miércoles, 26 de febrero de 2014

Capítulo 49

Abre los ojos y todo está oscuro, más de lo que normalmente acostumbra.
Irati se levanta poco a poco con un calambre por todo el cuerpo, algo que no acostumbra, ya que ella es la chica eléctrica, a pesar de que últimamente muchas veces los músculos dejan de funcionarle y calambres los cubren durante un tiempo que despierta.
Se encuentra mojada con un líquido con una pinta desagradable que hacen que sus ropas parezcan más sucias de las que en realidad están: son sus propias lágrimas.
-Genial. -murmura.
Asqueada de aquel único sentimiento que la sigue por un par de días que se le hacen años sin poder estar al lado de Ainhoa, sale de la pequeña sala y se encuentra en otra sala más grande con unas sillas medio rotas y una mesa adornada con tablones de madera por su desnivel.
No tiene ventanas y el frío entra por ellas.
-Irati, pequeña, ¿podemos hablar contigo? -pregunta un hombre adulto con las manos llenas de ampollas de tanto trabajar y una pinta muy débil, como si un soplo de viento débil pudiera derrumbar aquel hombre tan robusto y grande.
Cada vez que su padre le ha dicho esa frase las conversaciones no han terminado nada bien. Así fue cómo descubrió crítica situación de su padre y cuando su madre le comenzó a dar noticias tristes, algunas más importantes, otras más llevaderas, pero tristes al fin y al cabo.
-No esperes a que tu madre te diga lo de costumbre, no se encuentra aquí.
-¿Qué pasa pues? -pregunta la rubia alertada. -La última vez que mamá faltó fue cuando... -no termina la frase, ni falta que hace, su padre la comprende y prefiere olvidarla, y se supone que los Olvidados son unos expertos en olvidar cosas si se lo proponen.
-Me levanto de la Curación cada mañana pensando en la razón por la que terminó así... intentando olvidarla, y hay algo que a tu madre y a mí nos importa y preocupa.
-¿Puedes ir al grano? Me conozco perfectamente esta frase, la usas cada vez que vas a dar una noticia impactante.
-Bien, pues hablemos seriamente. Solo una cosa antes.
-Dime.
-Déjame terminar y explicarme, ¿te parece?
-Claro.
-Lo que a tu madre y a mí nos preocupa es que... cuando nos levantamos cada mañana no sólo pensamos en el final que tuvo. -se interrumpe a sí mismo con una terrible tos y se aclara la garganta. -También se nos pasa por la cabeza el comienzo... y ese comienzo tiene que ver con cómo vas tú ahora.
-¿Cómo voy, pues? -pregunta Irati, molesta.
-Pues desaparecida todo el día, y cuando apareces tienes manchas negras de sangre que no son para nada tuyas, luego lloras, te paralizas, cambias de humor muy constantemente...
-Creía que ese era el plan. Que los poderosos no sepan cuál es nuestra verdadera manera de ser.
-Sí, pero tú cambias tu manera de ser una y otra vez, sin parar. Nos contestas mucho, te haces daño a ti misma y lo peor es que la gente te ha comenzado a mirar con miedo. Y él...
-¿Me estáis comparando con él? ¡Yo no hago nada malo y no es mi culpa si no podéis olvidaros y verme reflejada en él! -chilla echa una furia.
-Pero...
-¡Nada de peros! No soy como él, no pienso como él y no me comporto como él. Si desaparezco es porque me gusta estar sola; no me miran con miedo tan solo últimamente, siempre han temido la electricidad que hago; me paralizo porque intento tragarme las situaciones; cambio mi manera de ser porque no estoy a gusto con ser como soy; y no me hago daño a mí misma, ¿dónde has visto tú eso?
-Él decía lo mismo...
-¿Cuántas veces te tengo que repetir que no soy Bruno, papá? ¡Él está muerto! ¡M-U-E-R-T-O! ¿Cuándo vais mamá y tú a abrir los ojos y daros cuenta de que falta desde hace tiempo?
-Los rebeldes se lo llevaron.
-¡No se los llevaron! ¡Él decidió serlo!
-Irati...
-¡No, papá! ¿Cuando vais a ver mamá y tú que sentarse y quedarse de brazos cruzados obedeciendo a los poderosos es lo que hace que todo todavía siga así? ¿Sabéis? No solo habéis perdido a Bruno, vosotros también me habéis perdido a mí.
Sale del agujero que forma la puerta y comienza a correr hacia la nada sobre sus zapatos de tela viejos y casi rotos por completo.
Una parte de ella piensa que todo lo que ha dicho sobre los poderosos es cierto, pero la otra no puede evitar sentirse agradecida por que sus padres todavía no hayan muerto ni les hayan puesto los peores trabajos de todos.
No quiere imaginarse que si tan mal se encuentra su padre con esa ayuda que los poderosos le dan a Irati por ayudarlos a ellos con la electricidad cómo estaría.
Qué hundido, qué de heridas, qué de charlas como aquellas que tanto odia, qué de todo lo malo le ocurriría a su padre.
Mejor, ni se lo imagina, pero, ¿qué es lo que ayer le pasó?
A olvidado el día completo y la verdad es que agradece no recordarlo, simplemente porque le espanta la idea de qué cosas pudo llegar a hacer.
No se encuentra cansada, pero se para al final del pueblo, cuando el sendero continua un metro y otra en perpendicular la traspasa de un lado a otro sin tener fin.
Al fondo mirando hacia la izquierda se encuentra con la mirada de Carlos.
No odia al chico, tampoco se ha fijado jamás en él, es normalito, con un don muy potente, y últimamente se ha estado mostrando muy raro.
Nunca ha entendido cómo puede ser el mejor amigo del gilipollas más grande que puede haber entre los Olvidados.
-¡Carlos! -lo saluda en busca de alguna compañía que la haga dejar de pensar en el resto del mundo.
El chico la mira espantada, se gira y sale corriendo ante la curiosidad de la chica por saber qué le pasa al chico, porque, que Irati sepa, solo se muestra así con ella.
De repente nota como sus rodillas no se mueven y sus pies parecen dos rocas ancladas al suelo. Ese sentimiento incapacidad se le expande a todo el cuerpo en un par de segundos.
Se desploma por octava vez en dos días y permanece quieta en el suelo, ya no hay vuelta atrás, cada vez que eso pasa, no lo hay.

