viernes, 31 de enero de 2014

Capítulo 42

Han pasado tres días y Valeria no hace nada más que entrar y salir de casa. Nadie le pide explicaciones. No hace falta que nadie se las pida, todos saben lo que hace.
Rafa les ha dejado en paz durante un momento, aunque su interés por Enara parece seguir creciendo día tras día.
Nerea ha olvidado ya tres años de su vida, y parece no recordar nada de lo de Omar. Casi fue descubierta hace dos días, cuando Federico vino a buscar a Nico.
Elías y Leo se juntan y no se separan. Junto a Tadeo forman el trío más extraño jamás visto. No pierden de vista ni al chico Heavy Metal, a Omar ni a la misma Ainhoa.
Ella se ha dedicado a no parar de pensar sobre las palabras que Leo le dijo, y además de ello, ha echo unas cuantas paraditas a la zona del árbol duplicador.
Enara y Fabio, en cambio, han cuidado de todos. Incluso de cualquier otro indeseado.
Alguien toca la puerta, y Ainhoa, siendo la más cercana, se levanta para abrirla cuando se encuentra con Fran.
¡Ya casi ni se acuerda de él!
-Hola, ¿qué tal estáis?
No ha parado de llamar a la puerta desde que se enteró de lo ocurrido, y no es que sea lo más agradable encontrarte con él cada minuto.
No para ella, desde luego.
Además, Ainhoa nota que hay otra razón por la que no para de tocar a la puerta, pero no sabe cuál de ellas puede ser.
Por su cabeza incluso ha pasado que es uno de esos que sale en la tele y que actúa tan solo para seguir vivo, porque en realidad sabe lo que ocurre.
En cambio, sabe que es un mal mentiroso y que no le gusta hacerlo. Transparente pero opaco a la vez... ¡no hay quien lo entienda!
En general, todos los humanos son incomprensibles, y Ainhoa tiene pruebas para saberlo.
Nico que no para de hacer lo mismo que Fran tocando la puerta, todas las historias sobre la familia de Sergio, las complicaciones que tiene Federico con su novia, Rafa y su insistencia ante Enara, el siempre amargado Jon, la enfadadiza sin razones Esperanza...
Y no es que los Olvidados sean más fáciles, pero por lo menos se les entiende más fácilmente por cualquier cosa que vayan a hacer.
-Bien, gracias por otra visita.
-De nada. Me preocupo por vosotros.
-Gracias.
-¡Abrid! -se escucha un grito desde abajo.
Elías y Leo se abren paso entre los dos, que chocan el uno con el otro, y Fran se queda de piedra ante la mirada perdida de Ainhoa.
-¿Qué narices hace ESE aquí? -pregunta de mala gana.
-¿Y a ti qué te importa? -contesta Elías.
Ainhoa se enfada al instante y se va corriendo a ninguna parte, solo lejos de esos dos, quienes salen afuera, y Fran... el pobre chico se queda en la puerta.
-Ni caso. Esto es una casa de locos. -dice Valeria mientras que entra en la entrada.
Fran sonríe, la suya también lo es. Sobre todo por su hermana, quien da muchas alegrías, pero también saca de quicio en muchas ocasiones.
-Oye, me iba a dar una vuelta, pero siete personas me han plantado, ¿te apuntas?
-¿Siete?
-Sí, parece ser que hoy no agrado a nadie.
Fran se ríe y asiente.
Nerea observa desde la entrada de la puerta a que se vayan, Valeria es tan solo una manera para mantener ocupado al más cotilla de la casa vecina.
Entrecierra los ojos y detrás de ella aparece Enara, con las manos sobre la cintura, con la cara que una súper-heroína pondría cuando cumpliría su misión.
-¿Dónde está Abu? -pregunta Nerea, medio asustada.
-Vendrá cuando estés durmiendo, como siempre hace, ya sabes que no le gusta llamar nuestra atención, como si lo que ella hiciera fuera malo.
-¿Y no lo es?
-Por nada de lo que los demás te digan creas que Abu es mala.
-Vale.
-Tengo que hablar contigo. -comenta Fabio, quien lleva a Omar por detrás, persiguiéndole como un perrito a su dueño.
-Nerea... ¿qué te parece si... buscas a Ainhoa?
-¿Y qué le digo?
-Llévala al bosque, no se querrá perder su casa del árbol.
-¡Entendido!
Nerea se aleja como si fuera una niña pequeña, dando saltos por todos los lados. Ha perdido exactamente tres años de memoria en tan solo unos días, dejándola en una edad mental de doce.
-Es preocupante lo que le pasa, era común que estos tipos de cosas ocurriesen en las rebeliones, cuando la gente no tenía suficiente para la curación.
-¿Estás diciendo que Nerea, la chica que habla con las paredes, nos está advirtiendo que nos preparemos para una rebelión de Olvidados? -pregunta Omar incrédulo, luego mira a Enara y añade. -Lo siento.
-Tranquilo.
-La gracia es que en la última rebelión se dieron cuenta de que solo se advertían rebeliones de la tierra, de gente cercana a este pueblo.
-¿Puedo hacerte una pregunta, Fabio? -pregunta Enara con una sonrisa forzada.
-Dime.
-¿Por qué mierda te guardas siempre este tipo de cosas y nos enteramos nosotros en el último momento?
-Algunos creen que soy el enemigo. -contesta Omar antes de que Fabio abra la boca y le da la razón con una expresión de duda a la vez que lo señala a él.
-¿Y en qué bando estás, pequeño poderoso?
-En el vuestro, obviamente.
-Carlos confía en Elías, Nerea confía en Carlos, yo confío en Nerea. Creo que voy a tener que creerlos a ellos hasta que me des una buena muestra de que no nos traicionarás.
-Bien, os dejo, entonces.
Omar se rasca la cabeza y se va. Nadie lo conoce tan bien como él mismo, y si alguien pudiera leerle los sentimientos en ese momento, se daría cuenta de las dudas que corren por ese pelirrojo.
Tiene la oportunidad de traicionar a los poderosos o a los rebeldes. O incluso a los dos...
¿Pero cuál es la buena respuesta?
No quiere saber nada. Incluso si desapareciera nadie se daría cuenta porque nadie le quiere. Su padre solo lo tiene como el único heredero de su ancestral poder, su madre como la manera perfecta para que ella y su mejor amiga sean parientes, y Hermenegildo... no, él jamás dejaría que le hicieran daño, pero, en cambio, le ha dejado ir.
Sale por la puerta y camina hacia ninguna parte, con la esperanza de que su mente se despeje y encuentre otra manera de entretenerse.
Y así, como por arte de magia, como siempre suele ocurrir cuando está perdido, aparece su tío delante de él, con su barba cortada, su pelo castaño rapado, su piel blanca y sus ojos oscuros.
-Hola. -lo saluda con una sonrisa.
-No me engañas, Omar, así que no sonrías.
-¿Eres como esa especie de hadas madrinas que aparecen en las pelis?
-¡Qué estupidez! Para empezar, no soy mujer. Para seguir, son películas, las hadas madrinas no existen...
-¿Y nosotros sí?
-Somos secretos, nadie nos conoce, sobrino.
-Termina con la tercera, anda, que esta discusión lo único que hará es que tenga todavía más ganas de tirarme por un acantilado.
-Gracias. La tercera es que dónde has visto eso.
-Nuestros vecinos tienen una niña pequeña, Alba.
-¡Perfecto! ¡No olvides su nombre, Omar! Si quieres sobrevivir, al menos, jamás olvides ese nombre, por más que quieras, olvídate de ti mismo, pero no de esa niña.
-Pero...
-Nada de peros, ahora me voy.
-¿Por qué cada vez que apareces, vienes para darme más dudas y tener ganas de arañarme la cara? -pregunta furioso, pero para entonces, su tío ha desaparecido.
Alba... un nombre para no olvidar... ¡vaya chasco con las pistas de mierda!

