viernes, 25 de abril de 2014

Capítulo 64

Omar lleva solo diez minutos, y ya le está preocupando. No porque crea que alguien va a aparecer en cualquier momento, sino, justo por lo contrario, nadie ha aparecido ni ha pasado de largo en todo ese tiempo.
Hace tiempo que la luz lejana que se encontraba mirando ha desaparecido.
Le preocupa que los coalas hayan echo con Ainhoa, bueno, seguramente estarán subidos a los árboles mirándola, o si son listos, la habrán confundido tirando cosas.
Está por meterse dentro, a pesar de que hace mucho tiempo que no usa la técnica del humo, como su gran amigo Paco, dice gran amigo porque el hombre es grande y adulto, le decía siempre.
Nunca le ha gustado eso de convertirse en humo, o quizá lo hayan obligado a creer que eso no le gusta, ¡hay tantas cosas con las que han jugado en su vida! Ya no sabe con certeza que le gusta exactamente y qué no, deberá de experimentar.
¡Pero a qué le viene eso ahora! Se supone que debe estar concentrado por si ve a alguien que se acerca, el hombre con la enorme cicatriz, por ejemplo, el que tan mala espina daba. Además, él sabe perfectamente que los coalas están ahí, pero lo demás, parecen desconocerlo por completo, como si se hubieran borrado del plano.
Asustado por la idea, saca corriendo el mapa del bolsillo y empieza a buscar la trayectoria que han seguido hasta ahí.
Ve el árbol grande en la esquina, y ahí cierra la pared, de ahí en adelante no hay nada más, ni animales ni ningún otro objeto, por lo que es como si se hubieran transportado a otro lugar.
Pero, ¿cómo? Si todo lo que se veía era normal. Para ellos era como estar paseando en un parque o en zoo, lo que se supone que es eso.
-¡Ainhoa! ¡Sal de ahí!
Pero ella no la oye, y por mucho que grite, no lo va a oír.
Omar se decide, o sigue vigilando aquel lugar desierto al que nadie importa o se mete dentro. Pero por mucho que él se intente convertir en humo, no lo consigue. Ese es el peor momento para fallar, y además, con lo nervioso que está, por cualquier minúsculo ruido, le va a dar un infarto.
Quizá sea esa la razón por la que no funcione.
Vale, Ainhoa no puede, está ahí dentro y no saldrá, entonces le queda Nerea.
Mira por última vez la jaula, que en ese momento le coge una forma como el de una celda, y sale corriendo por el sitio por donde ha venido, sin preocuparle nada.
Llega al árbol y se para, quiere observar bien qué camino tiene que coger para no equivocarse y llegar a la fuente.
Una vez orientado, se da cuenta de que ha oscurecido mucho, demasiado y que no se encuentra nadie. ¿Y qué pasa con aquellos que son encontrados una vez que algo ha cerrado? Son tomados como ladrones.
"Mierda" es lo único que pasa por su cabeza una y otra vez. Es mal deportista y no lo van a creer, ahí nadie le conoce.
Además, las posibilidades de encontrar a Nerea disminuyen rápidamente.
Mira para los lados, perdido, lo único que le queda es darse media vuelta y esconderse hasta que Ainhoa salga para luego buscar a la otra chica.
Cierra los ojos y los abre, pestañea varias veces para ver si se trata de otro efecto visual como el camino que les ha llevado a la cárcel de los coalas.
Nada, todo sigue igual, ¿cómo es posible que ahí el tiempo pase tan lentamente cuando afuera ha pasado al menos una hora? Y eso porque es lo único que puede deducir de esa situación.
Se siente perdido y solo, de la misma manera en la que se encontraría si estuviera en Daemón, no tiene a nadie con quien estar, incluso la presencia de aquel tipo lo tranquilizaría, para un par de segundos, luego saldría corriendo como si no hubiera un mañana. Bueno, eso haría él y cualquier otra persona existente en la Tierra.
Tan rápidamente como la oscuridad ha aparecido, vuelve la luz junto al sol, pero la gente sigue sin aparecer por ningún lado. Cuando Omar pille al graciosillo que está jugando consigo lo va a...
Tranquilidad, Omar, tan solo estás pasando un mal tiempo, que seguro que no es el peor de todos, no pasa nada por una vez en la que te sientes perdido y nadie te puede decir nada, ya es hora de que aprendas a saber lo que quieres y debes hacer en cada momento.
Pero por mucho que se lo repita su autoestima y él por completo se encuentran en el nivel más bajo.
-¿Hola? -se le ocurre preguntar.
¡Pero será tonto! En las películas de terror siempre se pregunta lo mismo, y el personaje muere en tan solo cinco minutos.
Respira hondo y empieza a andar hacia la salida, esa tienda pequeñita con objetos de animales que tanto gustan a los niños... y a él también.
Su corazón palpita más despacio cuando ve que cada vez, por el camino se encuentra más y más gente y todo vuelve a la normalidad.
Bueno, casi todo, Ainhoa sigue donde sea que esté. Y eso le preocupa lo que más.
Alguien le toca la espalda por atrás fuertemente, como si no contestara o no sintiera nada.
El silencio es absoluto y la oscuridad vuelve, a pesar de que la gente que no emite ruidos sigue presente, es el momento más raro de su vida. Cada día se supera.
Siente una torta que le viene lejana en la cara. Pestañea. Fuerte. Pero sigue sin ocurrir nada.
