viernes, 30 de mayo de 2014

Capítulo 72

-Izquierda... ¡no! Derecha. ¿Cómo mierdas se sigue a esto?
-Llevas una hora guiándonos. -enfatiza cada última palabra. -¡Una hora! -grita mientras que pega con el codo en su brazo.
-¡Oye! ¿Sabes que eso duele?
-Hace casi un día que no duermo, si te consuela. -responde Nerea.
Ainhoa y Fabio siguen por detrás. Hace ya dos horas que han dejado el grupo y buscan a Valeria, han nombrado a Elías como el líder, pero parece ser que la verdadera persona echa para el trabajo es la menor de todos.
Aunque parezca mentira, cerrando el grupo, se encuentra Hermenegildo.

Hace dos horas.
-¿Te tenemos que repetir qué haces aquí? -se introduce Nerea metiendo la cabeza entre los dos asientos al escuchar la pregunta de la chica perseguida por un enorme silencio.
-No soy el único. -es lo único que contesta.
Ainhoa mira hacia atrás y se encuentra con las caras de Elías y Fabio sonrientes, como si a ellas también les esperara algo más, incluso más emocionante.
Media hora en coche sin que Ainhoa diga una sola palabra, solo escuchando la conversación de los otros tres, como un enorme moscardón, y sintiendo clavada en su hombro la mano de Abraham, que observa por la ventana, sin decir nada.
-¿Y qué hay sobre Enara?
-Nada. -contesta Fabio.
-Supongo que entonces no tendré que preguntar sobre Leo.
-Y que lo digas. Llevamos intentando saber de ellos tanto tiempo que ya los días parecen años. Pero bueno, ellos no han venido, pero han llegado otros, ¿sabéis quienes?
-Me parece que no puede haber nadie que me alegre encontrarme más que a mi prima. Y puesto que no está debería de empezar a preocuparme. Pero no haré, porque confío en ella y sé que estará bien. Encima está con Leo. Aunque él no ayuda...
-El perro es el salvador, peque, no te asustes. Además, esos poderes que tiene tu familia podrán salir así de repente. -tranquiliza Elías.
-Además, recuerdo una vez en Daemón en la que empezó una pelea en la plaza y fue Leo quien los paró, desde entonces ha sido como un punto rojo en el mapa. -añade Abraham.
-¿Y recordáis de aquella vez en la que Leo se hizo cargo de una familia entera de cuervos? Con sus huevitos y todo. -comenta Nerea para tranquilizarse a ella misma. -Y Enara finge de lo mejor, y eso la ha salvado durante años.
-Y tiene un genio de mil demonios. -dice Elías.
-¿Está Irati? -pregunta de repente Ainhoa.
De repente, se hace un silencio enorme, e incluso Ainhoa nota que los dos expertos recién llegados a la Tierra acaban de dejar de respirar, lo tienen entrecortado, y la curiosidad de los demás se hace más fuerte al ritmo que el silencio se hace mayor.
-¿La familia de Irati? ¿Pasa algo?
-En realidad... no ha pasado nada. -responde por fin Hermenegildo.
-¡Hemos llegado! Supongo que querréis ver a Carlos.
-¡Siiiii! -exclama Nerea.
-La verdad es que yo apenas lo conozco. -contesta Ainhoa.
Y todo se para, durante una media hora, en la que Nerea no para de hablar con Carlos en la presencia de Elías, mientras que Fabio se retira a una habitación junto con Hermenegildo. Quién sabe para qué. No se oye ni un ruido, por mucho que Ainhoa pegue la oreja, aunque está muy mal.
Ainhoa decide dar una vuelta por el edificio para orientarse un poco. Apenas hay habitaciones, y las que están, son húmedas y frías, tan oscuras como Daemón, y con los papeles de la pared un poco caídas. No hay habitaciones, aunque, tampoco es que en su antiguo hogar hubieran muchos. De alguna manera, la morriña vuelve hacia ella.