viernes, 21 de febrero de 2014

Capítulo 48

Es una de esas de la capa cubierta de arriba abajo, pero hay ciertos aspectos en ella en la que se fija para hacerse una idea.
Un mechón negro como el carbón cae por fuera de la capa y unos ojos verdes como la hierba que están pisando se asoma por él.
Sus ojos dan realmente miedo, pues brillan a pesar de estar cubiertas de arriba abajo, y no puede ver más de ella más que su pequeña altura.
No es una niña, tendrá más o menos su edad, eso le calcula por la edad y lo que intuye por sí sola, pero desde luego la conoce.
-¿Quién eres?
-¡Ja! ¡Típica pregunta de siempre! ¿Es que a los débiles no se os ocurre nada más? -exclama, y añade con voz de ñoña como si estuviera imitando- ¿Quién eres?
La chica se pone erguida y Ainhoa la imita, no le gusta la situación, huele tensión en el aire, algo que no es muy normal, por lo que o está soñando o tiene un día muy raro.
-¿A qué esperas? -pregunta Ainhoa tras unos segundos de silencio incómodo.
-A alguna frase digna de antes de morir.
-Yo a más humildad, pues no sabes lo que haces.
La chica estalla en una carcajada y de su boca sale humo negro que va formando otras figuras como la suya, cuando se terminan de construir, la chica todavía sigue riéndose.
-¡Tengo mucha más ventaja que tú, estúpida!
-Y una boca todavía más grande.
Otro silencio incómodo vuelve a subirse. No hay margen de error, y Ainhoa acaba de traspasar la fina línea entre una muerte rápida y una dolorosa, y se encuentra en la segunda opción.
A menos que pueda ser ella quien venza, ni siquiera sabe de dónde le salen fuerzas para contestar.
-Arrancarle la piel, y cuando lo hayáis echo, matarla estrangulando. -susurra con crueldad y maldad.
-Ahora la ventaja es mía porque sé tu táctica, idiota.
-Ya, pero yo tengo quince copias perfectas, y que yo sepa, solo hay una como tú que no se reproduce de la misma manera que yo.
Ainhoa respira hondo e intenta encontrar la frase perfecta para que siga hablando y así ella idear un plan de ataque y defensa brillantes, algo que no se le da demasiado bien.
Entonces recuerda la frase del principio.
-¿Puedo hacerte una pregunta antes de morir? -pregunta suavemente.
-¿Crees que soy estúpida? ¡Claro que sé que tiene trampa! ¡Atacad sin piedad! -ordena y el humo sale volando a donde ella está.
Empieza a correr hacia la dirección contraria en la que el humo se le acerca rápidamente y lucha por no caerse al mismo ritmo en el que intenta mirar atrás para ver a qué velocidad van.
Pero es demasiado tarde, no ha pensado en que el humo va mucho más rápido que ella, por lo que se ve atrapada en una trampa que ella misma ha creado.
"Creo que deberíamos de buscar a Tadeo y luchar"
Las palabras de Nerea resuenan en su cabeza y piensa en que Fabio se ha puesto de su parte, por lo que la idea tiene que ser demasiado buena para que el chico lo acepte.
Deja el rencor hacia un lado y piensa en quién puede ser su Tadeo en ese momento.
¿Aquella chica y su padre? No, demasiado peligroso volver hacia donde está la chica y caer de nuevo en esa especie de sueño doloroso.
¿Nerea o Fabio? Ya tienen suficiente con lo suyo, tanto como los demás... todos los demás menos Leo y Elías, y se necesita a Tadeo para ayuda en casa, pero ella no lo necesita.
Aunque le cueste admitirlo, Elías ha aparecido hasta entonces cuando ella más ha necesitado, en esos momentos él ha estado presente, y sin que eso no hubiera pasado, ahora mismo no estaría
<Elías, Elías, Elías, Elías, Elías...>
Espera un poco, si llega la llamará doncella en apuros y ella es demasiado orgullosa como para dejar que el idiota le vaya sumando apodos estúpidos que a la vez le hacen estallar.
Su cabeza funciona todo lo rápido que puede, pero su cuerpo no obedece de la misma manera y da vueltas lentamente con la mirada perdida entre los ojos verdes de la chica multiplicada.
-¿Temes que pueda con ellos y por eso te quedas? -pregunta Ainhoa, siempre con la intención de ganar el tiempo con las palabras.
-¿Bromeas? ¡No quiero perderme la fiesta!
-Cualquiera lo diría. -susurra.
-¿Qué has dicho? -pregunta la chica.
Ainhoa no contesta.
-¡Te he preguntado que qué me has dicho, pedazo imbécil! ¿Así que no te da la gana de contestar, eh? Pues vas a morir por mí misma, bestia.
La chica se acerca a paso firme mientras que sus copias comienzan a entrar hacia ella con tanta fuerza que se producen serios golpes y heridas en su cuerpo.
No grita, no piensa usar más palabras, y menos de dolor para complacer a su enemiga, pero ella también tiene un par de ases en la manga que más le vale que funcionen.
Cuando una copia se le acerca confiada, ella da un giro con impresión de que va a pegarla con la mano derecha y otras copias se adelantan para atacarla también.
La primera copia desconcertada esquiva la mano derecha, pero no puede lograr esquivar el puñetazo izquierdo y se desploma.
Las demás copias que no tardan en venir la atacan nada más pegarle el puñetazo a la primera y la tiran al suelo, aunque Ainhoa consigue borrar dos de ellas usando las primeras piedras que ha conseguido coger junto al barro que unta en los ojos a una más.
En cambio, la quinta copia que ha ido a atacarla fuertemente consigue esquivar todas y le da tan golpe que termina pegándose con la espalda en una piedra.
La cuarta, (la del barro en los ojos) se retira pero no se derrumba y busca ayuda de la sexta, que ordena a las demás que ataquen.
Ainhoa empuja a la quinta en una emboscada con los pies, palpa con la mano el suelo, coge la primera piedra y se la lanza.
La quinta se derrumba y tras levantarse como puede, Ainhoa no tarda más de dos segundos en convertirse en humo negro perseguida por otro humo negro que se hace más y más fuerte puesto que la chica a vuelto a juntarse con sus copias.
Ainhoa trata de correr tan rápido como puede mientras que el otro humo se le acerca peligrosamente y una de esas veces, Ainhoa se choca contra una enorme piedra que hace que se convierta en humana otra vez.
-Quizá te pueda dar el gusto de que sepas quién soy antes de morir, pero creo que me voy a guardar el lujo. -dice la chica y se lanza a Ainhoa con la piedra más grande que encuentra dándole en la cabeza.
Comienza a ver borroso pero puede observar que la chica es apartada bruscamente por alguien que se une a la pelea.
No sabe exactamente quién es, pues va tapado con una capa gris casi tan grande como la de la chica, pero puede estar casi segura que no es ninguno de los siete.
Para empezar, algo que puede distinguir de él es el sexo: varón. Sus hombros no se parecen a los anchos de Omar, pero tampoco es tan gordito como Fabio, ni tan bajito como Leo, por no hablar que Elías le saca mínimo diez centímetros. Además de eso, a diferencia de los cuatro, ese chico tiene las manos cubiertas de una piel morena.
No hay palabras, y no parece que ninguno de los dos se ande con bromas pues palabra no se han cruzado y no paran de atacarse el uno al otro.
Cuando la chica lanza al chico contra la piedra en la que Ainhoa está recostada, la chica piensa que poco ha durado como trofeo y cierra los ojos para asumir su final, por lo que no consigue ver cómo cuando la chica se acerca para matar al chico, este reacciona rápidamente para darle una patada en la tripa y haciendo que ella se choque contra un árbol.
Un estruendo da el inicio a un silencio en el que Ainhoa continua viva, algo que agradece, y abre los ojos para ver lo que pasa.
Ve entonces con visión borrosa a la chica caída sobre las raíces de uno de los árboles lejanos que consigue ver desde ahí, de la cual se levanta poco a poco dándole dramatismo.
-¡Esto no ha acabado! -pronuncia furiosa señalándola a ella.
¿Pero qué tiene que ver Ainhoa con todo eso? Si fuera por ella estaría muerta, como siempre igual de inútil, la culpa para ella es de él, al igual que la alegría del día.
Pero sus pestañas le pesan demasiado y sus oídos le pitan de una de las maneras más desagradables posible, no ha llegado su fin, pero si un pequeño apartado.