-Omar, ¿quieres despertar? -la voz le viene lejana, pero siendo la primera que escucha en mucho tiempo y encima le suena conocida, le aporta tranquilidad.
Todavía no sabe de quién es.
La luz en sus ojos comienza a hacerse más y más blanca hasta que todo vuelve a coger forma y se encuentra de pie, en frente de Nerea y delante de la tienda de la salida.
-Chico, que llevas en estado zombie unos cuantos minutos y no me haces ni caso.
-Lo siento. ¿Y Ainhoa?
-Lo mismo te llevo preguntando unos cuantos minutos. Y disculpas aceptadas. Siento darte la torta.
-Otras disculpas aceptadas, pero bueno, me has espabilado un poco.
-¿Así que recuerdas?
-¿Estaba dormido?
-Un poco.
-Entonces supongo que sí. Un hombre con una cicatriz enorme en la cara nos ha dicho por dónde se encontraban los coalas, al lado del árbol grande, hacia el camino del norte.
-¿Sabes que ese camino da hacia el muro que da fin al zoo?
-Sí, pero todo parecía tan real. Había una luz. Era como una puerta hacia un lugar que está pero no está, y donde Ainhoa se ha metido.
-Resumiendo, que la hemos perdido.
-Quizá eso la haya llevado a otro lugar.
-Pero a ti te ha...
-Me ha perdido, me ha echo ver mis miedos, una realidad muy lejana pero que he vivido. Pienso que la piedra debería de estar por ahí.
-¿Qué piedra? ¿Ésta? -dice Nerea orgullosa mientras que saca la piedra de color azul marina de su bolsillo derecho y se lo enseña a Omar.
-¿Dónde estaba?
-En la tienda. Junto a Alba, su madre esperaba en la caja, no me ha visto, pero ella sí, y me ha dado un muñeco, ¿a qué no adivinas lo que había detrás en el muñeco pegado como con cola?
-La piedra.
-Sí. Los coalas estaban metidos en una jaula de peluche muy cuca y los coalas estaban subidos a un árbol grande. Precioso y muy mono. -cuenta Nerea recuperando la piedra.
-Ahí es donde Ainhoa y yo estábamos.
-No me fastidies.
-Es la verdad.
-¿Entonces la luz era la piedra y Ainhoa es un pequeño peluche?
-Es lo más cercano que se me ocurre.
Nerea suspira y le indica con la cabeza al chico que entren.
-¿Y Marcos?
-Entró y no lo volví a ver más.
-Raro.
-No más que lo tuyo.
-En eso tienes razón.
No hay mucha gente, de echo, todos se encuentran en caja, por lo que Nerea y Omar andan tranquilos mientras que la chica lo lleva a la cárcel de los coalas de peluche.
-Esas piedras son peligrosas. -comenta Omar mientras que asustado, observa el lugar donde hace tan solo media hora había llegado.
-Ya. Lo que yo veía Ainhoa y tú lo habéis vivido. ¿No es flipante?
-Asusta.
-Ya, pero mola.
-¿Está Ainhoa?
-No. -niega Nerea triste.
Omar siente una punzada en el corazón y un nudo en la garganta se le forma, que aclarándose el cuello un poco, desaparece tan rápido como ha aparecido.
-Salgamos. -dice después de un tiempo.
La chica asiente y obedece. Al salir, ambos se paran delante del zoo.
-¿No has dicho antes que un hombre os ha dicho por dónde ir?
-Daba miedo.
-Ya, pero da igual. Ya hemos perdido a Valeria, no pienso perder a otra más, ¿Vale? Así que lo buscamos  y le pedimos explicaciones.
-No hace falta que lo busquemos.
-¿Tan cobarde eres?
-No, se encuentra delante.
Nerea mira con decisión. El hombre también los mira. Cuatro ojos contra dos, pero los amarillos del hombre son suficientes contra los verdes de Omar y los marrones de Nerea. Quizá sea por la confianza, quizá sea por cualquier otra cosa.
Pero la chica no se da por vencida y con paso firme y rápido al hombre. Omar duda si en seguirla o no, pero se encuentran en esa situación porque no ha seguido a la chica, por lo que prefiere no volver a cometer ese error.
-¿Dónde está Ainhoa? -pregunta con decisión la chica.
-Donde debe de estar. -contesta el hombre con tanta tranquilidad que llega a dar rabia.
-Ella no te ha preguntado si está bien o no, solo te ha preguntado dónde está. En que lugar, y queremos la respuesta exacta. -interviene Omar a pesar de seguir detrás de la chica.
El hombre sonríe con sus dientes blancos y perfectos. No es ninguna sonrisa de superioridad ni por el estilo que ninguno se imaginaba, es más bien una sonrisa sincera, de comprensión, y después de eso, saca la cartera que se encuentra en uno de los bolsillos de su abrigo.
Abre la cartera marrón y Nerea mira un poco por encima para descubrir algo de él, pero a lo único que llega es a ver a cuatro niños junto a él y una mujer en una foto, y otra foto con ellos además de otra mucha gente mientras que la mujer, en esa, ya no aparece.
A Nerea se le hace un nudo en la garganta. Ella ha perdido a casi toda su familia, y no tiene ninguna foto de ella.
Omar, en cambio, mira la etiqueta que tiene en una esquina, donde como mucha gente lo hace en la ropa, tiene su nombre escrito.
Pedro Espinosa.
-Esto para el caballero y esto para la dama. Para terminar, de parte de la señorita, dónde podréis encontrarla, pero, para ello, necesitaréis encontrar a otra persona. Consejo, no busquéis nada en especial.
-Gracias. Supongo. -agradece Nerea.
Omar y Nerea se van.
-Está chalado. -comenta Nerea.
-Como todos los demás. -añade Omar.
-¿Buscamos a Ainhoa?
-Esa piedra es parte de las otras, la atraerá como a los demás.
-¿Entonces no la buscamos?
-Por ahora.

