar el domingo, que será el día en el que empiece a publicar, pero como me parece muy de lejos, os haré pequeños adelantos, uno el miércoles y otro el viernes que espero que compense. Eso sí, os tengo que comunicar que Sombras solo será publicado una vez a la semana para el bien de todos, ya que ponerse al día será más fácil y yo con todas mis complicaciones no tendré tantos atrasos si en algún momento me vienen improvisos.
Dicho esto... aquí está el enlace al nuevo blog: SOMBRAS
Y para terminar, también os tengo que comunicar que hay nueva historia, creo que menos liosa y más interesante, pero bueno, eso ya lo juzgaréis vosotros.
Un besazo,
Nerea.

sábado, 5 de julio de 2014

Capítulo 78: Último Capítulo

Pasaos por mi otro blog: Mi Pequeño Mundo
Gracias:)

Ainhoa se despierta y se levanta, se ha desmayado, pero apenas puede respirar. Tose, y se vuelve a tumbar, se arrastra por el suelo llegando a la puerta.
Lo único que pasa por su cabeza es una palabra: "Ayuda".
Extiende su brazo hacia la puerta, pero se cae en seco en seguida.
Detrás de la puerta oye unos golpes, intenta escuchar en silencio lo que dice.
-¡Vamos! ¡Joder que ha echado una bola de gas! ¡Vamos, vamos, vamos!
-¡Cállate, Fabio! -escucha a Nerea, pero está a lo lejos.
-¡Nerea! ¡El fuego! ¡Páralo, páralo, páralo!
-¡Cállate! ¡Como me hables no puedo concentrarme y parar el fuego! ¡Si no estás haciendo nada invéntate un juego!
-Veo, veo... -empieza Sam.
-¿Qué es eso? -pregunta Fabio.
-Un juego.
-Sigue pegando la puerta, por favor.
-Ayúdame, pues.
Más golpes en la puerta, y hay fuego, y ella no puede moverse, y el gas está espeso, y no puede hacer nada ara impedir todo eso. Se vuelve a sentir inútil.
En seguida, su cabeza se le cae.
Está inconsciente, pero a pesar de todo, consigue escuchar todo lo que se encuentra atrás.
El fuego sigue haciéndose paso y Fabio se pone nervioso, cada vez más, lo que hace que la poca paciencia de Nerea salte y se enfade. Sam parece tranquilo, paga su frustración de no poder abrir la puerta en la puerta.
También escucha unos pasos que se acercan hacia ellos.
Le gustaría gritar para advertirles del tema.
-Iros, yo me encargo de ella. Tenéis que salir de aquí, si uno se queda, no dudéis, seguid, es mejor que cojan a uno que a tres.
Ainhoa reconoce en seguida la voz del hombre que se ha acercado a ellos para la advertencia. Es sin ninguna duda Hermenegildo.
-¿Estás bien? -pregunta en seguida cuando los chicos se marchan corriendo.
-Sí. -susurra Ainhoa con el único hilito de voz que le sale de la garganta.
Escucha dos golpes a la pared en el último tramo, seguido de otros dos más débiles. Sin ninguna duda son Nerea y Fabio, animándola.
Hermenegildo se pega tres veces contra la puerta, y por fin se abre una pequeña grieta por la que el humo empieza a salirse un poco. Pero el fuego también hace que humo entre por él, creando un problema para el hombre, al que le cuesta respirar.
Se escuchan unos pasos corriendo y un chorro de agua.
-¡Vete, niña!
-De nada por salvarte. Adiós.
Nerea se va corriendo.
Otro golpe. La puerta se abre, y un montón de humo empieza a desaparecer del suelo donde ella está inconsciente.
-¡Mierda! ¿Estás bien? Si lo estás muévete un poco.
Ainhoa intenta con todas sus fuerzas colaborar, pero sólo consigue mover el dedo meñique.
Hermenegildo coge a Ainhoa en los brazos y sale corriendo, sigue corriendo hasta que se para en seco en una esquina.
De repente, el hombre levanta el pie y le pega a un mágico en ese mismo lugar, haciendo que caiga y que su cara de directamente contra el suelo. Por si fuera poco, Hermenegildo remata dándole un gran pisotón con fuerza en la misma cabeza.
Sigue corriendo y pega con el pie en un pequeño botón que se encuentra al lado de una puerta.
Se queda en silencio y se mueve hacia los lados.
Entonces, cuando menos se lo espera, es cuando él se gira y le pega una patada en las pelotas a otro mágico que ha venido y mirando hacia atrás se mete en el ascensor y usa a Ainhoa para ir al nivel 0 mientras que controla que el mágico se aleje.
Cuando se abalanza dentro, Hermenegildo no puede evitar que salga, y entonces empieza la pelea en la que el Olvidado pega sin cesar con el pie al mágico que se cae al suelo y apenas se puede mover.
Cuando las puertas se vuelven a abrir Hermenegildo pega un salto para no pisar al mágico y escapa, pero el chico le coge del pie y este lo mueve para que lo deje en paz.
Corre y escoge un pasillo estrecho por el que pasa de lado
De nuevo, el hombre se para en seco.
-¿Puedes convertirte en humo?
La chica no responde.
-Da igual.
Ainhoa piensa "¿Cómo que da igual?", pero entonces sus pensamientos se convierten en miedo cuando el hombre se lanza por la ventana.
Una almohada de humo hace que no se hagan daño.
Salen corriendo hacia el bosque y los únicos pensamientos de Ainhoa son que escapar, ha sido demasiado fácil.
Pero entonces, es cuando cae en un sueño profundo. Demasiado profundo.

Siento que el capítulo haya sido demasiado corto, espero que no importe. A pesar de ser el último capítulo habrá epílogo, así que hasta la semana que viene :)

domingo, 29 de junio de 2014

Capítulo 77

Ainhoa mira hacia los dos lados, tienen que ganar tiempo y a ella le toca estar junto a Enara.
Andan sigilosas hacia una puerta verde esmeralda.
-¿Crees que vamos bien? -susurra la miedosa Enara mientras que clava sus uñas sin querer en la espalda de su compañera.
-Sam nos ha dicho que sí. -responde Ainhoa.
-Por eso te pregunto. Le hemos ignorado y parece no haberle sentado nada bien. ¿Y si de repente hace algo que va en nuestra contra?
-Por algo va con tu prima en busca de Fabio. No seas tan pesimista, anda.
-No puedo evitar serlo.
Ainhoa mira para los dos lados en el más absoluto silencio, entonces, sale corriendo a intentar abrir la puerta seguida de Enara, pero esta ya, usa sus poderes para abrirlo. Algo que no sale bien.
-Con esto probamos que lo que está al otro lado es muy valioso. -piensa Ainhoa. -¡Ya sé! ¿Puedes crear el fuego ya directamente dentro de la sala?
Enara lo niega con la cabeza. Esa es la razón por la que ella está ahí, para seguir quemando cosas, se siente utilizada como un mechero.
-No sé cómo es el interior, y además, si tienen productos químicos puedo producir un desastre enorme.
-Espera, ahora vuelvo, buscaré algo para abrirla. -comenta decidida Ainhoa.
Le da rabia. Eso hace que a Enara le hierva la sangre. ¿Por qué tiene que tener tantas dudas respecto a algo que se supone que ya está decidido? Quizá sea una señal de que es una mala idea y debería de huir de ahí, pero no puede hacer una traición tan grande, deberá dejarse guiar y actuar como cuando hacía en Daemón, como una chica fuerte y decidida.
A pesar de que intenta llenar su cabeza de pensamientos positivos, la sangre le sigue hirviendo de un enfado que no es normal... ¡Espera un poco! ¡Ahí está!
-He encontrado una barra, quizá podamos echar la puerta abajo. -exclama Ainhoa al llegar.
-No. Tengo una idea mucho mejor. En vez de echar la puerta directamente abajo, puedo fundirla. Será verde pero es de metal, y si la hiervo a suficiente temperatura, se fundirá en un periquete. Sólo con una pequeña ojeadita puedo quemar todo lo demás.
-Desde luego que será más silencioso.
Enara sonríe. Le gusta sonreír, eso es algo que durante los últimos días ha aprendido con Leo. Cuánto le gusta ese chico y cuánto le agradece a su prima poner tanta excusa para que pudieran ir juntos. Más que una misión han parecido más unas vacaciones, de tanto ir de aquí allí y de allí aquí.
-¡Enara!
-Si, ahora.
Ainhoa observa a la chica con un tono rojo en las mejillas. Es extraño, porque todavía no ha empezado a hacer calor a su alrededor.
Entonces es cuando Enara apoya sus manos contra la puerta y aplica el fuego. Ainhoa pensaría que el calor se transmitiría hacia el exterior también, por lo que se extraña, también cuando toda la puerta se vuelve puré y empieza a caer hacia los lados.
-Era suficiente con un trocito, ¿no? -opina la mayor.
-Sino no podría ver nada, además, he pensado que si podía moldearlo y crear botellas o algo podríamos usarlo para llevar agua y luego para poder quemar a los oponentes.
-Buena idea. -la felicita Ainhoa, algo que hace que la sonrisa de Enara, que parecía ya bastante grande, crezca todavía más. -Enciende la luz, por favor.
Dicho y hecho.
Delante de ellas aparece una enorme biblioteca de las cuales todas las cubiertas son negras y llevan un número romano inscrito en ellas. La biblioteca parece inmensa, pero en realidad, es porque en el fondo hay un espejo donde miles de fotos de gente están colocadas. A un lado de la puerta se encuentra una mesa de madera con muchos papeles encima de ella y una silla de plástico de Heineken.
Ainhoa decide ir a hojear libros mientras y Enara se dirige hacia la mesa.
La mayor empieza a leer el primer libro que ha conseguido encontrar, el número veinte.
"Evelio Montenegro. El sujeto muestra un terrible miedo hacia los espacios cerrados. Lo hemos metido en la cámara de tortura que va disminuyendo de tamaño medio metro durante cada minuto. El Sucio ha prometido que nos lo contaría todo. Pero ha mentido. Ha dicho que es demasiado importante para nosotros y que si querían, que lo matáramos. Pero sólo es el primer día, seguiremos con las torturas y su inspección diaria, de mientras, que disfrute dentro de tubos de cristal."
Ainhoa deja caer el libro. De repente se ha dado cuenta. Sucios. Tortura. Tubos de cristal... Entra en pánico y empieza a sacar libros para mirar nombres y cómo empezaban.
Jacinta Rey, Teresa San Pedro, Ramón y Braulio Huertas, Martín Clemente... todos iguales. Todos torturados y documentados exactamente hasta su muerte o hasta su asesinato. Todos igual, como todos los demás.
Ainhoa se tapa la boca con las manos pero en seguida las aparta cuando nota que la habitación empieza a darle vueltas. Se sienta en el suelo. Algo que en seguida vuelve a cambiar. Se levanta corriendo y busca los números más recientes.
Su corazón empieza a palpitar más de prisa y encogerse a medida que ve avanzar los números, ¿cómo ha sido todo eso posible?
Cuando llega a la última estantería, la número treinta, probablemente, se agacha y busca el número más grande. 4500.
Nota cómo su corazón se va rompiendo por momentos.
La saca y observa el nombre con los ojos como platos. Margarita Soler. Ese nombre le suena mucho, de echo, le asusta que suponga realmente que la abuela de Enara haya estado ahí.
Coge el libro y va hacia su amiga a hacer la dolorosa pregunta.
-¿Tu abuela se apellidaba Soler?
La chica asiente.
-¿Por?
-Pues nos encontramos en la biblioteca de todos aquellos que fueron torturados hasta tu abuela. Ella es la última.
Los ojos de Enara se llenan de lágrimas cristalinas.
-¿Te has fijado si en todos tenían dones?
-No.
-¿Y los tenían?
-Ahora que dices... sí.
-¿Y alguno que se repita?
Ainhoa lo niega con la cabeza.
-No documentan sobre todos los que tengan poderes, sino todos aquellos que han podido echar a la mierda matando y torturando a estos. ¿Cuántos son?
-Muchos, demasiados.
-¿Cuántos?
-Cuatro mil quinientos.
Enara se levanta y le entrega a Ainhoa los papeles que se encontraba leyendo. Van de lo mismo. Pero van de algo distinto hasta ahora. Alguien a quien han alejado de los demás. El raro. Samuel Rojas.
La joven abre sus brazos y de ellos salen todos los libros que se abren y de ellas se arrancan la primera página que se doblan y se meten bien ordenaditos en la mochila que trae Enara.
-Mira en los cajones, puede que haya un libro con el nombre de todos los demás.
-¿Quieres hacerles memoria?
-Es lo que se merecen. -dice Enara con una sonrisa.
Ainhoa busca y saca dos libros grandes de tapas de cuero, una de ellas está bastante llena de polvo, pero la otra ha sido limpiada recientemente.
Abre ambas a la vez encontrándose muchos nombres.
-Dame la mochila que ahora las meto. Mientras, empieza a quemar todos los recuerdos que los malditos cabrones han creado.
Enara asiente y obedece.
En un minuto, la biblioteca de los torturados se encuentra en llamas y ellas ya han huido de ahí. Su misión ya está cumplida, pero ninguna parece querer irse.
-¿También opinas que deberíamos volver a la cárcel?
-Los cristales son resistentes al fuego, así que sí.
Mientras que andan, Enara se cae y Ainhoa observa un agujero en su brazo derecho. Alguien la ha disparado a traición. Eso es un golpe de cobarde.
Enara se levanta volando, tan rápido que parece un pajarito, parece enfadada, se ha puesto más roja de lo que la ha visto antes. Con la mano ilesa, saca la bala y se la lanza a su agresor a la cabeza, que cae como un saco al suelo.
Las dos chicas corren antes de que alguien más aparezca mientras que buscan algo con lo que poder defenderse.
Ainhoa se para y sonríe. Se defiende la cara y con el codo pega un buen golpe al cristal que esconde el extintor, el único que han visto en tanta vuelta.
-Vamos a apagar a los mágicos. -exclama cuando llega a la altura de su compañera.
Enara y Ainhoa corren y se encuentran con una pared que no da a más, pero ambas siguen corriendo porque están a la corriente del poder de la pequeña, que abre la pared como lo más fácil del mundo. Las chicas saltan y entran a una sala destruida. Alguien ha estado antes.
-Veo que la diversión sigue. -murmura una chica de ojos verdes intensos debajo de una capa marrón como el de los demás.
Para Enara es una mágica más, para Ainhoa es la chica que la atacó aquella vez en el prado, aquella que se multiplicaba y aquella que no podía vencer a menos que llegara ayuda, algo que ocurrió.
-Yo me encargo de ésta, tú ve, te necesitan en otro lado.
Ainhoa obedece, sabe que la chica podrá con esa mágica que tanto le suena. Busca la salida cerrada y la abre dándole un golpe con el extintor. Ainhoa se gira.
-No lo necesito.
Ainhoa asiente y se va con el extintor.
Un mágico aparece delante de ella. Ainhoa aprieta un botón que hace que humo blanco salga y consigue que el hombre se quede cegata, lo que aprovecha para darle con el extintor una y otra vez para dejarlo seco en el suelo.
Sigue corriendo y escondiéndose en los huecos para que no la vean, y en una de las veces en las que se ha quedado mirando por los pasillos, observa cómo los mágicos más jóvenes intentan huir del lugar. Entre ellos, en cambio, ve una cara conocida que no trata de la de Omar.
Es Nico.
Nico, el chico de Valeria, la misma Valeria torturada y metida en un tubo de cristal, está huyendo como si nada con los mágicos. El maldito traidor.
Empieza a dudar, incluso llega a desconfiarse de sí misma.
Coge la dirección opuesta y avanza hasta encontrarse una puerta abierta. En efecto, trata de la cárcel de los Olvidados.
Mira para los lados, el fuego ha sido apagado y todos aquellos que faltaban han sido sacados por alguien que llevaba algo eléctrico, puesto que un cable se le ha caído.
Mientras que observa un poco a su alrededor, alguien la empuja dentro.
Mira hacia atrás, pero es incapaz de ver a nadie ya que han cerrado la puerta, pero antes, han echado una especie de pelota que está empezando a echar gas.
Ainhoa intenta pararlo con el humo del extintor, pero no consigue nada, sólo hace que la cantidad de gases crezca.

