viernes, 28 de marzo de 2014

Capítulo 58

Gota tras gota, tumbado en el suelo, siente cómo su cuerpo ya casi no puede más.
Eso es lo que pasa cuando se traiciona a alguien de tal manera en la que la rabia se apodera de él y te da el mayor castigo en la vida puedas llegar a conocer.
Y es que durante años ha mentido a su propio hermano y ha manipulado a su mejor amigo. No es que se sienta orgulloso de ello, pero lo veía necesario.
Porque sí, Hermenegildo, hermano del más poderoso Julián, es rebelde.
-Eres idiota. -comenta la ronca voz de Abraham.
Hermenegildo se incorpora.
-No hace falta que tú también me lo digas.
-No, eres idiota por no habérmelo dicho antes.
-Para que tú, siendo el pequeño siervo de mi hermano que eres dejara que éste me matara. ¡Pues no! He echo lo correcto y no me arrepiento de nada.
La cara de Abraham se ilumina entre los barrotes mientras que Hermenegildo, por primera vez en su vida, siente dolor.
-Haces bien en no arrepentirte de nada, porque ha llegado el momento.
Hermenegildo se aclara la garganta. Él es la gran excepción. Él es el único que va a morir en la hora de Sanación, rodeado de poderosos inútiles que lo único que pretenden es hacerse con algo más que todas las tierras que se extienden por Daemón.
Abraham abre la celda y lo saca con la mano.
-¿Sabes que no he perdido tanta fuerza como para huir de ti?
-Pero no lo harás, amigo. Nada es lo que parece, no te necesito débil. Sé que has salido de Daemón y has visitado a tu sobrino durante su estancia ahí.
-Eso todo el mundo lo sabe. Pero el muchacho está vigilado por la ADM, por lo que Julián y Dolores piensan que está bien.
-Ya, pero vamos, sígueme.
Hermenegildo se dirige hacia las escaleras, pero Abraham lo redirige hacia una pequeña puerta que se encuentra en la otra punta.
-¿A dónde vamos?
-¿Crees que los poderosos se perderían la hora de la Sanación solo por verte morir? ¡Claro que no! Estoy seguro de que tu hermano, furioso, te mataría delante de todos los demás poderosos y te colgaría en la plaza solo para humillarte.
-Bonita familia la que me ha tocado.
-Tú lo has dicho.
-Pero entonces, ¿a dónde me llevas?
-Han venido.
-¿Los de la ADM?
-¡No! ¿Cómo van a venir esos vagos aquí si ahí arriba tienen de todo y la ventaja añadida?
-Porque se les habrán cruzado los cables.
-No, Hermenegildo, han venido las... bueno, tú ya sabes a lo que me refiero. Ellos nos sacarán de aquí, tú no tendrás que morir, mi nieto dejará de sufrir y podremos unirnos a los que por fin darán la victoria a los Olvidados.
-¿Tú crees? Todos los poderosos tienen dones, con excepción de Paco, por eso éramos amigos, y que yo sepa, ellos lo único que saben hacer es actuar.
-Por eso, tenemos el efecto sorpresa. Algo que ellos no tienen.
-¿A quién crees que los del pueblo se unirán, eh? ¿A unos poderosos que tienen un ejército entero escondido o a unos campechanos a los que acaban de encontrarse?
-¿Los poderosos tienen un ejército entero?
-¡Tú no sabes la cantidad de mágicos que andan sueltos por ahí!
-Da igual, el tema es que nos vamos. Somos pocos, pero con ellos, el efecto sorpresa y todas las ventajas que tenemos contigo, podremos vencer.
-Los poderosos tienen tecnología, armas, poder y unas cosas que nunca vas a ver en la vida. Ellos tan solo tienen el efecto sorpresa. La victoria ya está señalada.
-No adelantes acontecimientos, Hermenegildo y sigamos. ¡Tenemos que irnos!
-¡Alto! ¿Quién anda ahí? -pregunta una voz femenina en la oscuridad.
Es Aitana. Lo que les faltaba para hacer de su huida la perfección. Una poderosa presumida que lo único que quiere es casarse con Omar, por lo tanto, odia a muerte a Hermenegildo.
-¿Hermenegildo el traidor y Abraham el carcelero? ¡Buena pareja! ¡Haré que torturen a tu nieto, viejo! Y respecto a ti, te voy a torturar con mis propias manos por intentar quitarme a Omar de la vida, imbécil.
-Esta se piensa que es el centro del ombligo. ¿Propones algo, Hermenegildo?
-Yo la he tenido que soportar casi siempre hasta ahora. Y tengo algo mejor que proponer algo para ir contra ella, ¡huir!
Los dos empiezan a correr mientras que la chica comienza a dar gritos en medio de la plaza como una loca que detesta ser ignorada o menospreciada.
-Gritando no podrá sacar a nadie de la Sanación. -comenta Hermenegildo. -Pero cualquiera que haya salido a cualquier hora tendrá que obedecerla, así que vamos rápido.
Abraham se saca unas llaves de su bolsillo.
-Se las robé a Irati. La cabaña es el centro de operación de todas las rebeliones y el único lugar donde podremos estar seguros.
-Pero esa no será una manera para huir.
-Si para ocultarse hasta que crean que hemos desaparecido por completo.
-¿No irán a mirar a la cabaña?
-¡Creen que no hay ninguna cabaña!
Los dos hombres llegan rápidamente al bosque, donde cambiando de rumbo tantas veces por las que cualquier humano podría marearse, llegan a un matojo del cual Abraham saca un silbato que no tarda el soplar.
-¿Para qué tienes un silbato que no hace ruido?
Abraham no responde, ni falta que hace. Del cielo caen unas escaleras por el que el hombre sube y luego ayuda a subir a Hermenegildo.
-Buen escudo, ¿eh? Solamente se logra ver cuando uno ha escrito su nombre de iniciación en la tablilla de los rebeldes. Es algo cutre, pero mejor que nada.
Hermenegildo queda asombrado por la pequeña caseta en la que entra y se encuentra con un agujero en el suelo, por donde se asoman otras escaleras.
-Ve bajando mientras que yo recojo esto un poco.
Hermenegildo obedece a Abraham y baja poco a poco por las escaleras para encontrarse una habitación húmeda y gigante donde se encuentra unas pocas personas.
Ahí se encuentra Carlos, el nieto de Abraham, unos cuantos del pueblo en los que entran Sara, la hermana de Valeria y José y Pedro, los amigos huérfanos de Fabio, increíblemente inteligentes. Con ellos, se encuentra también un hombre que no ha visto en su vida.
Tiene una pequeña barba castaña, al igual que su pelo, y tal y como Hermenegildo lo tiene: rapado. Una pequeña cicatriz en la frente, otra más grande en la mejilla y una última mediana en la barbilla que le distingue de ser un Olvidado, al igual que sus ojos, uno de cada color: el izquierdo verde y el derecho negro. La piel es clarita, y desde luego, es un hombre que impone mucho con esa mala pinta.
No parece ser de ese grupo que si es mencionado en Daemón por rebeldes, los poderosos descubren la imagen de uno de ellos. Fue la maldición que uno de los poderosos consiguió echar a uno de ellos una vez.
-Hermenegildo, te presento al líder del grupo que tú ya sabes: Osvaldo.

miércoles, 26 de marzo de 2014

Capítulo 57

Gracias a todos por formar parte de mi historia, estoy encantada. Este espacio también lo reservo para una amiga que me retó a ver si ponía cierta frase... para que veas que lo he echo. Nerea.