miércoles, 23 de abril de 2014

Capítulo 63

Hola a tod@s! Siento muchísimo no haber publicado el miércoles y viernes anterior sin haber dado aviso alguno, es que he tenido problemas con Internet y para cuando todo estaba bien, ya era tarde. Lo siento mucho y espero que la espera haya valido la pena. Un beso. Nerea.

-¡No seáis lentos! ¡Vamos! -exclama Nerea mientras que intenta tirar de Ainhoa y Omar, que se encuentran cansados y rodeados de jaulas de animales.
-Ya hemos llegado al zoo, estate tranquila, tenemos tiempo.
-¿Qué dices? ¿Tiempo? -pregunta Nerea mientras que con pasos grandes se acerca rápidamente hacia Omar y le apunta con el dedo. -Catorce piedras en tiempo record, así que vais a llevar mi ritmo.
-La prefería cuando no dijiste que cada uno no tenía que mentir sobre su ser. Ha cambiado rápidamente.
-Tendría ganas de ser ella misma.
-Demasiadas.
Nerea avanza a gran paso mientras que mira para todos los lados, cuando, de repente, se para detrás del gran puente y se agacha para terminar de rodillas.
Menos mal que el zoo no está demasiado lleno.
-¿Qué pasa? -pregunta Ainhoa tranquilamente mientras que se acerca.
Nerea los coge a los dos de la mano y los empuja hacia abajo mientras que observa detrás del fuente gris de piedra.
-Nerea, ¿te das cuenta de que nos estás mirando? -pregunta Omar.
-Está aquí.
-¿Quién? -interviene Ainhoa.
-Él. -responde ella señalando.
-¿Quién? -insiste Ainhoa.
-¡Mira! -contesta Nerea cogiendo a Ainhoa y empujándola para que lo vea.
Un chico un poco más joven que ellos se encuentra solo, y parece preocupado porque lo vean. Por si no fuera poco, no se trata de otro que de Marcos.
-Elías y Leo. -murmura Ainhoa.
-Es demasiado extraño. -comenta Omar.
-Por algo me escondido y os he echo esconderos. Si ese chico huye de alguien, seguro que es de nosotros, y si encima ha sido compañía de Elías y Leo... esto es más de lo que parece. -concluye Nerea.
-Creo que deberíamos saludarlo y que estáis paranoica. -opina Omar.
Ainhoa siente rabia y una punzada en el corazón. Cierra los puños con fuerza y lo mira amenazante mientras que Nerea sigue con la cabeza a Marcos.
-Me parece que en esto Nerea y yo estamos de acuerdo.
-Cierto. Como alces la voz vas a descubrir el por qué de esconder nuestras personalidades. -dice Nerea con una sonrisa no demasiado coherente mientras que le pega con el dedo índice un toque suave en la nariz al chico.
-¿Entonces qué insinúas? ¿Que deberíamos seguirlo? -pregunta Omar.
-Pues es la mejor idea que has tenido en todo el día. -afirma Nerea.
-Mira la dulce e ingenua chica que perdía la memoria. -ironiza Omar.
-Oye, cuanto menos se parezca a ti, más extraño es cuando descubren cómo eres de verdad, ¿no?
-Bueno, algo que acabo de aprender sobre ti: directa al grano.
-Y algo más: es buena mentirosa. Tú podrías seguirlo. -interviene Ainhoa.
-¿Tu también con esa idea? -se desespera el pelirrojo.
-Pues sí, ¿algo en contra? -dice Ainhoa.
-No, nada, no te imaginaba tan curiosa.
-¡Si ya me conoces!
-Pues parece que no tan bien, para no saber que eres curiosa después de haber pasado un día entero contigo es raro.
Nerea sonríe ante la situación. Ella sabe que Ainhoa no es demasiado curiosa, si puede, incluso prefiere no meterse en la vida de los demás, y sabe también la extraña razón por la que quiere ir en la otra dirección: Omar está en contra.
¿Por llevarle la contraria? No, por otra razón.
Le da gracia tener que hacer de celestina por segunda vez, quizá ese sea su futuro: dar un empujón a todos aquellos que no tengan ganas de hablar sobre el tema que empieza por a.
Y se pone manos a la obra:
-Cuantos menos seamos mejor. Yo sigo a Marcos y recopilo la información sobre él, vosotros buscad a algún hombre que sepa sobre coalas, pero, ¿estás segura de que la piedra está aquí?
Ainhoa afirma con la cabeza. Siendo sinceros, ha sido ella quien los ha llevado hasta ahí. Omar y Nerea, los dos, temían perderse por el bosque sin saber cómo volver.
Nerea ni siquiera llega a comprender cómo siendo ella la nieta de Margarita, sea Ainhoa la que se haya sentido atraída por ese lugar.
-¿Cómo creéis que estarán los demás? -pregunta de repente Ainhoa, que de cierto modo se siente culpable de todo, de lo rápido que ha ido y haber arrastrado a todos.
-Bueno, el peor caso sería que la poli nos siguiera porque Fran haya desaparecido, y junto a él, más tarde, nosotros.
-Menudos ánimos que das. -suspira Omar.
-No pasa nada. Total, mejor no ilusionarse. -admite Ainhoa. -Manos a la obra, ¿tiene alguien algún mapa del lugar?
-¡Yo! -exclama Nerea. -Lo cogí cuando tardabais tanto en llegar porque estabais cansados. -dice mientras que desdobla un trozo de papel colorido que ha sacado de su bolsillo. -Ni sé dónde estamos ni sé dónde están los coalas, tendréis que buscarlo vosotros.
-Vale, gracias.
-¡Corre tras él que se va! -dice Ainhoa mientras que señala al chico que se aleja con rapidez.
-Suerte.
<La necesitaremos> piensa Ainhoa. Y está segura de que Omar, para no haber contestado, habrá pensado algo parecido. No es de extrañar, están en un lugar del que no saben nada con un mapa que no saben usar porque no saben ni dónde están y tienen que buscar una piedra de las que podría haber mil.
-¿Sientes algo sobre la piedra?
-Sí. Se mueve. Siento que va siguiendo a Nerea, pero mejor no juntarse con ella, eso significará que estamos cerca de Marcos, y no somos muy buenos ocultando cosas.
-¿Y si cogemos la fuente de referencia?
-¿Para qué?
-Para el mapa, tiene que haber uno en él. Haber trae.
Omar coge con cuidado el papel tan arrugado, que algunos sitios doblados, han perdido un poco de color, y entre cuatro ojos, observan cuidadosamente el papel, lleno de formas, colores, palabras y dibujos.
-¡Aquí! -grita en poco tiempo Omar, señalando un punto.
-Si lo tapas con el dedo no lo veo.
-Lo siento.
Ainhoa se ríe por dentro y mira cómo el chico retira la mano y deja un pequeño círculo que destaca entre todos los demás dobladillos, por decirlo de alguna forma.
En cambio, a la chica de algo le suena ese círculo gris, y en ese momento, lo ve, o mejor dicho, los ve.