jueves, 30 de enero de 2014

Pendiente desde principios de enero

Hola a tod@s!
Bien como dice el título, esto lo tengo pendiente desde enero, y la verdad es que no os quiero aburrir.
El asunto es el siguiente, para empezar, estuve hablando con Luna y todo eso, y a dejado el blog completamente a mi cargo, por así decirlo, me ha regalado su mitad.
No por eso voy a cambiar el nombre, seguiremos siendo Luna y Nerea, pero sí que seré yo sola.
Esto aviso porque hacía tiempo nos confundían, y ahora voy a ser solo una.
Para seguir, quiero agradecer mucho a los que emplearon un poco de su tiempo en invierno para rellenar y enviarnos la encuesta que organizamos, Luna también está muy agradecida por todo el apoyo.
Quizá ponga algunas ideas que me han gustado, por ejemplo hubo una que pidió que personajes como los cuatro chicos, (Nico, Sergio, Federico y Jon) salieran más, ahora que recuerde también hubo alguna otra que me contó que las cartas del hombre aburrían.
Y pues bueno, hoy os doy la respuest todos los que participasteis, no voy a poder cumplir todo al pie de la letra, pero sí que intentaré cumplir por lo menos la mayoría de sugerencias que me hicisteis.
Claro que siempre a mi manera, no voy a perder la manera de escribir.
Lo de los chicos creo que esta seguro que se va a hacer, y siento decirle Layla, (espero que no te importe que te nombre), que las cartas que todavía hay unas pocas por delante y que son necesarias.
Por último, comentar que estoy desde hace mucho tiempo con un proyecto del que quiero saber vuestra opinión. Se llama Las Chicas de Oro y estoy poniendo fecha para el primer capítulo, me gustaría que os pasarais por él y me comentarais. Ya avisaré cuando lo voy a hacer.
Gracias a todos por vuestro apoyo y estoy abierta a críticas y segerencias. ¡Quiero saber lo que pensáis!
Otra vez gracias por todo, un abrazo enorme y besos a todos.
Nerea.

miércoles, 29 de enero de 2014

Capítulo 41

Hola! Espero que disfrutéis del capítulo y quiero avisaros que mañana voy a publicar una entrada donde aclararé todo el asunto y que es importante, y ya que se sale de los días en los que publico, lo aviso.
Gracias por todo, Nerea.

Nada más llegar al barrio donde se encuentra su casa, todo está oscuro y vacío, más o menos como siempre, pero hay un cambio terrible a las otras veces: ahí ha estado alguien.
O algunos.
Se nota en las basuras derrumbadas, en manchas de sangre en el suelo y paredes, se nota en algún que otro cristal roto... pero sobre todo en la enfadada Enara esperando con los brazos cruzados.
-Veo que por lo menos no habéis estado haciendo amigos.
-¿Por lo menos? ¿Sabes el pánico que he estado pasando? -se queja Valeria.
-¿Pánico? ¿Tú? -pregunta Ainhoa incrédula.
-Pánico por lo histérica que estabas, pánico por no poder controlar el miedo, pánico porque detesto los caballos, pánico por...
-La princesa Valeria está de vuelta. -suspira Elías y coge delantera a las tres chicas.
-¿Se sabe algo sobre la mejora de Nerea? -pregunta Ainhoa para romper el hielo, y no puede evitar pensar en la piedra que ha tirado.
Desde luego que no es esa. La piedra que rompió era azul marina, y el color de aquella era un bonito rojo antes de que se partiera en tantos trocitos, ahora tiene tan solo un feo gris.
-Ha olvidado el último mes y cree que nos han secuestrado.
-Más loca de lo que estaba...
-¡Cállate, cabrón!
-Tranquila, chica, que toda tu familia, incluida tu abuela está loca.
No se trata de ningún cómic, pero incluso parece que a Enara le esté saliendo humo por los oídos y que se ha puesto tan roja como el coche llamativo aparcado en la acera.
Desde luego el dueño del coche se va a enfadar mucho cuando vea los daños de su vehículo.
Ya conocen casi todos los objetos y las costumbres de los humanos, pero Ainhoa no puede evitar recordar el primer día y lo tontos que habían sido.
A pesar de que Enara le esté a punto de arrancar la cabeza a Elías y que Valeria no pare de lanzar frases que empeoran la situación, la boca de Ainhoa se tuerce rápidamente y sonríe.
-¡Oh, no! -exclama Valeria y corriendo le pone una mano en la frente.
-¡No soy humana, idiota! -responde Ainhoa apartando la mano de su frente.
-No me digas que no. Respiras, te cansas más rápidamente, sonríes y lloras sin darte cuenta. Pronto empezará lo que será la etapa más dura.
-¿Cuál?
-Mejor que lo encuentres por ti misma.
Valeria se ríe y avanza. Parece que ya no está enfadada por lo de casi una hora y que la pelea entre los otros dos no le importan.
¿Está bailando? Pues sí, y no se le da demasiado bien. Mejor dicho, no se le da nada bien.
Da vueltas y en puntillas, suspirando, entra por la puerta de casa, donde se encuentra con Nerea apuntando con el dedo a Omar y Fabio en medio de ellos dos.
-¿Qué pasa? -pregunta entre risas.
-¡Calla! -exclama Fabio.
-¿Qué pasa? -insiste Elías con una sonrisa burlona.
-¡Me quiere convertir en papilla! -grita Omar apuntando a Nerea.
-¡Te he visto, poderoso!
Tadeo ladra con fuerza, y un poco cubierto de sangre.
-¿Lo has visto? ¿En qué? -pregunta Enara, preocupada.
-¡Ayudaba a los hombres de capa negra! Nos han venido a atacar y le he visto ayudándolos. ¡Es él el traidor y quien los ayudó a secuestrarnos!
-¡No soy un traidor!
Ainhoa se gira a Leo, quien al lado de su perro, observa la escena pensativo.
-Duerme y mañana tendrás las cosas más claras. -comenta Leo.
-¡No quiero!
-¿Enara?
La muchacha no desobedece y lleva a su prima a su habitación para que descanse. A Ainhoa le recorre un escalofrío por el cuerpo al mirar a Omar.
No sabe exactamente lo que es, pero encontrarse con su mirada no ha ayudado. Por lo menos ahí está Fabio, antes en medio de los dos, que relaja sus hombros tensos y suspira, y eso es una imagen que Ainhoa no olvidará en mucho.
Se empieza a reír y Valeria la sigue.
Elías arquea las cejas, Fabio las mira muy extrañados, Leo con su mirada más dulce y comprensiva sin soltar una risa, y por último, Omar, sigue con la misma mirada de antes.
-Vamos, Omar, te curaré las heridas. -pronuncia Fabio y se va con el pelirrojo.
-Yo me voy a dormir. -dice Valeria entre risas y sigue a los chicos.
Leo mira con preocupación hacia los lados y acompaña a su perro a la cocina, su nuevo hogar. Después, sale, y tras volver a mirar a los lados susurra lo más bajito posible:
-Vamos al jardín.
Elías asiente serio y les sigue. Ainhoa no sabe qué hacer. Para de reírse mira para atrás y cierra la puerta de cristal que los separa con el exterior.
-Creo que Nerea puede razón. -dice nada más llegar a una pequeña mesa.
-¿Qué Omar es traidor? ¿Cómo va a ser él un traidor? ¡Si está aquí para huir de sus padres!
-¿Cómo puedes estar segura de eso? -insiste Leo, mirando fijamente a Ainhoa.
-Llevo odiando a los poderosos tanto tiempo que sé cómo son. Él es incapaz de hacerle daño a una mosca, ¿cómo va a ser capaz de traicionar a siete personas?
Leo se queda callado, y es entonces cuando entra Elías:
-Estoy de acuerdo con Leo.
-¿Tienes pruebas?
-¿Tienes tú también algunas que demuestren lo contrario?
-A Nerea se le va la olla, es incapaz de pensar con claridad... ¡piensa que hemos sido secuestrados! Con eso y mi experiencia ante los poderosos estoy segura. Además, vosotros también habéis hablado con él desde que estamos aquí, y ya sabéis que él no es un mal chico.
-Sigue siendo el hijo de dos poderosos.
-¡Vamos!
-¿Por qué crees que le gente le tiene tanto miedo a Omar? ¡Porque es hijo de Julián! Eso no es ser hijo de dos poderosos cualquiera, Ainhoa. Es el hijo del más poderoso de todos, ¿acaso creías que antes de ser como ahora Hermenegildo no era como su sobrino?
Ainhoa se queda callada, Elías sabe mucho. Quizá incluso demasiado. E incluso sabe cosas desde antes de que murieran antes de nacer.
-A nosotros nos dieron una segunda oportunidad, ¿y se la damos a Omar también?
-Eso sería más una tercera oportunidad.
-Yo... -entra por fin Leo. -No creo que se la vaya a dar aunque quiera. Ninguno de nosotros estamos como estamos porque sí, y parece ser que además de Elías, Omar sabe mucho.
-¿Desconfiar de él? ¿Y por qué no de cualquier otro?
-Bien. No confíes en mí, yo tampoco lo haré en ti. Y eso que te acabo de salvar la vida.
-¿Vas a decir lo mismo o puedo confiar en ti?
-En mí sí. Creo que es en ti misma en la que no deberías confiar.