Ainhoa y Omar se giran rápidamente.
-Os he seguido. -prosigue la voz que iluminada por la luna muestra a una chica no muy alta con el pelo castaño muy claro.
-¿Cómo? -curiosea Omar.
-Pelo.
-¿Pelo?
-Sí, el de mi gato. -termina la chica.
Ainhoa mira con la boca abierta, es una de las escenas más raras que ha vivido desde que nació en ese mundo oscuro, donde cosas raras no suelen pasar.
Un gato sale entre la hierba y su dueña la coge apoyándola contra su pecho mientras que ésta acaricia su suave pelo gris.
-¿Es ella? -pregunta Omar a Ainhoa.
-¿Dónde está tu intuición masculina? ¡Pues claro que no es ella! Si hubiera sido ella te habría dicho que corrieras, ¿no te parece?
-Ni idea.
La chica sigue con una sonrisa en la cara la conversación de ambos, pero se ríe de una carcajada sobre lo que su gato al parecer le dice.
-¿Está ida? -pregunta Omar.
-¿Qué?
-Si está loca.
-Pues claro.
-No soy yo, es mi gato. -dice ella como si nada.
-¿Y qué ha dicho? -curiosea otra vez Omar.
-Nerea es una tía buena. Esas han sido sus palabras.
Los otros dos se miran extrañados, ¿dónde narices se han metido? ¿Están soñando o en algún punto se han dado un golpe enorme en la cabeza?
-Lo siento, me he confundido, era sobre Valeria.
Por alguna razón a los dos les parece más normal eso.
-¿Sabes dónde está Valeria? -pregunta Ainhoa instintivamente.
-Yo no, pero mi gatito sí, ¿verdad? De echo él os ha encontrado como si fuera un magnífico perro, lo mejor que he conseguido en mis años.
-¿Cómo te llamas? -añade Omar.
-Mi nombre es Olatz, así se llamaba mi madre. Era vasca. Mi padre se llamaba Ramón. Era madrileño. Y mi gatito se va a llamar... ¡Gris!
-Es decir, que acabas de robar el gato.
-Lo he encontrado, majo, que no es lo mismo.
-Pues bien.
Ainhoa le da un codazo a Omar.
-¿Y nos puede llevar tu gato al chico que va a cambiar de comportamiento y a mí? -pregunta la chica con un rayo de esperanza.
-Déjame pensar... ¡No! ¿Cómo os llamáis?
-Ainhoa y el que va a cambiar de comportamiento es Omar.
-Hola. -dice el chico saludando con la mano.
Todo aquello es extraño, pero parece que la chica tiene una aura extraña que la rodea, como si brillara más que las estrellas que tienen encima esa noche.
La chica los mira de arriba abajo repetidamente para encontrar cada detalle de cada uno de sus nuevos conocidos.
-Oye, no es que me moleste que me mires de arriba abajo una y otra vez, ¿pero podrías hacerlo con un poco más de disimulo? -rompe el hielo Omar.
-Que sepas que no me caes nada bien. -responde firme Olatz mientras que se dirige con una sonrisa a Ainhoa. -¿Qué necesitas? -añade sin tener en cuenta al chico.
-Unas plantas.
La chica arquea las cejas y con paso firme se dirige entre los dos llevando a su gato Gris recién encontrado en brazos.
-¿En serio que la vamos a seguir? ¡Está tarada!
-Estará tarada, pero por lo menos parece fiable y no uno de la ADM.
-¿Conocéis a la ADM? -pregunta la chica girándose.
-¿La conoces tú? -añade Omar con cara de extrañado y palabras lentas.
-Pues sí.
-Nosotros también.
-¿Sois mágicos? -interroga la chica con una vena en la frente que por un lado muestra tristeza y miedo por el otro.
-¿Lo eres tú?
-Ya he hablado demasiado. Olatz y Gris se despiden de Ainhoa. ¡Adiós! -dice ella mientras que empieza a correr rápidamente.
Ainhoa hace el ademán de seguirla, pero Omar la sujeta por el brazo tan fuerte que la chica no consigue escaparse.
-No se ha despedido de mí. -se queja Omar y mira a Ainhoa. -No es la única persona con la que hoy te has encontrado y que parece saber más de ti que tú mismo, ¿verdad?
Ainhoa lo niega con la cabeza.
-Ya. A mí también me ha aparecido una explotadora que no para de maldecirme con palabras raras. No me acuerdo de su nombre, pero siempre aparece cuando estoy solo.
Ainhoa piensa en la chica que le dijo aquellas palabras. Imita a tus amigos. Pero, ¿en qué los puede imitar si parece que no los conoce de nada?
Hay demasiadas cosas ocultas. Demasiadas. Y cada uno, tiene más de un secreto que termina perjudicando la paciencia y el autoestima de Ainhoa.
-¿Cuántas cosas no sabemos de ti, Omar?
-Pocas, pero tampoco os esforzáis en conocerme... ¡menos tú! -detalla antes de que la chica lo mire con esos ojos que dan tan mal rollo.
-Es que no te dejas conocer.
-¿Y crees que tú sí?
-Bueno, no empecemos. ¿Por dónde puedo empezar a conocerte?
-Sabiendo que soy el hijo que mi padre nunca quiso tener y que mi madre mima para hacer con él lo que le de la santa gana. Te toca.
-Soy huérfana. Tu turno.
-¡Venga ya! Yo con eso te he contado mucho.
-Y yo con lo mío también. No conozco a mi padre y por alguna extraña razón tengo una obsesión tremenda por descubrir quién era. Aquí es el único sitio donde he podido desconectar de eso.
-¿No crees que puede ser que es porque te encuentras cerca?
-¿Qué?
-Lo que digo es que, puede que ahí la obsesión fuera grande porque él quería que supieras sobre él, toda la verdad, pero que tampoco te pudiera decir donde está porque puede que haya algún peligro con eso. Por eso aquí no estás obsesionada, porque estás cerca de él y tienes que encontrar dos caminos.
-Buena teoría.
-Gracias.
-Si es que todos vais a ser inteligentes menos yo.
-Has sido tú quien por su cuenta decidió venir aquí, así que tienes todo el mérito.
Ainhoa sonríe. Jamás había hablado tanto sobre su padre y sobre su antigua familia, del cual madre no conoce de nada. Pero Omar ha echo que hable. Ha echo que hable y le ha dado las mejores noticias del mundo además de abrirle los ojos.
-Y sobre las plantas...
-Ahora te llevo...
-¡No! ¡No hace falta! Hace mucho que me he dado cuenta de que no había ninguna planta que seguir. Si Fabio necesita que me aleje... ¡pues me alejo!
-Tengo una duda.
-Dime.
-Pero, y si te dijéramos que vamos contra los poderosos y que vamos a matar a todos... ¿tú qué harías?
-No lo sé.
-¿Permites que te cuente un secreto?
-Dime.
-Es por esa razón por la que ninguno de ellos confía en ti. Porque tienes dudas de sobre qué es lo mejor. Y yo lo único que te hago es dar una oportunidad para demostrar. Pero desde ahora te tengo que dar una mala noticia, es hora de que elijas. O tu familia poderosa, o nosotros.
-No eres la única que me ha comentado eso.
Ainhoa se queda de piedra. Las palabras de Omar le han llegado como un cubo enorme lleno de agua fría que le echan a la cara para despertarse. No hay mejor bofetón que ese.
-Omar, si pretendes que te ayude, me lo vas a tener que explicar.
-Es bien simple. Aparte de la loca, hay otra persona que me hace elegir entre vosotros o los poderosos, y hace mucho que no lo veo... hace demasiado que no me habla... hace demasiado que pienso que han podido hacer de él cualquier cosa.