-Omar, hay otros cinco más repartidos la misma zona.
-¿Y para qué quieren tantos fuentes?
-¡Yo que sé! Serán de donde cogen el agua para dárselo a los animales.
-¿Sabes que por ahí bebe también la gente?
-Solo llevo aquí algo menos de una hora, no soy la más experta en este lugar.
Omar arquea las cejas y mira a Ainhoa, luego devuelve su mirada al mapa y se concentra en buscar más similitudes entre los alrededores de las fuentes y de donde están. Sin darse cuenta, el chico va acercando poco a poco su cabeza.
-¿Preguntamos o esperamos a que te dejes los ojos con la dichosa hoja?
Omar separa su cara del mapa y se lo mete en el bolsillo. Mejor preguntar.
Se levanta y ayuda a Ainhoa a que se levante, mientras que mira a los lados para buscar a alguien fiable y no ningún niño que se burle y les mienta.
-Anda, déjame a mí. -dice la chica desesperada mientras que coge al primero que encuentra. -Perdone...
Tiene unos treinta años, es bajito y un poco regordete, con unos ojos completamente amarillos, una barba muy corta, la piel un poco oscurita por el sol, cejas peludas, labios finos, un pelo castaño y una enorme cicatriz que le traspasa la cara.
Ainhoa podría dar miles de detalles más, ya que se acaba de quedar paralizada por el miedo. No es que parezca el hombre más seguro de todos.
-¿Qué quiere? -pregunta con una voz grave.
-¿Sabe dónde están los coalas? -pregunta ella con un hilito de voz.
-Te llevaría a ellos, pero es que me tienes miedo. ¿Ves el árbol que sobresale por detrás de ese edificio? Ahí encontrarás un cartel que te va a señalar el camino que tienes que coger. Andas un poco y te encuentras con ellos de frente.
-Gracias.
-De nada.
Ni una palabra más, ella se aleja rápidamente hacia Omar y le dice que le siga. El chico, que hasta hace poco se encontraba mirando fijamente al hombre, quita la mirada de encima de él al instante y no se la devuelve.
¿Miedo? Sí, lo admite, ha pasado miedo.
-Hay un camino por ahí para llegar al árbol. -interrumpe Omar cuando Ainhoa llega a esa parte.
-Te sigo.
Y eso hace, lo sigue durante cinco minutos, mientras que el chico no para de torcer y a ella le da le impresión de que acaban de perderse. Pero puede que Ainhoa tenga que observar las cosas un poco más, ya que no se fija que el sitio al que no paran de dar vueltas es al gran árbol, buscando las flechas.
-¡Ahí está! -exclama Omar.
-¿Dónde?
Omar coge la cabeza de Ainhoa con suavidad, tampoco le quiere hacer daño, y la gira con delicadeza hacia la flecha de madera donde claramente pone "Coalas" con un dibujo de ellos al lado.
-¿A qué esperamos para irnos? -pregunta Omar después de un par de minutos así.
-Pues a que me sueltes la cabeza, idiota.
-Bueno, qué más da, si desde que hemos entrado hasta ahora no hemos parado de parecer unos raros.
-No he sido yo quien se ha emocionado cuando a visto un hipopopocomosiga.
-Hipopótamo. Deben de estar en peligro de estinción.
-¡Tú si que estás en peligro de estinción! ¡Si eso aquí es de lo más normal!
-Ah.
Ainhoa retoma el camino y Omar la sigue, pensativo, quizá avergonzado por haber metido la pata, o quizá con algo de miedo porque, como ella se acaba de dar cuenta, lo acaba de amenazar.
A pesar de haber aprendido el sinónimo más sutil de decir "te voy a matar", siente cómo su corazón se encoge y siente pena. Si sigue así de estupenda va a terminar más sola que la vieja de los gatos de las películas, ya que a ella los gatos no le hacen ni gracia, los detesta. A Gris... lo admitió por la distancia.
-¿Estás bien, Omar? -pregunta Ainhoa dándose la vuelta.
-Me he quedado pensando, no piensas que si se deberían de esconder unas piedras, ¿se harían en un sitio en el que nadie jamás pensaría?
-Se los llevó el viento. Y que yo sepa, el viento no piensa.
-Ya... -murmura el mirando al suelo, no por la vergüenza, que podría ser, sino por seguir pensando.
-Vamos que si a este paso, para cuando lleguemos, estaremos fuera por cierre.
Omar asiente y alcanza a la chica que sigue andando con la mirada firme al final del camino, cuando empieza a ver unos pequeños seres grises en los árboles.
Ainhoa sonríe y se alegra. En seguida, coge a Omar del brazo.
-Hemos llegado. ¡Están ahí!
-¿Ahora quién es la que se ilusiona?
-Que yo tengo motivos.
Ainhoa empieza a correr hacia el sitio, apartado, probablemente en una de las esquinas del zoo, rodeado de hierva, camino y un pequeño parque desierto.
-Aquí no hay ni Dios. -murmura Omar cuando alcanza otra vez a la chica.
-Mejor.
-O peor.
-¡Que pesimista estás hoy! ¿O quizá tienes ganas de darme la contraria todo el rato?
-Solo digo lo que pienso.
-Pues no sé tú, pero si hay que buscar la piedra, alguien tendrá que entrar, y temo que yo pueda contigo.
-¿Piensas entrar ahí adentro?
-Vamos, ¡míralos! Si parecen de peluche, no me van a hacer nada.
-¿Y si están poseídos?
-Pues les pego con palos, ¡yo qué sé! Pero habrá que mirar, ¿no?
Omar suspira. Y luego es él es ilusionado y emocionado con los hipopótamos. ¿Qué tendrán esos bichejos grises que le gusten tanto a ella? Quizá sea porque en sus manos pueden estar los únicos recuerdos que ella jamás vaya a conocer de su padre.
Cualquiera sea la razón, se está ilusionando demasiado, sus ojos brillan en exceso, no puede ser.
-¿Cómo te meto en una jaula?
-Aparte de por la cabeza, no veo problema alguno de pasar...
-O puedes usar el humo.
-¿Me estabas retando?
-Quería ver hasta qué punto de inteligencia podrías llegar.
-Idiota.
Ainhoa, rápidamente, se convierte en humo. Cada vez necesita menos tiempo para transformarse, no sabe si es por fuerza o porque le está cogiendo el truco al tema.
Sea cual sea el motivo, se mete dentro del jaula, y en poco tiempo y dentro, vuelve a ser una chica.
-Si viene alguien, ¡despístale! Hazte el loco, se te da de fábula, pero siempre gritando, yo me convertiré en humo y sea cual sea la situación huiré del lugar.
-¿Y nos encontramos?
-En la fuente de antes.
-Bien, hasta luego.
-Adiós.
Y sin más, Ainhoa se adentra entre las plantas traseras donde están escondidos los coalas.