miércoles, 19 de febrero de 2014

Capítulo 47

No pasa mucho tiempo pero nota como un movimiento comienza a su alrededor, después de un pequeño tiempo parada, algo la mueve.
No puede volver a ser humana por el escaso sitio que tiene, y tampoco querría, pues la verdad es que el agobio podría con ella, poco espacio para una persona.
Escucha sonidos de voces hablando fuera, uno es de un chico, la otra de una chica. Los escucha discutir y no sabe cuál de ellas, quita de la mano a la otra donde está ella y la suelta en un jardín.
-¡Te dije que dejaras de hacer experimentos estúpidos! -chilla la voz de hombre, que ahora diferencia como una profunda y gastada por el tiempo.
-¡No, papá! -responde gritando la otra voz femenina.
Los ojos supuestos deformes de Ainhoa se encuentran con unos tristes y esperanzados verdes de la chica, un color realmente extraño.
Algo en esa chica le suena, no sabe exactamente qué, pero hay algo.
Lo que más preocupa a Ainhoa, en cambio es, que esa chica parece que sabe con lo que está tratando, y hace una pausa dejando que su padre entre en casa.
-Van a por ti y tus amigos, saben dónde vivís y todo sobre vosotros, o casi todo. Imita a tu amiga, la más pequeña de todas, no pierdas de vista al según tú idiota, pero tampoco por quien lo has apostado todo por apariencia. Haz caso a todos los demás.
No dice nada más, entra a casa corriendo y Ainhoa sufre un terrible pinchazo que incluso estando en humo negro, siente su dolor.
"Se tiñen de rojo los cuerpos en batalla" -escucha la voz de Elías.
Vuelve a coger su forma humana y cae al suelo como un saco pesado.
Yace en el suelo, moviéndose de prisa de un lado a otro, intentando salir del lugar.
"A su paso huye rápidamente el canalla" -susurra la voz de Leo.
Se levanta, con la cabeza mareada. Esos dos la van a oír cuando llegue a casa, porque no piensa quedarse ahí como una tonta cuando a ella es a la que le tocan los trabajos más fáciles de todos.
Las rodillas le tiemblan.
"El cerebro siempre es el que sabe y calla" -sigue Fabio.
Se desploma. Mira a su alrededor y se intenta quedar con cada detalle que puede de aquel lugar.
Está rodeada de unas pequeñas piedras que hacen en la hierva un pequeño círculo. Cada piedra de ellas está rodeada y levantada del mismísimo suelo por unas pequeñas flores de distintos colores: rojo, azul, amarillo, rosa, naranja, morado, blanco y negro, centrada en distintas zonas de la piedra.
"Para ser quien eres no te hace falta medalla" - habla firme Nerea.
Ainhoa, cae al suelo y apoya la cabeza contra la fresca hierva. Ha amanecido hace mucho, pero esa fina capa de rocío sigue ahí, como si aquel fuera el lugar donde no pasa el tiempo.
Se vuelve a levantar, y nota cómo sus pies solos van dando vueltas. Se encuentra en medio del bosque y eso es lo que le falta.
"El mejor ingrediente una bugalla" -afirma divertida Valeria.
A Ainhoa se le seca la boca y nota cómo su lengua es incapaz casi de moverse e intenta zafarse de la mala sensación que le da.
"Busca la mejor y divertida antigualla" -aconseja la voz de Enara.
Tose una y otra vez y nota como una sensación en el corazón que le resulta totalmente dolorosa, como si fuera a vomitar el corazón.
"Si mucho guarda al final estalla" -añade Omar.
Un vuelco en el corazón, no tan agradable como la sensación de antes, pero sí más llevadero. Cada frase la marea todavía más, y algo le dice que no es la última.
¿Tan débil es?
Llega ya un momento en el que piensa que las cosas más horribles le pasan en los momentos más horribles de todos, y seguro que si tratara de otra persona saldría fácilmente adelante.
Una lágrima cae por su mejilla.
Es demasiado para ella. Tanto y no tiene a nadie. Desde que dejó a Irati cree que todos la entienden todavía menos.
Otra lágrima y se tira de rodillas en el césped, que junto al rocío a creado un poco de barro, y termina por manchar sus pantalones.
Ha pasado de una sensación increíblemente buena a una pésima en menos de una hora y media en el que lleva despierta.
Se siente como una verdadera mierda.
"A veces lo mejor se encuentra en la grisalla" -dice una voz masculina.
A Ainhoa le da otro vuelco el corazón y abre la boca para decir esa palabra que ha llevado evitando a la vez que buscando durante tantos años.
Lágrimas caen por sus mejillas.
No recuerda ni su nombre ni su rostro, ni siquiera su forma de ser ni qué hizo para que ella llegara a quererlo tanto. Lo único que sabe es que es su padre, y de eso es de lo que está segura.