viernes, 24 de enero de 2014

Capítulo 40

Se siente libre, viajando casi incluso más rápido que la luz, a la misma velocidad que Valeria ha cogido nada más transformarse.
Vuelan, o más bien, flotan a pocos centímetros del suelo de una manera tan bonita... pero son humo. Y eso del humo echa para atrás toda la belleza que tiene detrás este acto.
Por un momento se siente libre, se siente bien... es algo que en su vida ha sentido. Siempre ha tenido esa impresión de peso en los hombros, de tener que soportar todo lo que su padre dejó atrás.
Hace tiempo que no piensa en eso.
Su vista está nublada y el resto de sus sentidos se han agudizado, por lo que disfruta todavía más del ruido de la cascada que acaba de pasar, el olor del bizcocho de la casa que acaban de pasar ha llegado más intensamente a sus pulmones, y las canciones de los pájaros le han sacado una sonrisa incapaz de notar en tanta irregularidad.
Valeria le coge un poco de delantera, y la competitividad vuelve a ellas, medio chocándose entre ellas, pasando árboles como locas y casi estrellándose contra piedras, llegan a una casa apartada y oscura en medio del bosque.
De repente, en ese momento, su compañera se para, y Ainhoa, para después de ella.
Ainhoa, es aunque nadie lo crea, una chica que piensa que la suerte es fundamental en la vida, y se pone la mano en forma de cuenco para tocar su peca.
-¿Te duele? -pregunta Valeria, compadecida
-No, ¿debería dolerme?
-Por supuesto, yo estaría muriéndome por dentro?
-¿Por esto? ¿Estás loca o qué?
-La que está loca eres tú, pedazo de cristal que tienes clavado al lado del cuello.
-¿Cri-cristal? -tartamudea Ainhoa dándose cuenta de que algo puntiagudo sobresale del área en el que está haciendo el cuenco.
-¿Te duele?
-¡Ahora sí pedazo de imbécil!
Valeria abre la boca, extrañada y dolida, pero perfectamente sabe que está exagerando la situación, la mayoría de las veces lo hace.
Ainhoa se lleva los dedos ensangrentados a la vista, para ver lo malo que puede llegar a ser la herida, y nota un mareo cuando ve tanta sangre en su mano.
-¿¿¡¡No puedes hacer algo para parar esto!!?? -chilla histérica Ainhoa.
-Vuelve a convertirte en humo.
-¡Ahora no puedo que veo esto, pedazo de gilipollas! ¿¡Por qué te has parado!?
-Alguien me ha llamado.
-¿¡Qué narices has fumado!?
-Ya empiezas a hablar como los humanos... Vamos, llegaremos de alguna manera.
-¿Tal y como llegamos al pueblo por primera vez con Rafa? No todos son como ese loco y yo no estoy dispuesta a hablar del... ya sabes... del tema del cuello.
Unos pájaros salen espantados por algo no demasiado lejano, y si algo Valeria ha aprendido es que eso no es buena señal en ese lugar.
-¡Mierda! -exclama.
Valeria gira de un lado a otro, buscando el punto perfecto donde esconderse y observar todos sin que esa cosa que seguramente avanza se de cuenta.
Encuentra unos arbustos de la nada donde se puede observar casi todo y arrastra a la sangrienta entre las ramas que pueden abrir todavía más las heridas.
-¿Qué hacemos escondidas patéticamente aquí? -pregunta Ainhoa.
-Simplemente escondernos de la cosa que nos acecha. -responde Valeria.
-Estás paranoica.
-Gracias.
Ainhoa sale del supuestos escondite, mira para los lados e intenta no pensar en todas las heridas que la cubren como en un disfraz de zombie.
-Aquí no hay nadie, pedazo de paranoica.
Valeria sale como si alguien la estuviera persiguiendo de muy cerca y ella lo hubiera visto cinco veces mínimo sin que Ainhoa la crea.
-¿Quién hay ahí? -pregunta.
-El monstruo de las galletas. -contesta Ainhoa con voz grave.
-Prefiero que me llaméis Elmo.
-¿Elías? -preguntan las chicas a la vez.
-No, el mosntruo de las galletas antes mencionado por Ainhoa, ¿por qué me miráis como si fuera un bicho raro? ¡Soy el mismo Elías de hace una hora!
-Cubierto de musgo, eso sí. -añade Valeria.
-¿Pretendías que me pusiera guapo solo para veros?
A Ainhoa casi le da una arcada con ese comentario y por una vez, vuelve a tocar la tierra con los pies, no le gusta nada lo que está pasando.
-¿Y cómo volvemos?
-Creo que os gustará la idea de cómo he venido hasta aquí. -sonríe maliciosamente Elías.
Ainhoa duda de la diversión y Valeria parece curiosa, y una mezcla que conste de la vista buena de esos dos... no debe de ser nada bueno.
Cuando siguen a Elías por los estrechos caminos y se encuentra con dos caballos, uno blanco y el otro negro.
-Prefiero el negro, así que mejor que vosotras dos vayáis en el blanco.
-¿De dónde los has sacado? -pregunta Valeria, incrédula.
-Una historia más bien larga, ya os la contaré, ahora creo que van a necesitar nuestra ayuda.