viernes, 11 de abril de 2014

Capítulo 62

Es muy triste admitir que a veces se puede perder la batalla antes de empezarla, es muy triste admitir a veces que a muchos les falta valor para alzar la voz, pero es todavía más triste admitir que la persona a la que más has querido en el mundo, nunca te hubiera querido tanto a ti, o que te hubiera olvidado para los cinco días de conocerte.
Y no, no estoy hablando de amor, estoy hablando de algo más, hablo de la enfermedad olvidadiza, más común en Daemón como la enfermedad de la locura.
Y esta enfermedad es lo que Nerea padecía, esta enfermedad es lo que últimamente en el lugar más oscuro que jamás nadie se haya imaginado, ha comenzado a extenderse con facilidad, como si fuera una plaga, cuando en realidad, la enfermedad no es por ningún contagio de nada, es cuando el cuerpo de un olvidado comienza a tener tantos cambios a la vez que no es capaz de guardarlo todo en él.
Vas perdiendo la cabeza y el uso de razón, te encierran, y al final, te ponen una pena de muerte solamente por algo inofensivo.
Si tienes suerte, alguien irá a verte al cementerio.
Todo ahí es triste... no hay nada nuevo, ningún cambio desde que ocho Olvidados dejaron Daemón para la prueba definitiva de los poderosos y la señal que acordaron en que serían para avisar a los mágicos.
Más de cien años atrás, dos bandos se unieron contra el tercero para gobernar ante todo el mundo y se creó la mayor unión de poder que jamás se haya conocido. Por su parte, los mágicos de la ADM siguieron siendo los mágicos de la ADM y los poderosos de Daemón, siguieron siendo los poderosos de Daemón, que se habían unido con el enemigo contra sus propios hermanos.
Los mágicos eran una evolución un tanto artificial de los Olvidados, mientras que los poderosos eran los supremos de esta especie.
-Cuando estemos listos, os mandaremos un hijo de poderoso a la tierra, el primero que vaya, el que será la iluminación de una nueva era.
Omar siempre fue un juguete, por lo menos para Julián, para Dolores era un juguete convertido en niño, y no cualquiera, SU niño. De ahí que lo mimara tanto.
Todo tiene su explicación, nada es casualidad. Ni que alguien nazca ni que alguien muera: todo tiene que ver con algo que influye a los más cercanos de éste.
La decisión de Margarita tampoco fue una casualidad, algo tiene que ver con todo esto, algo que todavía, ninguno de los ocho sabe.
La razón por la que los otros siete hayan ido, es porque en ellos se encuentra el mayor enemigo, el que supone la mayor fuerza, ¿y por qué Irati no entra en esa fuerza? Pues porque Irati es fácil de manipular, al igual que sus padres.
Las puertas de una enorme sala se abren y se cierran continuamente impidiendo que Dolores se quede tranquila a pesar de todo el consuelo que Paco intenta darle.
La niebla se hace menos densa y a pesar de toda la oscuridad que todavía se sigue manteniendo, hay algo distinto en el aire, todo se ve cada vez más claro, y no del todo como las antiguas televisiones, donde todo era en blanco y negro.
-¿Supone esto una buena noticia? -sigue insistiendo Dolores.
Pero Paco no contesta, y su silencio la preocupa todavía más, le duele, y puesto que ese es su único sentimiento, le hace dudar en si su marido y su hijo estarán bien, en si todo eso saldrá bien, y por primera vez, un poderoso duda, de echo, la mujer del más poderoso es la que duda.
-Me parecen que sus preocupaciones están de más, señora.
-Vamos, Paco, no te estoy preguntando en todo de lo que están hablando ahí adentro, solo te pregunto si tengo razones para estar así o no, en su Julián y Omar están bien.
-Que Julián está bien es un echo, de lo que están hablando ahí adentro... todo va como lo previsto, no tienes necesidad de preocuparte. Ni por Omar, es un buen chico, estará bien.
En cambio, esas palabras no tranquilizan a Dolores ni la pone en sentir ese vacío que acostumbra.
El chico que lo está pasando realmente mal es Carlos. Alejado de su abuelo, de su única familia, de los que pueden sacarlo de ahí y torturado cada día por Irati, que cada vez, tiene los ojos más blancos.
No puede volver a la caseta porque desde que Hermenegildo huyó con Abraham, se les busca por todos los lados, y él, siendo el más cercano, ya no tiene la opción de dejarlo todo, le toca sufrir más que nada, pero en su cabeza eso vale la pena si se encuentra haciendo lo correcto para él y salvando de la tiranía a sus seres más queridos.
Osvaldo... no para de estar en su cabeza todo el santo día. No parece el más típico líder de... eso. Parece más bien que tenga la pinta de un auténtico mágico de la ADM.
El pelo rapado y negro le da una pinta de duro que sus tres cicatrices, una en la frente, pequeñita y de hace mucho tiempo, otro, en el moflete, hacia adentro y todavía de más tiempo, y él último, justo al lado del ojo izquierdo no es de hace mucho tiempo, es bastante reciente. Encima tiene esos ojos azules que te dan miedo por su seriedad y la expresión de su cara. Es alto y robusto, fuerte, musculoso, y aunque estas cualidades las vaya perdiendo poco a poco y se vaya debilitando, él sigue pareciendo echo de roca.
No sabe si confiar en él o no, debería de hacerlo, pero le cuesta, además, ni él ni nadie se ha preocupado por él y aunque sea, ha intentado buscarlo.
Él debería de ser el más apto para buscarlo.
Cubierto de sangre y de lágrimas negras, tirado en una esquina como alguien a quien nadie quiere, sufriendo como nunca y superándolo como nadie.
Carlos es más de lo que nadie jamás pueda imaginarse.
La luz que se ve por la ventana de su celda cada vez se va haciendo más clara, y cada vez más, y los colores se van distinguiendo poco a poco.
Duele la vista pero vale la pena ver todo el desastre que Daemón es en color, tan feo y con colores que no pegarían ni con cola, con cosas podridas por la calle, con gente sucia y calles llenas de objetos que se han echado a perder.
En la calle, observándolo todo, Irati, que se dirige con los ojos más blancos que nunca al gran ayuntamiento-casa de los poderosos, donde como cada mañana a primera hora, tortura a Carlos por puro placer.
La luz llega a tal punto que parece un día de verano sin nubes cuando el Sol está dando de pleno, uno de esos días en los que tú vas a la playa con tu familia o con tus amigos a pasártelo en grande.
La única diferencia es, que ese sitio sigue siendo tan frío como el polo norte o el sur, sin cambios en la temperatura, solo la luz y los colores.
Algo ha pasado, alguien ha entrado.
Julián, sentado en su silla sonríe, ya verá qué gracia le hace cuando los de la ADM no aparezcan en ningún momento, porque la razón de que la puerta se haya abierto, se encuentra en el pequeño grupo de rebeldes que está dispuesto a dar lo que no tiene para salvar a los demás.
Liderado por Osvaldo, quien por primera vez ha usado las puertas para transportarse, ya que su poder ha debilitado en su estancia ahí.
No hay nada peor que la sensación de que te hayan dejado solo, abandonado, como los crueles dueños que abandonan un perro en verano porque no lo pueden cuidar de ninguna manera, a merced de lo que le pase, cuando lo que más necesita es la ayuda de alguien.
Carlos no tiene ayuda, y ahora es cuando más la necesita. Ahora es cuando más necesita a su abuelo, a Elías, a cualquiera de las primas, a Margarita, a la hermana de su abuelo o al espíritu santo si quiere aparecer en ese momento, pero alguien, aunque no exista.
Se dice que las lágrimas son frutos de debilidad, o así los ven en Daemón, como puro cobarde y debilucho, pero si tuvieras que sufrir todo lo que él sufre, llorarías todos los días a todas horas.
Carlos, como buen chico, en cambio, generoso y que siempre piensa en los demás, le ve dos noticias a ese momento, quizá tres, si se luce, apartando su estado. Dos buenos y uno malo.
¿Los buenos? Que ahora los siete de afuera, (quitando a Omar), van a tener la ayuda suficiente para salir adelante y todo, y la segunda es que los de la ADM no han entrado.
¿La mala? Pues eso, que los de la ADM no han entrado y que el que va a sufrir las consecuencias es él.
Y no las consecuencias de Irati, sino unas consecuencias todavía peores, las consecuencias que mezclan el poder de Julián y el carácter del mismo hombre.