"Quien te enseñó a luchar te mostrará el camino a la cizalla" -exclama Irati con su alegre voz a la vez de un tono oscuro.
Sus lágrimas se paran, no puede seguir llorando por gente que va a volver a ver... en mucho tiempo pero va a volver con ellos, o por lo menos con ella, y piensa hablar sobre todo y nada.
Es quien siempre ha estado ahí, quien siempre va a estar y con quien siempre piensa estar. No se imagina su vida separa a la suya.
Por ella se enteraba de las noticias, siempre tuvo compañía, tenía razones para levantarse cada mañana sin haber huido de Daemón.
Una de sus razones para estar en ese momento donde está.
"Mi animal favorito es la coalla" -suena la aniñada voz de Alba.
¿Qué leches? ¿Coalla? ¿Animal favorito? Pero... ¿Qué narices?
Le entran ganas de reírse sobre lo estúpido que suena esa frase. Todas tan profesionales, tan extrañas, sin casi pistas... y va y suena la voz de la niña para decir eso.
¿Otra vez? Ya ha vuelto a cambiar de humor radicalmente en poco tiempo, pero ha sido a positivo, por lo que tampoco le importa tanto.
"Si buscas cobijo escoge la muralla" -continúa Carlos.
Hacía tiempo que no sabía ni oía de él, y le es agradable recordar al chico que la ayudó pese al riesgo que exigía entrar en el ayuntamiento.
Carlos siempre estará ahí, aunque siempre con ese gran moscardón a su derecha, aquel que le saca una cabeza y no para de decir lo primero que se le pasa por la cabeza: Elías.
El que últimamente se ha mostrado más distante, más frío y con menos chistes en la punta de la lengua, pero lo que más le preocupa es las prisas que se trae a veces para salir con el chico de los ojos verdes y Leo, el siempre acompañado por su perro.
De uno al otro y al final ha terminado en Leo.
Demasiadas vueltas, Ainhoa, demasiadas vueltas.
Intenta dar un paso hacia adelante, pero algo la vuelve a empujar hacia atrás y se cae de culo ante otro pinchazo en la cabeza con la voz de Nico que dice:
"No pienses en si tropieza, piensa en si zalla"
Lo más extraño hasta ahora ya está catalogado, por lo menos de lo que parece que falta, se vuelve a poner de rodillas para tocarse y masajearse el trasero, no es nada divertido darse un buen golpe ahí atrás aunque se suponga que amortigua.
Piensa en los tres peculiares amigos que tiene ese extraño y misterioso más que amigo de Valeria, espera que ninguno de ellos le haga pasar mal, aunque imposible pensando en esos tres.
"Lo peor está detrás de la agalla" -susurra una voz grave que está a medio cantar una canción potente y se nota simplemente porque se trata de Rafa.
Desde su súper concierto en el coche solo lo ha escuchado cantar un par de veces más, una de ellas dedicada para Enara, pero la chica no se lo tomó bien y le dio con la escoba hasta que se fue, así que agradece a la rubia no tener compasión con el pobre.
Menos mal por lo menos que no se trata de él a la hora de estar en casa en el lugar de Fran, con lo cotilla que es y su amor por Enara extrañamente crece cada día, el cual es un amor muy extraño.
El amor no tiene edad, pero tampoco límites, y este es uno de esos límites que debería de existir, ¿a qué chico le gusta que una chica le maltrate públicamente y eso le hace quererla más?
Ese chico tiene muchos méritos.
"Quien no busca, nunca halla" -dice una voz de mujer, algo aguda pero a la vez profunda, como si te llega al corazón con cada palabra, aunque diga cualquier estupidez como "Me gustaría volar como pez en el agua" o algo así.
La conoce, y le da rabia no saber quién es.
Por lo menos algo le dice que la conoce, y de una manera muy familiar, además, puesto que le entra una tremenda melancolía.
Añora esa voz por alguna razón, y tiene pinta de ser una buena cantante que no se dedica a ello, pues ni siquiera entona demasiado bien al hablar.
Algo que debería sonar como una afirmación y a la vez un consejo a sonado como una pregunta demasiado aguda.
Realmente extraño y ni siquiera ella se aclara.
Al igual que su vista, que se nubla y tras un par de fuertes golpes bajo la tierra se encuentra en un prado totalmente abierto, el lugar donde antes se ha quedado.
Y por si fuera poco, no está sola.
-¡Cuanto tiempo, querida Ainhoa! -exclama una voz.

viernes, 14 de febrero de 2014

Capítulo 46

http://las6chicasdeoro.blogspot.com.es/2014/02/capitulo-i.html?m=1
Primer capi de Las Chicas de Oro. Disfrutad de la lectura y espero que os guste a todos:)
Nerea.