Los baños están en una pequeña caseta pegada al gran edificio gris, medio caído y poco higiénico, ¿quién sabe quién ha podido estar ahí?
Al lado de los baños, los cuales se encuentran pegados al comedor, hay un enorme prado. Y en el fondo de todo, una luz. Una luz débil.
A Ainhoa le pica la curiosidad y se acerca poco a poco. A medida que se acerca, grandes y pegados árboles empiezan a aparecer delante de una enorme puerta de piedras con un aspecto muy antiguo, el cual muestra años de historia... su historia.
-¡Ainhoa! ¿Qué haces? -pregunta mientras que viene corriendo Fabio detrás de ella, un Fabio que pronto empieza a empezarse un poco. -Todavía no me he acostumbrado a las alas, no sé cómo los demás lo soportan y pueden andar con esto.
-¿Qué necesitas?
-No se puede explicar mucho sobre el tema, a pesar de que debo de decirte que estamos listos para ir en busca de Valeria. -dice con una enorme sonrisa.
-¿Tienes ganas de ir en busca de pelea? ¿Qué bicho te ha picado?
-Nada, simplemente creo que por fin todos los libros han valido la pena, y para seguir, simplemente me siento feliz, ¿hay algo de malo en eso?
-No. ¿Esta es la puerta que cruzamos para llegar aquí?
-Afirmativo.
-¿Y llegamos por el bosque?
-Afirmativo.
-¿Y cómo encontrasteis Elías y tú este lugar?
-Pensamos que si los de la ADM han vivido aquí durante años deberían de tener un almacén abandonado, y tenía razón.
-¿Fue Elías quien lo pensó?
-Afirmativo también, a pesar de que me hubiera gustado pensarlo a mí.
-¿Tenemos que volver?
-Sí.
Volviendo, la chica se da cuenta de que Fabio también ha cambiado, se expresa más, muestra más lo que siente y demuestra quién es. Elías, la verdad, es que sigue siendo el mismo. Pero Nerea también ha cambiado tanto que no se cree estar en frente de la misma Viva a la que conoce de toda la vida, aquella con quien se encontraba y a quien odiaba. Ahora no la adora por completo, pero la siente importante, es su amiga, y le importa.
Mierda. Su corazón se está ablandando. ¡Pero si es ella la que tiene los recuerdos de su padre!
Y si mal no recuerda, ella le prometió el mismo día que le dio la piedra que podría darle los recuerdos de su padre si los conseguía... aunque fue ella quien la rompió y perdió los trozos.
Pensativos y sonrientes, vuelven.
-Por fin habéis vuelto. Es hora de que vayamos a por Valeria. -saluda Elías.
-Fabio ya me lo ha dicho.
-Pero eso no es lo mejor. ¿Recordáis dónde está la puerta? Ese es lugar donde nos encontraremos de aquí a tres días: vamos a atacar.
-¿A atacar?
-Sí. ¡Les vamos a dar caña a los malditos mágicos! -se emociona Nerea. -Por fin les daré una buena paliza...
-No. Tú vas con ellos. -dice mientras que señala a los otros tres.
-No nos creen tan superiores. -bromea Elías.
-Por eso tú serás el líder. -continua Hermenegildo.
-Mola.
-¿Y vosotros qué haréis? -pregunta molesta Nerea.
-Yo iré en busca de Enara y Leo, Abraham y Carlos se encargarán de atacar los subsuelos. Los mágicos son sólo tan poderosos como son por cómo están organizados, y si se empieza a sacar fichas de abajo, se empieza a caer todo.
-¿Cómo sabes tanto? -curiosea Ainhoa, pero en seguida, por la mirada del hombre, descubre que su pregunta ha sido muy estúpida.
-Soy poderoso, yo sé mucho más sobre los mágicos que ellos mismos.
Elías se ríe.
-Lo siento. Ahora, seguidme. Vamos a seguir la estúpida piedra, dámela, Nerea.