miércoles, 9 de abril de 2014

Capítulo 61

-No es nada grave, solamente le han salido las alas. -dice Elías cuando entra al salón y enciende la luz.
Fabio grita de dolor, se cae al suelo y se retuerce en la dura madera.
-Lo siento, tío, pero sino, no vemos.
Omar y Ainhoa miran extrañados al sofá.
-No es nada. Un efecto secundario del cambio de los dieciocho. Seguirá siendo débil a la luz durante un par de minutos más. Y Enara se ha desmayado, llevamos esperando diez minutos a que vuelva a ser ella otra vez.
-¿Y los demás?
-Nerea intenta encontrar algo para que no le duela tanto y para que la herida de la espalda le cicatrice, Leo está ayudando y yo acabo de volver al oíros.
-Sabemos donde está Valeria. -dice sin ningún rodeo Ainhoa. -Pero para ello necesitamos encontrar unas cosas por las que Nerea y Enara me van a matar, tendremos que separarnos y dejar el lugar.
-Puede que no volvamos. -añade Omar.
-¿Cómo sabes tú eso? Que yo sepa, Claudia no ha dicho nada sobre el tema.
-Ya, pero sus ojos sí. Además, si es algo peligroso, puede que alguno de nosotros muera, pero encontrar a Valeria supone encontrar a la ADM, tendríamos la misma ventaja.
-La misma no, pero nos acercaríamos un poco. Además, algún día ya moriremos. -responde Elías.
-¿Qué debería de enfadarnos a Nerea y a mí? -pregunta Enara en el suelo, inmóvil.
A Ainhoa casi se le sale el corazón del pecho, se enfada tanto que estaría dispuesta a darle a Enara con cualquier cosa que encontrara primero. Dos sustos en dos minutos, todo un récord.
-Que vengan.
Cuando Nerea entra, ayuda a Fabio a levantarse y a ponerse bien mientras que Leo viene por atrás con una bolsa, las pezuñas de su perro hacen ruido en la madera y lo hacen resbalar un poco. Enara sigue en el suelo, ni falta que le hace levantarse, no tiene fuerzas, y Elías, por hacerle compañía, se ha sentado a su lado. El público ya está, ahora es turno de los cuenta-cuentos.
-Bueno, como ya sabéis, Valeria está atrapada por los de la ADM. Pero, eso no es lo único que sabemos, hoy hemos descubierto que hay algo más. No son Olvidados, pero no son mágicos, y como son algo intermedio... hay que buscar su ayuda. Estamos solos aquí arriba. -empieza Omar.
-Y a la vez, debemos de ayudar a Valeria a salir, y para sacarla, tenemos que encontrar cierta piedra porque solo dos personas conocían el paradero de los mágicos, y los dos están muertos. -continúa Ainhoa.
-Ainhoa tuvo que hacer algo para sacarle el recuerdo a una de esas dos personas, de las cuales Nerea y Enara están al tanto, pero lo perdió, por lo que tenemos que encontrar la piedra.
-¿Que perdiste la piedra? -pregunta incrédula, Nerea. Mira a los lados, todo el mundo la mira, por lo que ella baja la mirada y se esconde detrás de las nuevas grandes alas de Fabio.
-Y se me rompió. -añade Ainhoa.
-Bueno... será en dos, ¿no? -intenta la chica escondida.
-No. Catorce. -responde Ainhoa cerrando los ojos.
Enara incluso se incorpora.
-Que piense un poco, lo que tenías que buscar y te preocupaba, ¿era una maldita piedra que se había perdido? -exclama Elías.
Ainhoa asiente y las otras dos chicas metidas en el problema la mira fijamente a los ojos.
-Encontrando el recuerdo de mi padre, podemos encontrar a Valeria, y de esa forma tendremos doble ventaja sobre los mágicos.
-Pues vamos. -dice decidido Leo.
-No. Todos no. -interrumpe Omar.
-Necesitamos ir a por las piedras para encontrar, pero también necesitamos armas y defensa y por último, necesitamos encontrar a los otros. -termina Ainhoa.
-Tres grupos, entonces. -piensa Fabio en voz alta.
-¡Qué listo! -comenta Elías.
-Pero tienen que ser grupos fijos, necesitamos dos personas fuertes e inteligentes para las armas y las defensas, también se podrían inventar estrategias. Y sí, eso va para vosotros dos, Fabio y Elías. -dice Ainhoa mirándolos a los dos.
-Leo tiene a su perro y Enara da confianza. -la rubia sonríe alegremente. -Por lo que iréis en busca del último grupo. -sigue Omar.
-Y los tres que quedamos iremos a por las piedras, y hay razones para esto. Tenemos que dejar la casa, por lo que necesitamos coger lo primero que encontremos, lo más necesario de todo. ¿Tenemos mochilas suficientes? -da por terminado a la explicación un poco molesta Ainhoa.
-Oye, nosotros, es decir, Fabio y yo, necesitamos crear armas y defensas y cosas así... ¿por qué tenemos que irnos? Con lo agustito que se está aquí. -se queja Elías.
-Todos tendremos que irnos. Nosotros tres buscaremos algún que otro coala, es necesario para encontrar la piedra relacionada con la frase de Alba.
-¿Cómo que frases? ¿Qué tienen que ver con las piedras? -pregunta Leo.
-Catorce frases, catorce trozos de piedra. No puede ser casualidad. Y una última cosa más, ya no es tiempo de esconderse o intentar ser distinto a quien eres, basta de esconderse, y eso va para vosotras, primas, pero también para todos los demás. ¿Entendido? -pregunta Ainhoa.
Todos asienten y se levantan.
-Lo necesario. Nada más ni nada menos. -recuerda Omar.
Siete mochilas desaparecen en siete habitaciones distintas con siete personas de las que cinco van a salir totalmente distintos de cómo han entrado.
Cada uno de ellos sigue teniendo su mirada fija en la misma puerta que tanto se ha abierto y cerrado en esa semana y media dándoles buenas y malas noticias, alegría y desesperación, pero sobre todo, un nuevo comienzo para una nueva vida que está a punto de cambiar radicalmente.
Fabio lleva una enorme gabardina que le queda enorme, mientras que Elías lleva dos mochilas, una en cada mano. Son los más extraños de todos.
-¿Dónde y cuándo nos encontramos? -pregunta Enara. -Si nos separamos no volveremos a vernos.
Ainhoa mira a Nerea, extrañada, y esta le devuelve una mirada y una pequeña sonrisa indicando que Enara es más pesimista de lo que nunca hubiera creído.
-¿Fabio? ¿Sabes algo, pequeño listillo? -pregunta Ainhoa como recurso.
-Ni idea alguna. Pero sé que los rebeldes sí que conocían técnicas que les permitía comunicarse entre ellos sin la interferencia de los poderosos. -dice mientras que su cara se gira hacia Nerea.
-Vale. No hace falta explicar nada, uno de cada grupo sabe cómo funciona y lo ha probado alguna vez, así que en marcha.
-¿Cómo era? -pregunta Elías.
Enara comienza a cantar a lo bajito.
-¿La canción? Seguir las instrucciones, ¿no? -termina por fin.
-Así es, en marcha. -insiste Nerea.
-¿Por qué tienes tanta prisa? -pregunta Omar.
-Porque cuando más tiempo tardemos aquí, más tiempo tardaremos en encontrar todo lo que necesitamos, y me conozco, algo peor, os conozco, si fuera por nosotros nos quedaríamos aquí viendo los bichos de la tele.
Los demás sonríen. Lo peor es que es verdad, y viene bien tener a alguien capaz de controlarse y que tiene claro lo que debe y tiene que hacer.
-Recordad, verdad y más verdad, todo lo que salga de nuestras bocas tiene que ser sincero, porque sino, no llegaremos a nada.
-¿Pero no decía la voz y la chica que imitaras a...?
-¡Cállate, Omar! Necesitamos la verdad, entre nosotros, por lo menos. La verdad entera.
Ainhoa, por primera vez, nota la mirada de los seis en ella, puesta con gran interés, como si por primera vez comenzaran a entenderse sin insultos ni cualquier otra cosa ofensiva que pudiera crear esas pequeñas batallitas entre ellos.
-¿A dónde vamos nosotros? -pregunta Elías.
-Al único lugar que parece ser seguro para nosotros: el bosque.
-¿Qué? ¡Yo no pienso volver ahí! Estás majareta, pequeña bruja-niñata.
Por primera vez en su vida, Ainhoa no se molesta con el apodo, más bien, le gusta que le llame así, ha comenzado a tener algo con todos, a echar tales raíces que se sigue enfadando, pero bueno, lo hace menos, lo cual se agradece.
-Deberás, porque ahí saben de nosotros, hay quienes nos salvan y quienes nos advierten. Ignorad la ayuda de estas últimas y seguid con vuestro trabajo. Armas y defensa.
-Armas y defensa. -repite Fabio como un lorito.
-¿Y nosotros? -pregunta Leo, que ha estado escuchando todo el tiempo sin abrir la boca una sola vez.
-También al bosque, es donde aparecen las ayudas. ¡Es obvio! -exclama Nerea.
-Y llevad una rama. -añade Omar.
-¿Una rama? -ahora la que repite es Enara.
-Sí, es una larga historia, pero os ayudará con una pelirroja, si se la enseñáis, os tendrá miedo, pero también sabrá de parte de quién vais. Es sorda así que no os escuchará. ¿Con eso les bastará?
-Sí, Omar. -asiente Ainhoa.
-¿Nosotros por dónde empezamos? -pregunta Nerea.
-Por buscar el zoo más cercano a este, un zoo que tenga coalas. También tenemos que analizar las frases, las personas no parecen importantes, pero su significado sí, hay que ver más allá.
-¿Y será ahí donde estén las piedras?
-Puede que sí, puede que no. Hay que probarlo.
-Y lo mejor es empezar por el más fácil: la frase del coala.
-Bien, pues manos a la obra, practicaré para intentar comunicarme, no os alarméis durante los primeros dos días.
-Vale, Elías, pero ten cuidado con caerte. -advierte Nerea.
-Y con los mareos. -añade Enara mientras se despide con la mano a todos.
Leo coge a Tadeo por el collar que lleva puesto y lo arrastra en su dirección.
Ainhoa, Omar y Nerea observan cómo sus amigos se separan de ellos, el trabajo más difícil pero a la vez más interesante les ha tocado a ellos, y no les importa.
-Bien, ¿alguien sabe dónde está un zoo? -pregunta Omar al minuto de que ya no vean ningún alma, pero siguen mirando al horizonte, muy importante el hacerse el interesante.
-Ni idea, tendremos que fingir que somos turistas. -admite Ainhoa.
-Mentir se me da muy bien. -comenta Nerea.
-Otra razón por la que te hemos elegido a ti y no a tu prima. -sonríe Ainhoa mientras que conduce a sus amigos por el camino hacia otro lado.