viernes, 21 de marzo de 2014

Capítulo 56

Sacarle lo que pueda... va a ser muy difícil, de echo, no se han hablado desde que han dejado a Leo y Enara delante de la casa de Fran.
-¿Dónde estaba la planta esa extraña? -pregunta Omar rompiendo el silencio del atardecer.
Ainhoa piensa rápidamente, que todo pase por su cabeza lo antes posible y buscar una respuesta a ello es algo difícil.
-¿Te ha comido la lengua al gato?
-Pues a ti ya te ha dado con las frases echas.
Omar sonríe, pero le sigue mirando con firmeza esperando una respuesta. Ainhoa se encoge de hombros: ya sabe qué hacer.
-No te lo puedo decir. -dice al final.
-¿Cómo?
-¿Estás sordo? ¡Que-no-te-lo-puedo-decir!
-Bu.
-¿Bu?
-Bu... -repite Omar. -Lo siento es una costumbre que tengo desde niño para decir seguro, siempre hago lo mismo y nadie lo entiende...
A Ainhoa le parece adorable... ¡Bu! Ya se imagina a Omar creciendo y repitiendo la palabra tantas veces como a ella se le ocurra. No se aburre con su pequeña fantasía, pero Omar sí de esperar.
-¿Ainhoa?
La chica parpadea, cambia la palabra por su significado y suspira.
-No insistas, que no te lo puedo decir ahora mismo.
-Si dices ahora mismo es porque me lo vas a terminar diciendo, así que, mejor antes que después.
-¡Que no insistas, leche! Que me enfado.
-No, no te enfadas.
-¿Cómo que no?
-Sonríes como una tonta, eso no es enfadarse. -dice el chico y la mira sonriente él también.
Ella no contesta, no hace falta, ni él cree que lo haya. Está claro, los dos se ríen muy bajo mientras que avanzan por el sendero.
-Bueno, pues vamos a buscar los otros ingredientes.
-Ya lo estamos haciendo. -contesta rápidamente Ainhoa.
-Sabes que me estás siguiendo tú a mí, ¿verdad?
-Sí, pero es que vas en el buen camino.
-Intuición masculina.
-Nunca lo había oído.
-No yo, pero al parecer va a haber una más fuerte que la femenina.
-Fijo, fijo, sigue soñando.
Siguen andando un poco más y Ainhoa cuida de cambiar de rumbo unas cuantas veces para que Omar no se de mucho cuenta sobre lo que ocurre.
Un ruido detrás de ellos hace que Ainhoa se gire y mira hacia atrás, Omar también lo hace, pero él se acerca mucho más que ella.
-Es solo una lagartija.
-Bien. -responde la chica y de repente se da cuenta de algo.
-Oye, una cosa, ¿qué animal es una coalla?
-Es una koala.
-¡Ah!
-¿Por?
-Nada, no sé qué escuché el otro día sobre un animal llamado coalla y como no me sonaba de nada...
-Le preguntas al antisocial que se pasa el día en casa porque no tiene nadie con quien hablar, ¿verdad?
-No era por eso, como he visto que sabes qué animal es cual...
-Me paso el día en casa viendo documentales, y que no te extrañe, tampoco hace falta que me des razones, si ya los sé.
A Ainhoa le molesta ese comentario.
-¿Qué quieres decir?
-Soy hijo de poderosos, la falta de confianza se ve sin necesidad de decir nada.
-Pero si eres bien simpático, que yo sepa no eres capaz de matar una mosca.
-¿Me estás llamando debilucho?
-¿Acaso no lo eres?
-Tienes razón, pero no gusta que se te digan tus defectos, ¿verdad?
-No. -admite Ainhoa.
-Pues ya está. Pero que sepas que no me creo ni una palabra tuya.
-¿Ahora quién es el desconfiado?
-Servidor.
Los dos se callan y Ainhoa sigue con la mirada a Omar cuando el chico se cruza delante de ella para seguir con el camino. Ella lo alcanza rápidamente.
-¿Qué te hace pensar que todos queremos darte de lado?
-Por miedo. Me tenéis miedo.
-Yo no.
Omar se para al instante y Ainhoa lo sigue. Se da media vuelta para mirar a Omar.
-No empecemos otra vez con lo mismo.
-¡No! ¡Sí que vamos a seguir con lo mismo! Dime solamente una vez en la que yo haya querido huir de ti en cualquier momento.
Omar se queda pensando.
-¡Ahí lo tienes! Ni una. Y puede que seas el hijo de un poderoso, puede que algunos te tengan miedo y otros desconfíen de ti, pero no le me des motivos para ignorarte, porque soy la única que tiene algo de esperanza de que no seas como tus padres.
-Vale.
-¡Pues bien!
Los dos siguen hacia adelante sin decir mucho más, pero a Omar le revolotea una frase por la cabeza que no para de darle vueltas y vueltas. Sin darse cuentas empieza a pegar unas pequeñas piedras que encuentra por el camino.
-Suéltalo. -empieza Ainhoa.
-¿Cómo?
-Lo que te pasa pro la cabeza. No soy una ignorante, ¿sabes?
-Nada... otra frase echa.
-¿Importante?
-Probablemente lo que terminará haciendo que me pegues una buena torta.
-Mejor que no lo digas.
-Mejor.
En un instante, Ainhoa ha pasado de enfado a alegría, una pequeña de normalidad, pero alegría muy en el fondo, algo que es capaz de quitarle y devolverle Omar en menos de un minuto.
Andan si rumbo, el uno siguiéndole al otro, sin mirarse a la cara, pero tampoco se fijan en el camino que se encuentran siguiendo.
Un gran prado se extiende a su alrededor, con hierba un poco alta y preciosa a la luz de la luna que resplandece ante tal oscuridad.
-Por cierto, ¿dónde estamos? -pregunta Omar mirando alrededor.
-No tengo ni... ¡mierda!
-¿Qué pasa?
-Estamos en el mismo lugar donde me atacó la chica que al parecer conocía.
-¿Qué chica?
-¡Y yo que sé! No me acuerdo de su nombre.
-¿Crees que sigue aquí?
-¡Qué pregunta más tonta! ¡Claro que no está aquí! Pero vosotros tampoco deberíais. -dice una voz femenina por detrás tuyo.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Capítulo 55

Llevan unos minutos sin hablarse, y entre las miradas perdidas en la puerta se encuentra la de Ainhoa, quien por primera vez no tiene ganas de luchar.
Nerea sonríe tímidamente a Ainhoa cada vez que esta última desvía un poco su mirada hacia la derecha, donde Omar está sentado.
Elías y Leo parecen hablarse con su mirada, y a pesar de que sean tan distintos, parecen ser lo que uno necesita para el otro.
Fabio se frota la barbilla y se muerde el labio inferior mientras intenta encontrar la manera de encontrar a Valeria.
Él parece ser el único que se preocupa por la rubia y lo que puedan estarle haciendo en la ADM, quienes parecen ser sus secuestradores.
Como bien ha hablado Ainhoa antes con Fabio, se da cuenta de que él tenía razón ya que todos los demás tienen cosas mejores en las que pensar que eso.
Y si eso ocurre en un momento crítico como este...
Enara es la única que parece estar afectada por algo, ya que se tapa la cara con las manos intentando ocultarse, algo que los humanos usan mucho.
Unos pequeños agujeritos, en cambio, le han estado mostrando el que Rafa le ha obligado a querer.
Y es que si correspondido no es, es todo culpa suya. Solo suya, como siempre ha estado acostumbrado a ver. La gracia es que siempre le ha sacado el lado positivo a sus caídas, algo que Enara ha aprendido a apreciar del hombre que no para de agobiarla.
Hay algo más en cada uno de sus pensamientos que ninguno quiere decir, el miedo a ser descubiertos o a que les juzguen, sobre todo a esto último.
-No van a venir. -concluye Leo mientras que se levanta.
-Hombre, en caso de vuelta, habrían estado aquí... ¿hace cinco horas? -calcula Omar.
-¿Llevamos cinco horas esperando? -exclama Enara quien se destapa las manos y su palidece rápidamente.
-Más. -corrige Fabio.
-¿Y qué pretendéis que hagamos? ¿Buscar a la ADM en Google Maps y llamar a su puerta para que nos dejen entrar y liberar a Fran y Valeria? -ironiza Elías.
-Por ahora no. Tenemos que mentir y trabajar toda la noche. -responde Fabio, pensativo.
-Pero si hemos estado luchando contra aire. -se queja Enara.
-Ser o no ser, esa es la cuestión. -añade Omar.
Todos lo miran mientras que el chico levanta las cejas, nadie le da importancia.
-Pues nosotros hemos estado luchando contra copias de la gente de carne y hueso que se han convertido en ceniza. Llevaban capas chulas. -opina Elías intentando quitar tensión.
-Hay algo más debajo de las capas, hay personas que nos conocen y al parecer, que nosotros conocemos también. Cuando iba a por Tadeo... -comienza Ainhoa.
-Tadeo estaba aquí. -aclara Leo.
-¡Da igual! La cosa es que cosas muy raras me han pasado, y entre ellos, gente a la que conozco me ha dicho cosas muy extrañas. Pero da igual. Se puede empezar por eso, ¿verdad?
Enara asiente y mira por la ventana.
-Yo tengo unas ideas en la cabeza que tengo que comenzar a hacer ahora, y para ello necesito la ayuda de Nerea y Elías. -dice Fabio mientras mira a Ainhoa.
Ella lo comprende todo a la primera. Si no hubieran estado hablando de ello, habría desconfiado de él, lo que teme que los demás hagan.
-¡Es verdad! -exclama Ainhoa para sacar la situación. -Cuando estábamos luchando ha pasado eso... será mejor que te pongas con ello. Que yo sepa necesitas más material, iré por él.
Nerea y Elías no comprenden nada, pero por cómo Fabio le está clavando el codo en la espalda a Elías y por cómo Ainhoa mira a Nerea, no les queda otra cosa que asentir y mentir.
-Yo quiero estar con mi prima... -susurra Enara, pero en realidad, Nerea nota cómo se esconde un poco de mentira en su voz, algo que por suerte, los demás no notan.
Un cruce de miradas que indica a Enara que Nerea quiere hablar luego con ella, que luego se dirigen hacia los dos chicos que faltan. Lo entiende al instante.
-El murciélago le ha echo daño a Tadeo, yo lo cuidaré. -anuncia el chico.
-Yo y Enara sabemos cómo curarlo, pero yo me tengo que ir con ellos, ¿te parece, Enara, si ayudas a Leo con su perro? -pregunta Nerea.
-Claro, no hay problema. -responde ella asintiendo con la cabeza.
-No conviene que estemos solos. Cualquier ayuda puede ser mucha a estos tiempos. Valeria estaba sola y mírala ahora. Omar, ve con Ainhoa. -pronuncia Fabio, que en realidad quiere mantenerlo lejos de toda cosa que él vaya a hacer.
-Vale. -es lo único que los dos dicen al mismo tiempo.
-Un momento. -añade Ainhoa al poco tiempo y se va a buscar una hoja vacía donde con un lápiz de color azul oscuro que está por ahí comienza a escribir rápidamente y luego extiende a Fabio.
Fabio lo lee todo mientras que Ainhoa le espera para que le de su opinión.
-Sí. Está todo lo que necesitamos... ¡pero espera! Busca esta planta también. Seguramente no lo vayáis a encontrar por ahí, pero inténtalo, es de gran importancia.
Fabio escribe en la hoja y se lo enseña a Ainhoa, ella hace un tiempo como si lo fuera a memorizar y se lo vuelve a entregar con una sonrisa.
-Nosotros también tendremos que salir. -comenta Enara.
-Ya que estáis, ¿podéis hacerlo en el jardín? Supongo que ahí será un mejor lugar. -opina Nerea.
-Y comentar a Esperanza que su hijo se va a quedar a dormir con nosotros, que no pasa nada y que nosotros le dejamos el pijama. Haced lo que podáis para que se lo crea. -añade Elías.
Leo y Enara asienten y los cuatro salen de la casa.
Fabio, Elías y Nerea se han quedado solos.
-¿Qué vamos a hacer? -pregunta inmediatamente Nerea mientras que Elías le arranca la hoja de las manos a Fabio.
-Descifrar lo que a Ainhoa le ocurre, dónde está Valeria, obligaros a que me contéis toda la verdad que sabéis y curarte. Eso es lo que vamos a hacer.
-¡Joder! ¡Sí que escribe rápido! -comenta el chico. -Y sí que tiene sueños raros.
-Sueños o visiones, quién lo sabe, incluso quizá son recuerdos de otra gente.
-¿Mi abuela? -pregunta la chica a Fabio.
-¿Qué pasa con ella? -responde este.
-Nada, aunque luego te voy a contar toda la verdad, por lo que ya te darás cuenta.
-Tenemos que comenzar, chicos. -dice Fabio haciendo plantas de ignorar lo que Nerea ha dicho, pero justo lo contrario, le parece de lo más interesante.
-¿A buscar todo esto? ¡Parece salido de la cabeza de un loco!
-Sobre lo de antes, Fabio, ¿es que alguien que puede recordar cosas puede tener visiones?
-No, pero puede que no seamos los únicos que nos encontremos aquí. De echo creo que Elías, tú sabes algo que nosotros no sabemos sobre ellos. Mucho más de lo que deberías.
Elías lo ignora y Fabio y Nerea se miran.
-¿Hola? -pregunta Nerea mientras que pasa su mano por en medio de la hoja de papel interrumpiendo la lectura del chico.
-Has dicho que íbamos a empezar, así que empecemos jugando. -contesta Elías mientras que deja la hoja en la mesa y sigue a Fabio.
Nerea, curiosa, mira en la hoja.
Hay muchas frases al azar que seguro que tratan sobre las visiones o los sueños de Ainhoa, pero lo más interesante se encuentra en la parte baja de la hoja, en el apartado que ha escrito Fabio.
"Sácale todo lo que puedas. No le digas nada. No vuelvas con él hasta mañana por la tarde"
Algo tiene Omar que ver, a Nerea la de diez años no le extraña nada, de echo, tenía sospechas sobre el hijo de los poderosos, pero si fuera Nerea la de quince años, no hubiera confiado en él desde lo que ocurrió cuando el chico le salvó.