Una hora más tarde.
-Pues bien, pandilla, nos hemos perdido. -sentencia Elías.
-¡No me digas! -exclama Nerea.

viernes, 23 de mayo de 2014

Capítulo 71

A Ainhoa, su mundo se le cae encima. En pedacitos. Todo lo que ella ha construido durante todos esos años no ha servido de nada, porque al fin y al cabo estaba construido en el aire, sin soporte, sin verdades.
-No te creo. -termina por decir.
Le ha costado, pero lo ha dicho, a pesar de que muy en el fondo no lo crea, necesita negarse a sí misma, es así como va la psicología.
-Lo mismo yo no te creo a ti. ¿Cómo puedo saber si mi padre es también tu padre? Yo siempre he sabido de él, he tenido fotos, siempre me han contado cosas de él, y me encuentro con esto, con su cara, como si fuera un vivo retrato que nunca tuve.
-Llevo buscando eso porque yo lo conseguí, yo lo conseguí para mí.
-¡Oye! -exclama Nerea, dolida.
Al fin y al cabo, se lo imaginaba, pero no pensaba que podría decirlo en voz alta, darlo por echo, darle la razón a aquella parte que Nerea nunca quiso aceptar.
-¿Tú no te habías ido? -ataca Marcos.
-No hasta que me des la piedra. -contesta firme la chica.
-Pero, ¿qué dices?
-Que ninguno de los dos tenéis razón. Sois unos egoístas.
-¿Y tú no? -interviene Ainhoa.
-Pues quizá sí, pero te recuerdo que esos pensamientos han sido sacados de la cabeza de mi abuela, yo soy su nieta, ninguno de vosotros los es. Vale, vuestro padre, ¡huy! No lo conocéis. Entiendo que queráis saber de él, pero mi abuela era lo único que me quedaba junto a Enara, así que voy a ser yo la que me la lleve, ya que nuestra AMIGA, está presa y lo necesitamos para buscarla.
Nerea se adelanta para intentar arrebatársela a Marcos. Ainhoa se queda paralizada, no la entiende. Y que luego la egoísta es ella.
-¿Qué gano yo con todo esto? -dice Marcos, con la mano en alto para que la chica no la pueda coger.
-Nada, si te soy sincera. Una hermana, si te anima. Pero por mi parte, me voy a llevar lo que desde el principio me pertenece.
Nerea salta, pero no llega. No hace falta decir que es extraño cuando el suelo se levanta y ella encima, coge la piedra de color azul marino.
Cuando baja, se dirige hacia la otra chica y le tiende la mano.
-Tú tienes otra.
-Te sorprenderás cuando lo veas. -advierte Ainhoa mientras que lo saca y se lo da.
-Eso espero. Ahora, si quieres ayudarnos, me sigues. Y tú, -añade dirigiéndose a Marcos, -de ti no me fío mucho, pero Elías y Leo lo hacen, no se lo que tenéis entre manos, pero también puedes venir.
-¿Y cómo piensas volver?
-Elías.
-¿Qué?
-Él nos dirá donde están, y nosotros iremos como humo.
-Ahora sí que todo se vuelve loco. -comenta Marcos y le pega una patada al suelo. -Por cierto, ¿no tenéis miedo de que lo vaya a contar y que desvele a todo el mundo vuestro secreto? Porque tengo un gran arma.
-Uno, si nos desvelas a nosotras, desvelas a tu padre. Y dos, nadie te creería. Tu golpe nos beneficia a nosotras, a la siguiente, piensa antes de hablar.
-Razón. -añade Ainhoa.
-¿No te molesta que se lleve los recuerdos de mí... tú... nuestro padre?
-¡Así me gusta! ¡Hermanismo al poder!
-Esa palabra no existe.
-Me da igual.
-Me importa. Y mucho. Pero Nerea es incapaz de estar enfadada en un exceso de tiempo, lo devolverá, lo que no sé es a quién, por lo que yo no me pierdo su compañía.
-Adoro tu sinceridad. Pero a veces es mejor hacer la pelota y listo. -opina Nerea.
-Bueno, pues cuando hagáis todo y el tema se termine. Ya sabéis dónde vivo. Y ya que estás. Me haréis de mensajeras. Tenéis que darle esto a Elías. Urgente. No lo abráis.
¿Y tan rápido la van a dejar ir? A Nerea eso le preocupa. Pero bueno, estará alerta, es mucho más poderosa que sus compañeros, así que puede con todos a la vez.
-¿Adónde vamos? -pregunta Ainhoa.
-Espera un poco, que todavía no he hablado con él.
Ainhoa espera, es confuso, Marcos mira la pared, pero pronto se marcha de la habitación, y probablemente, por los ruidos, de la casa.
-Ya está.
-¿Adónde?
-Dice que quedamos detrás de la casa para que nos lleven al lugar que Fabio y él han encontrado.
-Perfecto.
-El problema es cómo volvemos.
Ainhoa se gira y sale corriendo en busca de Marcos.
-¡Tú! ¡Marcos! ¿Podrías llevarnos al pueblo?
-¿Pretendéis que os lleve?
-Hombre, esperamos que para tanto no haya sido.
-Tenéis un bus. Adiós.
Ainhoa saluda con la mano y sale corriendo al encuentro de una Nerea despistada, como en su mundo. Y es entonces, cuando le toca el hombro cuando se sobresalta y sale del trance.
-Dice que cojamos un autobús.
-¿Qué es eso?
-La cosa tan grande en la que va mogollón de gente... ¡No sé cómo decírtelo!
-¡Ya sé! A ese que la gente espera en una especie de casetas de cristal.
-¡Sí! ¿Dónde están?
-Ah... ¿Y si andamos y miramos?
Andan durante casi media hora, no se encuentran demasiado cansadas.
-¿Nos convertimos en humo? -propone Nerea.