"Demasiado para desperdiciar, poco que apreciar"
-¿Qué están diciendo?
-¡Quién sabe!
-¿Estáis seguros en que no es un grito de guerra? A mí me suena que sí.
-Un grito desde luego que no, Nerea. Sería más bien un canto de guerra.
-Uno que da mucho cague.
-Porque si no, no sería de guerra.
-¿Por qué estamos hablando de esto? -pregunta Fabio.
-Porque no nos podemos mover, ¿o es que no notas como tus pies pesan como piedras y tus manos son como dos cuerdas flojas? -dice Ainhoa.
-Si son cuerdas podríamos atarlos.
Fabio vuelve a hacer otra mueca de desesperación. Nerea es un chica demasiado blanda para este tipo de situaciones, y que digamos que sus aportaciones no son demasiado útiles.
Menos la mayor de todas, que ha sido la más importante de todas posibles.
-Digo que deberíamos esperar a que se acercaran y hacerles la embestida. -propone Ainhoa.
-Yo creo que es mejor buscar a Tadeo y luchar contra ellos con piedras o lo que sea. -opina Nerea.
Ainhoa se ríe débilmente, ¿qué sabe ella de pelear? Desde luego menos que ella, y como no les conviene separarse, más vale que encuentra la manera para convencerla.
-¿Hacemos un trato? Usamos mi plan y te dejo pintar todos los rectángulos blancos que quieras, incluso si quieres la de mi habitación.
-¡No! Uno, no soy una niña, y dos, ¿crees que un estado crítico es como para empezar a sobornar a los demás porque crees que tus ideas son mejores?
-He participado en dos rebeliones desde que nací, dos más que tú. Además, Mister Inteligencia nos lo dirá.
-A la siguiente por la mínima de llamarme así voy a dar la razón a la otra aunque no la tenga. -comenta con la mirada fija en la lejanía.
-¿Puedo aportar algo? -pregunta Nerea.
-¡Claro!
-¡No es justo!
-¿Ahora quién es la niña, Ainho?
La chica intenta apretar los puños, y le frustra no conseguirlo, por lo que cede el puesto a los dientes y la mira con una mirada de odio.
Si no hubiera nadie a quien matar, se abalanzaría sobre ella y no la mataría, pero sí que la dejaría con serios problemas, más importantes que su cabeza.
-En eso tienes razón.
-¿No recuerdas que ella está enferma y pierde la memoria?
-¿Vais a parar de poner quejas personales sobre la otra? Pero en eso tú también tienes razón.
Nerea respira y aspira un par de veces de una manera muy notada para que se le escuche y se vea que ella tampoco es un mosquito muerto.
-¿Qué le pasa? -susurra Fabio a Ainhoa.
-Es bastante, por no decir muy, bipolar. Según en qué situación esté cambia de humor radicalmente. Cuando está como cualquiera... bueno, ya has visto cómo es, y cuando hay guerra, se convierte en una chica dura de roer a la que le van a meter una paliza impresionante. En serio.
Fabio asiente para indicar que lo ha entendido y ve un brillo extraño en los ojos de Nerea.
-¿Qué pasa? -vuelve a preguntar.
Ella no dice nada, pero cierra los ojos y se convierte en humo, se mueve un poco para delante y vuelve a aparecer en su manera humana.
Pero eso no es lo único, cierra los puños y humo negro y fino aparece alrededor de ella, que poco a poco va pasándose entero a sus pies, donde se forma una nube espesa.
Esa nube pasa a separarse en un círculo alrededor de ella en cuestión de milésimas y Ainhoa y Fabio notan como la fuerza vuelve a sus cuerpos y vuelven a sentir sus músculos controlados por sí mismo.
-¿Ese es tu don? -pregunta Fabio con una enorme sonrisa en la cara.
-Tan solo un truquito de él.
Ainhoa se muerde la lengua para no decir nada, ha sido alucinante pero de todas formas sigue enfadada y quiere demostrar que ella también puede ser poderosa.
-¿Por qué te sangra el dedo? -añade Ainhoa.
-¡Un pequeño sacrificio! -admite sonriendo la chica.
-¿Por qué de repente tan distinta? -quiere saber Fabio.
-Estaré enferma, pero mi cabeza se va desarrollando igual. Que te explique, mis recuerdos de la infancia se van esfumando a medida que se van esfumando los de ahora.
-¿A alguien le interesa ver que el fuego no ha funcionado?
-¿Fuego? -pregunta Fabio.
-Sí, el que hemos usado para que nos de tiempo.
-Me he dado un golpe demasiado grande en la cabeza.
"Todo a nada cuando la canción acabe"
-¿Creéis que puede ser literal? -dice Nerea.
-No sé, sabionda, tú sabrás. Por mí que es solo para dar miedo.
-Por mí que es literal. -contradice Fabio.
-¿Entonces qué hacemos, listo? Tenemos que ir a atacar.
-Pero necesitamos a Tadeo. -insiste Nerea.
-¡Qué manía con el perro! -sigue Ainhoa.
-Si Tadeo es de aquí y a sobrevivido a Daemón, es que ese perro vale más de lo que parece. Es mitad y mitad, y para matar a esa mitad se necesita la otra. Cuando el equilibrio se inclina para un lado...
-¡Ese vence! -termina Ainhoa cayendo.
-No, se cae. ¿Nunca has probado en ponerte hacia un lado y cómo te caes? A veces demasiada ayuda es destructiva. Mucho poder igual a debilidad.
-Y si Tadeo pasa entre ellos llevando la substancia entonces no solo venceremos, si no que nos podremos quedar con sus cuerpos para encontrarlos de verdad. -añade Fabio.
-¡Buena, listo! -le da la razón Nerea.
-¿Me vuelve a tocar ser mensajera para traer al perro? -adivina Ainhoa. -Bueno, de algo me servirá saber cómo ser humo.
La chica no duda ni un instante y en menos de un segundo se convierte en un gas negro que comienza a recorrer todo el pueblo a gran velocidad, incluso dejándolo atrás, las afueras son donde esos siempre van, es donde se conocieron.
De repente nota cómo no puede avanzar más, su mente gira hacia otra dirección, pero tampoco se mueve por lo que da vueltas sin parar creando un pequeño torbellino.
Nada funciona. Eso quiere decir solo una cosa: está atrapada.

miércoles, 12 de febrero de 2014

Capítulo 45

Enlace para adelanto.
Disfrutad de la lectura y besos, Nerea.