viernes, 14 de marzo de 2014

Capítulo 54

Hola a todos, espero que disfrutéis este capítulo, pero también os invito a leer el segundo capítulo de Las Chicas de Oro, que yo creo que os gustará. Un beso enorme y que disfrutéis de la lectura! Nerea. Las Chicas de Oro 2

Elías sonríe mientras observa el humo acercarse hacia él.
A medida que se acerca, Fabio y Ainhoa intentan huir del humo, pero Elías se lo impide con el brazo y los mira con una sonrisa que ha apoderado la mayor parte de su cara.
-¿Quieres morir o qué? -le acusa inmediatamente Ainhoa.
-Este es el humo milagroso, ¿en serio que nunca habéis oído hablar de él? Es algo parecido a un regalo que aparece en las victorias ganadas porque cura heridas. Se tenía por leyenda urbana.
-Me he perdido en la mitad. -comenta Nerea.
-¿Estás seguro? Si se tiene por leyenda urbana por algo será, ¿no te parece? -contradice Fabio con la razón absoluta de siempre.
Elías se agacha y sienta a Nerea en el suelo mientras que con una mirada retadora va andando hacia atrás, para mirar a sus compañeros y amigos mientras que se dirige.
Cuando se pierde entre el espeso humo, Ainhoa y Fabio miran atentamente sobre él, y corriendo y sin heridas, como si nada hubiera pasado, aparece Elías, el listillo de turno.
Nerea sonríe y mira a los otros dos, quienes están atónitos, y acepta que Elías la coja para llevarla al humo sin esperar más.
La victoria es de todos, y todos gozarán de su victoria.
Esas son las palabras que se usan para describir el humo milagroso de las leyendas urbanas que parecen no serlo tanto.
-¿Por qué aparece hoy y no el otro día? -grita Ainhoa a mitad de camino de Elías y Nerea.
-¡Porque realmente no vencimos! ¡Se retiraron! -contesta él con toda seguridad.
-Yo nunca había oído hablar del humo milagroso. -comenta bajito la chica.
-Yo tampoco, pero parece funcionar, quizá sea algo terrestre. -responde pensativo Fabio.
-¿Terrestre? ¡Pero si solo llevamos aquí un par de días! Siete más o menos... y que yo sepa, aquí lo que más se parece a nosotros es lo que hace nada quería matarnos.
-Elías sabe cosas que nadie debería de saber.
-¿Qué insinúas?
-Que es hora de empezar a dudar de nosotros mismos, de si somos buenos o no, de en qué bando estamos y de vigilar de cerca a todos los demás.
-¿Tú y yo?
-Parecen ir a saco a por ti, y yo solo soy inteligencia.
-Por eso debería de dudar de ti.
-Cierto. Por cierto, me halaga que me veas capaz de hacer alguna hazaña que pueda ser increíblemente escalofriante. -comenta Fabio.
-¿Y a los demás? Lo de Elías, vale, es un listillo, puedo llegar a comprenderlo, pero, ¿los demás? Nerea está enferma, Enara no puede soportar que ella le falte, Leo es incapaz de cuidarse de sí mismo, Omar es incapaz de hacer daño a una mosca y Valeria... ¿en serio?
-Hemos visto el poder que Nerea puede tener, ese mismo puede tenerlo Enara. Si no me equivoco, Leo bien claro dejó que su perro es terrestre. Respecto a Valeria... ¿no fue ella quien en cierta forma te salvó de aquella extraña lucha? Y Omar es simple: es un poderoso.
Ainhoa mira hacia adelante.
-Tu eres también un listillo.
-Y aunque me cueste admitirlo, no se ni la mitad de las cosas que todos los demás pueden llegar a saber, casi no sirvo de nada.
-¡Yo sí que no sirvo! -exclama la chica.
-¿Vais a daros prisa? ¡Da ganas de una pequeña competición corriendo hasta casa! -grita Nerea.
-¡Voy a ganar yo! -añade Elías.
-Vamos. -termina Ainhoa por fin.
-Si tú eres inútil teniendo un don, ¿qué es de este pobre...? -retoma Fabio.
-¿Al que no le van a tardar de crecer las alas? -interrumpe Ainhoa.
-Todavía están entre sombras. -se ríe Fabio.
Sombras. A Ainhoa le pasa un escalofrío por todo su cuerpo y su mente se vuelve en blanco mientras que una por una, vuelven las frases del extraño círculo.
Fabio la sacude fuertemente, pero la chica no reacciona, y para empeorar, sus ojos cogen un color un poco más blanco por cada segundo que pasa.
Y como si de un reflejo se tratara, Fabio no duda en dar una bofetada en toda regla a Ainhoa, quien se espabila y mira para todos los lados.
-¡Te has puesto en blanco! ¿Y luego que eres inútil? ¿Te embrujan? ¿Se meten en tu cabeza? ¡Dime que no! ¡Yo creía que no sería tan importante! ¡La leche! -exclama rápidamente.
-Fabio... ¡Fabio!
-¿Qué?
-No saques conclusiones precipitadas. Ni me hechizan, ni se meten en mi cabeza, y lo que creías que no era tan importante no me hace ni pizca de gracia, ¡ni que me faltara la cabeza!
Fabio pone los ojos como platos mientras que mira a Ainhoa y busca entre sus pantalones algo que siempre lleva en ellos.
-¿Un tuper de miniatura? -pregunta extrañada Ainhoa.
-Algo así.
-¿Qué pretendes?
-Si el humo milagroso cura las heridas físicas, ¡tiene que haber una manera para entrar dentro y que le cure la cabeza a Nerea!
-Eso ha sonado como si ella estuviera loca.
-Con tus hechizos irá a peor.
-Y con tus experimentos puede alcanzar la muerte, ¿pretendes taladrarle la cabeza?
-¡Y yo que sé! Lo importante es que demos pasos hacia delante e intentemos encontrar la manera de poder terminar con cada pesadilla.
-Eso es fácil. Una infusión y a dormir.
-Tú, que estás como Valeria, en tiempo de cambio a humana, puede ser fácil, pero todos los demás, quizá con excepción de alguno, seguimos siendo los de antes.
-¿Insinúas que los demás tienen doble personalidad? No sé tú, pero los consejos que me han dado de imitar a Nerea y a Enara insinúan que sí.
-Hombre, estoy seguro que el comportamiento de hoy de ambas no ha sido casualidad ni un punto aparte, de algún lado tendrá que venir. Quizá de eso, sí.
La conversación se va haciendo interesante a medida que se van acercando al humo.
-¿Cómo pretendes atrapar gas? -pregunta Ainhoa, curiosa.
-¿Alguna vez te has preguntado cómo están compuestas las pequeñas velas que se emplean para la curación en Daemón? Yo sí, y lo sé, no tiene que ser muy distinto.
-Lo que te he preguntado ha sido cómo lo vas a hacer.
-Mira y aprende.
Y eso hace Ainhoa, durante el resto del camino en el que se escucha una conversación de Elías y Nerea, algo serio, por lo que parece, la chica no para de observar a Fabio.
Tiene una sonrisa en la cara, como si lo que va a hacer sea un gran avance para los Olvidados, y aunque puede que no lo sea, hay algo mucho más importante que sí que lo es: es el mayor avance que él vaya a dar, y eso lo ayudará mucho con el tema de inutilidad.
Es algo que no les vendría mal superar a ambos.
La primera vez que Ainhoa toca el humo le llega una pequeña sensación de alivio al punto del corazón, siente otra eterna paz, y los dolores terminan.
Siente como si se estuviera alzando al cielo, sin peso, sin fuerza y sin ganas de hacer nada en contra.
Su boca se curva formando una sonrisa y durante un par de segundos en los que sus músculos son como camas de agua, su cuerpo vuelve a ser como el de antes de luchar o tener alguna herida de cualquier tipo, desde el corte más pequeño hasta la lesión más grave.
En el otro lado, Elías los mira desafiantes y Nerea los recibe con una enorme sonrisa mientras que se pega a los dos en un abrazo fuerte.
-¿A que es increíble? -pregunta Elías.
-Mucho. -contesta Ainhoa mientras que mira a Fabio, quien enseña la pequeña cajita de plástico lleno de ese humo negro.
-¿De qué hablabais antes? -se dirige Fabio a Elías y Nerea.
-De unos ruidos...
-¡Gritos! -corrige Nerea.
-De unos gritos que venían de la casa. Parecía algún regaño, pero cuando estabais dentro, parecen volverse a repetir. -termina Elías.
-¿Tan grave suena? -se preocupa el mayor.
-Mucho. -responde la pequeña.
Ainhoa mira con preocupación a cada uno a los tres, que también miran alrededor sin saber qué hacer muy bien, ¿en serio? ¡Si está bien claro lo que tienen que hacer! ¡Ir a casa a ver qué pasa! ¿Es que son tontos o qué?
Por fin, entre miradas y de alguna manera extraña, quedan de acuerdo para dirigirse corriendo a casa, y todos casi al mismo tiempo lo hacen.
-¡Peligro tras peligro! ¿Qué hemos echo para merecernos esto? -grita enfadada Ainhoa.
-¡Algo grave! ¡Hoy no nos lucimos!
Cuando llegan, (en un tiempo record de unos dos minutos, menos Ainhoa, que la pobre se queda atrás con cuatro), Ainhoa es la única cansada.
Por la ventana observando con una cara de preocupación se encuentra Enara, quien sale corriendo para abrazar a su prima y dirigirse a los demás.
-¡Un problemón! -exclama muy preocupada.
-¿Qué pasa, joder? -contesta ya harta de los problemones Ainhoa.
-¡Tienen a Valeria! ¡Los de la ADM tienen a Valeria! ¡Y como si fuera poco con ella iba Fran!