A Ainhoa esa pregunta la viene como un cubo de agua fría, la despierta y le hace pensar lo tonta que ha sido, y no sólo eso, en que todo podría haber sido más fácil.
-Pues... vale.
Todo es aburrido, por lo menos durante el viaje, no es nada nuevo e insistir mucho como que no emociona, aunque todo cambia cuando se vuelve a encontrar con los dos chicos castaños. El más alto, Elías, parece seguro y es quien las recibe con cara seria, (extraño en él) y Fabio, en cambio, el más bajito les da la bienvenida con una enorme sonrisa.
-Tenemos, lo, mejor. -enfatiza Elías, y vuelve a sonreír.
¡Ese es al chico que conocen!
-Pues, nosotras, tenemos, la, piedra. -responde Nerea, de la misma manera.
-¿En serio? ¿Podremos ir a por Valeria? -se emociona Fabio.
-Nunca creí que tú tuvieras más ganas que ninguno de nosotros.
-¿Sabéis algo sobre Enara y Leo?
-Están puestos en aviso, pero ellos dicen que necesitarán más tiempo para volver. Están lejos, han intentado buscarlos por todos los lados, y parecen haberse alejado demasiado. -responde el mayor.
-Y vemos que vosotras habéis tenido fiesta. -se burla Elías. Él tan simpático como siempre. Pero esa vez, por lo menos, no se dirige a Ainhoa.
-Me tiraron de un pendiente, luché contra un mágico, soy la que más se ha tenido que ensuciar las manos. -se defiende ella y se cruza de brazos.
-No hay tiempo, la cháchara seguirá, pero por ahora lo único que podemos hacer es volver a nuestro nuevo hogar.
-Lleno de amor y felicidad. -añade Elías.
-¿En serio? -se ilusiona Ainhoa.
-No, en realidad es un cuchitril lleno de mierda. Pero sirve para dormir, algo que hace mucha falta.
Nerea y Ainhoa siguen a los chicos, que rápidos se dirigen hacia la parte más trasera del pueblo, aquella parte donde no toda la gente es buena. Es donde más estropicios ocurren, por así decirlo.
Elías y Fabio se murmuran cosas que por mucho que las chicas quieran escuchar y pongan la oreja, no consiguen entender, por lo que al final, también empiezan a susurrar para que a ellos les pique la curiosidad e intenten usar la táctica de "te lo digo si tú me lo dices".
-No les parece importar.
-A Elías nunca le ha importado nada. -contesta Ainhoa.
-Ya, pero aun así les tendría que llamar la atención, ni un gesto de curiosidad.
-Quizá se estén intentando hacer los duros.
-¿En qué? Si estamos rodeados de nada.
-Pero en un barrio malo, eso es importante.
-Somos más poderosas que ellos.
-Pero ellos son los machitos. Es cuestión de ego.
-Pues bien por ellos.
-¡Ya llegamos! -grita Elías.
Las dos chicas paran al instante y se separan como si nunca se hubieran susurrado nada, Fabio las mira diciendo con ella de que es obvio que sí que lo han echo. Al último, no le importa nada lo que se haya dicho o no.
Por el fondo oscuro se ven dos luces que se acercan y se hacen cada vez más grandes, pero a la vez, la vista de las chicas empeora, por la luz, porque les hace daño.
Se tapan rápidamente con las manos, hasta que notan que todo ha desaparecido, bueno, no del lugar pero sí de sus caras.
-Podéis abrir los ojos, no es nada raro. -anima Elías.
-Sé que de él no se puede fiar tanto, pero hacedlo de mí, no es nada raro. -añade el otro chico.
Para cuando Ainhoa abre los ojos, Nerea hace segundos que lo ha echo, y se acerca a la furgoneta para intentar buscar soluciones. La curiosidad mató al gato. Y en ese momento, Nerea es el gato. Fiarse de esos dos no es una cosa realmente buena.
La sorpresa en cambio llena a Ainhoa de alegría cuando Nerea abre la puerta del gran coche negro que se encuentra parado delante de ellas, encontrándose con una cara un tanto familiar al volante y otro detrás, que realmente, sí que sabe de quién se trata.
El de detrás es Abraham, quien abraza a Nerea.
-¿Está Carlos?
-No aquí, se encuentra durmiendo.
La chica mira a Elías, quien sonríe. Aquella es su familia, no tiene ninguna más. Y entonces se acuerda de lo que Marcos les ha dado para que ellas hicieran de mensajeras.
-Por cierto, Elías, Marcos nos ha dado esto. Tranquilo que no lo hemos leído.
Se saca un papel arrugado de su bolsillo y se lo entrega, acto seguido, entra en el coche seguida de Fabio, que habla con la chica y el anciano alegremente.
Ainhoa se fija en Elías. Su expresión es seria y parece debatirse entre si de verdad quiere saber lo que pone.
-Yo que tú, descubriría lo que es, aunque no lo digas.
El chico asiente y entra, no habla, pero escucha la conversación.
-Entra adelante. -le dice Abraham.
Ainhoa obedece, aunque preferiría ir detrás, con sus amigos y con un hombre al que no soporta, pero tampoco desprecia.
Abre la puerta y sin mirar hacia el otro lado cierra la puerta, se coloca el cinturón de seguridad, y todavía sin arrancar el coche, la curiosidad le pica como para mirar a la izquierda.
-¿Hermenegildo? ¿Qué haces tú aquí?