miércoles, 22 de enero de 2014

Capítulo 39

-En este momento nos vendría de perlas tener dieciocho y dos pares de alas preciosas y negras. -comenta Valeria mientras que intentan escalar lo máximo posible para que su puntería comience a fallar.
En cambio, su táctica no parece que vaya a funcionar.
-Fabio tiene dieciocho y todavía no tiene alas.
-¡Ya le saldrán! -exclama la chica sin preocupación, mirándose la mano.
Ainhoa mira abajo, y ve que casi todos se mueven al unísono, algo que no suele ser muy común ni en los Olvidados, ni en los de la ADM, ni en los humanos mismos.
-¿Tienes algo que ahora mismo?
-La verdad es que Nico me ha dado una piedra que tiene un color precioso que ha encontrado en el camino. Mira, si lo pones mirando al sol coge un color oro precioso que... ¡Eh! ¿¡Qué haces!? -grita Valeria cuando Ainhoa le quita la piedra de la mano a la chica rubia y embobada.
-Pues sí que es bonita... será una pena.
-¿Una pena qué? -pregunta Valeria preocupada.
Entonces, Ainhoa tiende la mano y deja caer la piedra en la cabeza de uno de ellos, de la cual capa se cae y la persona desaparece.
La piedra se hace en mil pedazos que destruyen a las personas que rodeaban a ese muerto, y sus capas negras caen al suelo.
-¡Mi piedra!
-¡Lo sabía! -exclama al mismo tiempo que Valeria.
Valeria mira con tristeza a la piedra, y luego a Ainhoa, otra vez a la piedra y su mirada vuelve a Ainhoa mientras que murmura con voz de asesina poniendo fuerza en las dos sílabas:
-¡Bruja!
-Por lo menos sabemos que son copias, ahora solo tenemos que convertirnos en humo negro y pasar entre ellos. Se destruirán automáticamente.
-Uno, ¿eso qué quiere decir? dos, ¡bruja! y tres, ¿no pueden hacer daño?
-¿Eso es todo?
-No, tengo una cuarta: ¡Pequeña bruja-niñata!
Ainhoa se cabrea al instante pero intenta mantener la compostura, ya que a la mínima que haga un mal gesto, no solo se cae en picado, si no que tendrá que estar controlando para que uno de esos preciosos cristales no le atraviese por quién sabe qué parte que se les ocurre a esos.
Todo le está pasando como una eternidad.
Aunque le cueste admitirlo, y odie decirlo, con Elías se sentía más segura. Es el chico de los planes. Suelen fracasar, pero bueno, es el chico de los planes.
Por su parte, tiene a la inútil de Valeria mirando su mano a su lado, mientras que ahora, después de darles un minuto de tregua, les vuelven a lanzar un cristal, el de ahora más grande.
-¿Puedo hacer una pregunta a una de las personas a las que como mayor amenaza etiquetan los súper poderosos? -pregunta Valeria, con su habitual tono de desdén.
-Dime.
-Si aquí están las súper copias que echan cristales, ¿dónde están los súper reales que seguro que hacen más daño que unos estúpidos cristales? -pregunta con una falsa sonrisa que le da un toque de tonta.
Para la Ainhoa, la pregunta le llega como si hubiera caído en picado de esa altura.
-No lo sé, pero eso ahora da igual. Lo importante es salir de aquí, parece que vuelven a levantarse.
-Eso estoy intentando hacer, idiota.
-Te estás mirando las uñas. Eso ayudará a tu autoestima, pero no a esta situación.
-¿Sabes lo que es idear un plan? ¡Dios! ¡No sé cómo te pueden tener tan de vista si tienes la cabeza de uno de esos huesos de melocotón!
Ainhoa se pone literalmente roja, de tal rabia en la que separa una mano del tronco y casi termina cayéndose si no fuera por que se ha vuelto a agarrar al tronco, dándose una vuelta y mirando hacia afuera.
-Perfecto, doña inteligencia. -comenta Valeria burlándose.
-¡Esto es culpa tuya! -chilla Ainhoa fuera de sí.
-Mira, guapa, hasta hace unos días me tenías como una estúpida rubia que pone apodos estúpidos a la gente, pero yo que tu, comenzaría a tenerme más en serio. ¿Cuánta habilidad tienes para convertirte en humo y cuál es tu rapidez?
-La verdad... es que poca.
-¿Entonces qué narices sabes hacer?
Ainhoa se queda pensativa, baja de sus humos, y por un momento, siente como si por fin tocara la tierra. Ella tiene razón, ¿qué sabe hacer ella además de robarle los recuerdos a una anciana?
-Nada. -murmura.
-¡Pues ya está! ¡Estamos muertas!
-¿Por qué?
-Elías ha dicho que no nos separemos. -dice Valeria poniendo voz de ñoña.
-¿Tú sabes convertirte en humo? -pregunta Ainhoa, extrañada.
-Prácticamente todos sabemos hacer eso. Es como aprender la Curación. Te sale sola.
-Entonces debería de salirme, ¿qué se supone que tengo que hacer?
-Supongo que intentar sentirte ligera, como si tuvieras alas de aire, dejar la mente en blanco e intentar no sentir dolor.
-¿Supones?
-¡Yo qué sé! A mí me sale natural. Pero eso es lo que siento.
En ese mismo momento un puñado de cristales se clavan donde ellas, una llega al brazo de Ainhoa, que se ha protegido como ha podido, otra a la parte baja de la espalda de Valeria, y la última, a la suela del pie de Ainhoa, quien grita de dolor.
-Me la juego. -dice medio llorando, ya con la lágrima asomada del dolor.
Valeria se vuelve a mirar la mano, en vez de ella, hay un humo negro que no coge su forma, más bien se mantiene cerca del cuerpo, de una manera irregular.
Entonces, se impulsa con los pies hacia afuera y poco a poco, a medida que va cayendo y en una rapidez bastante preocupante, pues no es demasiado rápida, todo su cuerpo coge esa forma irregular que se alarga a medida que se escapa.
En ese momento, casi todos los enemigos de la capa miran para ella y le lanzan un cristal, que se le queda incrustado en algún lado del cuerpo, cuando vuelva a humana será cuando lo note.
Ainhoa aprovecha para saltar impulsada, pero tampoco le sale demasiado bien, pues se precipita más rápido incluso que Valeria.
Cierra los ojos fuerte y piensa en todo, hasta que su cabeza acoge el pensamiento de que se va a estrellar al suelo.
En cambio de ello, se convierte muy fácilmente.
Su suerte, se parece al de Valeria, pero es todavía peor: su humo termina clavándose en un espacio bastante grande de uno de los cristales que ha sacado uno de la capa.
Las sensaciones de Ainhoa le impiden sentir el dolor, su cabeza está en blanco, y cuando vuelva a su forma se preocupará de eso.
Ahora tiene que desplazarse.
-Deja que se marche. Si tenemos suerte, su vida acabará cuando se convierta, es decir, pronto. -dice una voz de uno de los de la capa.
-Pero...
-Calla. Ahora, desactiva las copias. Tenemos que irnos a ayudar a los demás.