sábado, 21 de junio de 2014

Capítulo 76

Ainhoa, junto a una Valeria casi incapaz de moverse, mira seriamente a todos. Se acercan poco a poco dándole dramatismo al momento.
Su mirada se detiene en Sam, es el más serio de todos, o quien más parece tener una idea de todo. Siente que él es la clave para salir de ahí, pero no puede evitar pensar que esas probabilidades son bien pocas, con Omar en el otro bando... todo se ha ido al traste.
Piensa en toda esa gente que ha conocido los últimos días y con los que ha compartido tantos momentos, ese final no le hace justicia a nada.
Nerea y Elías cruzan miradas. Enara se pega a Leo, y el chico, algo incómodo, se pone rígido, pero no parece molestarle del todo. Valeria está a punto de llorar. Fabio no está por ningún lado. Quién sabe cómo estarán todos los demás. Y Sam... el chico se mueve rápidamente.
-¡Romped los cristales! -grita.
Ninguno de ellos espera, cada uno con su fuerza, su rapidez y su agilidad, intenta hacer lo que él dice.
Los cristales son duros, pero la cabezonería de muchos de ellos también, y eso lo compensa. De alguna manera, de esa forma, consiguen más gente que luchar, y de cada frasco sale gente herida.
Pero ahí no acaba todo, algo en lo que Sam no ha pesando es en que cuanta más gente herida haya más responsabilidad habrá para cuidarlos, y que los ataques de los mágicos son siempre muy rápidos y con un fin despiadado.
Esos pocos escrúpulos son los que al grupo les falta.
Ainhoa intenta ayudar a todos aquellos heridos, y está cubierta por Leo, Nerea y Enara, que la protegen junto a los demás mientras que Elías y Sam se ocupan de herir y defenderse. Por alguna razón, Sam parece entender lo que pasa y lo que tiene que hacer, algo que Elías va ganando poco a poco.
-¡Llévalos a una habitación baja! -chilla Nerea mientras que se adelanta con los otros dos chicos junto con su prima.
-Vosotros también. -añade Enara.
-¿Por qué? -pregunta Elías.
-Necesitáis mi ayuda, conozco esto mejor que nadie. -comenta Sam.
-No si te asamos como a un pollo. -advierte Nerea.
-Es verdad, iros, y por esa misma razón os necesitan más, no seáis cabezones e iros de una vez. -exclama Enara, fuerte, aunque le cueste serlo, como Nerea ya les comentó a Ainhoa y Omar una vez, la chica es demasiado pesimista, además, tiene un sentido de la culpabilidad que al mínimo se despierta.
Elías le hace un gesto con la cabeza a Sam para que lo acompañe afuera.
Pero la curiosidad pica, y tampoco se alejan tanto al irse, es Elías es que hace más ademán para irse y esconde a todos los heridos en la sala de al lado.
Todos los demás, asoman la cabeza, pero Ainhoa, es la menos sorprendida al ver lo que pasa.
Enara y Nerea se miran, se dan una mano y se extienden para que quede en alto. De pronto, la separan y extienden las dos hacia delante.
De sus palmas no paran de salir llamas como un lanzallamas, como con la fuerza de una cascada, pero todo hacia delante. Tal es la fuerza, que ellas tienen que intentar no caerse hacia atrás y no tienen peligro de quemarse el pelo, que está con fuerza volando hacia atrás. No pueden ver su cara, ya que están de espaldas, pero si lo hicieran, Ainhoa está segura de que sus ojos están cerrados con fuerza.
No le extraña que su familia guardara el secreto de su don tanto tiempo, es demasiado fuerte, pero ahora la pregunta que se plantea es otra, ¿pueden controlar todos los elementos?
No es la primera vez que las usan delante de sus narices, y no parecían precisamente de fuego.
-¿Ya ha acabado la fiesta? -pregunta Elías con voz ronca, apoyado contra la pared y con las manos cruzadas.
-¿Es que lo sabías? -lo acusa Ainhoa.
-Pues sí. Yo no tengo familia, pero hay otros que me han criado, y no ha sido sólo Abraham.
Ainhoa hace memoria.
-Entonces, ¿sólo me ayudaste porque querías liberar a Margarita?
-O por lo menos tenía la esperanza de hacerlo. Carlos y yo pasábamos mucho tiempo ahí, más de lo que te imaginas.
Ainhoa se siente mal, pero la curiosidad le vuelve a picar, esta vez, por la parte del chico.
-¿Qué es el papel que Marcos nos pidió que te diéramos? -pregunta Ainhoa.
-¿Consiguió encontrarlo? -añade rápidamente Leo.
-¿Qué pasa?
-Como he dicho, no tengo familia, otros han jugado como mi familia. -el chico se despega de la pared y ve cómo las chicas salen de la sala. -¿Los habéis cepillado a todos sin dejarme nada a mí? -y pone su sonrisa burlona, como si nada hubiera pasado.
-Para ti las hormigas, Elías. -contesta Nerea.
Enara sonríe.
-¿Y todos los demás? -se preocupa al instante.
-Es verdad. -exclama Leo.
-Si hubierais estado más atentos os daríais cuenta de que están en la sala de al lado. Ya saben lo vuestro. Y ahora Sam es el que manda, así que dentro.
Nerea cierra los puños. Le gusta tener el control y Ainhoa lo sabe. Se ríe en bajito y le frota suavemente el hombro, dándole su apoyo. Ella termina sonriendo y se meten junto a todos los demás en la sala.
-Bien, necesitamos sacarlos, ¿cómo lo hacemos? -dice Leo nada más cerrar las puertas.
-Pues... -empieza Sam.
-Yo tengo dos preguntas más importantes. -corta Elías. -Primero, ¿dónde está Tadeo? Ese perro es más necesario de lo que creéis. Y dos, ¿dónde está el idiota de Fabio?
-¿El de los ordenadores? -pregunta Sam.
-Sí. -contesta Nerea, y luego, dirigiéndose a Elías, añade. -Está en la sala de ordenadores, debería de estar conmigo, pero ya me conoces, estos dos necesitaban mi ayuda. Se ha debido de quedar ahí, me presto voluntaria para buscarlo.
-Eso me parece bien. -admite Sam. -Pero más importante es sacar a los heridos. Necesitan cuidados, más que un perro y alguien que sabe defenderse.
-Dudo que Fabio sepa defenderse como es debido. -corta con mala cara Elías. -¿Acabas de salir? Pues mejor que estuvieras dentro.
-¡Elías! -exclama Ainhoa.
-Es la verdad.
-¿Nerea?
-Opino lo mismo. Los rebeldes siempre se ayudan entre ellos, y ellos no son rebeldes. Ainhoa, estos son traidores, ¿Sabes cuánto tiempo lleva alguien sin venir a la tierra? A este ritmo todos deberían de estar muertos.
-Tienen razón. Si quieres puedes ayudarlos, pero no nos metas a nosotros en el marrón. Buscaremos a Fabio y nos largaremos con los demás. Y a todo esto, eres una Sombra, ¿verdad?
-Pues sí.
-¿Entonces que haces ayudando a unos Olvidados?
-Ayudo a quien haga falta.
Si fuera una película, saltarían chispas entre los ojos de todos.
-Paz, si todos tenemos el mismo fin, deberíamos ayudarnos entre nosotros. ¿Quienes de aquí tenéis un don?
-¿Para? -pregunta Elías, nervioso.
-Para saber quién debería de luchar.
Algún herido levanta la mano débilmente ayudado por la mano energética de las primas y la mano tímida de Elías, también levanta su mano mientras que observa la de Sam.
-¿Tú tienes? -pregunta Ainhoa a Elías.
-¿Cómo crees sino que lo sé todo?
-¿Eres omnisciente?
-¿Qué es eso?
-Que lo sabes todo, pero déjalo.
-Leo mentes. -admite.
-Pues ahora después de todas las aclaraciones, tenemos trabajo, tenemos que sacarlos y protegerlos.
-De eso debería hacerlo yo, soy el único que no tiene don y Tadeo me ayudará. -se ofrece más valiente que nunca, Leo.
-Sácalos de aquí, nosotros intentaremos defender el lugar y sacar al tío ese. -dice muy borde, Sam, y luego se dirige a los heridos. -¿Vosotros podéis luchar?
Un par se levantan, mientras que otros se esconden más.
-Bien, pues manos a la obra.

sábado, 14 de junio de 2014

Capítulo 75

Mi Pequeño Mundo. ¡Gracias por pasaros y la espera! Aviso que desde ahora, los últimos capítulos son cada viernes. Un beso enorme, Nerea :)