miércoles, 21 de mayo de 2014

Capítulo 70

-¡Más rápido! -exige Ainhoa.
-Sí, y nos pilla la poliiiiiiiii. -exclama Rafa medio cantando y moviéndose sin parar en la silla del conductor.
Moe mueve la cabeza como si estuviera interesado en la música y la sintiera, y mientras, Nerea, lo mira divertido. Un perro bailarín, una buena elección.
Rafa tararea, pero parece algo incómodo. Algo muy extraño en él. Ainhoa y Nerea nunca se habrían imaginado que se podría cortar en una situación. De echo, no han conocido a nadie tan energético e insistente como ese hombre.
Pero el nombre de la noche no es Rafa, sino Marcos.
Ainhoa no se lo ha explicado todo a Nerea, pero ni falta que hace, con que se diga que Marcos es quien tiene la piedra del padre de la primera basta. Y que huyera de su propio recuerdo más todavía. Eso es algo que ninguna de las dos consigue comprender.
-¿Hay algo mejor que un viaje en coche? -pregunta divertido y de la nada Rafa.
-No sé. -contesta Ainhoa.
-¡Un viaje en coche por la noche! Es cuando las cosas más emocionantes ocurren.
-¿Cómo ver a Moe bailando? -se aventura la pequeña.
-¡Eso y mucho más! -exclama. -¡Qué pena que no haya ninguna fiesta! En serio, es lo mejor para olvidarse de las cosas.
A Ainhoa, esa frase le hace pensar. Siempre ha vivido en presión, a ella la olvidaron, y ella siempre ha llevado ese peso sobre los hombros. Pero no solo ella, todos los Olvidados, incluso los poderosos, son iguales en ese aspecto.
Con el tema de los poderosos le vuelve Omar a la cabeza.
Ese chico la vuelve loca. En el buen y en el mal sentido, ni siquiera sabe lo que es realmente, y el no saber dónde está desde hace tiempo la mata.
Nerea lo nota, y le pone una mano en el hombro, pero hace como si no le importara. De echo, a ella, le importa, pero prefiere hacer como sino.
-¡Aquí está bien, Rafa! Muchas gracias.
-De nada. -dice él con una voz melancólica mientras que se despide de las chicas.
Cuando se bajan del coche, todavía se encuentran a la altura de la carretera que se une al bosque, por lo que empiezan a andar rápidamente.
-Ha sido muy extraño. -dice la mayor.
-Todo lo que lo rodea ha sido siempre extraño. -sentencia Nerea.
Ambas siguen adelante, a la par, pero en realidad, Ainhoa sigue a su compañera hasta la casa de Marcos, de ahí en adelante, tendrán que seguir las piedras.
A lo lejos, ven un puñado de casas. Por fin. No han llegado, pero están bien cerca.
Se acercan un poco, pero la mano de Ainhoa detiene a Nerea.
-¿Segura de que no es ninguna ilusión?
-He estado aquí físicamente con un perro y dos amigos. Estoy segura de que no es una ilusión, y si lo es, pues lo afrontamos juntas y ya está, tan difícil no será, ¿verdad?
-Es que todo lo que rodea al chico siempre me ha dado mala espina.
-Será porque no lo conoces. Es muy simpático.
-Me lo imagino, poca gente es capaz de soportar a Elías.
-Y de ayudar a Leo en tantas cosas. Pero quieras o no, todos nosotros necesitamos ayuda de los demás, porque somos pesos pesados. Y bueno, pues hay que aceptar las ayudas, porque dos son mejor que uno.
-Eso lo has sacado de los rebeldes.
Ella lo niega con la cabeza.
-Los rebeldes nunca dejan a nadie detrás, pero siempre hemos sido unas personas bien cabezotas. Estos son pensamientos míos.
Ainhoa sonríe. Entonces piensa que de una forma u otra, a reemplazado a Irati con todos los demás amigos que ha echo y de los que se encuentra rodeada. Un sentimiento la invade: la culpabilidad. Pero Irati tiene que estar bien, ¿verdad?
Bueno, cada día falta menos para que se marchen, y a estas alturas, seguro que regresan mucho antes de lo esperado.
Ainhoa, durante los últimos días, ha solido pensar más de lo que debería, cuando antes se solía fiar de sus instintos, ahora lo hace de su cabeza.
-Oye, Nerea, ¿qué sentías cuando tu cabeza iba hacia atrás?
A la chica se le escapa una sonrisa tímida.
-Nada, realmente. Cuando volví a ser yo. Morriña.
-¿Morriña por volver a Daemón?
-No, por ser una niña despreocupada rodeada de gente a la que nunca me he dado cuenta de lo que quería.
-Yo nunca sabré lo que es eso.
-Dices eso y te pego una bofetada.
Ninguna de las dos añade nada más, porque cada una de ellas, saca su piedra para buscar aquello que deben buscar: a Marcos.
-Es como cuando los barcos siguen la luz de los faros.
-Nos acabas de comparar con objetos de metal.
-Con lo bonito que me había quedado... -resopla Ainhoa.
Nerea le saca la lengua y le toma la delantera.