viernes, 4 de abril de 2014

Capítulo 60

La tal Claudia, la loca, no ha tardado en aparecer.
Solo han pasado cinco segundos desde que Omar se ha quedado solo y ya a vuelto a tener compañía, la de una chica pelirroja con la cara llena de pecas, bajita y pálida, con una nariz respingada y un flequillo muy recto que casi llega hasta sus cejas finas.
-Hola, Omar.
-¿Qué tal?
-Bien, ¿y tú?
-También.
-Me alegro. ¿Necesitabas algo?
-He visto tu futuro otra vez, huye de él, escóndete. Si la buscas la encontrarás, y no estás lejos de hacerlo de la peor manera posible.
-Vamos, que lo de siempre, ¿algo nuevo?
-Es algo serio, Omar, nada para tomárselo a la ligera. Tengo el don del futuro, y por una persona con la que puedo compartirlo me da la espalda.
-Lo siento, vale, pero hay algo en lo que me puedes ayudar.
-¿En serio? Dímelo, que te ayudo.
-¿Qué es lo que eres?
-Oh, eso no puedo decírtelo. ¿Cualquier otra cosa?
-Me vendría bien que me dijeras dónde está Valeria. Una chica rubia a la que la ADM, una organización que no tiene mucha importancia, se ha llevado.
Claudia palidece más de lo que en realidad es.
-No la busques, eso te llevará por el mal camino. Si coges el mal camino te la estás buscando.
-Solo te digo que necesito saberlo. No es solo por mí. También es por otra gente.
Omar mira hacia donde está Ainhoa, es el gesto de que salga.
Claudia, instintivamente, mira hacia la chica que ha empezado a salir con un pequeño palo.
-¿En serio que no has podido encontrar uno mejor?
-No quiero arrancarle un palo a un árbol, así que sí.
Claudia los mira extrañados, no sabe qué hacer, a pesar de ver el futuro, esto no lo ha visto venir, lo único que sabe es que hay una chica con un palo... ¡Y con el pánico que les tiene ella a los palos!
-Os diré lo que necesitéis, pero no me hagáis daño. -dice con un hilito de voz.
A Omar le dan ganas de dejarlo todo de lado, pero tiene que ser fuerte, ¡a un lado los momentos en los que su sensibilidad casi puede con él! En ese momento le vendría bien ser tan fuerte como la chica que se encuentra a su lado.
Lo que Omar no sabe es que a la chica que tiene al lado le gustaría estar tan seguro como él, ya que está a punto de cagarse en los pantalones sin saber qué hacer. No tiene ni idea de nada: ni la conoce, ni conoce el sitio, apenas casi conoce a Omar... ¡Todo es una locura!
Los tres se muestras perdidos, pero la pelirroja paranoica de los palos es la única que de verdad lo admite por sus expresiones.
-¿Quién eres? -pregunta Ainhoa. Ella se ha dado cuenta, Claudia también, y Omar, por supuesto que sí, y lo que Ainhoa no quiere que piense que es una tonta, pero es que su voz ha temblado notablemente.
-Pregunta que quién eres.
-Claudia.
-Está sorda, ¿recuerdas?
-Ahora sí. Pregúntale qué es.
-¿Qué eres?
Claudia no responde y aunque a Omar le siente fatal, pero no le queda otra opción que acercarse a ella con el palo en su dirección.
-¡No puedo decir lo que soy exactamente! ¡Solo puedo deciros que dentro de poco sabréis de mí! Por favor, todo a su ritmo. Necesitáis saber varias cosas... hacedme caso, no busquéis a la chica.
-Necesitamos a Valeria, me da igual lo que ella pueda decir, saldremos adelante, pero con Valeria. -murmura Ainhoa sin tener en cuenta que él es el único que la puede oír.
-¿Dónde está Valeria? -pregunta Omar.
-Ni siquiera yo lo sé. Solo veo un lugar muy luminoso lleno de pinos. No lo conozco. Lo único que sé es que si alguien lo sabía, ese alguien era tu padre, Ainhoa, y para encontrar a tu padre... -Claudia se para cuando ve abrir la boca a Ainhoa.
-La jodí. Enara y Nerea me van a matar.
-La piedra que se te rompió, ¿recuerdas? En catorce trozos. Nos nos rechacéis. Olatz, Rocío y yo somos las únicas que podemos ayudaros realmente, en las únicas en las que podéis confiar.
-¿En esa loca? -pregunta Omar.
-Sí, en esa loca, pero esa loca es la única que sabe la verdad sobre vuestras vidas y todo lo que escondéis, así que yo tendría cuidado. -le responde a Omar, y luego, mirando a Ainhoa, añade. -Solo con encontrar la parte de memoria de Margarita respecto a tu padre ya os debería de conducir hasta la clave para encontrar a los de la ADM.
-Si sabes la clave, ¿Por qué nos obligas a hacer eso? -pregunta Omar.
-Quizá ahora no lo veáis necesario, pero lo es. Haced parejas, dos son mejor que uno y puede que las dificultades que se os presenten sean grandes. Si no me equivoco, tenéis a las dos nietas de Margarita, ellas son importantes en este juego, luego estás tú, Ainhoa, también importante por tu padre, Omar, que es el único que puede hablar conmigo, Fabio, muy inteligente y miterioso, sabe más de lo que creéis, Elías, todavía más misterioso y necesario, por último Leo, su perro es el que necesitáis.
-En serio, dinos la clave, por favor.
-Solo os diré que la clave está delante de vuestras narices. Ahora a buscar las piedras, que perdéis el tiempo en esto si tanto queréis salvarla. Y recuerda Omar, no la busques nunca.
Claudia se va corriendo.
-¿Crees que nos ha dicho suficiente? -pregunta Omar, preocupado.
-Nos ha dicho más que suficiente, de echo, hasta nos ha dicho cómo dividirnos. Haber, catorce trozos de piedra...
-¿No eran catorce las frases que te vinieron?
Ainhoa lo mira con los ojos abiertos.
-¿Estás insinuando...?
-He aprendido que las casualidades no existen. Catorce personas que te dicen catorce frases que seguro que están relacionados con las piedras.
-¿Y tú cómo sabes eso?
-Tengo un oído fino.
Ainhoa no hace demasiado caso, seguro que sabe más de lo que cuenta y que eso del oído es una mentira, pero ha prometido no hacer más preguntas, y él, seguro que no se anima a hablar del tema.
-Por cierto, ¿qué tal la tele esta semana? -le pregunta.
-Como siempre, todo es telebasura.
-¿En serio?
-Todo se repite, no hay nada más. Sobre todo si no tienes nada mejor que hacer todo el santo día, tú estás aburrido y el estar aburrido aburre todavía más la tele. Y no intentes sacar más temas porque ahora estoy pensando en cómo volver a casa.
Ainhoa sonríe, le ha echo gracia, puede que mucha no la tenga, pero bueno, ella tiene derecho a sonreír por lo que le apetezca. Incluso en esos malos momentos.
Omar comienza a andar hacia la izquierda, mirando meticulosamente cada detalle que se encuentra en el paisaje.
-Es por aquí. -dice por fin.
-En realidad, querido sabio, es por el otro lado.
-¿Y por qué no me has dicho nada?
-De vez en cuando pensar más de la cuenta no viene mal. Hay que ejercitar el cerebro, amigo.
Omar aprieta los puños pero termina por sonreír y seguir a la experta.
-¿Cuántas veces te has perdido exactamente?
La ha pillado. Chico muy listo. Demasiado listo. Pero no es la primera vez que cosas así pasan.
-Cuatro o cinco, igual me equivoco y llegan hasta siete. ¿Tú sabes el dicho de que el hombre es el único animal que tropieza dos veces? Pues yo lo he echo siete veces, por lo que más no me puedo equivocar.
Y no se equivoca, pronto se encuentran con el sendero que han seguido para llegar a ese punto, escondido entre los matorrales de antes.
Esta vez, en el camino, no hay silencios de ningún modo, los dos charlan tranquilamente mientras que sus cabezas olvidan que se encuentran en un momento de crisis, aunque, tampoco son los únicos.
Ainhoa sabe eso, pero hace como si no se diera cuenta, porque no quiere. Quiere seguir hablando con él y reír en paz antes del volver al dolor.
Él, en cambio, sí que se ha olvidado de la gravedad de la situación, y cuando ven la casa a lo lejos, todo vuelve a su cabeza:
-Deberíamos de ponernos serios. -dice entre risas.
-Empieza tú. -responde la chica, también entre risas.
-Yo no puedo.
-Pues yo tampoco, así que vamos para adelante.
Llegan y abren la puerta del jardín para subir las escaleras y encontrarse con el silencio más escalofriante que se puedan imaginar.
De echo, mientras que un escalofrío recorre la columna vertebral de Ainhoa, la chica se vuelve seria, ahora sí que no es un asunto de reírse, no se escucha ni un alma cuando deberían de haber cinco. Omar la imita y su cara coge una mueca que se podría confundir con una de dolor.
Ni la primera ni el segundo dicen nada, abren la puerta y entran. Miran hacia los lados. La chica tose. El chico abanica su alrededor para despejar el aire.
-¡Fabio! ¿Qué ha pasado? -pregunta la chica.
Omar la mira extrañado y ella le responde con otra mirada. Se entienden al instante. Seguro que ha sido obra suya.
El chico mira al suelo y se encuentra con algo... sangre granate. La sangre que la mayoría de ellos tiene en ese momento.
Más adelante, un cuerpo pálido. El de Enara.
Ainhoa se abalanza para ayudar a Enara mientras que Omar se queda mirando el alrededor, buscando cualquier cosa sospechosa.
-¿Qué es eso que está detrás del sofá? -le susurra a Ainhoa.
La chica alza la vista y busca el sofá. Ahí esta. Y ahí están también.
Unas alas enormes, elegantes y negras sobresalen cubiertas de sangre granate, la misma que debe de estar en el suelo, deducen, y débiles.
-¿Fabio? ¿No será esto una broma?
-No lo es. -dice Fabio con un hilo de voz.
-¿Dónde estás? Hay una cosa rara detrás del sofá.
-Yo soy la cosa rara detrás del sofá.