viernes, 17 de enero de 2014

Capítulo 38

-¿Y qué podemos hacer? -oye a Valeria.
-No sé, pero hay que ganar tiempo...
-¿No estarás insinuando...?
-Tú tienes un cristal en el pie. Estaré bien. Tan solo voy a intentar atraer la atención de nuestros asesinos particulares. Tú cuida a Ainhoa. Puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Presión que se acumula sobre los hombros de Ainhoa, que en ese momento se encuentran en tensión intentando pensar en todo lo que ocurre.
¡Mierda, mierda, mierda!
Por muy mal que Elías le caiga, ese chico va a salir ahí afuera a intentar conseguir más tiempo para ella y Valeria, y eso tiene valor. Y estupidez.
-¿Y cómo volverás? -pregunta Valeria.
-Encontraré la manera, hace un momento me has llamado listillo. Y vete creyéndolo, soy más de lo que parezco.
-Bien. -se rinde Valeria.
No quiere entrometerse, eso tan solo hará que Elías tenga más razones para irse, pero mira que le gustaría y decir un par de palabritas a los dos.
Piensa en Nerea, en su manera de actuar, en su relación con su prima y su abuela, en lo que puede llegar a ser y en la promesa que le hizo. No encuentra mejor manera para describirla.
De Leo en cambio va a tener que pensar en Tadeo, en sus decisiones tomadas, en sus verdades y en sus apariencias, y tendrá que confiar en eso.
-Nos vemos en casa. Y para entonces esto todo habrá parecido una tontería. -se despide Elías y sale del escondite, metiéndose entre los pinchos.
Ainhoa abre los ojos y fulmina con la mirada a Valeria, quien tarda un poquito más en mirarla, y queda sorprendida.
-La unión hace la fuerza. Tú nunca lo has oído, ¿verdad? -pregunta enfadada.
-Pues sí, sí que lo he oído. -contesta Valeria y se levanta para estirar las piernas. -¿Crees que me voy a quedar aquí sin hacer nada? ¿Cómo la niña llorica que antes he parecido?
-Y eres. ¿Pero tú escuchas lo que te digo?
-Ahora no es tiempo para tonterías, Ainhoa. Tú pareces ser la única que ha venido aquí por razones que no tienen nada que ver con lo importante. Has venido sin hacer nada para que fuera más fácil.
-¿Y tú qué?
-Pues yo me he entrenado diariamente para luchar. Que sepas que muchos aparentamos ser lo que de verdad no somos. ¿No es eso con lo que tú te defendías?
Ainhoa no contesta a la pregunta y se levanta.
-¿Qué haces?
-Dos son mejor que una. Además, ¿cómo va a encontrar la Princesa Valeria el camino a casa? Puede que no sepa cómo eres de verdad, pero sé que esa parte es la más verdadera de lo que eres.
-Apuesto que casi no te has entendido.
-Has acertado.
Valeria y Ainhoa asoman su cabeza por el escondite y avanzan unos pasos hasta que se encuentran con un pájaro cantando alegremente encima de un árbol.
-Bonito pájaro.
-A estas alturas hasta los pájaros más insignificantes me parecen una amenaza. ¿Me estoy volviendo paranoica o es simplemente exageración? -comenta Valeria.
-Siempre has tenido gran parte de las dos. -responde Ainhoa.
Valeria la fulmina con la mirada y Ainhoa levanta los hombros diciendo "Me lo has puesto en bandeja". Y de echo, lo ha hecho. Pero ahora de lo que tienen que preocuparse es no ponerse en bandeja de los que están persiguiendo, en este momento, a Elías.
Andan despacio, observando todos los lados cuando se encuentran con un gran tronco que entorpece el camino.
-¿Puede escalarlo? -pregunta Ainhoa.
-¿Queda otra? Y no espero que me contestes.
Antes de que Ainhoa le pueda ofrecer ayuda, puesto que ella ha tenido que aprender a escalar para subir a la casa del árbol, la rubia se agarra al tronco y empieza a subir sin problemas.
Ainhoa imita a su compañera, pero no tarda en alcanzarla. Se nota la experiencia de la una y el número de diferencia de heridas en el pie, que por goleada gana Valeria.
-Escalas mejor de lo que creía.
-Gracias.
-¿Y qué es eso de lo que antes me has contado de lo que yo también respiro?
-Dentro de poco lo empezarás a hacer sin darte cuenta. Yo intento ocultarlo, pero una vez, Fabio me pilló. Es algo que los humanos necesitan hacer para vivir.
-¿Y estamos haciendo una acción de humanos?
-Eso parece. Aunque no parece ser demasiado importante.
-¿Me estás diciendo que nos estamos convirtiendo más humanos y que no tiene importancia? ¿Es que estás para allá? -pregunta enfadada Ainhoa.
-No. Este árbol parece estar para allá. -dice Valeria mirando con espanto.
Ainhoa también levanta cabeza, antes se trataba de un árbol enorme que ocupa prácticamente todo el espacio en la nada, y resulta que se acaba de duplicar.
-Debemos de haber visto mal antes de empezar a subir... -deduce Ainhoa sin ningún problema.
-Sube tú entonces y espera que se vuelva a duplicar la altura en la que estamos. ¿No te das cuenta de que ahora somos más humanas?
-Déjame adivinar: Fabio te ha echo pruebas.
-No veas cuantas. Es muy irritante.
Las dos chicas se quedan agarradas al tronco, y en ese mismo momento, algo pega el tronco justo al lado de la cabeza de Ainhoa, donde ven un cristal metido hasta el fondo.
-Nos...
-¡Han encontrado! ¡Lo sé! ¡Corre! -exclama Valeria interrumpiendo a Ainhoa.
Parece ser, que se han puesto en bandeja de plata, para su muerte.