Ainhoa intenta sacar una sonrisa, pero incluso ella se nota que es una realmente falsa, y siente mucha más presión que los demás ya que Fran la mira directamente con sus ojos de color miel.
Enara y Nerea están mirando desafiantes al extraño murciélago, como si fuera el poderoso que había matado a su abuela, pero no era aquella persona-animal.
-¡Francisco! -exclama Valeria.
-¿Qué pasa? ¿Alguien me lo piensa decir? -pregunta algo molesto el chico.
-¡No! ¡La cosa es que no te esperábamos ahora! Ven conmigo afuera, te voy a enseñar cómo han crecido los huevos que nos trajo tu madre el otro día.
-Pero si los huevos no crecen bajo tierra.
-¡Qué se yo lo que eran! ¡No los vi! ¡Eran blancos, nada más! -intenta disimular Valeria.
Todos siguen con la mirada a esos dos que salen poco a poco por la puerta trasera.
-¡Hay que matar esas cosas! -exclama Enara cuando ya estás lejos.
-Lo único que se puede saber teniendo esas ratas aladas cerca es que los tipos de las capas están cerca y tenemos a un chico que no es como nosotros en casa. -aporta Omar.
-¿Otra vez nos vamos a tener que separar? -pregunta Fabio como si viera en eso la mayor de las catástrofes naturales.
-Valeria y otro más se encargarán de que Fran no se de cuenta de nada y proteger a su familia, otro se va a encargar de matar al bicho, y los otros tres de matar a todos esos que aparezcan. -añade Omar.
-¡Tú te quedas con Valeria! -exclama Enara de inmediato.
-¿Entonces tú matas al murciélago o qué?
-He visto muchos de esos, pelirrojito, así que ya sabes, a ayudar a la rubia.
-¿Eso significa que yo, Nerea y Ainhoa tenemos que buscar a los tipos de las capas? -pregunta Fabio algo decepcionado.
-Así es. -termina Enara y tirando a Omar de la camiseta lo echa hacia afuera.
Los tres se quedan solos.
-¿Por dónde empezamos? -pregunta Ainhoa.
-Dale la memoria a Nerea y luego seguimos.
Ainhoa piensa en lo que le hizo a Margarita y lo intenta hacer al reverso. Al fin y al cabo normalmente los recuerdos no se pierden, se apagan hasta que algo o alguien los vuelva a traer a la luz.
Ainhoa siente que su energía se pierde un poco, como si necesitara dormir, pero eso es imposible en ella así que aprieta los dientes y sigue con lo mismo.
¡Y pensar lo bien que se había despertado!
-¿Por qué me aprietas tanto la cabeza? -pregunta Nerea con su típica voz de inocente.
-Para devolverte los estúpidos recuerdos... Haber, ¿qué es lo que más te ha gustado hacer desde que estamos aquí? -pregunta Ainhoa.
-Coger los palos de colores y pintar unos cuadrados blancos.
-Lápices de colores y papeles, Nerea. -le corrige Fabio.
-¡Qué más da! ¡La cosa es que me pone contenta!
-¡Pues vamos, Miss Alegría! -exclama Fabio.
-Vaaaaaaaleeeeeeeeeeee.
A Ainhoa le entra nostalgia pensando desde hace cuando no puede alargar tanto las palabras porque se queda sin aire.
Nerea abre la puerta y cuando los tres pasan, Fabio, quien pasa el último, cierra la puerta delicadamente para que no se den cuenta.
-¿Esas nubes son normales? -pregunta Ainhoa señalando a cosas negras que se acercan rápidamente.
-Hombre, pensando que se arrastran por el suelo no le encuentro mucho realismo. -contesta Nerea con los hombros encogidos.
-¿En serio que nos ha tocado el marrón? -suspira Fabio.
-No, nos ha tocado lo negro. -responde Nerea.
Fabio arquea una ceja.
-Es una manera de hablar.
-Pues no es adecuado para este contexto.
-¿Acaso te he pegado con un libro en la cabeza y te has vuelto lista? -ironiza el chico.
-No que yo recuerde.
-Ni te esfuerces, no entenderá ninguno. -interviene Ainhoa con la mirada en el humo negro.
-¿Y se suponía que yo era la Viva ahí abajo?
-Nunca se sabe hasta que se demuestra, amiga...
-¡Hoy no estoy para filósofos! -corta Ainhoa, nerviosa.
-Se enfada. -susurra Nerea, aunque lo suficientemente alto para que la otra la oiga, y hace una mueca de enfado, aunque actúa como si nada pasara.
Un grito se escucha desde el interior de una casa y los tres miran fijamente hacia el lado donde oyen el ruido, del cual se avecina una lluvia de ¿fresas pochas?
¿Nadie se ha dado cuenta de que esa fruta no está en temporada? O eso cree que Ainhoa oyó ayer a la señora Esperanza cuando su hija exigía uno de ellos.
Todos quedan cubiertos en rojo.
-¿Por qué la boca me quema? -exclama Nerea mientras que saca la lengua y hace una mueca de asco y dolor a la vez.
-Por tener la boca abierta, si ya dice la señora Esperanza que por boca cerrada no entran moscas.
-¡La tenía cerrada!
-Pues entonces entran fresas pochas. Y si te preparas también limones a los que les falta un par de meses para estar comestibles.
Las chicas se fijan y junto con Fabio salen corriendo bajo las escaleras y se escondes tras una de ellas, aunque Fabio, es demasiado alto para esconderse del todo, y un limón le da en la cabeza.
-¡Auch! -exclama Nerea.
-¿Quieren una guerra de comida? -pregunta Ainhoa. -¡Pues la tendrán! -asegura.
Coge del brazo a Nerea y el chico se levanta como puede para seguirlas mientras que formula la pregunta en la que lleva pensando durante un rato.
-¿Qué quieres hacer? -pregunta.
-¿Qué es lo que nos han mandado?
-¡Fruta asquerosa y dura! -responde Nerea por Fabio.
-¿Qué es lo que les daremos?
-¡Fruta de la buena para que aprendan lo que hay que dar!
Fabio y Ainhoa miran extrañados a Nerea.
-¿Qué? Estaría más cómoda con el maldito murciélago.
-Espera un poco. -intenta asimilar Ainhoa. -¿Sabes cómo se matan esas cosas?
-Sí.
-Entonces es fácil, ¿cómo se matan? -pregunta Fabio.
-¿Por qué? -interviene Ainhoa.
-Porque esos murciélagos están echas de la misma materia que las copias que nos mandan. Los tipos de las capas no se pueden convertir en niebla a menos que sean copias.
-Es fácil matarlos. -comenta Nerea.
-¿Cómo? -preguntan Fabio y Ainhoa.