Cae. Otra vez. Pero esta vez la caída es más incómoda y un poco más dolorosa, puesto que su espalda ha chocado contra el pie de Sam y su cabeza... mejor no hablar de su cabeza.
Cuando se levanta, palpa el suelo con la mano en busca de la linterna.
Pero es Sam quien de verdad lo encuentra y quien con un ligero 'click' la enciende.
-Gracias. -murmura ella.
Su sonrisa la intimida, tan perfecta con esos dientes blancos y rectos. ¡Huy que rabia le da! Ya le gustaría tenerlas de la misma manera a ella también.
No le queda otra que devolverle la sonrisa para luego observar los alrededores.
-Una habitación vacía. -concluye.
-Me has quitado las palabras de la boca. -afirma Sam.
La chica sonríe todavía más y se dirige hacia la puerta, la cual abre exageradamente dejando que el chico salga antes.
-Muchas gracias. -agradece el chico enfatizando la 'gra'.
-De nada. -responde enfatizando la 'na'.
Recorren habitaciones y pasillos que los llevan poco a poco hacia un ambiente más oscuro y frío, pero no los incomoda. De echo, les parece incluso cómodo.
A ella por Daemón, y a él por quién sabe qué, pero tampoco le interesa.
Andando por el quinto pasillo largo que han encontrado, un agujero que abre debajo de los pies del chico y cae abajo.
Un ruido en seco se escucha en el ruido azul marino y unos cuchicheos. Pero no sólo eso, unas trompetas llegan hasta sus oídos del norte.
Mierda. Se han despertado.
-Sam, ¿Estás bien? -pregunta.
La luz sigue ahí, pero no se escucha nada, ¿y si lo han atrapado?
-¿Ainhoa?
A la chica esa voz se le hace tan conocida... Y la echaba muchísimo de menos.
-Hola, Fabio. -saluda con la mayor de las sonrisas pintada en la cara.
-¿Por qué no bajas?
La chica no contesta, obedece sin rechistar y cae encima de una mesa. Se levanta y se frota el culo. La altura no es tan grande como la de las demás habitaciones y una de las paredes está cubierta por una pantalla que está siendo utilizada por el chico, mientras que Nerea ayuda al caído.
-Es Sam, estaba atrapado en un tubo y... -empieza Ainhoa.
-Y es una Sombra. -interrumpe Nerea. -Pero no es el Olvidado con el que te hemos dejado, ¿y Elías? Te recuerdo que no es una buena idea dejarlo solo.
-Ya, pero tampoco quedarnos aquí hablando, han tocado las trompetas.
-¿Ya? -se extraña Sam.
-¿Es que tan rápido se te ha pasado? -pregunta Ainhoa.
-Llevo los últimos meses ahí dentro, como para que esto no haya sido rápido.
-¿Y qué te hacían?
-Trataban de entender lo que era, son mucho peores con los Olvidados.
-¿Qué les hacen? -se aventura Nerea.
-Torturar, quitar los poderes y matarlos cuando ya tienen todo lo que quieren. -advierte mirándolos uno por uno.
-Fueron ellos quienes les enseñaron a los poderosos a matarlos. -añade Fabio.
-No son momentos para perder el tiempo, tenemos que llegar a las celdas y liberarlos a todos. -informa Ainhoa.
-Sigo insistiendo en saber dónde está Elías. -dice Nerea.
-En busca de las celdas.
-Con la mala orientación que tiene.
-Pues sí. Y ahora en marcha. ¡Ah! Él es Sam y ellos son Fabio y Nerea.
-Y Fabio se queda. -comenta él refiriéndose a sí mismo como en tercera persona.
-¿Por qué? -pregunta Ainhoa.
-Me tengo que quedar en la sala de máquinas, no sirvo para mucho más. Que Nerea os ayude. Y encima, conociendo a Elías... lo encontraré.
-Oye, que si te parece mal que os ayude me quedo. -exclama Nerea.
-No era porque no quiera ir contigo.
-Ya, lo mío también era broma, y ha sido divertido verte la cara.
-No empieces a parecerte a Elías, por favor. -pide Ainhoa.
-¡Ah! Y encantada, Sam.
-Igualmente, ¿Nerea, verdad?
-Es un nombre simple pero puedes tomarte todo el tiempo que quieras para aprendértelo, ahora hay cosas que hacer. -dice y busca por las paredes algo.
-¿Qué hace? -pregunta Sam a Ainhoa.
-¡Quién sabe! Pero estate seguro de que va a ser una buena idea o la peor del mundo.
-¡Te he oído! Y es una buena idea que... ¡Sí! Tiene futuro. -responde mientras que se abalanza a quitar un pequeño cuadrado que se esconde por el suelo.
-¿El conducto de ventilación? ¡Buena idea! -admite Sam.
-¿Buena idea? ¿Qué tiene eso de buena idea? -contrasta Ainhoa.
-Sí. Es la manera más simple de saber dónde está uno y podemos recorrerlo todo sin ser vistos. Además, que no creo que sean demasiado estrechos.
-¿Por qué? -quiere saber, otra vez, Ainhoa.
-Porque es la mejor manera de huir de un edificio. Aparte de las puertas.
-Exactamente. Oye, Ainhoa, me gusta este chico. ¡Adiós Fabio! Y no le des al botón negro. Recuérdelo.
Durante los siguientes minutos, los tres se meten y gatean por los conductos, que no huelen nada bien, y por los que tosen cada vez que abren la boca, por lo que el trayecto concluye en silencio.
Primero va Nerea, luego Ainhoa, y cerrando camino está Sam, quien guía a la primera con la luz de la linterna.
Un pequeño puñetazo seguido de una mueca de dolor y un ruido estridente del metal chocando contra el suelo rompe su silencio. A esto, se unen varios golpes a cristales, como los que Sam hacía cuando Ainhoa lo ha encontrado en esa especie de mini laboratorio.
La primera en bajar es Nerea, que aterriza perfectamente sobre sus pies sin hacerse ningún tipo de daños, luego va a Ainhoa, que cae sobre su mano, provocándose una fisura, pero el dolor también se une a las costillas que han chocado contra ella, por último, Sam, que caería bien si uno de sus pies no aterrizara sobre otro de Ainhoa.
Ambos se tuercen y se hacen unas bolas por el dolor, y mientras, Nerea observa a los alrededores y busca entre todos ellos a Valeria.
Su corazón se detiene cuando por fin lo hace, en la tercera fila, toda llena de heridas.
-¿Nerea? -escucha preguntar a Ainhoa.
Pero a ella no le sale la voz, es demasiado, y el nudo en la garganta no ayuda. Incluso siente los ojos más pesados de los normal.
Valeria también la ve. Ella sí que está llorando.
Extiende su mano hasta el cristal, donde lo apoya débilmente, es sin duda alguna a la que más han torturado y la que peor lo está pasando, eso se le ve a plena vista.
Nerea se agacha cuando la primera gota cae desde su ojo izquierdo y apoya la mano que tenía en el corazón en el cristal, junto al de su amiga. Verla así la ha destrozado. En cierto modo le recuerda a su abuela. Y en el mismo cierto modo, el dolor es tan insufrible como aquella vez.
Ainhoa, al no tener respuesta de su amiga, corre en busca de ella. Sam la persigue.
Ambos se quedan mudo en la escena, y hay que decir que a la chica le cuesta cinco veces menos que a la pequeña en empezar a llorar.
-Como sigáis llorando yo también lo haré.
-Me da igual. -contesta Ainhoa y se abalanza junto a ellas.
Nerea en cambio separa su mano he intenta parar.
-¿Cómo se abren estas mierdas? -pregunta mirando hacia Sam, todavía con los ojos rojos.
-Un boli que tiene Ainhoa, sirve como un láser de las pelis, es muy útil, pero lento teniendo en cuenta de a los muchos que tenemos que sacar.
-Dámelo. -ordena Nerea a la otra castaña.
Ainhoa lo hace sin rechistar.
-Tranquila. -murmura Nerea. -Ahora te sacaremos y todo esto será una mala pesadilla por la que les meteremos una buena paliza. Prometo dejarte la mejor parte. Y por parte de Elías también. Si no quiere, le obligo. Te puedo asegurar que a Enara no le gusta vengarse. Y Leo... no tiene lo que se debe. Fabio no sabe luchar. Y Ainhoa está llorando por lo que seguro que está de mi parte. Y... -empieza mientras que corta el cristal y la ayuda a salir.
-Y ahora es cuando yo me pregunto dónde narices me he metido.
-No, Sam. Ahora es cuando yo digo que Omar también estará de acuerdo en que te vengues.
-No lo estará. -niega Ainhoa con un hilito de voz.
-¿Cómo que no?
-Omar ya no está de nuestro lado. ¿Recuerdas esas veces en las que me iba a otro mundo?
Nerea asiente.
-Pues en la última, vi cómo Omar se unía y nos daba la espalda. Nerea, a ti te abandonó a tu merced.
Nerea respira, por intentar tranquilizarse. Sus lágrimas y su pena se acaban de convertir en la ira más grande que jamás se haya podido ver en los ojos de alguien.
-¿Me dejas esa mejor parte a mí? -pregunta.
Valeria asiente.
-Sentimos no haber podido llegar antes. -añade Ainhoa mientras que observa cómo Nerea, acompañada por el chico, sale a liberar a todos.
-Tranquila, ya he visto que habéis tenido otras cosillas pendientes.
Y con esas palabras, escuchan las puertas abrirse y un grito. Un grito de chica. Lo que dice que obviamente es un grito de Nerea. Nunca antes la había oído gritar así, de miedo.
Ainhoa y Valeria salen corriendo.
Valeria se tropieza y cae. Otro ruido más, y bien agudo. Como los gritos continuos de Nerea, que no se sabe a qué se deben.
Ainhoa se queda mirando a Valeria y luego en la lejanía. ¿Qué leches? Su cabeza va a estallar del agobio de no saber qué hacer.
Otras puertas se abren, pero estas son traseras.
Ainhoa ayuda a Valeria a levantarse y la ayuda a correr junto a ella. Pero no son los únicos pasos que se escuchan. También hay otros, más fuertes. Y aunque no son varios, parecen de alguien muy rápido.
Por fin se encuentran en el último pasillo de Olvidados cuando se encuentran con Nerea, dando grititos por haberse encontrado con su prima. Y no está sola. Leo también se encuentra.
Sam está alucinado, pero los pasos siguen hacia ellos y parecen continuos y varios. Rápidos, lentos, ruidosos o ligeros. Pero pasos de varia gente, al fin y al cabo.
De repente, Sam cae al suelo. ¿Y quién lo ha tirado? Elías.
Todos se miran y Enara le tapa la boca a su prima.
-Vamos a morir. -murmura.
-¡No vamos a morir! -intenta animarla Ainhoa.
-¡Oh, no! ¡Sí que vamos a morir! -exclama Elías al levantarse.
En menos de cinco milésimas, todos se encuentran rodeados por una oleada de mágicos con armas de las que sólo el Sombra sabe el nombre.
Ainhoa mira a Enara, en cambio, es Valeria quien dice las palabras:
-Pues sí que estamos muertos.

viernes, 6 de junio de 2014

Capítulo 74

Ainhoa se apoya en las paredes y se sienta en el suelo, no sabe ni si será capaz de poder moverse en un buen tiempo, pero lleva demasiado tiempo ahí.
Desconcertada, traicionada y con un dolor que no debería de sentir, entra en la sala, le da igual no saber cuál es, tampoco es que sea difícil encontrar la cárcel, ¿verdad? Siempre le quedará que la atrapen a posta para poder llegar mejor.
¡Ey! Esa es una buena idea, pero debería de esperar mucho tiempo más.
Abre rápidamente la puerta y se introduce dentro. Todo está muy oscuro y se choca un par de veces contra varios muebles, hasta que llega el punto de que su mano se queda metido en un agujero, y tras su mano, llega el resto del cuerpo.
Abre la boca, pero sólo sirve para que polvo entre y empiece a gritar al ritmo que su cuerpo choca contra un suelo frío, probablemente porque es de acero y se encuentra bajo el suelo.
El eco de su caída llega a sus oídos repitiéndose tres veces.
Después de ver unas cuantas estrellitas, todo vuelve a ser negro y escucha unos golpes fuertes, unos de alguna cosa que quiere salir, por lo que no es cosa, sino un ser vivo, o alguna máquina que está programada para hacer ese ruido.
Lo del ser vivo tiene más lógica.
Ainhoa piensa entonces en la linterna, y se palpa el cuerpo para recordar en qué bolsillo se encuentra. Un bulto blando... no, eso es la capa. Otro bulto, este ya duro, y más fino en una parte que en otra, parece pesado... sí, es la linterna.
Ainhoa dobla la pierna y se vuelve a buscar el bolsillo. Una vez que lo tiene, se palpa la parte delantera para encontrar el botón que lo cierra y lo saca rápidamente.
Antes de encenderlo, intenta ponerse de pie y mantenerse así durante un tiempo. Entonces agarra la linterna con fuerza y pulsa el botón para que se encienda.
Un rayo de luz ilumina justo lo que está delante de ella, pero no solo eso, también lo hace con algunas partes de los alrededores, las más cercanas.
Consigue ver mesas, sillas, muchos papeles, tubos de ciencias con unos líquidos extraños de colores, un par de ordenadores, gafas, y al lado, un tubo con alguien dentro. Un tubo con alguien dentro que no para de pegar el cristal.
Ainhoa se dirige corriendo, no lo conoce, jamás ha estado con él, pero le toma cierto aire parecido a alguien... ¡Sergio! Sí, se parece bastante a él.
La chica también empieza a pegar al cristal un par de veces, pero no sirve de nada, puesto que ambos están pegando en la misma zona de dos puntos opuestos, así que será imposible. ¿Le habrá dado Elías cualquier cosa que le sirva contra?
Se coge la linterna con la boca, algo que resulta muy difícil, puesto que no para de caerse y moverse de sitio haciendo que la situación sea muy extraña. Por lo que lo mantiene un rato con las manos y cuando lo suelta, en seguida empieza a sacar cosas de sus bolsillos y tirándolos al suelo.
En una de esas, el chico se tira contra la ventana.
Ainhoa piensa si es un poco tonto, pero él no para de señalar uno de los objetos que están en el suelo, por lo que la chica recoge la luz que tiene en la boca, empezando a girar la mano para moverse entre las cosas y el chico espera atento, hasta que vuelve a señalarlo y levanta las cejas de una manera que da un poquito de miedo.
Bien, hay muchas cosas, pero Ainhoa se agacha y espera a que el chico le diga que sigue estando en el círculo que ilumina cada vez menos.
El chico sigue señalando, por lo que es buena señal, pero ya no puede más así que empieza a coger objetos ante la negativa del chico, hasta que coge la capa y algo sale rodando. El chico lo sigue con la mirada, súper emocionado y parece eufórico, probablemente esté gritando.
Ainhoa deja la capa y sigue el ruido, que hace un ligero "clack" contra algo. Se acerca y se encuentra con el bolígrafo, habría deseado mil veces más que fuera la bola.
Ainhoa lo coge y se acerca al cristal. En un intento de hacer algo con él, empieza a apuñalar al cristal con el boli de una manera en la que casi se lo carga. El bolígrafo, no el tubo de ensayo de tamaño gigante. Es entonces cuando se le ocurre probar si escribe en una hoja.
Se acerca corriendo y aprieta la parte de arriba, de la cual sale la tinta. Cuando se pone a escribir se da cuenta de que está rompiendo la mesa, la está partiendo en dos.
Entonces sonríe y se dirige al cristal para empezar a cortarlo como un trozo de filete.
El chico sale rápidamente y abraza fuertemente a la chica, que se zafa en seguida ya que ni siquiera se conocen, ¿para qué tanto abrazo? Ni siquiera sabe por qué a la gente le gusta tanto, si es como ahorcar una cintura o cualquier otra parte del cuerpo. Es prácticamente eso.
-¿Cómo te llamas? -pregunta Ainhoa.
-Sam.
-Bien, Sam, ¿por qué me abrazas?
-Porque me has salvado. ¿Sabes lo que me querían hacer? Matar y abrir en dos, para resumírtelo.
-¿Por qué?
-No soy igual a los demás. No soy como los Olvidados que ellos conocen. Y por lo que parece, tú eres de los míos.
-¿De los tuyos?
-Sí. ¡Una sombra!
-¿Sombra? ¿Cómo lo que sigue a la gente cuando el sol te da por un lado?
-No. Una mezcla entre humanos y Olvidados.
-De lo que Fabio nos habló una vez.
-Y de lo que yo te estoy hablando ahora mismo.
Ainhoa levanta una ceja, tiene razón, en ese mismo momento están hablando sobre ello, y se da cuenta de que realmente, esa leyenda urbana sobre que si dices el nombre de ellos que los poderosos sabrán donde están o muere uno, es un poco estúpido.
-¿Sabes dónde están las cárceles?
-Unos cuantos niveles más abajo que esto, pero no podemos ir rompiendo los suelos para bajar. Creo que por aquí tiene que haber una puerta.
-¿Cómo que crees?
-Cuando me metieron estaba dormido, y nunca he visto uno aquí, no está a mi alcance.
-¿Cuánto tiempo llevas aquí aproximadamente?
-Alrededor de cinco días. Me sedan cada mañana para poder cambiarme el aire y que no me ahogue, así que será mejor que nos vayamos vendo.
-¿Es que aquí se hace todo por las mañanas?
-Eso mismo me pregunto yo, y sí, eso parece ser.
-¿Y si esperamos a que vengan para poder salir?
-Ni de palo. -niega Sam. -Sería mejor incluso que saliéramos por el suelo ahora que todavía están dormidos. Si nos pillan aquí dentro te juro que nunca saldremos. Dame el bolígrafo y recoge lo demás.
-¿Cómo sé que puedo confiar en ti si te acabo de conocer?
-Buena pregunta. Entonces... ¡hazlo todo tú!