miércoles, 15 de enero de 2014

Capítulo 37

Le parece egoísmo estar corriendo la primera con dos heridos detrás, pero pensándolo bien, los tres tienen el mismo peligro, suponiendo que esos ataques están empezando a convertirse en algo que sale de todos los lados.
-¡Meteos entre los arbustos! -chilla Ainhoa.
-¡No quiero! -contesta Valeria.
-¡No era una oferta! ¡Es una orden!
Elías, que corre tan rápido como puede, añade:
-Además, ella tiene razón. Los cristales llegan de los extremos del sendero, no nos queda otra que meternos entre los arbustos.
Valeria asiente a Elías y Ainhoa se mete en entre los árboles más cercanos, tropezándose con las gruesas raíces que sobresalen del suelo.
Sus dos compañeros la ayudan a levantarse.
Por alguna razón, están perdiendo agilidad y resistencia, su sangre no es negra y las heridas son más fáciles de provocar que antes, aunque esto último no ha cambiado demasiado.
Ainhoa, con las rodillas peladas y doloridas, sigue corriendo entre sufrimiento, ahora, detrás de los otros dos.
Llegan a un punto donde todo son pinchos, piedras en el suelo y ramas que sobresalen a metros de los árboles, donde el punto de riesgo aumenta.
Ainhoa mira al suelo mientras que los pinchos le arrancan la piel y las piedras le entorpecen el camino. Se ha debido de dejar algún que otro pelo en una de las ramas.
Alguien llora delante, y nota en seguida que es Valeria.
En ese momento, una mano fuerte la agarra por el brazo y la arrastra a algún lugar oscuro donde los llantos de Valeria suenan más fuerte.
-¡Cállate! -exclama Elías.
Valeria se silencia por un momento, y en otro su voz se vuelve mucho más débil, intentando hacer que pare sin un buen resultado.
-¿Qué... qué pasa? -tartamudea Ainhoa lo más bajito y claro posible.
-No estoy seguro. -contesta Elías.
Las palabras son simples, pero hacen mucho daño.
El pecho de Ainhoa se vuelve a llenar y vaciar como antes, pero ahora el ritmo es mucho más rápido, como si necesitara más, de echo, siente que necesita más.
Tanto como Sergio.
-¿Tú también respiras? -pregunta Valeria con un tono aliviado en la voz.
-¿Que hago qué?
-Respirar. Algo extraño que hacen los humanos.
-Supongo, pero ese no es el tema ahora, ¿qué hacemos? No podemos quedarnos aquí mucho tiempo. Nos encontrarán, y entonces será peor. -interrumpe Ainhoa.
-Estoy de acuerdo... -suspira Elías. -Habrá que pedir ayuda.
-¿Pero cómo? ¿A quién? ¿Que vamos a ir a dónde los chicos y preguntarles si han visto a alguien intentando matar a unos Olvidados? -pregunta Valeria, indignada.
-¡La ADM! -exclama Ainhoa.
-La ADM no es la única amenaza aquí. Y ni esos chicos, ni Rafa, ni Marcos me dan buena espina. Por no decir de los tres vecinos... -confiesa Elías.
-¿Crees que puede ser obra de Nico? No, no, no. Nico no ha sido. Te juro que él no ha sido... -se cabrea todavía más Valeria.
-¿Tienes pruebas de que lo afirmen? Porque que yo sepa, él y Federico no han vuelto. Además de que Jon y Sergio se han quedado atrás. Puede haber sido cualquiera...
-Cualquiera que sepa lo que somos.-interrumpe Ainhoa a Elías.
-Estos eran los peligros de los que se nos daba a entender a la hora de venir aquí. Pero por ahora, nos tenemos que limitar a pedir ayuda e idear un plan. -retoma el chico.
-Te vuelvo a hacer la misma pregunta que hace un momento. Si no hay nadie en la que podamos confiar, ¿a quién le vamos a pedir ayuda? Porque no le encuentro demasiada lógica.
-Ainhoa. -murmura Elías. -La pequeña bruja-niñata tiene el poder de recordar, y puedes hacer recordar estos mismos momentos hoy a la persona a la que más van a creer...
-¿Y a quién van a creer, listillo? ¡Si entre nosotros son las primas las únicas que se llevan bien!
-Baja la voz. -pide Elías. -Nerea nunca miente. Y si le haces pasar lo mismo a Leo, que seguro que a él le creen, estamos salvados. O por lo menos podemos tener ayuda.
-No sé hacerlo. -niega Ainhoa.
-Inténtalo.
-¡Eso, eso! -apoya Valeria.
-¿Tú no decías que no le encontrabas lógica?
-Se la sigo sin encontrar, pero si es la única manera en la que salir de aquí lo más vivos posible... ¡pues me apunto!
-¿Y qué hago? -se rinde Ainhoa.
-Omar dice que a veces ves recuerdos de otra gente. -empieza Elías. -Intenta hacer lo mismo con ellos. Si le has quitado los recuerdos a alguien alguna vez, tiene que ser lo mismo pero al revés.
-¡Ah! Y no te olvides de mostrar cada detalle. -apunta Valeria.
Cierra los ojos, y en ese momento, parece que alguien le está lanzando cristales a las heridas que le han echo las raíces y los pinchos.
Al momento, abre los ojos, y nota la mano de Valeria, apoyada en ella, mirándola con una sonrisa tranquilizadora, o por lo menos intentando que esa mueca lo parezca.
-Date prisa que a la Princesa Valeria le está costando mucho hacer este esfuerzo.
-Afirmativo. -exclama Valeria haciéndose un cuenco con la otra mano y tapando la herida del cristal, apartando la mirada de Ainhoa.
¡Menudo apoyo que tiene!
Piensa en Nerea y en Leo. A la abuela de la chica le ha robado los recuerdos... ¡otra vez con el mismo tema en el mismo día! Y del otro no tiene ni idea... pero a menos que quiera morir, no le queda otra.
Las miradas de sus compañeros están en ella.
Cierra los ojos, el dolor infernal vuelve, pero los mantiene cerrados intentando comunicarse pensando en todas las cosas que han pasado.
-Los noto cerca. -escucha en ese momento decir a Elías.