viernes, 7 de febrero de 2014

Capítulo 44

Abre los ojos y se incorpora para encontrarse en el sofá, con los pelos de loca, despertada por un extraño y escandaloso ruido.
Se aparta la manta que lleva por encima, algo que no tiene mucho sentido tratándose de verano, pero apenas tiene sentimientos, y los que ha ganado últimamente no le sirven para nada.
Se encuentra con Nerea, en el suelo, retorciéndose de dolor con una silla rota, en su brazo está clavado una astilla que más que una astillita parece un trozo de madera incrustado en la zona superior del húmero.
Ha aprendido esa palabra y la usa solo porque Fabio insiste en que hay cosas que hay que saberse, y los nombres de los huesos lo son.
Cada día más niña, seguramente se encontrará en la edad mental de... ¿siete años?
-¡Me duele mucho! -grita casi sin aire la pobre.
-¿Estás lista? -pregunta Enara, entrando en la cocina, con un humor que está sobre las nubes, puesto al parecer, ese día tiene que ser importante.
Leo también parece contento cuando entra detrás de ella, y no parecen fijarse en la dolorida niña en cuerpo de adolescente que no para de hacer la croqueta de un lado a otro de la cocina.
Esa escena es de lo más extraña.
Corrección: muchas, la mayoría, de las escenas de su vida son de los más extrañas.
-¿Qué tal has dormido hoy? -consulta Fabio por detrás, preocupado.
-¿Bien?
Ainhoa no sabe qué decir, tiene la mente en blanco, apenas recuerda el último día movidito de ayer, en el que no pararon en todo el día.
Con el cuidado del jardín también pasaron un buen rato y Omar pareció lo más distante posible, a pesar de todo, y aunque ella quiera, Ainhoa no puede encontrar razones para odiar o pensar que Omar los esté traicionando, por mucho que sea hijo de un Olvidado.
-No sabe qué día es hoy, ¿lo escucháis, chicos? No tiene ni idea. -resume Elías con una sonrisa burlona que desaparece cuando ve a Nerea-Croqueta. -¿Alguien aparte de mí se ha dado cuenta de que tenemos una nueva fregona en el suelo?
-Fregona la que te va a entrar por la boca si no sacas Marcos de aquí antes de que me saque de quicio.
-¿Todavía no has salido de quicio?
-No juegues conmigo, Elías, que acabarás mal.
-Lo dudo, te he salvado un par de veces, Princesa Valeria. ¿Vienes, Leo?
-Un poco más tarde, por ahora me quedo.
Ainhoa desea poder ser invisible en ese momento, ¿hay algún don heredado como ese? Ojalá, sería el mejor de todos.
Cuando todos por fin centrar su atención en Nerea, alias la Croqueta-Fregona-Lamida-Ahora-Mismo-Por-El-Baboso-Perro, Ainhoa cierra los ojos y aprieta los puños.
Se concentra como cuando lo hizo con Margarita, en busca de pruebas que le den la solución de lo que están hablando, aquello de lo que no se acuerda, entre muchas otras cosas.
<Recordar. Nerea>
Esas son las únicas dos palabras que le vienen a la cabeza, pero suficientes para encontrar la solución del rompecabezas del que no se acordaba.
¡Perfecto! ¡Tiene que hacer recordar a Nerea!
Muchas veces parece la sirvienta, pero tiene que admitir que le gusta que su poder sea útil y que haya sido empleado tantas veces para poder ayudar a los demás, eso la llena.
-¿Cuándo empezamos, pues? -pregunta impaciente.
-Tranquila, Miss Olvidada, todo a su tiempo, antes hay que sacarle la astilla.
-¿Es muy grande? -solloza Nerea al oír a su prima.
-No, tranquila, no es nada, un pinchacito de nada que como siempre estás exagerando.
-¡Menudo trozo de madera tienes! -dice Omar cuando entra a la habitación.
-¿Eres gilipollas o qué te pasa? -grita Enara y Nerea comienza a llorar lágrimas negras.
-Bienvenidos al nuevo circo. -murmura el pelirrojo.
A Ainhoa se le escapa una pequeña sonrisa que intenta controlar saliendo de la cocina y tras envolverse con la manta, salir al jardín trasero.
Detrás de ella, sale Leo, que no parece muy agradado por el espectáculo que se ha montado ahí adentro, suspirando hasta por los pájaros cantando.
-Al único animal que soporto es al perro. -suspira en voz alta tras sentarse al lado de Ainhoa.
-Yo al único animal que consigo soportar sin tirarme por la ventana es a Elías.
Leo se ríe.
-Es un chico agradable cuando lo conoces por completo, pero le gusta meterse contigo por cómo reaccionas, ¿no piensas que eso es lógico?
-Pues no.
Leo la mira incrédulo, la creía más lista, o por lo menos que entendía las cosas más rápido, ¿por qué todos tienen opiniones distintas y falsas sobre ella?
¡No es la súper inteligente y buena luchadora que se enfrenta a los poderosos! Simplemente es la única valiente que se atreve a decir algo.
Tadeo baja las escaleras patosamente y se acerca a su dueño, que lo acaricia tranquilamente mientras que el sol los ilumina a ambos. No es desagradable, ¿quién lo habría pensado? Se está bien con esa brisita de verano.
Ainhoa cierra los ojos y sonríe, en ese mismo momento puede pasar lo que quiera, pero por primera vez en la vida que recuerda, lo está pasando bien.
-¿Alguien tiene una fregona? ¡La nuestra se ha estropeado! -chilla Elías. -¡Y el chico del perro! ¡Te esperamos!
¿Alguna vez va a cerrar su bocaza ese chico?
-¡Adiós, Pequeña Bruja-Niñata!
-¡Adiós, Bocazas!
-¿Solo eso?
-Ya iré añadiendo más adjetivos, pero estás de suerte, tengo un buen día.
Elías se encoge de hombros y ayuda a Tadeo a levantarse, ese día está demasiado patoso, algo raro en el perro, pero bueno, lo pasa por alto, le puede pasar a cualquiera.
-¿Estoy hablando como una humana? -se pregunta para sí en voz alta.
-Una humana que se está volviendo loca, o eso pensarán los demás si, uno, te escuchan hablando contigo misma, y dos, si te refieres a ti misma como humana cuando lo eres.
-Gracias por aclarármelo, Valeria.
-De nada, para eso estamos las rubias infravaloradas. Por cierto, querida médico, tu paciente ha echado tinta de pulpo y ya se ha tranquilizado para que le devuelvas todos esos bonitos recuerdos de la infancia. -ironiza la chica.
Cuando entra, se encuentra con Fabio, metido de cabeza en fregar el suelo con una escoba, al parecer, el chico más inteligente del grupo, es también el menos observador.
Lo divertido es que nadie se lo ha dicho, más divertido será cuando se de cuenta bastante más tarde.
Fabio se desespera mientras que esparce las lágrimas de una de las benjaminas del grupo, que ahora, más tranquila y con un par de meses menos, mira a Ainhoa como un corderito asustado.
-¿Me vais a meter agujas? -pregunta la pobre.
-Tranquila, solo te estrujaré la cabeza.
-¿Y vas a hacer una sopa de letras?
Ainhoa la mira extrañada, pero se termina riendo. Hoy no hay nadie que le vaya a sacar de quicio. Eso hasta que el timbre suena.
Omar abre rápidamente la puerta ante la cara de dudas de todos los demás cuando Fran entra sin preguntar buscando a alguien con la mirada y sonríe a todos.
-¿Qué pasa? -pregunta Fran. -¿Tengo monos en la cara?
-No, pero sí un murciélago dientes de sable en la espalda. -escucha Ainhoa susurrar a las primas a la vez ante la cara de atónitos de todos los demás.
Justo cuando Ainhoa ha puesto sus manos en la cabeza de Nerea...