miércoles, 2 de abril de 2014

Capítulo 59

De todas las cosas que le han pasado por la cabeza, Ainhoa nunca se imaginó que quedaría dormida en el hombro del hijo de uno de los poderosos.
Eso nunca, pero es que con lo increíblemente humana que se está convirtiendo, la Sanación ya se fue, ahora necesita dormir.
Cuando se despierta, ya casi es de día, el amanecer está delante de ellos y lo único que oye es... ¿cómo él respira?
-Oye, ¿también? -dice señalando su nariz.
-¿Recuerdas la comida que a Elías se le cayó y nos servía a todos para un mes?
-Sí. Pues era la comida que aquí arriba nos permitía seguir siendo totalmente Olvidados. A veces afecta más al cuerpo y otras veces no. Para ti y Valeria era esencial.
-Otro secretito de Don Poderoso.
-No me llames así.
-OK.
Ainhoa se incorpora, y los dos hacen como si ahí no hubiera pasado nada. Pero es que Ainhoa ha hablado con Omar durante tanto tiempo que ya se le había pasado casi la noción del tiempo.
-¿Vamos? -pregunta el chico.
-¡Claro! -responde la chica.
A medida que van andando callados por el sendero del bosque, Ainhoa nota miradas en ella, miradas no deseadas: espías.
Se intenta alejar el pensamiento rápidamente de su cabeza.
En la noche hablaron más sobre su padre, y Omar le hizo la pregunta de si de verdad quería buscar a su padre. Ella le dijo que sí. Pero algo le dice que para encontrar verdaderamente a su padre, necesita encontrar su mayor pérdida: la piedra azul marina.
-Me parece que alguien nos sigue.
-Ya, a mí desde hace un tiempo.
-¿Y no dices nada?
-Demasiado tiempo teniendo paranoias te dejan este tipo de problemas.
-Dudas.
-Lo que tú quieras.
-Lo que yo quiera no, Omar. No puedes ir ahí por el mundo cometiendo errores y confundiendo a gente. Ese no es un problema, es una duda.
Omar pestañea y suspira profundamente.
-¿Acaso te preocupa?
-Pues sí. -dice ella.
Al chico le extraña, mientras que a la chica le extraña que le extrañe al chico. Situación extraña. ¿Por qué todo es extraño ahí y no existen más adjetivos?
Otro pequeño ruido y otro suspiro de Omar rompen el silencio incómodo, pero por desgracia de los dos adolescentes, el silencio incomodo gana incomodidad.
-¿Por qué te has parado? -arranca por fin Ainhoa.
-¿Qué te apuestas que el tercer ruido es como una especie de llamada con voz de mono estreñido?
-¿Estás de coña? ¿Cómo puede ser eso?
-No.
-Pues bien, te apuesto...
-¿El silencio sobre los temas que sean de intimidad propia? Si quiero te los digo, sino, no.
-Vale.
Los dos se callan esperando a que el tercer ruido vuelva, el que según Omar va a tratar de una llamada con voz de mono estreñido.
-Una duda. ¿Cómo es el ruido de un mono estreñido?
-¿Has oído alguna vez a algún humano estreñido?
-Sí, a Rafa.
-Ese detalle bastaba, pero es lo mismo en un mono. Como si estuviera haciendo fuerzas para hacer caca.
-Qué fino nos ha salido el niño.
-Bu.
Ainhoa traduce y le sale una sonrisa. No sabe exactamente por qué es, si por el disparate de su amigo o por la palabra de niño que no puede evitar pronunciar.
La chica observa cómo Omar cuenta con los dedos, pero es una cuenta atrás, lleva dos dedos y dentro de nada llegará a la nada.
Diez, nueve, ocho, siete, seis, cinco, cuatro, tres, dos, uno y... ¡Ja! ¡Silencio!
Ainhoa se gira para restregárselo a Omar cuando éste se adelanta:
-Ahora.
¡Pues bingo! Omar da en el clavo. El ruido desde luego que sí que parece lo que el chico ha descrito, esta se la sabía muy bien.
-¿Qué quiere decir esto?
-Que no podrás presionarme y que la rarita acosadora que sigue me está indicando que me aleje.
-¿Alejarte?
-Dice que ella ve mi terrible futuro y que necesito encontrar a los innombrables.
-¿Eso significa que...?
-Sí. Está más loca que Olatz.
-No quería decir eso, pedazo retrasado, si me hubieras dejado terminar...
-Pues dilo.
-Quería decir que eso significa que eres todavía más imbécil de lo que me imaginaba. Haber, Olatz conoce a la ADM y no es ni una mágica ni una Olvidada, y esa chica te sigue diciendo que ve tu futuro... hay que hablar con ella antes de que se aleje.
-Entonces me tengo que alejar de ti.
-¿Por qué estamos hablando en alto si está cerca?
-Tranqui, no nos oye, tiene una especie de maldición.
-Pues si te oye nos estará oyendo ahora.
Omar vuelve a suspirar. Ya lleva tres suspiros en mucho menos de diez minutos.
-Haber, que tú también eres más imbécil de lo que me esperaba. Tres cosas: uno, es sorda por una maldición pero puede hablar por alguna razón conmigo, dos, por lo que soy la excepción y eso quiere decir algo, y tres, está loca, no sabe mucho, sino que está ida.
Ainhoa suspira, si fuera por ella, en ese mismo momento Omar ganaría una marca roja impresionante en su mejilla, cualquiera de las dos, pero el tema es la torta. O el moratón que un puñetazo en cualquier el ojo le dejaría, si prefiere.
Eso sí, siempre con opciones para quien luego diga que no tiene opciones para nada.
-De todas formas, ¿qué perdemos con preguntárselo? Quizá sabe algo.
-¿Como qué?
-Pues si tu familiar está bien.
-O la verdad sobre tu padre para que puedas dormir tranquila.
Ainhoa se muerde la lengua, no conviene discutir con él, es imposible. Es que los dos son imposibles y van a querer dar la última palabra.
-O podríamos preguntar dónde está Valeria.
-¿Pero si seguimos tu teoría y resulta ser de la ADM?
-Si no te ha echo nada...
-Soy hijo de dos poderosos, se creerán que mi decisión ya está más que tomada.
-¿Quieres que haga como en el juego que Fran hace con Alba para que le haga caso?
-¿Qué juego?
-Alba va a ir a la cárcel.
-¿Cuál es el juego?
-Cuando Alba no hace algo que debe, Fran le amenaza con estas palabras, y si sigue sin hacer caso, la deja en una esquina, sin poder salir. Si está sorda, no podrá oírme. Si te ataca, la llevaremos a la cárcel imaginaria del bosque.
Omar sonríe.
-Está más que echo.
-¿No tendrás miedo?
-Para nada.
-¿Alguna otra cosa que necesites para que te ayude?
-Le tiene miedo a los palos.
-¿Por qué?
-No sé, supongo que tendrá que ver con su maldición o algo. El por qué da igual, detesta los palos, siempre hace caso al que tiene el palo, por muy pequeñito que sea.
-¿Qué crees que habrá sucedido con los demás?
-Conociéndonos a todos. Estarán en peligro.
-¿Cómo?
-Nerea es como una moneda, dos caras. Enara también. Elías es un auténtico busca-problemas. Leo es demasiado ingenuo. Fabio se cree que lo controla todo. Y Valeria es obvio, está entre los de la ADM.
-Y fue mencionada por el gato de Olatz, que al parecer la conoce.
-Ahora lo principal es encontrarla a ella.
-¿Y cómo sabes tú todo eso?
-Seré hijo de los poderosos, pero me he aprendido a buscar la vida. Vamos a por la loca de Claudia.