viernes, 10 de enero de 2014

Capítulo 36

-Haz como si nada.
Ainhoa vuelve otra vez de su mundo, del cual por enésima vez lo ha sacado Jon. Sergio sigue tan alegre y vive la vida, por delante, aventurándose en lo extremo, seguido por Nico y Valeria, los cuales no se han despegado desde que se han encontrado.
-¿Qué me estabas contando? -pregunta Ainhoa, para volver a la conversación.
-Que vuestro amigo da miedo.
Ainhoa mira hacia atrás, ¿no eran ellos los últimos? Entonces cae que a última hora se ha unido Elías, susurrando a las dos chicas que eso le da una mala espina.
Y la verdad es que su amigo da muy mal rollo con esos ojos y esa mirada de asesino, además, Elías tiene una habilidad estupenda para dar miedo con el tono de su voz, claro que si se lo propone.
Probablemente, sea ella una de las pocas personas que le tengan como un bobo a más no poder por su dulce y precioso apodo y su manera de sonreír... Definitivamente, le pone nerviosa.
Federico se encuentra al lado de Elías, más cortado que nadie, puesto que ha visto un par de veces a su novia la súper insegura que normalmente suele desconfiar de él, algo para lo que no tiene razones.
-Esto me recuerda cuando iba de acampada con mis primos. Una vez me metieron un saltamontes en los calzoncillos. -comenta Sergio, casi gritando.
-Gracias, pero no hacían falta todos los detalles. -responde Ainhoa intentando no imaginarse esa ridícula escena.
-Ya, pero siempre fue divertido venir con ellos. Una vez le llenamos de miel los zapatos y la ropa a otro primo. Al mayor de todos nos rebelamos los pequeños recogiendo todo de noche y marchándonos a otro lado, dejándolo a él solo en el bosque. Y a la irritante de mi prima le cortamos el  pelo horriblemente, se volvió loca por ello.
-Nota mental: nunca ir de acampada con Sergio. -murmura Jon, con su normal timidez, y por alguna extraña razón, mal humor.
-¿Y a tus hermanos los mellizos?
-A la princesita de la casa la emborrachamos, ¡no veas las cosas que hizo! y al canijo le envolvimos en ese plástico para envolver las comidas, metiéndole un calcetín sucio del tío en la boca.
-¡Asqueroso! -exclama Valeria con un sonido nada divertido.
-En mi familia jamás hemos ido de acampada. -comenta Nico. -¿Y en las vuestras?
-Mi padre me construyó una casa del árbol, pero jamás pasamos la noche ahí. -responde Ainhoa triste, recordando el tema de las piedras, algo que tenía olvidado hasta ese momento.
-A mí siempre me han obligado a ir. Mira que soy alérgico a muchos bichos, ¿y qué gracieta me hicieron mis padres? ¡Me llenaron la tienda de bichos! -protesta Jon. Razón para estar malhumorado.
-Algo parecido a esa gracieta le hicimos a mi otro tío cuando estaba de novia con la tía. -dice Sergio y se sube a una piedra. -Digamos que no fue la mejor de las ideas...
Valeria pone una cara de asco ante la sonrisa de Nico. Jon sigue malhumorado, los de atrás no hablan y Ainhoa está en su mundo una vez más.
-Esperanza ha dicho que volvamos para las ocho, que ella no se piensa preocupar por nosotros... -se interrumpe a sí mismo.
-¿Tan pronto? ¡Venga ya! ¡Si la fiesta empieza a las nueve! -exclama enfadado Sergio mientras vuelve su mirada para el chico, todavía encima de la piedra.
-Yo también tengo que volver pronto, a menos que quiera que Paula se me ponga echa una furia como siempre porque he salido con chicas. -dice un tanto triste por fin Federico.
-Puedes decir que son nuestras novias. -suelta Sergio dando un salto.
-¡A mí no me metas dentro! -exclama Jon.
Sergio mira directamente a los ojos a Nico, pero aunque Sergio no le hubiera mirado, Ainhoa está segura de que el chico asentiría de la misma manera.
Se escucha un ruido lejano, y Nico, mira para las esquinas, inquieto, como si algo le preocupara.
-Voy a mirar lo que ha sido eso. -dice y sin esperar respuestas se va corriendo.
Sergio lo sigue con la mirada hasta que desaparece, y después mira directamente a Federico, no sabe lo que pasa, pero parece que estén hablando el uno con el otro sin mirar.
-Voy a mirar por el otro lado. -añade Federico, y se va por el lado opuesto.
Jon dice algo bajito, seguramente alguna palabrota y pega una piedra.
-Me parece que tendrás que ser el príncipe azul, amigo mío. -dice y con su típica sonrisa divertida, se marcha lejos.
Por un momento, después de quedarse a solas con Jon, Valeria y Elías, algo pasa en el pecho de Ainhoa, de repente nota como si le faltara algo que nunca ha tenido. Nota vacío, y abre la boca. La intuición o el instinto de supervivencia, no sabe muy bien lo que es en ese momento, le dice que haga un gesto que en su vida había echo.
Nota como la parte del esternón se le llena, y cuando echa todo por la boca, se le baja y queda como lo tenía antes.
Por un momento, se fija en que Valeria y Elías no han echo nada de eso, y juntados en el mismo sitio, nota la mirada consoladora de ambos, la cual no se le hace tan consoladora.
Entonces mira a Jon, y nota que él si repite la acción de una manera muy regular, en la que aunque casi no se note, algo hace que a ella esos milímetros le parezcan centímetros.
Sergio vuelve corriendo del sitio de donde ha venido, como antes, ningún cambio de nada, se cruza los brazos y hace la misma acción, bastante más rápido que el de Jon y desde luego, más sonoro.
-Que... que yo sepa... no... hay nada. -dice por fin, respirando casi entre cada palabra.
Elías se mira la muñeca, en la que lleva una tira de cuero con un círculo que lleva un reloj en miniatura, como el de la cocina.
Se lo ha debido de dar Esperanza con la ilusión casi insignificante de que se fijen en la hora de volver, para tenerlos controlados a todos.
-Tenemos que irnos. -pronuncia Elías con fuerza en cada sílaba, exagerando la situación.
-Sí, tranquilos, nosotros buscamos a los héroes. -contesta sonriente Sergio.
-Adiós. -termina rápidamente Jon.
Los chicos se despiden igual de rápidos que el tímido malhumorado del día y se dirigen a través del bosque en busca de la salida, siguiendo un pequeño sendero rodeado con arbustos y unas pequeñas flores.
-¡Ay! -grita la Princesa Valeria y se toca el pie con la mano.
Cuando vuelve a alzar la mano, ve sangre de un color rojo muy oscuro saliendo de su pie, algo raro, pero la mayor preocupación en ese momento es que está sangrando de la bola derecha.
En ese momento, otro pequeño sonido del viento llega al hombro de Elías, del que queda sobresalido un trozo de cristal.
-¿Nos están atacando? -pregunta Valeria con los ojos cerrados.
-Preguntar eso a este ritmo es de desesperados. -responde Elías con un tono de dolor.
-¿Y qué hacemos? -vuelve a preguntar Valeria, asustada.
-¡Correr!-exclama Ainhoa.
-¡E intentar deshacernos de ellos! -añade Elías empujando a las chicas para que corran.

miércoles, 8 de enero de 2014

Capítulo 35

Feliz 2014 a todos y que sea el mejor que el 2013!! Besos:) Luna y Nerea.