miércoles, 4 de junio de 2014

Capítulo 73

Hace rato que ha empezado a llover y por fin, a cargo de Elías, han conseguido llegar ilesos al campo de batalla.
Nerea reparte una goma a Ainhoa, para que pueda sujetarse el pelo, pero ella pasa, no quiere hacerse una coleta, siempre se le han echo muy incómodos. Desde aquella vez que Valeria le enseñó a hacérselos.
-¿Y una vez dentro que hacemos? -pregunta Ainhoa.
-Nosotros somos los encargados de buscar a Valeria y sacarla. También tenemos que intentar debilitar el sistema y procurar salir tal y como hemos entrado. -informa Nerea. -¿Los has avisado ya?
-Sí. -responde Elías. -Y cada uno ya está en su posición. Dicen que yo vaya con Ainhoa a buscar a Valeria y que los inteligentes del grupo intenten hacer lo otro.
-¿Por qué dices lo otro? -pregunta Fabio.
-Porque nunca me acuerdo del nombre completo.
-Bien, basta de cháchara, todavía es de noche, pero dentro de una hora más o menos amanecerá, y ellos tienen la ventaja del descanso, aprovechemos el nuestro.
-¿Cuál es el nuestro? -quiere saber Ainhoa.
-La sorpresa. Es obvio.
-¿Por qué si eres tú, Elías, el líder, nos está dando Nerea el sermón? Y por cierto, nunca te he oído dando uno, pero definitivamente que lo hace mejor que tú.
-Cállate, Fabio, que yo soy el líder.
-¿Queréis pelearos como dos niñatos o preferís hacer algo ya que habéis venido?
-Se supone que nos tienes que motivar.
-Ese es tu trabajo, capitán Elías.
-Bien. Pues vamos dentro. Ainhoa y yo a por Valeria y vosotros a lo que solo vosotros recordáis el nombre, maldita sea mi memoria. Ellos ya están dentro, las bases están empezando a ser destruidas silenciosamente. Ahora nos toca a nosotros no sacar ruido, ¿podremos?
-Claro que podremos. -responde sonriente Ainhoa y se da cuenta de que solo quedan ellos dos. -¿Cuándo se han marchado?
-Lamentablemente, en medio de mi charla. Ahora, vamos.
Ainhoa y Elías entran por la puerta del suelo que permanecía abierta tras haberla usado Fabio y Nerea, y se introducen en una sala de paredes grises con una única lámpara encendida que se va apagando por momentos, llegando a su fin.
Elías deja en el suelo la mochila que hasta entonces llevaba en la espalda y saca de él cuatro pistolas, diez bolas que cambian constantemente de color, un par de linternas, protectores para algunas zonas, dos capas marrones y dos especies de lápices que reparte entre los dos, mitad para cada.
-¿Vamos a necesitar todo esto?
-Mejor prevenir que curar, o eso dice Abraham.
-Nos vendría bien Carlos para el disfraz.
-Carlos está bien en su sección. Ahora, sígueme, Hermenegildo me dio una especie de mapa que nos llevará más o menos hasta la sala central de prisioneros, o mejor dicho en cristiano, la cárcel.
-¿Y dónde está?
-Hacia la derecha. Y no hace falta que te lo diga todo, solo sígueme.
Ainhoa lo hace. Lo sigue por pasadizos estrechos, pasillos interminables y de sala en sala buscando la que a ellos les conviene.
El tiempo pasa y estando a contrarreloj, es peligroso que todavía no los hayan encontrado. Ainhoa siente la presión en la cabeza, una que le provoca creer que su cabeza está siendo aplastada por una fuerza brutal.
-Elías, ¿dónde estamos?
-La orientación no es lo mismo.
-¡Eso ya lo sé!
-Lo que te he preguntado es haber dónde estamos.
-Ni idea, pero la última sala parecía la de medicina, por lo que tampoco estamos tan lejos.
-¿Estás seguro de que ese mapa está bien?
-Ha acertado en el orden de las salas donde hemos entrado, por lo que supongo que siguiendo el pasillo y cogiendo la derecha al lado de la habitación donde ponga cinco y entrando en la primera puerta a la izquierda tiene que haber una entrada secreta a la cárcel.
-Estás de coña, ¿verdad?
-No.
-Hemos perdido media hora, Elías, como Nerea ha dicho dentro de otra media hora saldrá el sol y todo esto empezará a convertirse en un caos. No tenemos tiempo que perder.
-Por esa misma razón tenemos que coger ese camino.
-No, Elías, tú mismo has dicho que no tienes buen sentido de la orientación, ahora te toca a ti seguirme a mí porque yo no me equivoco.
-Tú misma, pero yo voy a seguir ese camino.
-¿Te lo sabes?
-Sí.
-Pues entonces no te hará falta esto. -replica Ainhoa mientras que arranca de las manos de su amigo el mapa que el tío de Omar le ha dado.
-Si ves que algo malo ocurre, retrocede y sal pitando, no te preocupes por los demás. Saldremos adelante. Somos fuertes. -aconseja Elías y sin decir nada más, se va.
Ainhoa se queda totalmente sola, y eso le duele, porque ni siquiera sabe para qué sirven la mitad de las cosas que su compañero le ha dado al entrar, tendrá que improvisar sobre la marcha.
Si pudiera tener los recuerdos de Margarita seguro que terminarían antes... ¡Eso es! ¡Recuerdos! Pero no de esa mujer, sino de Hermenegildo. Sólo tiene que pensar en si le ha tocado alguna vez. Afirmativo, en el coche, al ayudarle a cambiar de canción.
Se sienta en el suelo y piensa, (o más bien recuerda), todo lo que el hombre ha podido tener con ese lugar, toca las paredes e incluso se levanta para tocar algún cristal que está por ahí, pero nada.
¿Qué puede hacer si el mapa no le puede servir de ayuda? Espera un momento, el mapa ha sido tocado muchas veces por Hermenegildo, lo que supone que por ese medio, podrá encontrar más recuerdos del hombre respecto al lugar.
Se pone manos a la obra, cierra los ojos, respira y trata de concentrarse lo más posible, obliga a concentrarse, y tras no conseguirlo, piensa que dejarse llevar puede ser lo mejor.
Y entonces ocurre, deja de sentir, deja de pensar y solo se convierte en una esclava de sí misma que sigue unas ordenes que nadie establece.
Tira el mapa, se levanta poco a poco y toca el pomo.
Todo se vuelve blanco. Lo ha conseguido. Se ha transportado a los recuerdos de otra persona. Pero no son de Hermenegildo, ni mucho menos. Se trata de su sobrino, Omar.
Se encuentra su lado, y él camina, sin verla. De pronto todo coge color y lo ve, sentándose junto a otra gente vestido con capas marrones, que se quitan la capucha al verlo.
-¿Y? -pregunta uno de ellos, el mayor.
-Me uno a vosotros. -responde él.
A Ainhoa se le cae todo encima. Omar. Es. De. Ellos. ¿Cómo ha podido pasar eso? ¿Por eso Nerea estaba sola bajo el acantilado?
Pero lo más importante en ese momento no es otra cosa más que Omar es de ellos. Omar se ha unido a los mágicos. Y su corazón está aplastado por un camión una y otra vez.

viernes, 30 de mayo de 2014

Capítulo 72

-Izquierda... ¡no! Derecha. ¿Cómo mierdas se sigue a esto?
-Llevas una hora guiándonos. -enfatiza cada última palabra. -¡Una hora! -grita mientras que pega con el codo en su brazo.
-¡Oye! ¿Sabes que eso duele?
-Hace casi un día que no duermo, si te consuela. -responde Nerea.
Ainhoa y Fabio siguen por detrás. Hace ya dos horas que han dejado el grupo y buscan a Valeria, han nombrado a Elías como el líder, pero parece ser que la verdadera persona echa para el trabajo es la menor de todos.
Aunque parezca mentira, cerrando el grupo, se encuentra Hermenegildo.

Hace dos horas.
-¿Te tenemos que repetir qué haces aquí? -se introduce Nerea metiendo la cabeza entre los dos asientos al escuchar la pregunta de la chica perseguida por un enorme silencio.
-No soy el único. -es lo único que contesta.
Ainhoa mira hacia atrás y se encuentra con las caras de Elías y Fabio sonrientes, como si a ellas también les esperara algo más, incluso más emocionante.
Media hora en coche sin que Ainhoa diga una sola palabra, solo escuchando la conversación de los otros tres, como un enorme moscardón, y sintiendo clavada en su hombro la mano de Abraham, que observa por la ventana, sin decir nada.
-¿Y qué hay sobre Enara?
-Nada. -contesta Fabio.
-Supongo que entonces no tendré que preguntar sobre Leo.
-Y que lo digas. Llevamos intentando saber de ellos tanto tiempo que ya los días parecen años. Pero bueno, ellos no han venido, pero han llegado otros, ¿sabéis quienes?
-Me parece que no puede haber nadie que me alegre encontrarme más que a mi prima. Y puesto que no está debería de empezar a preocuparme. Pero no haré, porque confío en ella y sé que estará bien. Encima está con Leo. Aunque él no ayuda...
-El perro es el salvador, peque, no te asustes. Además, esos poderes que tiene tu familia podrán salir así de repente. -tranquiliza Elías.
-Además, recuerdo una vez en Daemón en la que empezó una pelea en la plaza y fue Leo quien los paró, desde entonces ha sido como un punto rojo en el mapa. -añade Abraham.
-¿Y recordáis de aquella vez en la que Leo se hizo cargo de una familia entera de cuervos? Con sus huevitos y todo. -comenta Nerea para tranquilizarse a ella misma. -Y Enara finge de lo mejor, y eso la ha salvado durante años.
-Y tiene un genio de mil demonios. -dice Elías.
-¿Está Irati? -pregunta de repente Ainhoa.
De repente, se hace un silencio enorme, e incluso Ainhoa nota que los dos expertos recién llegados a la Tierra acaban de dejar de respirar, lo tienen entrecortado, y la curiosidad de los demás se hace más fuerte al ritmo que el silencio se hace mayor.
-¿La familia de Irati? ¿Pasa algo?
-En realidad... no ha pasado nada. -responde por fin Hermenegildo.
-¡Hemos llegado! Supongo que querréis ver a Carlos.
-¡Siiiii! -exclama Nerea.
-La verdad es que yo apenas lo conozco. -contesta Ainhoa.
Y todo se para, durante una media hora, en la que Nerea no para de hablar con Carlos en la presencia de Elías, mientras que Fabio se retira a una habitación junto con Hermenegildo. Quién sabe para qué. No se oye ni un ruido, por mucho que Ainhoa pegue la oreja, aunque está muy mal.
Ainhoa decide dar una vuelta por el edificio para orientarse un poco. Apenas hay habitaciones, y las que están, son húmedas y frías, tan oscuras como Daemón, y con los papeles de la pared un poco caídas. No hay habitaciones, aunque, tampoco es que en su antiguo hogar hubieran muchos. De alguna manera, la morriña vuelve hacia ella.
Los baños están en una pequeña caseta pegada al gran edificio gris, medio caído y poco higiénico, ¿quién sabe quién ha podido estar ahí?
Al lado de los baños, los cuales se encuentran pegados al comedor, hay un enorme prado. Y en el fondo de todo, una luz. Una luz débil.
A Ainhoa le pica la curiosidad y se acerca poco a poco. A medida que se acerca, grandes y pegados árboles empiezan a aparecer delante de una enorme puerta de piedras con un aspecto muy antiguo, el cual muestra años de historia... su historia.
-¡Ainhoa! ¿Qué haces? -pregunta mientras que viene corriendo Fabio detrás de ella, un Fabio que pronto empieza a empezarse un poco. -Todavía no me he acostumbrado a las alas, no sé cómo los demás lo soportan y pueden andar con esto.
-¿Qué necesitas?
-No se puede explicar mucho sobre el tema, a pesar de que debo de decirte que estamos listos para ir en busca de Valeria. -dice con una enorme sonrisa.
-¿Tienes ganas de ir en busca de pelea? ¿Qué bicho te ha picado?
-Nada, simplemente creo que por fin todos los libros han valido la pena, y para seguir, simplemente me siento feliz, ¿hay algo de malo en eso?
-No. ¿Esta es la puerta que cruzamos para llegar aquí?
-Afirmativo.
-¿Y llegamos por el bosque?
-Afirmativo.
-¿Y cómo encontrasteis Elías y tú este lugar?
-Pensamos que si los de la ADM han vivido aquí durante años deberían de tener un almacén abandonado, y tenía razón.
-¿Fue Elías quien lo pensó?
-Afirmativo también, a pesar de que me hubiera gustado pensarlo a mí.
-¿Tenemos que volver?
-Sí.
Volviendo, la chica se da cuenta de que Fabio también ha cambiado, se expresa más, muestra más lo que siente y demuestra quién es. Elías, la verdad, es que sigue siendo el mismo. Pero Nerea también ha cambiado tanto que no se cree estar en frente de la misma Viva a la que conoce de toda la vida, aquella con quien se encontraba y a quien odiaba. Ahora no la adora por completo, pero la siente importante, es su amiga, y le importa.
Mierda. Su corazón se está ablandando. ¡Pero si es ella la que tiene los recuerdos de su padre!
Y si mal no recuerda, ella le prometió el mismo día que le dio la piedra que podría darle los recuerdos de su padre si los conseguía... aunque fue ella quien la rompió y perdió los trozos.
Pensativos y sonrientes, vuelven.
-Por fin habéis vuelto. Es hora de que vayamos a por Valeria. -saluda Elías.
-Fabio ya me lo ha dicho.
-Pero eso no es lo mejor. ¿Recordáis dónde está la puerta? Ese es lugar donde nos encontraremos de aquí a tres días: vamos a atacar.
-¿A atacar?
-Sí. ¡Les vamos a dar caña a los malditos mágicos! -se emociona Nerea. -Por fin les daré una buena paliza...
-No. Tú vas con ellos. -dice mientras que señala a los otros tres.
-No nos creen tan superiores. -bromea Elías.
-Por eso tú serás el líder. -continua Hermenegildo.
-Mola.
-¿Y vosotros qué haréis? -pregunta molesta Nerea.
-Yo iré en busca de Enara y Leo, Abraham y Carlos se encargarán de atacar los subsuelos. Los mágicos son sólo tan poderosos como son por cómo están organizados, y si se empieza a sacar fichas de abajo, se empieza a caer todo.
-¿Cómo sabes tanto? -curiosea Ainhoa, pero en seguida, por la mirada del hombre, descubre que su pregunta ha sido muy estúpida.
-Soy poderoso, yo sé mucho más sobre los mágicos que ellos mismos.
Elías se ríe.
-Lo siento. Ahora, seguidme. Vamos a seguir la estúpida piedra, dámela, Nerea.