miércoles, 12 de marzo de 2014

Capítulo 53

Pulsad Visitarlo, por favor, gracias y disfrutad de la lectura! Nerea

Ainhoa no sabe lo que pasa, pero a juzgar por las caras y los nervios de Fabio y Nerea, quienes agitan sus manos como los pájaros agitan sus alas y a pesar de sus heridas se mueven como dos niños revoltosos, algo tiene que ir mal.
O si no esas caras de asustadas que se parecen a esos dibujos que ve Alba cada vez que Esperanza la deja a la tarde de cuatro a cuatro y media mientras que ella va a dar una vuelta con su amiga.
Como la de ese bicho amarillo, ¿o era una esponja? Eso tiene más sentido porque con esos agujeros y siendo cuadrado si es un queso que vive debajo del mar mal vamos...
Para cuando se quiere dar cuenta tiene a su enemigo agachado delante de sus narices, lastimándose por el pie, pero ella no puede llegar a hacer nada porque Elías termina con el sufrimiento de él o ella, desde luego parece ambas cosas, metiéndose un último golpe en la tripa.
-¡Haber si gusta! -exclama el chico con una mano en la tripa.
Nerea sonríe débilmente, aunque en seguida se toca la cabeza. No por dolor, sino por preocupación. Y si incluso ella se preocupa por una cosa que no recuerda... mal vamos.
Fabio se levanta débilmente y ayuda a Nerea a incorporarse mientras que Ainhoa intenta controlar sus dolores y Elías pasa la cuchilla por la mayoría de las cabezas de los demás.
-Solo hace falta el cielo negro para que esto se parezca a Daemón. -comenta Ainhoa mientras contempla la masacre de Elías.
-Debes de estar viendo estrellas porque el cielo está negro. -contesta rápidamente Elías.
Fabio desaparece durante un momento, o eso, o como con el cielo negro, Ainhoa debe de estar viendo mil estrellas que tapan al chico.
Cuando vuelve, trae consigo una bolsa de plástico donde pone Lidl en azul y rojo con un fondo amarillo donde mete puñados de ceniza.
-¿Qué quieres hacer con eso? -pregunta Ainhoa.
-Hoy estas que te luces, niñata.
-Pues claro esto sí que no se ve. Pregunta rápida, Elías, ¿qué va a hacer Fabio? -ataca Nerea.
-¿Hoy os habéis intercambiado los papeles o qué pasa? Y... ¡ah! Ya sé que pasa. Pero volviendo al tema, seguro que uno de sus pequeños experimentos extraños para saber quiénes son, de dónde vienen, cómo viven...
Fabio asiente y Nerea aplaude, sabe de lo que habla. Ha conocido a mucha gente que comenzaba a hablar sobre todo cuando no sabía sobre nada. Ainhoa lo mira enfadada.
-Lo vi en una peli anoche. -aclara el chico.
Nerea para de aplaudir.
-Tramposo.
Ainhoa echa la vista atrás, siempre le gusta echar la vista atrás en situaciones como aquellas en la que alguien dice algo del pasado que la incluye a ella, simplemente recordarlo la llena.
Pero... ayer Elías no estuvo en casa al anochecer. Quien última fue a la cama fue Valeria, que quedó con Nico y regresó para las once y media, y Elías todavía no había vuelto.
Fabio también parece darse cuenta de lo mismo que ella, pero Nerea... la chica está en las nubes.
-No volveré a cenar hierbas.
-¿Qué? -exclaman los otros tres ante la extraña salida de Nerea.
La chica mira nerviosa a su alrededor, ¡qué tonta! Sonríe como si nada y se ríe falsamente mientras que intenta andar y se tropieza consigo misma haciéndose daño en el otro pie.
-Hoy todos nos lucimos, al parecer. -saca la conclusión Elías.
-Y al parecer también voy a callar a alguien con una torta.
-Vamos, señorita bruja-niñata, no seas tan borde y cruel. Además, no creo que tengas fuerzas para hacerlo.
-¿Borde y cruel? ¿Que no tengo fuerzas...? Espera haber el pedazo puñetazo que te voy a dar, ¡te va a mandar hasta... hasta Daemón de vuelta para que no vuelvas!
-¿Qué harías tú sin mí?
-Ser feliz.
-Algo que te viene bien, amargada.
Ainhoa aprieta los puños se pone de puntillas como si quisiera aparentar más, pero es inútil, Ainhoa mide casi dieciocho centímetros menos que él, de puntillas apenas mide cuatro centímetros más.
-¿Qué has dicho?
-Amargada.
-¡Atrévete a repetirlo!
-Amargada.
-Mejor dicho amargados los dos. -interviene Fabio. -No sé vosotros, pero todavía faltan un par que Nerea está matando, pero ya no hay nada más y esto está echo una mierda.
-Como todo lo que rodea a Elías.
-Tú estás a menos de un metro de mí así que no hablaría mucho, mierda.
-¿Queréis parar, por favor?
-Vale, Fabio, paramos.
-Habla por ti, pequeña bruja-niñata que es una mierda, yo hago lo que quiero.
-¡Ya está el último! -exclama Nerea desde lejos.
-Cualquiera que esté más de una hora con vosotros, si hay alguien que pueda... -murmura Fabio mientras que ofrece ayuda a Ainhoa.
Nerea vuelve entre saltos, con su tobillo ensangrentado pero en seguida se para y se pone pálida, algo que desde luego no entra en su descripción.
-¿Qué pasa, Vivita? -pregunta Elías.
Hacía tiempo que Ainhoa no escuchaba aquel apodo para dirigirse a Nerea. Las dos primas obligaron a Ainhoa a llamarlas por su nombre, algo a lo que ya está más que acostumbrada.
Pero a Nerea no le salen las palabras ni para pedir ayuda ni para exigir a Elías que deje de llamarla así, ya que hacía tiempo que tenían paz.
Ainhoa intenta dar un paso, dispuesta a ayudar a su compañera, pero sus piernas están más débiles de antes, más fríos, y por si fuera poco, los dolores son más agudos.
Viendo cómo ella no puede hacer nada y Fabio está de soporte, además de casi tan mal como ella, (Fabio tiene daños externos y Ainhoa internos), Elías acude a la ayuda de la pequeña de la casa.
Y a pesar de que Nerea es más alta que Ainhoa, Elías le sigue sacando casi tanto como a la segunda, por lo que a la primera no le queda otra que agarrarse a la cintura del chico y clavar las uñas por el dolor, algo a lo que el chico responde poniéndose bien erguido de dolor y mordiéndose el labio inferior para no gritar ni nada, ya tiene bastantes daños en su barriga como para ahora eso.
Elías intenta avanzar, pero la chica no parece contestar.
-¿Pero vas a decir que narices te pasa?
-Me he clavado algo en el pie.
-¿El del tobillo malo?
La chica asiente y el chico se suelta de ella para colocarse delante de cuclillas, insinuando que la chica se suba a su espalda, a lo que responde correctamente.
-Lo siento, Ainhoa, pero tú no vas a tener tanta suerte. -comenta Fabio mientras que pasa el brazo de la chica por su hombro, ya que son de estaturas parecidas mientras que uno se cuelga del otro.
-Lo único que ahora falta es que los demás, con los trabajos más fáciles de todos sean los que más desastres hayan provocado. -murmura Ainhoa, a pesar de eso, todos la escuchan.
-Pues parece ser que el genio de tu lámpara ha concedido tu deseo. - comentó Elías, ya con Nerea en la espalda.
Humo negro y rápido se enceuntra recorriendo todo el barrio como si de una ventisca se tratara.