-¡Oye, espera! -se queja la otra chica.
-Y en este momento es cuando escuchamos un ruido. -dice Nerea mientras que se para y también le da esa orden a su amiga.
Algo se desploma.
-¿Cómo lo has sabido?
Nerea se resiste a decirlo y avanza con toda la seguridad por la calle de la derecha mientras observa cómo la luz de la piedra se hace cada vez de un azul más intenso.
-En serio, ¿cuéntamelo? ¡Espera! ¿El poder de tu familia es la videncia?
-¡Qué va! Sino, no estaríamos aquí, ¿no te parece?
-Cierto. ¿Entonces cómo has sabido?
La insistencia de la chica la saca un poco de quicio, pero se sigue resistiendo y con toda seguridad, se para delante de una casa un poco abandonada. A la pequeña, la parece una casa más, pero a la mayor, esa casa le suena demasiado.
-¿Te suena?
-Te diré de qué si tú contestas mi pregunta.
-Mierda. Vale, he visto a un tío tan pedo que no podía casi ni hablar.
-¿De dónde has aprendido ese lenguaje?
-¡Yo qué sé! Es el que escucho en todas partes, y ahora te toca a ti, contéstame.
-No tengo ni la menor idea.
-Eres mala y manipuladora.
-Lo sé.
-Pues ahora, pequeña bruja-niñata, vamos a entrar ahí adentro y me vas a contar todo lo que se pase por la cabeza. Me debes demasiados favores.
Ainhoa no replica, tiene razón, pero no tiene intención de hacerlo. Entra y observa todos los alrededores.
Las paredes están cubiertas con un papel beige y unos detalles de pequeñas flores cerca del nivel del suelo y del techo. Como otros adornos, también tienen varias fotos, y hay una cómoda a lo fondo del pasillo.
Con lo curiosa que es Nerea, no duda en ir a abrir todos los cajones. Ainhoa, prefiere observar, ese tipo de cosas nunca traen nada nuevo.
Y en efectivo, un ruido se escucha cuando Nerea abre el tercer cajón, y de ahí sale un bicho que la hace gritar y se posa en su cabeza. Con el grito mismo, el ratoncito cae de su cabeza como un pequeño saquito lleno de arena.
-¿Lo has matado?
-Probablemente.
-Eso es un sí.
Ainhoa se adelanta y busca el lugar donde puede estar Marcos. Decide comenzar por la cocina, el lugar donde se encontró con el chico de los ojos verdes.
-¿Qué queréis?
-Nerea abrir todos los cajones y matar a todos los seres vivos. Por mi parte vengo a buscar lo que está en tu bolsillo izquierdo.
-Esta vez lo he cambiado de bolsillo para confundiros. Y tendrás que venir a buscarlo.
-¿Por qué lo necesitas, Marcos?
-¿Y vosotras?
-Porque esa cosa es lo único que puede hacernos dar un paso de gigante después de haber retrocedido tanto, creas o no, nosotros lo necesitamos más que tú. No es un amuleto.
-Lo sé. Veo cosas.
-Lo raro sería que no los vieras.
-¿Está hechizado?
-¿Qué dices?
-La primera vez me asustó, desde la segunda, me ha ido gustando, y mucho. He descubierto cosas de las que llevaba esperando tanto tiempo por saber, tanto que mi madre me había escondido.
-¿Lo qué? ¿Dónde se encuentra tu muñeco de niño pequeño? ¡Hay asuntos más graves que pensar en uno mismo! Y este, es el momento menos oportuno.
-Todos los momentos son inoportunos para pensar en uno mismo.
-Pero este es extremadamente delicado.
-¿Va a explotar el mundo si no lo hago?
-No.
-¿Entonces?
-Mira, Marcos. No lo entenderías.
-¡Ya! ¡Todo el mundo me dice lo mismo! Lo entiendo, entiendo la vida y todos los riesgos que hay, pero por una vez que empiezo a pensar en mí mismo, dejad de incordiarme tanto. No lo entiendes. No sabes del tema. ¿Por qué todo el mundo usa las mismas excusas?
-Porque son las necesarias. Quieras o no, no puedes entender...
-¿Que las cosas fantásticas y paranormales existen? Bien que lo sé. Ésto lo demuestra. -dice el chico mientras que se saca la piedra del bolsillo izquierdo y se la muestra.
-¿No decías que lo tenías en el bolsillo derecho?
-Has picado. Por lo que he hecho bien. Todo el mundo miente, por una mentirijilla más no pasa.
-¡Que me des la piedra!
-¿Haber cómo te lo digo para que lo entiendas? Ni. De. Coña. ¿Necesitas alguna palabra más o te ha quedado claro?
-¿Me quieres dar la piedra de mi padre o qué? -explota la joven.
El chico se queda alucinado, anonadado, sin saber qué decir, petrificado, como si la mayor bomba hubiera explotado delante de sus narices.
-¿Tu... padre?
-Sí, ¿algo en contra? Casi no sé nada de él pero es la única cosa que me puede dar respuestas, así que dámela. -insiste la chica mientras que extiende la mano.
-No puedo.
-¿Por qué?
-Porque también son los recuerdos de mi padre.
-Menudo corte. Yo mejor me voy. -interviene Nerea.