Una hora más tarde.
-Pues bien, pandilla, nos hemos perdido. -sentencia Elías.
-¡No me digas! -exclama Nerea.

viernes, 23 de mayo de 2014

Capítulo 71

A Ainhoa, su mundo se le cae encima. En pedacitos. Todo lo que ella ha construido durante todos esos años no ha servido de nada, porque al fin y al cabo estaba construido en el aire, sin soporte, sin verdades.
-No te creo. -termina por decir.
Le ha costado, pero lo ha dicho, a pesar de que muy en el fondo no lo crea, necesita negarse a sí misma, es así como va la psicología.
-Lo mismo yo no te creo a ti. ¿Cómo puedo saber si mi padre es también tu padre? Yo siempre he sabido de él, he tenido fotos, siempre me han contado cosas de él, y me encuentro con esto, con su cara, como si fuera un vivo retrato que nunca tuve.
-Llevo buscando eso porque yo lo conseguí, yo lo conseguí para mí.
-¡Oye! -exclama Nerea, dolida.
Al fin y al cabo, se lo imaginaba, pero no pensaba que podría decirlo en voz alta, darlo por echo, darle la razón a aquella parte que Nerea nunca quiso aceptar.
-¿Tú no te habías ido? -ataca Marcos.
-No hasta que me des la piedra. -contesta firme la chica.
-Pero, ¿qué dices?
-Que ninguno de los dos tenéis razón. Sois unos egoístas.
-¿Y tú no? -interviene Ainhoa.
-Pues quizá sí, pero te recuerdo que esos pensamientos han sido sacados de la cabeza de mi abuela, yo soy su nieta, ninguno de vosotros los es. Vale, vuestro padre, ¡huy! No lo conocéis. Entiendo que queráis saber de él, pero mi abuela era lo único que me quedaba junto a Enara, así que voy a ser yo la que me la lleve, ya que nuestra AMIGA, está presa y lo necesitamos para buscarla.
Nerea se adelanta para intentar arrebatársela a Marcos. Ainhoa se queda paralizada, no la entiende. Y que luego la egoísta es ella.
-¿Qué gano yo con todo esto? -dice Marcos, con la mano en alto para que la chica no la pueda coger.
-Nada, si te soy sincera. Una hermana, si te anima. Pero por mi parte, me voy a llevar lo que desde el principio me pertenece.
Nerea salta, pero no llega. No hace falta decir que es extraño cuando el suelo se levanta y ella encima, coge la piedra de color azul marino.
Cuando baja, se dirige hacia la otra chica y le tiende la mano.
-Tú tienes otra.
-Te sorprenderás cuando lo veas. -advierte Ainhoa mientras que lo saca y se lo da.
-Eso espero. Ahora, si quieres ayudarnos, me sigues. Y tú, -añade dirigiéndose a Marcos, -de ti no me fío mucho, pero Elías y Leo lo hacen, no se lo que tenéis entre manos, pero también puedes venir.
-¿Y cómo piensas volver?
-Elías.
-¿Qué?
-Él nos dirá donde están, y nosotros iremos como humo.
-Ahora sí que todo se vuelve loco. -comenta Marcos y le pega una patada al suelo. -Por cierto, ¿no tenéis miedo de que lo vaya a contar y que desvele a todo el mundo vuestro secreto? Porque tengo un gran arma.
-Uno, si nos desvelas a nosotras, desvelas a tu padre. Y dos, nadie te creería. Tu golpe nos beneficia a nosotras, a la siguiente, piensa antes de hablar.
-Razón. -añade Ainhoa.
-¿No te molesta que se lleve los recuerdos de mí... tú... nuestro padre?
-¡Así me gusta! ¡Hermanismo al poder!
-Esa palabra no existe.
-Me da igual.
-Me importa. Y mucho. Pero Nerea es incapaz de estar enfadada en un exceso de tiempo, lo devolverá, lo que no sé es a quién, por lo que yo no me pierdo su compañía.
-Adoro tu sinceridad. Pero a veces es mejor hacer la pelota y listo. -opina Nerea.
-Bueno, pues cuando hagáis todo y el tema se termine. Ya sabéis dónde vivo. Y ya que estás. Me haréis de mensajeras. Tenéis que darle esto a Elías. Urgente. No lo abráis.
¿Y tan rápido la van a dejar ir? A Nerea eso le preocupa. Pero bueno, estará alerta, es mucho más poderosa que sus compañeros, así que puede con todos a la vez.
-¿Adónde vamos? -pregunta Ainhoa.
-Espera un poco, que todavía no he hablado con él.
Ainhoa espera, es confuso, Marcos mira la pared, pero pronto se marcha de la habitación, y probablemente, por los ruidos, de la casa.
-Ya está.
-¿Adónde?
-Dice que quedamos detrás de la casa para que nos lleven al lugar que Fabio y él han encontrado.
-Perfecto.
-El problema es cómo volvemos.
Ainhoa se gira y sale corriendo en busca de Marcos.
-¡Tú! ¡Marcos! ¿Podrías llevarnos al pueblo?
-¿Pretendéis que os lleve?
-Hombre, esperamos que para tanto no haya sido.
-Tenéis un bus. Adiós.
Ainhoa saluda con la mano y sale corriendo al encuentro de una Nerea despistada, como en su mundo. Y es entonces, cuando le toca el hombro cuando se sobresalta y sale del trance.
-Dice que cojamos un autobús.
-¿Qué es eso?
-La cosa tan grande en la que va mogollón de gente... ¡No sé cómo decírtelo!
-¡Ya sé! A ese que la gente espera en una especie de casetas de cristal.
-¡Sí! ¿Dónde están?
-Ah... ¿Y si andamos y miramos?
Andan durante casi media hora, no se encuentran demasiado cansadas.
-¿Nos convertimos en humo? -propone Nerea.
A Ainhoa esa pregunta la viene como un cubo de agua fría, la despierta y le hace pensar lo tonta que ha sido, y no sólo eso, en que todo podría haber sido más fácil.
-Pues... vale.
Todo es aburrido, por lo menos durante el viaje, no es nada nuevo e insistir mucho como que no emociona, aunque todo cambia cuando se vuelve a encontrar con los dos chicos castaños. El más alto, Elías, parece seguro y es quien las recibe con cara seria, (extraño en él) y Fabio, en cambio, el más bajito les da la bienvenida con una enorme sonrisa.
-Tenemos, lo, mejor. -enfatiza Elías, y vuelve a sonreír.
¡Ese es al chico que conocen!
-Pues, nosotras, tenemos, la, piedra. -responde Nerea, de la misma manera.
-¿En serio? ¿Podremos ir a por Valeria? -se emociona Fabio.
-Nunca creí que tú tuvieras más ganas que ninguno de nosotros.
-¿Sabéis algo sobre Enara y Leo?
-Están puestos en aviso, pero ellos dicen que necesitarán más tiempo para volver. Están lejos, han intentado buscarlos por todos los lados, y parecen haberse alejado demasiado. -responde el mayor.
-Y vemos que vosotras habéis tenido fiesta. -se burla Elías. Él tan simpático como siempre. Pero esa vez, por lo menos, no se dirige a Ainhoa.
-Me tiraron de un pendiente, luché contra un mágico, soy la que más se ha tenido que ensuciar las manos. -se defiende ella y se cruza de brazos.
-No hay tiempo, la cháchara seguirá, pero por ahora lo único que podemos hacer es volver a nuestro nuevo hogar.
-Lleno de amor y felicidad. -añade Elías.
-¿En serio? -se ilusiona Ainhoa.
-No, en realidad es un cuchitril lleno de mierda. Pero sirve para dormir, algo que hace mucha falta.
Nerea y Ainhoa siguen a los chicos, que rápidos se dirigen hacia la parte más trasera del pueblo, aquella parte donde no toda la gente es buena. Es donde más estropicios ocurren, por así decirlo.
Elías y Fabio se murmuran cosas que por mucho que las chicas quieran escuchar y pongan la oreja, no consiguen entender, por lo que al final, también empiezan a susurrar para que a ellos les pique la curiosidad e intenten usar la táctica de "te lo digo si tú me lo dices".
-No les parece importar.
-A Elías nunca le ha importado nada. -contesta Ainhoa.
-Ya, pero aun así les tendría que llamar la atención, ni un gesto de curiosidad.
-Quizá se estén intentando hacer los duros.
-¿En qué? Si estamos rodeados de nada.
-Pero en un barrio malo, eso es importante.
-Somos más poderosas que ellos.
-Pero ellos son los machitos. Es cuestión de ego.
-Pues bien por ellos.
-¡Ya llegamos! -grita Elías.
Las dos chicas paran al instante y se separan como si nunca se hubieran susurrado nada, Fabio las mira diciendo con ella de que es obvio que sí que lo han echo. Al último, no le importa nada lo que se haya dicho o no.
Por el fondo oscuro se ven dos luces que se acercan y se hacen cada vez más grandes, pero a la vez, la vista de las chicas empeora, por la luz, porque les hace daño.
Se tapan rápidamente con las manos, hasta que notan que todo ha desaparecido, bueno, no del lugar pero sí de sus caras.
-Podéis abrir los ojos, no es nada raro. -anima Elías.
-Sé que de él no se puede fiar tanto, pero hacedlo de mí, no es nada raro. -añade el otro chico.
Para cuando Ainhoa abre los ojos, Nerea hace segundos que lo ha echo, y se acerca a la furgoneta para intentar buscar soluciones. La curiosidad mató al gato. Y en ese momento, Nerea es el gato. Fiarse de esos dos no es una cosa realmente buena.
La sorpresa en cambio llena a Ainhoa de alegría cuando Nerea abre la puerta del gran coche negro que se encuentra parado delante de ellas, encontrándose con una cara un tanto familiar al volante y otro detrás, que realmente, sí que sabe de quién se trata.
El de detrás es Abraham, quien abraza a Nerea.
-¿Está Carlos?
-No aquí, se encuentra durmiendo.
La chica mira a Elías, quien sonríe. Aquella es su familia, no tiene ninguna más. Y entonces se acuerda de lo que Marcos les ha dado para que ellas hicieran de mensajeras.
-Por cierto, Elías, Marcos nos ha dado esto. Tranquilo que no lo hemos leído.
Se saca un papel arrugado de su bolsillo y se lo entrega, acto seguido, entra en el coche seguida de Fabio, que habla con la chica y el anciano alegremente.
Ainhoa se fija en Elías. Su expresión es seria y parece debatirse entre si de verdad quiere saber lo que pone.
-Yo que tú, descubriría lo que es, aunque no lo digas.
El chico asiente y entra, no habla, pero escucha la conversación.
-Entra adelante. -le dice Abraham.
Ainhoa obedece, aunque preferiría ir detrás, con sus amigos y con un hombre al que no soporta, pero tampoco desprecia.
Abre la puerta y sin mirar hacia el otro lado cierra la puerta, se coloca el cinturón de seguridad, y todavía sin arrancar el coche, la curiosidad le pica como para mirar a la izquierda.
-¿Hermenegildo? ¿Qué haces tú aquí?