viernes, 7 de marzo de 2014

Capítulo 52

Elías apenas oye a Fabio, pero entiende perfectamente lo que quiere decir.
Mira a las dos chicas sin parar de correr y saca un recurso no demasiado de la manga: se convierte en humo y merodea junto a la niebla.
Su espesor es parecido, al igual que el color, por lo que puede ganar tiempo entre las copias, que ya recompuestas completamente, comienzan a avanzar hacia los dos lados, dispuestos a atacar a las chicas que han sido descubiertas.
Fabio corre como un loco con el tubo en la mano mientras que pega patadas a piedras y todo lo que encuentra por el camino para intentar dar un buen golpe a alguna de ellas que llegara hasta los humos, sin pensar en el daño que lo puede hacer a su compañero, a quien termina pegando con una de ellas y se convierte rápidamente en Olvidado otra vez.
El chico no duda en esparcir toda la sangre negra, a la que añade parte de la suya que resbala por su cuello haciendo una pequeña caminata.
Por suerte o no, quién sabe, a muchos de ellos les llega rápidamente mientras que algunos solo son salpicados por par de gotas.
Si las estadísticas de Fabio son claras y ciertas, a pesar de tener solo una gota, por el simple echo de toda la oscuridad espesa que viaja por sus venas, tendría que ser suficiente para poder tumbarlos por lo menos durante veinte minutos.
Increíble el poder de la sangre: da vida pero puede llegar a quitarla, solo hay que saber controlarla, algo que desde luego no se da muy bien.
Alrededor de unas quince personas caen desparramados al suelo, alguno de ellos entre arcadas porque la sangre se le ha metido en la boca.
Los dos enemigos a los que eso les ocurre se desintegran rápidamente, entre sufrimiento y asco, mientras que aquellos que no han resultado dañados se lanzan contra Elías sin pensarlo, de las otras dos niñatas inmóviles luego se encargarán.
Fabio observa cómo los ojos de Nerea brillan mientras que gira el tubo para que el humo se vaya apartando a su paso para alcanzar y ayudar al otro chico a quien uno no tarda en pegar con un trozo de madera justo en el costado.
El chico reacciona doblándose, pero no resulta una buena idea, pues otro que venía por delante le da una patada en toda la cara sin que él pueda evitarlo.
Fabio corre todo lo rápido que puede mientras que escucha un sonido horrible pasar por encima de su cabeza: Nerea ha lanzado el grueso tubo que sigue expulsando humo sin parar.
Fabio tose cuando le entra por la nariz y aprieta con fuerza su tripa. En todo ese tiempo, la pequeña llega hasta su lado dispuesta a hacer lo impensable.
-¿Por qué te dan esos prontos? -pregunta entre tos y tos.
-¿Qué prontos? -responde ella preocupada mientras que arrastra al chico por el brazo con fuerza para que avance. -Tenemos... ¡tenemos que ayudarlos! ¡Corre!
¡Qué chica más extraña! Desde luego que con la primas no hay quien pueda, y mucho menos quien las entienda.
Elías espera en el suelo mientras que el tubo aterriza en sus pies débilmente después de haber golpeado fuertemente a tres.
Las cenizas y las capas de esos tres de la ADM no tardan en caer encima de Elías y el chico se mantiene debajo de ellas, ya que, a diferencia de Ainhoa, él no necesita respirar.
En menos de un segundo, Nerea y Fabio llegan sin mucha experiencia en caso de la lucha, con un tubo de hierro y un humo que no para de salir del dichoso tubo, que poco a poco expulsa menos.
Ainhoa sigue paralizada, con terribles pinchazos en la espalda que también se expanden a la tripa y a las piernas, que le flaquean.
Pero ella tampoco se va a rendir.
Ocho contra dos por una parte y tres contra uno en la otra. Muy desigual, pero tienen la ventaja de unos cuantos minutos extra para terminar con ellos y tranquilamente, ir convirtiendo en ceniza a todos los demás que forman una alfombra en el suelo.
Por la parte de ocho contra dos, tienen la ventaja de Elías acechando por el suelo pero con el peligro de que también lo pisen.
Ya ha sufrido bastante con esos dos golpes en menos de un minuto que lo han mandado al suelo dejándolo casi inmóvil.
Llevan mucha desventaja pero por lo menos las heridas son ya de antes y no son tan profundos. A pesar de las manchas de Fabio en su ropa, tiene menos heridas de lo que aparenta, y si ha llegado corriendo hasta ahí, podrá seguir corriendo y luchando por la vida.
Pero, ¿qué sentido tiene la vida si ya estás muerto?
Una simple: aprovechar la segunda oportunidad lo mejor que se pueda.
Fabio le ofrece el hierro a Nerea, pero la chica lo rechaza. Ella bien sabe que las armas a veces, pueden hacer menos daño que unos buenos remedios caseros.
-¿Puedes intentar entretenerlos un ratito de nada? -pregunta ella bajito para que sólo el chico la oiga mientras que mira fijamente a sus contrincantes.
Nerea mira de reojo hacia Ainhoa, quien débilmente pero como ha podido y con el tubo de humo ha matado a golpes a uno de ellos, o quizá haya sido por el humo que se le ha metido en la boca.
-Hombre, teniendo en cuenta que sería un ocho contra uno yo me daría mucha prisa. Bien sabes que soy el chico inteligencia, no el chico fuerza.
-No se necesita fuerza si se tiene una buena estrategia.
-¿Y tú la tienes?
-Una que por lo menos eliminaría cuatro.
-Entonces adelante.
Fabio adelanta unos cuantos pasos y se pone delante de la chica mientras que ésta, rápidamente se arranca una manga de la camiseta y coge una piedra bastante grande del suelo.
El chico se adelanta poco a poco y su marchito corazón comienza a latir con el simple echo de que los ocho comiencen a adelantarse más rápido.
-¡Corre, corre, corre! -masculla Fabio nervioso.
Y claro, los enemigos que notan su nerviosismo se adelantan todavía más rápido, y a Fabio, las piernas también le van más rápido.
Uno de ellos casi pisa a Elías.
Nerea se da prisa arrancándose la otra manga larga, buenas para la ocasión, e intenta rápidamente entre sus sucias y grasientas manos atar un nudo en los bordes de cada una.
Con mucha prisa lo consigue mientras que mete miles de piedritas pequeñas pero afiladas en cada una de ellas, guardándose la gran piedra en el bolsillo de su pantalón, algo que le roza y le hace daño, pero vale la pena si lo quiere emplear.
Mira a su alrededor y también se hace con barro que unta alrededor de toda la manga.
Los ocho se abalanzan sobre Fabio, quien no para de mover si tubo hacia lados que no ve intentando pegar a unos cuantos.
Y en uno de ellos, alcanza a uno quien mismamente le tira tierra a los ojos.
El chico parpadea rápidamente mientras la chica acude a su ayuda y tras pasarse la manga con la piedra por ambas partes de su mejilla, untándolo con todo, se lo lanza a quien Fabio a alcanzado llegando a su fin y convirtiéndolo en ceniza.
El que estaba a su lado deja de pegar a Fabio y se gira a la chica, quien después de volver a usar la técnica anterior en la otra arma casera, se la lanza fuertemente.
Éste también se vuelve a la primera, pero no antes de dar un grito de guerra que llama la atención de los otros.
Ahora quedan seis.
Dos de ellos se dirigen a coger la pequeña arma mientras que otro se dirige corriendo hacia ella aplastando su pie hacia el suelo.
Mientras que los dos intentan incorporarse, el chico saca una cuchilla que le clava en el tobillo para que no se pueda mover al mismo tiempo que la chica le pega en toda la cabeza con la piedra que se había escondido en su bolsillo.
Cinco.
Cinco que se convierten en tres porque Nerea se ha untado bien con su sangre las mangas, lo que ha traído el desequilibrio que los ha echo caer.
Tres.
En seguida se convierten en dos cuando Fabio consigue zafarse de una manera casi imposible mientras que le da con el hierro en el ojo a otro de ellos que se desintegra y corre medio arrastrándose hasta Nerea.
Los dos que quedan corren hacia ellos mientras que Elías sale de su escondite poniéndole la zancadilla a uno de ellos y haciendo que se estampe la cara contra la acera mientras que el chico huye para ayudar a Ainhoa, que sigue sola.
Uno. Uno contra dos heridos.
Pero el enemigo no es uno cualquiera, él también, previniendo todo, coge uno de los hierros que rueda por el suelo y empieza a calentarse con él.
Disimuladamente intenta mirar hacia atrás para ver si el chico que ha matado a su compañero vuelve. Pero es que si se gira también terminará muerto.
-¿Confías en mí? -pregunta el chico a la chica.
-Si puedes sacarnos de aquí para empezar a matar a los demás, puedes hacer todo lo que quieras.
-La cuestión es que eres tú quien tiene que hacerlo.
-¿Lo qué?
-Lo de antes.
-¿Qué he echo antes?
-Déjalo, habrá que luchar como se pueda.
El chico se levanta con debilidad al paso que el enemigo comienza a correr hacia él, pero no consigue darle en la cara porque justo el chico se arrodilla y salta para hacerle una segada.
Una segada que termina en victoria cuando Nerea se saca el cuchillo en el tobillo y se lo clava justo en el corazón.
Pero ambos heridos no pueden parar: Ainhoa ha recibido ya muchos golpes y apenas ha matado al primero, el segundo ha sido a manos de Elías, y ahora el tercero anda muy reñido.
-¿Tienes buena puntería? -pregunta Nerea. -Lo mío ha sido suerte. -añade mientras que le ofrece el cuchillo.
-¿Y qué quieres que haga?
-Lánzalo.
Y sin rechistar, el chico le deja todo a la suerte mientras que lanza el cuchillo por los aires.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Capítulo 51