viernes, 16 de mayo de 2014

Capítulo 69

Cuando Ainhoa abre los ojos, todo se vuelve blanco, luego negro, otra vez blanco y pasa por todos los colores mientras que cada cosa va escogiendo uno.
Por alguna razón, sabe que de eso se trata una realidad alternativa. Algo que es cierto pero que no está ocurriendo de verdad, por lo que no es totalmente alternativa.
Se levanta del cómodo suelo, puesto que está en una alfombra calentita y suave y observa su alrededor.
Las paredes son verdes pistacho, el sofá grande y negro, el suelo de bonita madera, y todo está adornado de detalles blancos, negros y algún detalle dorado. Hay un marco que se encuentra en una estantería, justo al lado de una flor y que llama su atención.
Esa es la mejor forma de conocer a la familia.
Pero la foto no es actual, es una vieja de hace unos veinte años atrás, de un hombre de casi treinta años, una ligera barba y el pelo largo, bastante largo, unos ojos color miel, y aunque se encuentra agachado, parece alto y fuerte. No es el más guapo, pero sí que tiene un aire interesante.
Coge el marco con las manos y la mira mejor.
Un ruido de llaves la vuelve a espabilar, razón por la que corriendo deja el marco y se esconde detrás del sofá.
La puerta se abre y una mujer muy guapa de ojos verdes entra, con el pelo castaño claro y una expresión alegre, que nada más entrar, se va a una habitación cercana.
Ainhoa prefiere quedarse escondida antes de meter la pata, pero la mujer vuelve rápidamente al salón con una escoba y analiza el lugar donde se encuentra la chica. La joven se hace una bola y no respira hasta que la mujer no la pase por alto.
No escucha nada, todo está en silencio, ¿se habrá ido?
Ainhoa despega su cara de sus pies y se encuentra con la mujer en frente de ella, sonriente. Que no la vea le viene muy bien. Si es que eso de estar en la realidad de otro le va a gustar y todo.
La chica sale de su escondite, que no le sirve de nada y hace un pequeño tour por la casa allí donde entra en las cuatro puertas que tiene el pequeño pasillo.
El último, que se encuentra junto a la entrada, es la última en la que entra. Pero cierra corriendo la puerta al ver de quién se encuentra en su interior.
Sale corriendo y se vuelve al sofá, esta vez se echa.
¿Qué hace Marcos ahí?
Pero bueno, no la ha visto, así que se siente segura. Por un momento, hasta que ve que la puerta vuelve a abrirse.
Entra un chico que le suena mucho a Marcos. Un momento, es Marcos. Pero si Marcos ya se encontraba en la casa. La mujer saluda al nuevo en seguida.
Tiene dos opciones, o el verdadero chico es el del cuarto o es el mismo que lleva la bici y está lleno de algunos rasguños. Algo llamado lógica le dice que el Marcos alternativo es el de la habitación.
Entonces, el otro Marcos la ha visto.
-Ve al baño, hay agua oxigenada en el cajón de arriba, y esta vez no te escaquees.
-¡Que no!
¿Qué no? ¿Qué no? La cabeza de Ainhoa va a explotar. Es la primera vez que se encuentra en la realidad alternativa de una persona con esa misma persona, y por el colmo, la ha visto.
-Extraño, ¿verdad? Nunca nos hemos hablado hasta hoy, y resulta que te metes en mi memoria.
Ainhoa se gira y se encuentra al mismo Marcos, ese que ha visto tantas veces junto a Elías y Leo, y alguna que otra vez con Nerea.
-Ya. Yo que tú guardaba mejor tu cabeza, no vaya a ser que eche de nuevo a volar.
-¿Qué haces aquí?
-¡Yo qué sé! No es la primera paranoia que tengo, y supongo que no será la única, pero siempre viajo sola, por lo que lo mismo podría preguntarte a ti. ¿Qué narices haces en tus propios recuerdos?
Marcos parece tan confundido como Ainhoa, pero poco tarda la chica en descubrir sólo está pensando, volviendo atrás. Se toca el pelo mientras que la otra mano termina en su bolsillo izquierdo.
Ainhoa mira sus movimientos, quieta y muda. Quiera o no, sabe que ese Marcos no le dará la respuesta, parece que se lo quiera guardar para él.
-Gracias. –ironiza la chica mientras que busca el baño donde se encuentra el alternativo.
Ainhoa va rápida, puesto que se imagina que Marcos la va a seguir, algo que resulta ser cierto.
-¡No vayas! –grita.
Pero Ainhoa es más rápida y entra al baño cerrando la puerta con pestillo. Se da la vuelta y escucha sonriente las patas de que está dando el chico que tiene delante en la puerta.
Es una situación un tanto extraña. Pero el otro Marcos no lo ve. Punto para la chica, que está de personal.
Marcos se está limpiando la muñeca y la rodilla las zonas más afectadas. Aburrimiento durante los siguientes dos minutos donde el chico agoniza y aprieta los puños. Ainhoa necesita conocer la razón. Algo de emoción, ¡venga!
Entonces ocurre, cesan los portazos de Marcos, el chico ya se ha rendido, y el que tiene delante para de limpiarse las heridas, mete la mano en el bolsillo izquierdo, el mismo en el que se ha metido hace tan solo unos instantes. Segundos pasan y Ainhoa se va acercando, muerta de curiosidad.
Su corazón lata más de prisa, su respiración cesa y todo coge forma. Su existencia por fin coge forma.
Vale, eso suena demasiado radical, demasiado extraño, pero ella lo siente, y eso es lo que más le preocupa.
“Que valga la pena, que valga la pena…” piensa.
Marcos saca lo que se encuentra en su bolsillo con el puño cerrado y cuando lo abre, los ojos de Ainhoa sonríen, su boca todavía sigue alucinada.
-Maldito Marcos. –le sale dela boca.
¡Si es que todavía ni es verano! El muy cabrón ha ocultado todo durante tanto tiempo y les ha engañado por completo. Él lo sabe, pero no lo es, por lo que también supone un problema.
Quería saberlo, y se ha alegrado, pero a su cabeza ahora todo lo que viene es que es un error.
Se alegra de ser Olvidada, tiene el poder de borrar memorias, y el don de su familia le permite hacer recordarle cosas que no han ocurrido, puede alterar un poco todo para que no se note. Pero primero tiene que hacerse con la piedra.
Sale del baño esperando a Marcos, furioso. Pero no está. Marcos se ha ido. Ha huido del momento y del lugar para proteger la piedra, ¿por qué le tiene tanto apego? Quizá le gusten los recuerdos.
Pero, ¿recuerdos de quién?
Según la lógica que Fabio le obliga a usar, con la única persona que ella está vinculada por sangre es con su padre, por lo que ella solo puede encontrarse en sucesos que tengan que ver con su padre, incluyendo los pensamientos o recuerdos que tengan incluso el mínimo valor de él.
Entonces… Marcos tiene la piedra a la que pertenecen los recuerdos de su padre, la que necesitarán para encontrar a Valeria, la que puede hacer que en vez de que den palos de ciego avancen un poco más, es la única piedra que es especialmente necesaria para su existencia, para su supervivencia. Y la tiene un chico que acaba de huir por una puerta a un sitio que ni siquiera conoce.
Su vista se hace más borrosa y los colores van cambiando, el paisaje es distinto.
En seguida, se encuentra de noche, debajo de un barranco, con Nerea herida a su lado mientras que protege una piedra en su bolsillo.
Al otro lado, ve otra piedra que brilla más que la de su compañera tirada, y la coge, ¿habrá sido ella la que la haya llevado a los pensamientos alternativos de Marcos? Muy seguro que sí.
Ahora lo tiene claro. Su siguiente objetivo es Marcos.