miércoles, 21 de mayo de 2014

Capítulo 70

-¡Más rápido! -exige Ainhoa.
-Sí, y nos pilla la poliiiiiiiii. -exclama Rafa medio cantando y moviéndose sin parar en la silla del conductor.
Moe mueve la cabeza como si estuviera interesado en la música y la sintiera, y mientras, Nerea, lo mira divertido. Un perro bailarín, una buena elección.
Rafa tararea, pero parece algo incómodo. Algo muy extraño en él. Ainhoa y Nerea nunca se habrían imaginado que se podría cortar en una situación. De echo, no han conocido a nadie tan energético e insistente como ese hombre.
Pero el nombre de la noche no es Rafa, sino Marcos.
Ainhoa no se lo ha explicado todo a Nerea, pero ni falta que hace, con que se diga que Marcos es quien tiene la piedra del padre de la primera basta. Y que huyera de su propio recuerdo más todavía. Eso es algo que ninguna de las dos consigue comprender.
-¿Hay algo mejor que un viaje en coche? -pregunta divertido y de la nada Rafa.
-No sé. -contesta Ainhoa.
-¡Un viaje en coche por la noche! Es cuando las cosas más emocionantes ocurren.
-¿Cómo ver a Moe bailando? -se aventura la pequeña.
-¡Eso y mucho más! -exclama. -¡Qué pena que no haya ninguna fiesta! En serio, es lo mejor para olvidarse de las cosas.
A Ainhoa, esa frase le hace pensar. Siempre ha vivido en presión, a ella la olvidaron, y ella siempre ha llevado ese peso sobre los hombros. Pero no solo ella, todos los Olvidados, incluso los poderosos, son iguales en ese aspecto.
Con el tema de los poderosos le vuelve Omar a la cabeza.
Ese chico la vuelve loca. En el buen y en el mal sentido, ni siquiera sabe lo que es realmente, y el no saber dónde está desde hace tiempo la mata.
Nerea lo nota, y le pone una mano en el hombro, pero hace como si no le importara. De echo, a ella, le importa, pero prefiere hacer como sino.
-¡Aquí está bien, Rafa! Muchas gracias.
-De nada. -dice él con una voz melancólica mientras que se despide de las chicas.
Cuando se bajan del coche, todavía se encuentran a la altura de la carretera que se une al bosque, por lo que empiezan a andar rápidamente.
-Ha sido muy extraño. -dice la mayor.
-Todo lo que lo rodea ha sido siempre extraño. -sentencia Nerea.
Ambas siguen adelante, a la par, pero en realidad, Ainhoa sigue a su compañera hasta la casa de Marcos, de ahí en adelante, tendrán que seguir las piedras.
A lo lejos, ven un puñado de casas. Por fin. No han llegado, pero están bien cerca.
Se acercan un poco, pero la mano de Ainhoa detiene a Nerea.
-¿Segura de que no es ninguna ilusión?
-He estado aquí físicamente con un perro y dos amigos. Estoy segura de que no es una ilusión, y si lo es, pues lo afrontamos juntas y ya está, tan difícil no será, ¿verdad?
-Es que todo lo que rodea al chico siempre me ha dado mala espina.
-Será porque no lo conoces. Es muy simpático.
-Me lo imagino, poca gente es capaz de soportar a Elías.
-Y de ayudar a Leo en tantas cosas. Pero quieras o no, todos nosotros necesitamos ayuda de los demás, porque somos pesos pesados. Y bueno, pues hay que aceptar las ayudas, porque dos son mejor que uno.
-Eso lo has sacado de los rebeldes.
Ella lo niega con la cabeza.
-Los rebeldes nunca dejan a nadie detrás, pero siempre hemos sido unas personas bien cabezotas. Estos son pensamientos míos.
Ainhoa sonríe. Entonces piensa que de una forma u otra, a reemplazado a Irati con todos los demás amigos que ha echo y de los que se encuentra rodeada. Un sentimiento la invade: la culpabilidad. Pero Irati tiene que estar bien, ¿verdad?
Bueno, cada día falta menos para que se marchen, y a estas alturas, seguro que regresan mucho antes de lo esperado.
Ainhoa, durante los últimos días, ha solido pensar más de lo que debería, cuando antes se solía fiar de sus instintos, ahora lo hace de su cabeza.
-Oye, Nerea, ¿qué sentías cuando tu cabeza iba hacia atrás?
A la chica se le escapa una sonrisa tímida.
-Nada, realmente. Cuando volví a ser yo. Morriña.
-¿Morriña por volver a Daemón?
-No, por ser una niña despreocupada rodeada de gente a la que nunca me he dado cuenta de lo que quería.
-Yo nunca sabré lo que es eso.
-Dices eso y te pego una bofetada.
Ninguna de las dos añade nada más, porque cada una de ellas, saca su piedra para buscar aquello que deben buscar: a Marcos.
-Es como cuando los barcos siguen la luz de los faros.
-Nos acabas de comparar con objetos de metal.
-Con lo bonito que me había quedado... -resopla Ainhoa.
Nerea le saca la lengua y le toma la delantera.
-¡Oye, espera! -se queja la otra chica.
-Y en este momento es cuando escuchamos un ruido. -dice Nerea mientras que se para y también le da esa orden a su amiga.
Algo se desploma.
-¿Cómo lo has sabido?
Nerea se resiste a decirlo y avanza con toda la seguridad por la calle de la derecha mientras observa cómo la luz de la piedra se hace cada vez de un azul más intenso.
-En serio, ¿cuéntamelo? ¡Espera! ¿El poder de tu familia es la videncia?
-¡Qué va! Sino, no estaríamos aquí, ¿no te parece?
-Cierto. ¿Entonces cómo has sabido?
La insistencia de la chica la saca un poco de quicio, pero se sigue resistiendo y con toda seguridad, se para delante de una casa un poco abandonada. A la pequeña, la parece una casa más, pero a la mayor, esa casa le suena demasiado.
-¿Te suena?
-Te diré de qué si tú contestas mi pregunta.
-Mierda. Vale, he visto a un tío tan pedo que no podía casi ni hablar.
-¿De dónde has aprendido ese lenguaje?
-¡Yo qué sé! Es el que escucho en todas partes, y ahora te toca a ti, contéstame.
-No tengo ni la menor idea.
-Eres mala y manipuladora.
-Lo sé.
-Pues ahora, pequeña bruja-niñata, vamos a entrar ahí adentro y me vas a contar todo lo que se pase por la cabeza. Me debes demasiados favores.
Ainhoa no replica, tiene razón, pero no tiene intención de hacerlo. Entra y observa todos los alrededores.
Las paredes están cubiertas con un papel beige y unos detalles de pequeñas flores cerca del nivel del suelo y del techo. Como otros adornos, también tienen varias fotos, y hay una cómoda a lo fondo del pasillo.
Con lo curiosa que es Nerea, no duda en ir a abrir todos los cajones. Ainhoa, prefiere observar, ese tipo de cosas nunca traen nada nuevo.
Y en efectivo, un ruido se escucha cuando Nerea abre el tercer cajón, y de ahí sale un bicho que la hace gritar y se posa en su cabeza. Con el grito mismo, el ratoncito cae de su cabeza como un pequeño saquito lleno de arena.
-¿Lo has matado?
-Probablemente.
-Eso es un sí.
Ainhoa se adelanta y busca el lugar donde puede estar Marcos. Decide comenzar por la cocina, el lugar donde se encontró con el chico de los ojos verdes.
-¿Qué queréis?
-Nerea abrir todos los cajones y matar a todos los seres vivos. Por mi parte vengo a buscar lo que está en tu bolsillo izquierdo.
-Esta vez lo he cambiado de bolsillo para confundiros. Y tendrás que venir a buscarlo.
-¿Por qué lo necesitas, Marcos?
-¿Y vosotras?
-Porque esa cosa es lo único que puede hacernos dar un paso de gigante después de haber retrocedido tanto, creas o no, nosotros lo necesitamos más que tú. No es un amuleto.
-Lo sé. Veo cosas.
-Lo raro sería que no los vieras.
-¿Está hechizado?
-¿Qué dices?
-La primera vez me asustó, desde la segunda, me ha ido gustando, y mucho. He descubierto cosas de las que llevaba esperando tanto tiempo por saber, tanto que mi madre me había escondido.
-¿Lo qué? ¿Dónde se encuentra tu muñeco de niño pequeño? ¡Hay asuntos más graves que pensar en uno mismo! Y este, es el momento menos oportuno.
-Todos los momentos son inoportunos para pensar en uno mismo.
-Pero este es extremadamente delicado.
-¿Va a explotar el mundo si no lo hago?
-No.
-¿Entonces?
-Mira, Marcos. No lo entenderías.
-¡Ya! ¡Todo el mundo me dice lo mismo! Lo entiendo, entiendo la vida y todos los riesgos que hay, pero por una vez que empiezo a pensar en mí mismo, dejad de incordiarme tanto. No lo entiendes. No sabes del tema. ¿Por qué todo el mundo usa las mismas excusas?
-Porque son las necesarias. Quieras o no, no puedes entender...
-¿Que las cosas fantásticas y paranormales existen? Bien que lo sé. Ésto lo demuestra. -dice el chico mientras que se saca la piedra del bolsillo izquierdo y se la muestra.
-¿No decías que lo tenías en el bolsillo derecho?
-Has picado. Por lo que he hecho bien. Todo el mundo miente, por una mentirijilla más no pasa.
-¡Que me des la piedra!
-¿Haber cómo te lo digo para que lo entiendas? Ni. De. Coña. ¿Necesitas alguna palabra más o te ha quedado claro?
-¿Me quieres dar la piedra de mi padre o qué? -explota la joven.
El chico se queda alucinado, anonadado, sin saber qué decir, petrificado, como si la mayor bomba hubiera explotado delante de sus narices.
-¿Tu... padre?
-Sí, ¿algo en contra? Casi no sé nada de él pero es la única cosa que me puede dar respuestas, así que dámela. -insiste la chica mientras que extiende la mano.
-No puedo.
-¿Por qué?
-Porque también son los recuerdos de mi padre.
-Menudo corte. Yo mejor me voy. -interviene Nerea.

viernes, 16 de mayo de 2014

Capítulo 69

Cuando Ainhoa abre los ojos, todo se vuelve blanco, luego negro, otra vez blanco y pasa por todos los colores mientras que cada cosa va escogiendo uno.
Por alguna razón, sabe que de eso se trata una realidad alternativa. Algo que es cierto pero que no está ocurriendo de verdad, por lo que no es totalmente alternativa.
Se levanta del cómodo suelo, puesto que está en una alfombra calentita y suave y observa su alrededor.
Las paredes son verdes pistacho, el sofá grande y negro, el suelo de bonita madera, y todo está adornado de detalles blancos, negros y algún detalle dorado. Hay un marco que se encuentra en una estantería, justo al lado de una flor y que llama su atención.
Esa es la mejor forma de conocer a la familia.
Pero la foto no es actual, es una vieja de hace unos veinte años atrás, de un hombre de casi treinta años, una ligera barba y el pelo largo, bastante largo, unos ojos color miel, y aunque se encuentra agachado, parece alto y fuerte. No es el más guapo, pero sí que tiene un aire interesante.
Coge el marco con las manos y la mira mejor.
Un ruido de llaves la vuelve a espabilar, razón por la que corriendo deja el marco y se esconde detrás del sofá.
La puerta se abre y una mujer muy guapa de ojos verdes entra, con el pelo castaño claro y una expresión alegre, que nada más entrar, se va a una habitación cercana.
Ainhoa prefiere quedarse escondida antes de meter la pata, pero la mujer vuelve rápidamente al salón con una escoba y analiza el lugar donde se encuentra la chica. La joven se hace una bola y no respira hasta que la mujer no la pase por alto.
No escucha nada, todo está en silencio, ¿se habrá ido?
Ainhoa despega su cara de sus pies y se encuentra con la mujer en frente de ella, sonriente. Que no la vea le viene muy bien. Si es que eso de estar en la realidad de otro le va a gustar y todo.
La chica sale de su escondite, que no le sirve de nada y hace un pequeño tour por la casa allí donde entra en las cuatro puertas que tiene el pequeño pasillo.
El último, que se encuentra junto a la entrada, es la última en la que entra. Pero cierra corriendo la puerta al ver de quién se encuentra en su interior.
Sale corriendo y se vuelve al sofá, esta vez se echa.
¿Qué hace Marcos ahí?
Pero bueno, no la ha visto, así que se siente segura. Por un momento, hasta que ve que la puerta vuelve a abrirse.
Entra un chico que le suena mucho a Marcos. Un momento, es Marcos. Pero si Marcos ya se encontraba en la casa. La mujer saluda al nuevo en seguida.
Tiene dos opciones, o el verdadero chico es el del cuarto o es el mismo que lleva la bici y está lleno de algunos rasguños. Algo llamado lógica le dice que el Marcos alternativo es el de la habitación.
Entonces, el otro Marcos la ha visto.
-Ve al baño, hay agua oxigenada en el cajón de arriba, y esta vez no te escaquees.
-¡Que no!
¿Qué no? ¿Qué no? La cabeza de Ainhoa va a explotar. Es la primera vez que se encuentra en la realidad alternativa de una persona con esa misma persona, y por el colmo, la ha visto.
-Extraño, ¿verdad? Nunca nos hemos hablado hasta hoy, y resulta que te metes en mi memoria.
Ainhoa se gira y se encuentra al mismo Marcos, ese que ha visto tantas veces junto a Elías y Leo, y alguna que otra vez con Nerea.
-Ya. Yo que tú guardaba mejor tu cabeza, no vaya a ser que eche de nuevo a volar.
-¿Qué haces aquí?
-¡Yo qué sé! No es la primera paranoia que tengo, y supongo que no será la única, pero siempre viajo sola, por lo que lo mismo podría preguntarte a ti. ¿Qué narices haces en tus propios recuerdos?
Marcos parece tan confundido como Ainhoa, pero poco tarda la chica en descubrir sólo está pensando, volviendo atrás. Se toca el pelo mientras que la otra mano termina en su bolsillo izquierdo.
Ainhoa mira sus movimientos, quieta y muda. Quiera o no, sabe que ese Marcos no le dará la respuesta, parece que se lo quiera guardar para él.
-Gracias. –ironiza la chica mientras que busca el baño donde se encuentra el alternativo.
Ainhoa va rápida, puesto que se imagina que Marcos la va a seguir, algo que resulta ser cierto.
-¡No vayas! –grita.
Pero Ainhoa es más rápida y entra al baño cerrando la puerta con pestillo. Se da la vuelta y escucha sonriente las patas de que está dando el chico que tiene delante en la puerta.
Es una situación un tanto extraña. Pero el otro Marcos no lo ve. Punto para la chica, que está de personal.
Marcos se está limpiando la muñeca y la rodilla las zonas más afectadas. Aburrimiento durante los siguientes dos minutos donde el chico agoniza y aprieta los puños. Ainhoa necesita conocer la razón. Algo de emoción, ¡venga!
Entonces ocurre, cesan los portazos de Marcos, el chico ya se ha rendido, y el que tiene delante para de limpiarse las heridas, mete la mano en el bolsillo izquierdo, el mismo en el que se ha metido hace tan solo unos instantes. Segundos pasan y Ainhoa se va acercando, muerta de curiosidad.
Su corazón lata más de prisa, su respiración cesa y todo coge forma. Su existencia por fin coge forma.
Vale, eso suena demasiado radical, demasiado extraño, pero ella lo siente, y eso es lo que más le preocupa.
“Que valga la pena, que valga la pena…” piensa.
Marcos saca lo que se encuentra en su bolsillo con el puño cerrado y cuando lo abre, los ojos de Ainhoa sonríen, su boca todavía sigue alucinada.
-Maldito Marcos. –le sale dela boca.
¡Si es que todavía ni es verano! El muy cabrón ha ocultado todo durante tanto tiempo y les ha engañado por completo. Él lo sabe, pero no lo es, por lo que también supone un problema.
Quería saberlo, y se ha alegrado, pero a su cabeza ahora todo lo que viene es que es un error.
Se alegra de ser Olvidada, tiene el poder de borrar memorias, y el don de su familia le permite hacer recordarle cosas que no han ocurrido, puede alterar un poco todo para que no se note. Pero primero tiene que hacerse con la piedra.
Sale del baño esperando a Marcos, furioso. Pero no está. Marcos se ha ido. Ha huido del momento y del lugar para proteger la piedra, ¿por qué le tiene tanto apego? Quizá le gusten los recuerdos.
Pero, ¿recuerdos de quién?
Según la lógica que Fabio le obliga a usar, con la única persona que ella está vinculada por sangre es con su padre, por lo que ella solo puede encontrarse en sucesos que tengan que ver con su padre, incluyendo los pensamientos o recuerdos que tengan incluso el mínimo valor de él.
Entonces… Marcos tiene la piedra a la que pertenecen los recuerdos de su padre, la que necesitarán para encontrar a Valeria, la que puede hacer que en vez de que den palos de ciego avancen un poco más, es la única piedra que es especialmente necesaria para su existencia, para su supervivencia. Y la tiene un chico que acaba de huir por una puerta a un sitio que ni siquiera conoce.
Su vista se hace más borrosa y los colores van cambiando, el paisaje es distinto.
En seguida, se encuentra de noche, debajo de un barranco, con Nerea herida a su lado mientras que protege una piedra en su bolsillo.
Al otro lado, ve otra piedra que brilla más que la de su compañera tirada, y la coge, ¿habrá sido ella la que la haya llevado a los pensamientos alternativos de Marcos? Muy seguro que sí.
Ahora lo tiene claro. Su siguiente objetivo es Marcos.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Capítulo 68