-Si alguien se quiere echar atrás ahora es el momento, no habrá ningún otro.
-¿Y perderme la fiesta? ¿Bromeas?
-Bien, Elías, somos dos.
-Tres.
-¿Ainhoa? Solo faltas tú.
¿Y qué va hacer ella si la cabeza le da vueltas? La pequeña guerra que se ha montado delante de su casa la ha puesto patas arriba.
Pero ella, siendo la cabezota que es y con ese carácter al que no le gusta sentirse inútil, asiente con poca energía mientras trata de respirar como si su vida trata de ello, eso sí, disimuladamente.
-Yo creo que no estás bien para luchar. -opina Fabio.
-¿Y tú que sabrás sobre mí? Además, soy lo suficientemente mayorcita para tomar decisiones por mi cuenta sin necesidad de que nadie me cuide.
Elías se ríe bajitamente.
-Pues la Ainhoa normal ha vuelto. Esa pequeña bruja-niñata.
-¡Cállate, cabrón!
-Mejor, callaos los dos. -interrumpe Nerea. -Ella sabrá, si quiere ser tan tonta de quedar echo como una mierda... ¡ella verá!
-Pues la Nerea normal se nos ha ido. -asume Elías.
-Cuando descubras a la Nerea normal ya me dirás. Pero entendido, jefa. -responde Ainhoa.
-Pero déjame repetirlo para ver si lo he entendido... Elías tendrá que hacer la misión suicida de echar nuestra sangre porque... -comienza Fabio.
-Porque la sangre es oscura, ellos están echos de materia oscura. Demasiado podría ser una gran ventaja para que tú y yo fuéramos destruyéndolos uno a uno. -detalla Nerea.
-Al fin y al cabo son solo copias. -termina Ainhoa.
-Seguro que están esperando haber cómo reaccionamos usando copias para descubrir nuestros puntos débiles y fuertes. O por lo menos, yo eso haría.
-Hoy me ha atacado una chica que no era una copia.
-¡Da igual! ¿Es que no veis que estamos perdiendo el tiempo? Lo siento mucho pero la charla tendrá que quedar para otro momento. Estén intentando ver cómo somos o no, no podrán, somos distintas combinaciones, y siempre quedará lo de actuar.
-Suerte, chicos. -avisa Fabio mientras que abre la puerta.
-Suerte a mí, que soy el primero. -murmura de mala gana Elías.
-Vamos, puedes hacerlo, has salvado a Ainhoa un par de veces, ¿verdad? Pues tan distinto no será. -intenta animar Nerea.
-¡Oye! ¡Que estoy presente!
-A mí me salvó Omar, que es peor, así que no te quejes.
Ainhoa piensa en ello. Nerea fue salvada por Omar y luego ella lo acusó de ser un traidor, mucha lógica no tiene, pero eso ahora mismo no le interesa.
¿Qué él la salvó a ella?
Mil veces más desearía que su tantas veces salvador hubiera sido Omar, antes que Elías. Mucho antes que aquel imbécil que se dedicaba a meterse con ella para sacarla de quicio.
Piensa otra vez en él, ¿sentirá algo por ella? ¿Y ella? ¿Está insinuando algo a su manera como si él fuera su chico final?
Fuera pensamientos absurdos, ahora tiene que concentrarse, pero eso no es que le ayude mucho.
Pero a Nerea no le ocurre nada de que su sangre sea más clara, ni respire ni leches, solo son ella y Valeria, y los Olvidados son incapaces de sentir la mayoría de los sentimientos.
¿Y Omar? No sabe si él se está convirtiendo cada vez en más humano ni si a él le pasa lo mismo cuando escucha que Elías le ha salvado la vida.
Bueno, tampoco es que le importe.
¿A quién quiere engañar? ¡Pues claro que le importa! El dichoso hijo de los malditos poderosos le importa, y le asusta hasta cuando le puede importar como para protegerlo delante de todo.
-¡Mierda!
-¿Qué pasa? -pregunta Fabio.
-Nada, pensamientos que me vienen a la cabeza. -intenta quitarle importancia la chica.
-Yo que tú dejaría de pensar porque tenemos problemas más grandes que cualquier pensamiento que te pueda pasar ahora por la cabeza.
<No creo, amigo, no creo.> piensa ella.
Espera un poco, ¿ha pensado amigo? Será el tremendo golpe que se ha dado, porque la vida le está dando miles de vueltas y ella misma ni se puede controlar.
-Recuerda, provocaremos todo el humo posible por el alrededor. Tienes que ir justo por el medio, eso los desconcertará porque no te verán para nada.
-Entendido.
-Cada uno a su puesto. Suerte.
Ainhoa se guarda todo para ella misma y cogiendo un tubo que Fabio ha preparado específicamente para sacar un tipo de humo espeso.
Entre arbusto y arbusto, con cuidado, se desplaza hacia la derecha de donde están, donde en frente de Nerea, junto a la chica, tendrá que expulsar el humo con el mayor control posible.
La chica mira los marrones ojos de Elías fijamente, esperando a que él haga algún gesto para indicar que tienen que empezar con el humo.
No entiende porque no se convierten ellos en humo y los rodean, pero todo lo que ha salido de la cabeza de Nerea ese día ha sido brillante para Fabio, por lo que a callar y obedecer.
¿Estás lo suficientemente lista como para luchar? pues no, ¿Pero tienes ganas de demostrar de lo que vales? eso delante de todo.
Un sonido extraño echo con tuberías que sobresalen de la casa llenan y nota un brillo en los ojos de Nerea, como si volviera a recordar algo que en su vida hubiera sido más que importante.
Ambas, sin dudarlo, saben que esa es la señal y comienzan a echar todo el humo, y por la cantidad insaciable, descubre el porque de esos tubos.
Nerea se asusta cuando Elías comienza a correr porque ve la expresión de dolor en su cara, no debía de haberle dejado asistir, pero es que una mano no les viene nada mal.
El pinchazo que en la espalda que le ha dado a Ainhoa es doloroso mucho, de echo, y no puede parar por nada, pero ella es fuerte, o por lo menos quiere serlo, y si para eso tiene que soportar mil dolores como ese, pues lo hace.
Nada mejora en cambio el ambiente entre las dos chicas cuando a la pequeña de las dos los ojos se le vuelven blancos en un momento y su cara se vuelve de asustada justo en ese momento.
Fabio tampoco parece nada tranquilo con las cosas que están pasando en la hora en la que todo debería de salir perfecto.
Pero como todos los planes tienen fallos, esos también los tienen.
Elías llega al punto de descubrirlo, pero ya no puede dar marcha atrás, su cerebro tiene que dar para tres cosas a la vez: idear un plan para salir de esa, no permitir que le hieran y esparcir la sangre oscura por los cuerpos copiados de los seres.
El humo, en cambio, no parece funcionar entre las copias de esos de la ADM.
Pues perfecto: Ainhoa no puede luchar, Elías se ha metido en un lío tremendo, Nerea ha vuelto a perder la memoria y Fabio solo tiene que hacerlo todo en un punto donde todo parece perdido.
-¡Hay que seguir adelante con el plan! ¡Con o sin ellas! ¡Pero hay que seguir, Elías! -grita Fabio desde la otra punta mientras que se arma con un bate de hierro.