miércoles, 5 de febrero de 2014

Capítulo 43

Querido hijo:
Necesito hacerte una importante pregunta que me preocupa desde hace un tiempo que me preocupa por todo: ¿quién soy?
La pregunta puede ser bastante obvia: ¡pues tú! Pero no habli de eso mismo, quiero algo más específico.
Cuatro niñas no paran de mirarme, una de ellas es pelirroja, no para de pintar las paredes con las manos, la rubia y la morena no paran de correr arriba abajo y desaparecer, por último, la chica con el pelo de color arena no para de mirarme.
Es extraño, y tengo que admitir que da algo de miedo que me mire con esos ojos grandes y fijos en los míos.
La chica pelirroja me mira con sus ojos miel, esos que tanto llaman la atención, y bueno, como pensarás, ahora que mi miedo se duplica.
Una señora mayor me llama, es hora de mi revisión, o algo así le llama a meterme un palo por la boca y ver si vomito negro o no.
Es asqueroso, pero a muchos no le importan que le hagan eso.
A mí, por lo menos me da repelús.
Detesto que sea mi hora, pero prefiero pasar antes que quedarme a las miradas de dos chicas, que de repente, como si estuvieran conectadas de alguna manera, se convierten en cuatro.
-¡Vamos, el callado! ¡Muévete! -grita una voz masculina y grave por el interior.
Bruno.
Eso es lo que llego a leer de lo que pone en el pequeño cartelito que le cuelga del cuello, muchos los llevan ahora, y es señal de que de cierta manera cutre, son los importantes de todos ellos.
Han pasado nada más y nada menos hablando arriba y abajo de cosas que no entendía yo, porque más que chino, sonaba al idioma de las luciérnagas, esas que van con luces.
Lo divertido ha sido que han aparecido unas luciérnagas delante de mis narices, pero he chillado como una nena y el chico ese, Bruno, me ha llamado maricón.
Si fuera por él seguro que me pondría uno de esos carteles por muy importantes que fueran con aquella palabra, solo para humillarme.
Todos parecen amables y sinceros, él en cambio es el mismísimo diablo.
Pero no hay mucho de que hablar.
Han dicho algo sobre una organización secreta, (no debe ser secreta pues supuestamente la conocen todos los Olvidados) y también sobre alguna amenaza mayor que no la conoce nadie.
Te digo yo que ni la una ni la otra tienen buena pinta, pero gente dice que tu padre volverá pronto a casa, antes de lo que tú te esperas, y ya no volverá a ser llamado maricón por Bruno el Demonio.
Aunque tampoco me estoy volviendo loco con el tema, la señora mayor, tan amable como siempre, lo ha llamado Brunito cariñosamente.
Eso ha sido una apuñalada en la espalda para el ego del veinteañero, o por lo menos eso pensaba él ante el fuerte abrazo de... ¿María?
¡Ya ni me acuerdo de mí ni de las cosas que he visto hace cinco minutos!
Llevo escribiendo notas y cartas como estas, pero por lo que parece han desaparecido, y soy el único que no sabe quien es.
Entonces he encontrado una carta sin enviar a un supuesto hijo y escrita por mí, por lo que por eso te lo pido, de amigo a amigo, o de padre a hijo, como prefieras.
Aunque como no sé nada... prefiero que sea de amigo a amigo.
¡Ah! ¡Y no te olvides de contestarme!
Puede que lo demás fuera optativo, pero hijo, esto es obligatorio y necesitado. ¿Tanto rencor guardas a este cabeza-hueca como para incluso impedirle lo que te pido?
Gracias por todo,
Te quiere,
Papá.

Querido señor,
No tenemos idea de quién es usted y nos envía este tipo de cartas, las recibimos todas ayer, y siento comunicarle que para empezar mi marido las quemó todas porque pensaba que le había sido infiel, lo cual no es así, tengo ochenta años y lo dudo mucho, seguro que usted apenas roza los treinta y cinco. Con todas disculpas, creo que debería de ir a un psicólogo.
Con supuesto cariño, no sé ni lo que le deseo más que buscarse un médico,
La Señora a la que Acaba de Fastidiar la Vida.