Nerea se incorpora, todo lo negro que ha pasado a blanco dejándola fuera de juego ha desaparecido y se siente pesada como un saco, con su piedra en la mano y cubierta de arañazos y heridas. Tiene el cuerpo dolorido y sus recuerdos se vuelven un poco borrosos.
No ve a nadie alrededor, pero el olor de otra persona inunda su nariz, además de una ligera luz azul que ilumina la noche que le acaba de caer encima. Huele un poco más y descubre que la persona le es conocida, de hecho, sabe perfectamente de quién se trata.
Nerea se levanta y corre dolorida a abrazar a su compañera.
-¡Te odio, te odio, te odio! -grita.
Ainhoa se zafa del abrazo, no está demasiado por la labor.
-¿Dónde te habías metido? -pregunta la menor.
-Jugando con coalas, si te parece, ¿y Omar?
-¡Ni idea! Nos separamos para que siguiera a Jon y yo pudiera coger la piedra, pero no lo encontraba por ningún lado y un mágico terminó por tirarme de la cuesta.
-Por lo menos no ha sido del barranco. -sentencia Ainhoa.
El maullido de un gato desconcierta a Nerea. Viene de un pequeño agujero cercando de donde rápidamente sale un gato gris.
-No tengas miedo, es un gato.
-Si no lo tengo. -responde rápido Nerea a su amiga.
-Se llama Gris, porque es gris. Y yo me llamo Olatz, porque mi madre se llamaba así.
-Nerea.
-No serás como el antipático, ¿verdad?
-¿Qué antipático?
-Omar. -aclara Ainhoa entrando en la conversación.
-¿El pelirrojo? ¡Qué va! ¡Si ese es un cobarde!
-Creía que te caía bien. -murmura Ainhoa.
-Y lo hace, pero una cosa no quita la otra.
Olatz suspira dramáticamente y coge a su gato en brazos mientras que lo acaricia y anda alrededor de las chicas. De pronto, se para y extiende la mano.
-Quiere sangre. -adivina Ainhoa.
-¿Sabes que esa es la mejor manera para pasar enfermedades y que he tenido una fuerte reciente?
Olatz retira rápidamente la mano.
-Rarita.
A Nerea le dan ganas de contestar que la rarita y la psicópata son ella, ni siquiera sabe cómo Ainhoa se puede relacionar con ese tipo de gente. Ella ya tiene bastante con esos cuatro chicos que conoció.
-No le demos importancia. -dice con un hilito de voz, pero aun así, le pica la curiosidad y Ainhoa consigue verlo en su cara.
-Lo usa para experimentar con armas y cosas como esas.
-¿Eres rebelde?
-No exactamente, pero me gustaría serlo.
-Me ha estado ayudando todo este tiempo. -añade Ainhoa sonriente.
-Me gusta esta chica. -susurra Nerea.
-Pues a mí por ahora no me gustas.
Nerea sonríe.
-¿Alguien sabe cómo salir de aquí? -pregunta Ainhoa para deshacerse del silencio, uno que sólo se le hace incómodo a ella.
-Fácil, nos convertimos en humo.
-¿En serio que podéis? -pregunta anonadada Olatz.
-¿De qué esquina la has sacado?
-No es una...
-No la estaba llamando prostituta. Ahora, contesta.
-Me la encontré cuando intentaba despistar a Omar. No la volví a ver hasta que todo se volvió negro y luego blanco. Perdí el rumbo y la consciencia.
Nerea se pone seria, y Ainhoa nota un pinchazo en el corazón, uno al que no le encuentra razón.
-A Omar le pasó lo mismo. Y yo también lo he sentido. Piedras, frases, gente y consecuencias. Esto se pone cada vez más interesante. -sonríe la chica de ojos marrones.
-Y difícil.
-¡No me quites el entusiasmo!
-Si aun así te seguirá gustando. -contesta Ainhoa mientras que Olatz las mira de otra manera, una manera en la que nota que las admira.
-¿Vamos? -pregunta Ainhoa.
-No podemos dejarla sola.
-Tenemos que correr, lo más rápido posible.
-Pero Omar y Olatz...
-Estarán bien.
-Que conste que un rebelde nunca deja a otro rebelde.
-Iros, podré subir, además estaré en buena compañía.
-Habla con su gato.
Nerea suspira y mira hacia los lados, están completamente apartadas del mundo y ella en especial no se encuentra en el mejor estado, además, ya ha abandonado a demasiada gente.
-A pesar de que vaya contra mis principios, podemos irnos sin ellos, pero no tenemos rumbo que seguir, por lo que puede seguir siendo lo mismo.
-Lo tenemos, sé quién tiene la piedra que guarda las memorias de mi padre.
Nada más terminar la frase, Ainhoa se convierte en humo y comienza a escalar la gran cuesta empinada.
-¿Quién? -pregunta Nerea.
Olatz se enconje de hombros, por lo que a ella tampoco le queda otra opción que seguirla lo antes posible, para no atrasarse, pero claro, no antes de saludar a su nueva compañera con la mano y acariciar un poco al gato.
Ambas se deslizan cerca del suelo lo más rápido posible, Ainhoa, porque no quiere que la otra la alcance, y Nerea, porque no quiere perderse.
Poco a poco, a la segunda, las imágenes que empieza a ver a su alrededor, se vuelven muy conocidas, y cada vez más, hasta que se da cuenta de que están volviendo a casa.
-Pero, ¿qué hacemos aquí? -pregunta la pequeña nada más convertirse en humana.
-Tienes que llevarme al sitio dónde Elías, Leo y tú conocisteis al tal Marcos ese.
-No me acuerdo del viaje, te recuerdo que fingir se me ha dado bien, pero que a veces me he metido demasiado en mi papel.
-Aquella vez cuando me diste la piedra no.
-Quería ser yo por una vez. ¿Sabes lo agobiante que es? Te sientes vacío.
-Tomo nota, pero ahora necesito que lo hagas. Por favor, haz memoria, seguro que muchas cosas se te quedaron en esa cabeza. Ánimo, ¡piensa!
-Ya lo hago, ya lo hago...
Nerea cierra los ojos, no quiere ver a Ainhoa mirándola fijamente mientras que ella encuentra el camino hacia aquel desvío.
-No encuentro nada... ¡Ya está!
-¿En serio? ¡Pues vamos!
-No, porque el camino no está, pero el nombre sí. Vimos un cartel antes de entrar en el pueblo. Quieras o no, de alguna manera tendremos que llegar.
-¿Qué insinúas?
-¿Qué loco vestido de negro nos trajo aquí y se ha vuelto el admirador número uno de mi prima tímida que se siente intimidada?
-Rafa.
-Con su súper perro.
-Me sirve, le podremos preguntar, pero no tienes la mejor pinta toda llena de arañazos y heridas.
-Me caí entre pinchos en una pequeña escapada.
-Las heridas son más grandes.
-Estaban a gran altura, por lo que luego me caí entre piedras y más pinchos de esos.
-Bien, pues tenemos la excusa, pero...
-Oye, que aquí la que más cosas quiere saber, es decir, yo, se está callando sus preguntas, así que ahora chitón y sígueme el rollo.
Nerea corre hacia el fondo de la calle y Ainhoa la sigue como puede, ella es más humana que la primera, por lo que le cuesta más.
Antes, mucho antes de que la pueda alcanzar, Nerea ya ha tocado la puerta de su vecino lejano, y para cuando llega a las escaleras, la puerta ya está abierta y un gran perro ha salido de la casa como si fuera una de esas casas del terror de Halloween que se ven en las pelis.
-¡Hola! ¿Qué tal están mis chicas preferidas?
-Enara no está así que puedes guardarte las palabras bonitas, Rafa. Necesitamos tu ayuda.
-¿Entonces le hablarás bien de mí a tu prima?
-Se va a notar mucho que te estoy haciendo caso.
-Ya, pero la esperanza sigue presente, recuerda lo tozudo que soy. ¿Qué queríais? -dice dirigiéndose a las dos por primera vez.
-Necesitamos que nos lleves a Robadán.
-¿Ahora? Pero es muy tarde y no tenéis pinta de querer ir a una fiesta. ¡Joder! ¡Ya sé! ¡Me vais a invitar a una fiesta y por eso parece que acabéis de venir de escalar el monte! Que sepáis que si queréis hacer eso no hace falta el efecto sorpresa.
-En realidad íbamos a visitar a una amiga y sacarla de un lío, por eso este look tan extraño.
-Hay que decir que parece que hayáis peleado... -los corazones de las chicas comienzan a palpitar muy de prisa. -...con ardillas.
Las dos vuelven a coger todo el aire del que han privado a sus pulmones mientras que Rafa hacía ese espacio tan radical.
-¡Os he asustado! -dice entre risas extrañas que parecen más gritos de gatos a los que alguien está atropellando una y otra vez hasta que mueren y se quedan sin respiración, así como se queda Rafa, al que Ainhoa impide que se caiga escaleras abajo.
-Con tal de que no hagas eso otra vez, dejamos que nos lleves. -anuncia la menor.
-Os llevo, tranquilas, ahora, ¡a la súper furgo! Y que sepáis que esa idea de fiesta podríamos hacerla algún día.
Nerea y Ainhoa sonríen mientras ven al dueño vestido de negro acompañando a su perro hasta la furgoneta que va a sacar del garaje.
-Ahora en serio, ¿qué se supone que buscamos?
-Dirás a quién.
-¿Quién?
-A Marcos. Lo vi. Él es el que puede terminar con todo esto.

viernes, 9 de mayo de 2014

Capítulo 67

Capítulo nuevo y seudónimo nuevo, que pronto cambiará, todavía le sigo buscando segunda parte, pero bueno, espero que no os moleste los cambios de última hora que hago. Votad en la encuesta por favor y sobre todo, disfrutad de la lectura! :)

Ni piensa. El puñetazo o el calmante que ha repartido ha sido su reflejo más rápido.
Cuando se gira se encuentra a Jon retorciéndose y quejándose en frente suyo.
Menudo alivio que le acaba de dar, y eso que Omar estaba tan enfadado y seguro hace tan solo unos segundos.
Entonces se da cuenta de que, realmente, acaba de pegar a un desconocido del que no sabe nada más que es amigo de tres chicos totalmente extraño, y de que él es el que más normal parece.
-¡Tranquilo, hombre! -exclama entre quejidos de dolor. -Ni que fuera un asesino en serie.
-Pero me seguías. -se defiende el chico.
-¿Tan mala baba tienes?
-¿Qué?
-Si tan mala leche tienes. Y por cierto, muy bonito usar la mano con la que has pegado al árbol y clavarme una astilla.
-Encantado, soy Omar. -dice el chico ofreciendo la mano del puñetazo, y se da cuenta de que de verdad, sí que una astilla o un trozo pequeño de madera se le ha clavado en el nudillo que se sangra.
Entonces, rápidamente, retira la mano herida y le ofrece la otra.
-Sí, ahora. Pues yo preferiría haberte dejado en paz.
-Habría sido un placer.
-Mejor para ambos, al parecer.
-No mejor, mucho mejor. Porque yo no me habría dado cuenta de que estoy sangrando y tú no te habrías echo daño.
Omar piensa entonces, que incluso ha sido mejor que Jon le haya encontrado antes que él, porque sino, el silencio del bosque lo habría llevado a la locura.
Todavía tiene la misma cuenta pendiente, una que Nerea ha cerrado, pero ella no es su madre y no le puede mandar. A pesar de que Dolores, habría preferido mucho más que su hijo se hubiera quedado en casa y hubiera estado del lado de la familia.
Pero, ¿y su tío Hermenegildo?
Respira hondo, ese no es momento para pensar, ahora tiene que coger confianza.
-¿Qué miras? -pregunta Jon.
Omar piensa rápido, eso de la improvisación siempre se le ha dado bastante bien, y ese es el momento más oportuno para usar su habilidad.
-Nada, me suenas.
-¡Cómo te voy a sonar si es la primera vez que ves! Maldito silencio.
Desde luego sí que es quejica el chico, por un momento, no le extraña que sea tan solitario y que sus amigos vayan cada uno más por su parte. ¡Oh! Eso es cruel.
-El silencio no tiene la culpa.
-Pero tú sí, y si te molesto, me vas a oír hasta que volvamos.
-Pues bueno, tengo entretenimiento.
-Serás...
-¡Omar! Soy Omar, encantado, ¿y tú eres?
-No te pienso decir mi nombre.
-Aparte de quejica, no querrás ser maleducado.
Por un momento piensa en dejarle de picar, necesita pensar, sí, pero se está pareciendo un poco a Elías, lo suyo es más escuchar, sonreír y consolar.
-Lo siento. -se disculpa, antes de que Jon pueda contestar.
-¿Por qué?
-Por insultarte y pegarte. Pero ha sido como un acto reflejo, a la siguiente, no vayas por atrás que soy como un caballo.
-Nota cogida.
Omar sonríe.
-Soy Jon.
-¡Es verdad!
-Hombre, claro que es verdad, con mi nombre nunca mentiría.
-No, es verdad de que ya te recuerdo, ¿tú sales con Sergio, Nicolás y Federico?
-Sí.
-Ya sé de qué me sonabas.
-¿De qué?
-Del pueblo. -miente Omar.
-¿Del pueblo?
-Sí, del pueblo.
-¡Ah! Ya sé...
<¿De verdad?> piensa Omar, o buena suerte o que es muy hábil, ahora mismo no puede distinguir entre esos dos.
-De Pamplona. Pero no es un pueblo.
-Ya, así le llamo por mi hogar.
-No conozco muchos de Pamplona que se llamen como tú.
-Ya, porque soy de Galicia.
-¡Ah! ¿Y de qué me conoces?
-Conozco a tu...
-Primo Aitor, seguro, con lo amistoso que es. Yo también era de ahí antes de mudarme, seguro que tú viniste de más tarde.
-No me gusta hablar del tema.
-Lo siento.
-Tranquilo. -sonríe Omar.
Por primera vez desde todas las veces que lo ha visto desde la ventana, se le ve contento, pero a menos que le corte el rollo, se le pondrá ahí a hablar y le cazará.
Suspira y sonríe mientras que habla alegremente con Jon. Descubre todos los cotilleos frescos que la hermana del chico le ha ido contando a él a medida que pasaban los días de verano. Pero, para nada hablan de nada sobrenatural, y Omar no lo hará si Jon no saca el tema.
Tampoco hablan sobre los otros tres chicos, pero a Omar le pica demasiado la curiosidad, y prefiere preguntárselo antes de cumplir su misión, por si mete la pata.
Y de repente, como por arte de magia, ven cómo alguien sale rodando cuesta abajo por la gran cuesta que tienen delante suyo. Por el momento, no consiguen saber quién es, sólo que tiene el pelo castaño, y Omar teme lo peor.
Justo cuando Jon pone un pie para ver de quién se trata y gritar por el casi acantilado, Omar le pone la zancadilla, y a pesar de que tropiece, no se cae.
-¿Pero tú qué haces? ¿Me quieres matar?
-Lo siento, iba a andar y justo te has adelantado. -miente.
Jon suspira y se lo cree, lo tiene que hacer, ¿cómo alguien quien recién acaba de conocer le pondría la zancadilla para que se cayera de un precipicio? Eso es de locos y sólo ocurre en las novelas y películas de espías.
Omar se fija en la cuesta más allá del acantilado, están altos y lejos del pueblo, no sabe ni dónde están, y seguro que Nerea tampoco. Ya la buscará para eso.
-Ve a buscar ayuda, yo bajaré para ver qué tal está.
-Pero...
-Soy un gran escalador.
-Bien.
Ni un pero más, así le gusta, que obedezca en vez de ponerle pegas a todo. Eso significa o que es obediente e intenta ayudar o que está cagado por la idea.
Omar decide mirar y quedarse con la imagen una vez que ha perdido de vista a Jon, pero primero mira abajo y se encuentra con una pequeña linterna azul en el pie de la chica que es capaz de dejar ciego a cualquiera. En ese momento lo comprende, no tiene que buscar a Nerea, ella lo ha encontrado.
En algo les ha mentido a Jon y Nerea. Para empezar, a Jon diciéndolo que es un gran escalador, sólo lo ha visto en la televisión, y bien difícil que parece. Para terminar, en que Nerea jamás vería a un poderoso convertirse en humo. Bueno, directamente, ya no lo verá.
Se da la media vuelta con un amargo sabor de boca y se va dejando sola a la chica. Pero ya, no volverá, porque acaba de decidirse.