domingo, 2 de marzo de 2014

Capítulo 50

Ainhoa se levanta y se sienta en su culo dolorido además de su espalda en la que no le paran de dar pinchazos.
Un vaso lleno desangre granate a su lado y la cabeza como si estuvieran tocando un gong justo al lado de su oreja.
¿Es algo de su cabeza o simplemente el cielo ha oscurecido como si no hubiera un mañana en el tiempo en el que ha permanecido inconsciente?
-Son hechizos de la ADM. Para dar miedo.
Mira hacia la voz y se encuentra a un chico desde luego más alto que el anterior, que desde luego no puede ser otro que Elías.
Va vestido con una camiseta casi negra y unos pantalones vaqueros. Está descalzo y cubierto con una manta gris... ¿puede ser que el golpe le impidiera ver bien y se confundiera con Elías?
Eso es lo que quiere pensar, por lo menos, que su salvador haya vuelto y la haya sacado de ese lío, por lo menos por ese momento.
-Psicología. Se piensan que somos imbéciles. -añade y mira hacia el fondo del bosque.
-Gracias. -murmura Ainhoa mientras que se intenta incorporar sin éxito.
-¿Por qué?
La pregunta la deja helada.
-¿No has sido tú?
-Ya se había ido con alguna que otra muestra tuya de sangre dejando un vaso aquí mucho antes de que yo viniera.
-¿Cómo sabes eso?
-Estabas rodeada de animales. Por cierto, yo que tú me alejo de cualquier lobo que se te acerque, te tienen especial cariño.
El mismo Elías de siempre no desaparece, al parecer.
-La manta estaba aquí, y un poco de sangre en la piedra. Parece ser que alguien se divirtió después de salvarte a ti.
-¿Por qué?
-No sé, porque es una mezcla de dos sangres de color distinto, ¿quizá? Y si te interesa, ninguno de ellos es rojo.
-¿Cuantas clases de sangre existen, pues?
-Al parecer, muchos más de veinte hay.
-¿Veinte?
-Sí, me informé. En el rojo hay A+, A-, O+, O-, AB+, AB-, B+...
-¡Ya lo pillo!
-Como quieras.
-Espera un poco. Así que has estado informándote, ¿entonces sabes algo de los lugares que están alrededor?
-Ni idea. Sólo he estado en hospitales y en el camino de aquí hasta la casa de Marcos, no conozco más allá, pero tengo entendido que tu amigo Jon sí que sabe sobre eso, ¿por qué?
-Nada. Ahora tenemos que volver, Fabio y Nerea se han quedado solos y yo por aquí como si hubiera una tregua de paz.
-Desde que nacimos, la perdimos, por lo que no es nada nuevo. Y no estás casi para levantarte. ¿Qué te parece un poco de humo para darle más interés a la fiesta?
-¿Me iré curando?
-No, pero llegaremos y puedes llegar a ser útil. -Ainhoa sonríe por una vez a Elías. -A menos que la palmes y nos de una pena terrible. -la cara de Ainhoa cambia radicalmente y vuelve a apoyar la cabeza contra el suelo mientras que se convierte poco a poco en humo.
Para cuando termina el proceso, Elías ya ha cambiado.
Hay una cosa en la que no han pensado, en cambio, ¿por dónde van? Ainhoa solo se ha preocupado en huir sin fijarse mucho en su alrededor, todos los bosques le parecen iguales.
En cambio, Elías se pone en marcha y a la chica no le queda otra oportunidad que seguirle.
No puede fijarse en el sol para saber qué hora es más o menos y calcular el tiempo que ha estado fuera, ese tiempo donde le ha pasado de todo en una misma mañana.
¿A por qué iba, por cierto? ¡Ah, es verdad! Ese era Tadeo. Y Ainhoa llega a pensar en una paz tremenda que Elías es su Tadeo.
Le vienen a la cabeza todas las frases que le han contado.
Muchas de ellas más en clave imposible, con una voz que se la cuenta.
Piensa en la cuarta, la susurrada por Nerea. Aquella voz dijo que la imitara, y su frase desde luego no lo deja todo claro: "Para ser quien eres no te hace falta medalla"...
Espera un momento, las frases en total suman catorce, y catorce son los trocitos de piedra azul marino que rompió donde se encuentran las memorias de Margarita. Aquellas de las que lleva intentando olvidarse desde que llegó.
Con todas las cosas en punto ya se ha olvidado hasta del por qué de estar ahí: buscar quién es su padre, pero la prioridad parece haberse convertido escapar, intentar no ser descubierta y salir con unos chicos extraños que conoció por el hambre de Valeria.
Cada vez el cielo se va volviendo más oscuro, y el prado que recorren parece no acabarse jamás.
Ainhoa teme volver a caer en un extraño sueño o espacio fuera del marco.
El espacio fuera del marco son unos extraños momentos en el que tu mente se transporta a cualquier lugar donde te suelen dar consejos y muestran cómo van las cosas en otro lugar.
Los espacios fuera del marco suelen ser muy comunes en Olvidados con dones antiguos, al igual que el suyo, pero como los poderosos solo tienen poderes que han conseguido a la fuerza, no tienen esa especie de privilegio.
Estos Olvidados, normalmente, (todos excepto uno), han sido o son rebeldes.
Incluso Nerea y Enara, quienes pertenecen a este grupo solo porque su abuela era una gran seguidora rebelde, a pesar de que ellas nunca hayan rebelado nada.
Elías, Valeria, Fabio y Leo son de los muchos Olvidados sin dones, además de que de Elías no se sabe nada más que apareció un día extrañamente en medio de la plaza y que Leo tiene un perro terrestre.
Después de un tiempo pensando en un poco de todo, llega a un callejón que ve desde su ventana cada vez que se despierta.
Se convierte otra vez en humana y respira profundo, pero pronto termina tosiendo por la cantidad de polvos extraños que hay en el aire.
-¡Nada ha funcionado para entretenerlos! ¿Tienes ya a Tadeo? -chilla Nerea mientras que llega corriendo hasta ellos.
Tiene una raya en la mejilla, pero ese es el único daño visible que tiene.
Por detrás llega Fabio, que parece más afectado que la chica: cojea un poco por la pierna derecha mientras que le acompañan un golpe en la cabeza cubierto de sangre negra y espesa y un corte en la parte superior del brazo.
A Ainhoa se le viene a la cabeza el vaso de sangre que se han dejado en el bosque, del que han pasado completamente. Le da un codazo a Elías en las costillas.
Esa sangre les habría venido de perlas, y se fija en Nerea y Fabio, que han ido guardando toda la sangre que han ido perdiendo.
-¿Qué ha pasado? -pregunta Fabio, preocupado por todos los golpes que tiene Ainhoa, que está mucho peor que él y en teoría tenía que estar mejor incluso que Nerea.
-Una larga historia.
-Yo solo conozco la última cuarta parte. -añade Elías. -Pero parece ser la más extraña.
-Toda es extraña, Elías.
-¿Qué tenemos que hacer?
-Tadeo era esencial, pero como veo que Elías no tiene ninguna herida... tendrás que hacer la parte más difícil de todas, amigo. Ainhoa, te vendría bien descansar. Y tú, Fabio, ¿podrás seguirnos el ritmo?
Fabio asiente como puede, pero Ainhoa percata como se medio marea cuando Nerea no está mirando, el chico se está machacando.
-Subid a casa, que parezca que estamos mal.
-Como si a ti la mentira se te diera bien... -susurra Elías.
-Se le da mejor que vivir. Te lo juro. -responde Ainhoa para el asombro del chico.

Carnaval

Hola a tod@s!
Antes que nada os quería pedir perdón porque no sé qué problema he tenido con el capítulo 50 que se me ha borrado o yo que sé. Resumiendo que ha desaparecido y lo tengo que volver a publicar, por lo que espero poder conseguirlo para la tarde, ya que es carnaval.
Y ya con esto feliz carnaval a todos!
Un beso enorme y disfrutad con la lectura,
Nerea.