Cierra los ojos. Vuelve a abrirlos. Parpadea. Y vuelta a empezar.
¿Cuantas veces ha repetido ya la escena? Quizá vaya por la décima vez.
Los días pasan, y las cosas parecen cada vez más duras en Daemón. No se cree que hace apenas dos semanas que esos ocho se fueron. Las cosas se han vuelto más duras.
Sale de su caseta y nota cómo todavía le duele la espalda. La Curación no se ha completado. Las palizas que les dan los poderosos se van haciendo más duras día tras día.
Atraviesa el bosque, huye como todas las mañanas del pueblo. No quiere ver sufrir a nadie más.
-¡Carlos! -alguien lo llama a tal fuerza que su corazón se ha parado.
-¡Vuelve a casa, abuelo! ¡Buscan razones para matarte!
-Lo que buscan son razones para que te unas a ellos, y mientras que quieran eso, no me matarán.
-¿Estamos hablando sobre los mismos?
Abraham se queda callado. Él tan solo es un viejo inútil que entorpece los caminos de Julián y los suyos.
-Primero eres rebelde, te quieres rebelar, pero a la hora que sabes que vas a morir, te rindes y te nos unes. Siempre es lo mismo. -murmura el hombre.
-No hagas ninguna locura hasta que yo vuelva, ¿entendido?
Pero Abraham no le ha contestado, y sigue sin hacerlo ante la dura mirada de su nieto.
-¿Me lo prometes?
-¿Vas a hacer que un viejo inútil te prometa? ¡Si no sirvo para nada!
-Para ellos sí, sirves para detener gente que sufre, como si tuvieras corazón de hielo, pero no eres más que un juguete que quieren usar para sus propósitos. Podemos irnos de aquí, abuelo.
-¿Y dejar que ellos ganen?
-¡No tienen por qué ganar! -grita una voz grave desde el fondo del bosque.
-Me has encontrado. -susurra Carlos.
-¿Qué es esto?
-Mira, sé cómo ganar a los poderosos, sé cómo se os mata, pero para ello necesitamos irnos y... Necesito unos dones y ciertos Olvidados. Su nieto es uno de ellos.
-No puede hacerlo, es tan solo un crío.
-¿Que no puedo hacer qué? Perdona pero mi especie es más fuerte, resistente e inteligente que la tuya, y esa energía que se nos carga en el poder, nos hace más poderosos.
-¡Tú no! ¡Carlos, leches!
-Mira, señor Abraham, tengo más conocimientos que tú, y me tendrás que dejar que haga prácticamente lo que me parezca correcto.
-Cuanto más viejo, más sabio.
-Cuantos más estudios, también, mi querido amigo.
Abraham abre los ojos de par en par, tanto como los hace Ainhoa, apartándose de los pensamientos.

-Los recuerdos son fuertes, ¿eh? -pregunta Omar en frente de ella.
-¿Qué haces aquí?
-Darme cuenta de que me odias, al parecer.
-Odiar es una palabra muy fuerte.
-¿Tanto como Daemón?
-Más bien como entrometido.
Omar se ríe y sale de la habitación, mientras, Ainhoa, vuelve a apoyar delicadamente su cabeza en esa pequeña y cuadrada nube blandita.
-¡Fuego! -chilla Valeria desde la cocina y Ainhoa se incorpora en seguida, corriendo a la cocina.
Cuando llega, encuentra a Enara con uno de esos botellines que Alba se deja cada día cuando se queda con cualquiera de ellos. La está apretando fuertemente, lo que hace que todo el agua salga, y parece no acabarse nunca.
-¡Aquí tienes! -exclama dejándole con fuerza el trozo de plástico en la mano de Valeria, cuando termina con el fuego.
-Eso ha sido flipante. -exclama Omar, con una sonrisa en la cara. -La heroína del botellín.
-Guárdate los chistes si no quieres terminar con el botellín en el ojo, lo cual no te recomiendo, pero tú verás. -amenaza Enara.
Todos los demás aparecen a sus espaldas y Elías sale con un palo de plástico con curvas, de un color claro, que se mete un lado en la boca y echa muchísimo aire, poniendo el otro extremo en el oído de Ainhoa.
La chica se sobresalta y se gira para darle una torta que termina pringada en una cosa roja y asquerosamente pegajosa.
-¡Asqueroso! -exclama a la vez fascinada Enara.
-Ya tienes manera de responder a Rafa, rubia. ¿Qué, pequeña y niñata bruja, te gusta?
-Me encanta. -responde y se la esparce por la cara.
-¿Cómo se llama? -pregunta Fabio.
-¡Es precioso! -exclama Nerea con su dulce voz y una cara pálida por estar enferma.
-¿La cara de Elías? -pregunta Ainhoa con un tono de asco.
-No... Lo que tiene en la cara.
-Se llama mermelada, hay de muchos tipos. Las trajo ayer Esperanza pensando que las emplearíamos mejor que los huevos. -contesta Leo, junto Tadeo.
-Si nos da cosas como estas, yo esperaría mirando por la ventana todos los asaltos que le haríamos a Rafa. -comenta Elías.
-Pues yo no pienso tocarlo.
-¡Vamos, Valeria! ¡Y que se tratara de musgo marrón! -exclama Fabio recordando la cosa más asquerosa que se ha encontrado en Daemón.
-¿Qué es el musgo marrón? Espero que no sea caca. -exclama Rafa con la cabeza asomada por una de las ventanas de la cocina.
Todos se sobresaltan.
-¿Desde cuando estás ahí? -pregunta enfadada Enara.
-Acabo de subir.
-¿Sabes que pareces uno de esos psicópatas que aparecen en las series policíacas? -pregunta Nerea, que ha descubierto aquellas en las horas que se ha quedado en casa.
-Más bien parece un loco colgado que va a terminar con la cara estampada contra la acera. -añade Enara, con cara de pocos amigos.

-¿Te has echo con su confianza? -pregunta una voz aguda de hombre.
-Es difícil hacerse si tienen a los de la ADM persiguiéndolos, señor.
-Tienes que hacerlo. ¿Cómo va su vida aquí?
-Tienen muchas visitas, eso facilita mi misión.
-No olvides protegerlos y seguir en ese papel.
-No me han descubierto desde hace diez años, señor, soy el mejor que vas a poder conocer.
-Más te vale.

Va mirando las cristaleras de una de las joyerías más bonitas del pueblo. Es famoso por sus joyas, y con el dinero de sus padres, puede llegar a hacer muchas cosas.
En ese momento, fija su vista en una de las joyas más bonitas que ha visto en su vida: una de plata con una piedra preciosa azul, de esas que tanto le gustan.
-Esa es mía. -susurra con una sonrisa de satisfacción.
Pero en ese mismo momento, cogen el collar del escaparate y lo preparan para dárselo al comprador que seguramente se lo regalará a su mujer, pero, ¡quién sabe dónde terminara la preciosa piedra azul!

-¡Irati! -chilla Dolores. -¡Niña! ¿Vas a parar de torturar electrocutando a la gente? Van a tomar sospechas y a Julián eso no le gusta.
-Pues peor para él, ¿no me dio libertad y poder por unirme a vosotros?
-Sí, pero también te lo dio por cierta información que todavía no hemos recibido, así que cuanto antes hables, más libertad y más poder tendrás, querida.
-Ahora entiendo por qué todos la llaman aprovechada.
Dolores da un grito de frustración y se dirige por el ayuntamiento gritando el nombre de su marido e intentando encontrarlo.
-Que agradable sorpresa, chica eléctrica.
-¡Aitana! -exclama Irati, sin sorpresa alguna.
En su frente, se asoma la misma Aitana que llevaba desaparecida dos semanas, quien sabe dónde, y desde luego vuelve distinta.
-¿Dónde has estado?
-En un lugar en el que he echo grandes amigos que mis futuros suegros seguro que aprecian mucho, y que estoy segura que no traicionarán.
-¿Por qué estás tan segura?
-Han echo un pacto de sangre.
Pacto de sangre, entre Olvidados y seres como estos, trata de un pacto en el que los dedos se entrelazan, y con la otra mano, se toca el pulgar del otro, haciendo una promesa. Quien la incumpla morirá desangrado.
-Vaya... Pues vete a subirle el ánimo a tu futura suegra, porque la aprovechada se ha ido furiosa en busca de tu futuro suegro. -se burla Irati de la manera en la que menos se nota.
-Ya veremos quién ríe el último. -la amenaza Aitana.
-Me encantaría verlo, chica sin don.