Hace un rato, a Nerea la han tocado en la espalda y su corazón se ha encogido.
Ha tenido la mala idea de girarse lentamente, y se ha llevado un buen golpe en el estómago nada más hacerlo. Casi ni ha podido ver la cara de su adversario, pero algo le dice que no lo ha echo con todas sus fuerzas.
Hay algo extraño en la lucha, pero Nerea no se va a parar a pensarlo.
Cae al suelo y se levanta, se protege con una mano el estómago y se gira rápidamente para ver a su adversario encapuchado.
Capa marrón. ADM. Eso es lo único que puede llegar a deducir al ritmo que otros golpes del mágico llegan hacia ella y la pegan una y otra vez.
El adversario traga saliva, no le gusta pegar, y mucho menos a ella. En cierta manera, le cae bien, y hay algo más escondido.
Decidido, la dejará tal y como está, pero no puede dejarla en cualquier lugar donde la vayan a descubrir, por lo que la coge en brazos y la lleva al acantilado más cercano.
No tiene demasiada altura, por lo que no se hará más daño, y seguro que su amigo en seguida la ayuda a salir de ahí.
La deja en el suelo y empuja débilmente con el pie el cuerpo aparentemente inconsciente de Nerea, que en seguida se hace una bola mientras que el hombre la saluda con la mano y escucha un ladrido a poco tiempo de ella.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Capítulo 66

Nerea y Omar llevan escondidos unos cinco minutos. ¿Por qué no se marcharan de una vez?
A Omar le hubiera gustado tener ayuda de aquellos cuatro chicos, pero no se esperaba que su ayuda llegara tan repentinamente dejándolos debajo de unos arbustos hasta que se marche, algo que parece de lo que Jon no tiene ganas.
-¿Qué hacemos? -pregunta el chico cuando cuenta hasta diez para intentar tranquilizarse.
-Tengo un plan.
-Con tal de que no tengamos peligro de muerte.
-No creo, pero necesito que me des la copia de las frases que Ainhoa escuchó en su súper alucinación.
-¿Cómo? Yo no...
-Te conozco, pelirrojo. Hay que buscar en algo que una a Jon con la piedra para que mi pierna deje de ser una linterna.
-Pero que yo...
-Digas lo que digas no te creeré. Soy muy observadora, para tu información, y sé que tienes una copia de las locuras del año.
-Pues puede que tu seguridad no sirva de nada.
-Tú lo has dicho, puede. Pero yo me conozco y mi seguridad siempre me ha ayudado. Ahora a sacar la hoja.
-Pero...
-¡Nada de peros, Omar! Sé que lo tienes.
Omar se rinde, la chica es tan segura que a veces incluso le ha llegado a dar miedo. Pero, en cierto modo aprecia esa valentía y esa seguridad que él no tiene.
Nerea, en cambio, observa cómo Omar lo saca con toda normalidad, él también actúa bien, pero los ojos no mienten, son la única arma segura que una persona puede tener. De repente, se le ocurre la idea perfecta en el que seguro que ninguno de los dos falla. Sí, lo del plan era una farsa para que el chico se dejara de secretismos de bolsillo.
Omar abre la hoja más que arrugada donde en palabras que parecen garabatos, se encuentran escritas todas las frases, por orden, y se la pasa a Nerea, quien le echa un vistazo rápido.
-No sabía que había voces para cada frase.
-Hay una desconocida.
-Fijo que es la más interesante e importante.
-Bueno, busca.
-Lo tengo desde hace rato.
-¿Cuál?
-Haber, se nota hasta de lejos que Federico y Sergio se llevan muy bien juntos, entonces, el más cercano de Jon tiene que ser Nico. ¡Y voilá! Aquí no estará Jon, pero Nico es importante.
-¿Y entonces?
-Por lo que entiendo, tienes que ponerle la zancadilla para ver si el chico rueda. ¡Yo qué sé!
-Pues no es tan mala idea.
-Pero pone que no tienes que pensar en si tropieza.
-Espera, ¿tienes?
-Claro, yo tengo la piedra, por lo que tienes que entretener a Jon.
A Omar le gustaría que la tierra lo tragara completamente y que se lo quedará ahí para siempre, porque no hay nada que le guste menos que tener que hacer daño a alguien, físicamente, incluso podrían denunciarlo, a menos que demuestre que ha sido sin querer.
"No pienses en si tropieza, piensa en si zalla".
Nerea vuelve a pensar en la frase, la verdad es que no tiene mucho sentido. Bueno, ni sentido, ni pies, ni cabeza. No tiene nada. Pero habrá que probar, por eso no pasa nada.
Ambos se miran, cada uno por su lado, está más confundido que el otro. Quizá deberían hablar un poco más, pero Omar prefiere pasar lo antes posible su pequeña misión, lo que no tiene claro es lo que Nerea hará, seguramente, mandar y quedarse de brazos cruzados a la hora de la verdad.
Ni siquiera ella sabe lo que de verdad va a tener que hacer, pero ya saldrá por la marcha, algo que nunca se le ha dado demasiado bien. Todas las cosas que ha echo, siempre han sido pensadas de antes. Si algo le gusta de su amigo, es que él sepa ir sobre la marcha, a pesar de que a veces no salga tan bien como se lo esperaba.
Pero bueno, hace mucho que quería ser ella misma, y ahora que puede, intentará aprovechar.
-Hasta luego. -saluda la chica.
Ninguna respuesta por parte del hijo de los poderosos, y la nieta de Margarita, intenta tapar la piedra lo mejor posible con sus, luego, se hace una bola y apoya su barbilla en sus rodillas.
Omar, por su parte, avanza con bastante inseguridad, pero Nerea no puede verlo.
Está decidido, mirará por si encuentra a Jon e investigará un poco la zona, solo ha pasado por ahí una vez y no estaría mal tenerlo como posible hogar después de todo lo sucedido.
Le asusta todo el silencio que la rodea, se supone que está en un bosque, y la última vez que pasaron por el lugar, se escuchaban miles de pájaros cantando alegremente, de echo, incluso vieron algún que otro animal que esta vez no ha visto.
Algo va mal. Muy mal.
Y parece ser que Jon también lo ha notado, porque la piedra en la que hasta hace un momento se encontraba en una piedra que ahora luce vacía.
Mira rápidamente a los lados.
Nerea se asusta, y mucho, y eso que no es de las que tienen miedo, eso que siempre le ha agradado el misterio.
En ese momento, recuerda a su abuela, a su prima y a todos los demás que hace tanto tiempo que no ve y a los que les gustaría volver a ver.
Poco a poco, los ojos le pesan cada vez más, su nariz le comienza a picar y tiene la necesidad de respirar más y más rápido. Está a punto de llorar. Y parece que va a ser una muy buena llorera que le pegará mucho tiempo.
Pero no es justo. Ni para ella ni para Omar. Mientras que él está ahí intentando encontrar la manera de encontrar la siguiente piedra, ella no se puede permitir estar ahí llorando como una niña pequeña que se acaba de pelar una de las rodillas. A pesar de que ella nunca haya llorado por eso.
Se mete las lágrimas y espera tranquilamente y con los ojos cerrados a que el nudo de su garganta desaparezca.
Sin pensárselo dos veces, guarda la hoja y después de mirar si encima de la piedra puede ver algo más allá, se dirige al norte, que es por donde ve algo brillante.
Su abuela, de niña, siempre le decía que no buscara las cosas brillantes y permaneciera distante a las cosas más importantes, escuchando pero sin formar parte, que sólo así podría aprender a liderar y a tomar sus propias decisiones debidamente. Le hizo caso, y tenía razón.
Pero fue ella también la que siempre le dijo que siendo uno mismo te estás vendiendo a que te ganen en cualquier momento. le hizo caso, a pesar de todo, en esto no tenía razón.
Lo único que Nerea ha conseguido mintiendo sobre cómo es, es ganarse la desconfianza de seguramente muchos y parecer una tonta delante de todos cuando tampoco es mucho menos inteligente que Fabio y conocía aquel lugar y sus costumbres como la palma de su mano.
Pero la vida sigue y ese no es momento para empezar a pensar en ñoñerías.
Respira hondo y escucha el alrededor para ver si el silencio que tan nerviosa la pone cesa de una maldita vez antes de que se vuelva loca.
El silencio cesa en un momento, pero no con el ruido más bonito de todos, más que nada porque parece que la sigan, y eso nunca le ha gustado a uno.
<¡Perfecto! ¡Sólo me faltaba esto!> piensa la chica aterrada, pero intentando controlarse.
-¡Hip! -exclama ella, y pronto se tapa la boca.
Siempre ha oído que cada uno tiene una manera de reaccionar al miedo o a los nervios, y el suyo no podía ser menos ruidoso.
Menos mal que sólo lo tiene cuando está en la tierra y en seguida volverá... ¡Pero si no tiene casa! Ya Daemón no es un lugar seguro para ella, y a pesar de que quiera volver con todas sus ganas, tiene que hacer lo que su abuela siempre esperó de ella.
Todos tienen pequeñas misiones de corto plazo, pero ella tiene que cumplir ese que le costará, pero podrá hacerlo a menos que el hipo continúo.
-¡Hip!
Para que no. Se tapa fuerte la boca y sigue un poco, hasta que estornuda, y luego rápidamente, le vuelve el dichoso hipo.
Parece una de esas escenas de película, pero no romántica, sino de miedo, cuando el prota hace mucho ruido y luego sus amigos lo encuentran muerto. Pues ella es la presa, a menos que el ruido sea echo por un animal.
El ruido se repite. Desde luego, lo ha echo o algo muy grande o una persona, no queda otra.
Pero sus dudas van a terminar pronto, ya que alguien le acaba de tocar la espalda y su corazón se ha encogido al instante como una pasa.
-Mierda. -murmura.
Mientras, Omar, tiene que hacerlo bien, lo tiene que hacer bien sí o sí, porque sino, se lo cargará y no volverá a ver nunca más a Ainhoa. El corazón se le encoje, pero intenta quitarse el sentimiento de encima y se para para tomar aire, hondo, para que llegue a todas las branquias de sus nuevos pulmones en marcha.
Necesita relajarse un poco, está demasiado tenso, así que deja su cuerpo como si no tuviera fuerzas y se mueve un poco para que toda la tensión se le vaya del cuerpo. Y cinco años más tarde, sigue funcionando su misma técnica, algo sorprendente que puede que llegue a ser la única cosa aparte de su asquerosa palabra infantil que conserve desde que llegó a la tierra.
Se pone en marcha y coge un susto de muerte cuando escucha un paso cerca suyo.
Su cuerpo vuelve a atrapar toda la presión de la que acababa de prescindir y mira con seguridad a todos los lados, no vaya a ser que le tome por sorpresa.
No puede repetir el método, en público, sería demasiado humillante y dejarse en bandeja de plata para que le ataquen en cualquier momento.
Mirando alrededor, se da cuenta de que se ha alejado un poquito de la piedra en la que Jon se encuentra apoyado.
Omar avanza un poco en la dirección de la piedra y escucha en inmenso silencio que lo rodea, y un sentimiento que hasta ese momento era inexistente le crece por el cuerpo. Aunque él no lo sepa, es la morriña que le tiene a su casa, ese sentimiento que te hace echar de menos todo, incluso lo malo, de tu hogar, de tu casa.
Por un momento y por primera vez, odia la tierra, lo separa de su familia, pero por el otro, piensa en qué bando está metido y recuerda que sus padres se encuentran en el contrario.
Entonces se pregunta algo que hasta hace tiempo se le hacía prescindible y de la que no se había dado cuenta, ¿por qué está contra la familia y los suyos si no le han echo nada? ¿Qué han echo los poderosos para que se les tome tan mal?
Siente rabia y se enfada con el mundo. Un acto reflejo hace que sienta ganas de pegar al árbol más cercano, y lo hace.
Su mano le escuece, pero su ira es mucho más fuerte y todas sus dudas, todos sus miedos desaparecen, se hace seguro de sí mismo durante un instante.
Ni se da cuenta de que tiene la piedra delante y que la acaba de pasar.
Más ruidos por atrás, pero ya le da igual si es un animal o lo que sea, si es un mágico le dirá quién es, y si es uno de esos del bando al que Enara y Leo buscan, le dará lo que tiene merecido desde siempre: una buena paliza.
Se vuelve a parar.
Por un instante no se da cuenta de que alguien lo toca por detrás y acto seguido, siente cómo su corazón da un vuelco enorme.