miércoles, 14 de mayo de 2014

Capítulo 68

Nerea se incorpora, todo lo negro que ha pasado a blanco dejándola fuera de juego ha desaparecido y se siente pesada como un saco, con su piedra en la mano y cubierta de arañazos y heridas. Tiene el cuerpo dolorido y sus recuerdos se vuelven un poco borrosos.
No ve a nadie alrededor, pero el olor de otra persona inunda su nariz, además de una ligera luz azul que ilumina la noche que le acaba de caer encima. Huele un poco más y descubre que la persona le es conocida, de hecho, sabe perfectamente de quién se trata.
Nerea se levanta y corre dolorida a abrazar a su compañera.
-¡Te odio, te odio, te odio! -grita.
Ainhoa se zafa del abrazo, no está demasiado por la labor.
-¿Dónde te habías metido? -pregunta la menor.
-Jugando con coalas, si te parece, ¿y Omar?
-¡Ni idea! Nos separamos para que siguiera a Jon y yo pudiera coger la piedra, pero no lo encontraba por ningún lado y un mágico terminó por tirarme de la cuesta.
-Por lo menos no ha sido del barranco. -sentencia Ainhoa.
El maullido de un gato desconcierta a Nerea. Viene de un pequeño agujero cercando de donde rápidamente sale un gato gris.
-No tengas miedo, es un gato.
-Si no lo tengo. -responde rápido Nerea a su amiga.
-Se llama Gris, porque es gris. Y yo me llamo Olatz, porque mi madre se llamaba así.
-Nerea.
-No serás como el antipático, ¿verdad?
-¿Qué antipático?
-Omar. -aclara Ainhoa entrando en la conversación.
-¿El pelirrojo? ¡Qué va! ¡Si ese es un cobarde!
-Creía que te caía bien. -murmura Ainhoa.
-Y lo hace, pero una cosa no quita la otra.
Olatz suspira dramáticamente y coge a su gato en brazos mientras que lo acaricia y anda alrededor de las chicas. De pronto, se para y extiende la mano.
-Quiere sangre. -adivina Ainhoa.
-¿Sabes que esa es la mejor manera para pasar enfermedades y que he tenido una fuerte reciente?
Olatz retira rápidamente la mano.
-Rarita.
A Nerea le dan ganas de contestar que la rarita y la psicópata son ella, ni siquiera sabe cómo Ainhoa se puede relacionar con ese tipo de gente. Ella ya tiene bastante con esos cuatro chicos que conoció.
-No le demos importancia. -dice con un hilito de voz, pero aun así, le pica la curiosidad y Ainhoa consigue verlo en su cara.
-Lo usa para experimentar con armas y cosas como esas.
-¿Eres rebelde?
-No exactamente, pero me gustaría serlo.
-Me ha estado ayudando todo este tiempo. -añade Ainhoa sonriente.
-Me gusta esta chica. -susurra Nerea.
-Pues a mí por ahora no me gustas.
Nerea sonríe.
-¿Alguien sabe cómo salir de aquí? -pregunta Ainhoa para deshacerse del silencio, uno que sólo se le hace incómodo a ella.
-Fácil, nos convertimos en humo.
-¿En serio que podéis? -pregunta anonadada Olatz.
-¿De qué esquina la has sacado?
-No es una...
-No la estaba llamando prostituta. Ahora, contesta.
-Me la encontré cuando intentaba despistar a Omar. No la volví a ver hasta que todo se volvió negro y luego blanco. Perdí el rumbo y la consciencia.
Nerea se pone seria, y Ainhoa nota un pinchazo en el corazón, uno al que no le encuentra razón.
-A Omar le pasó lo mismo. Y yo también lo he sentido. Piedras, frases, gente y consecuencias. Esto se pone cada vez más interesante. -sonríe la chica de ojos marrones.
-Y difícil.
-¡No me quites el entusiasmo!
-Si aun así te seguirá gustando. -contesta Ainhoa mientras que Olatz las mira de otra manera, una manera en la que nota que las admira.
-¿Vamos? -pregunta Ainhoa.
-No podemos dejarla sola.
-Tenemos que correr, lo más rápido posible.
-Pero Omar y Olatz...
-Estarán bien.
-Que conste que un rebelde nunca deja a otro rebelde.
-Iros, podré subir, además estaré en buena compañía.
-Habla con su gato.
Nerea suspira y mira hacia los lados, están completamente apartadas del mundo y ella en especial no se encuentra en el mejor estado, además, ya ha abandonado a demasiada gente.
-A pesar de que vaya contra mis principios, podemos irnos sin ellos, pero no tenemos rumbo que seguir, por lo que puede seguir siendo lo mismo.
-Lo tenemos, sé quién tiene la piedra que guarda las memorias de mi padre.
Nada más terminar la frase, Ainhoa se convierte en humo y comienza a escalar la gran cuesta empinada.
-¿Quién? -pregunta Nerea.
Olatz se enconje de hombros, por lo que a ella tampoco le queda otra opción que seguirla lo antes posible, para no atrasarse, pero claro, no antes de saludar a su nueva compañera con la mano y acariciar un poco al gato.
Ambas se deslizan cerca del suelo lo más rápido posible, Ainhoa, porque no quiere que la otra la alcance, y Nerea, porque no quiere perderse.
Poco a poco, a la segunda, las imágenes que empieza a ver a su alrededor, se vuelven muy conocidas, y cada vez más, hasta que se da cuenta de que están volviendo a casa.
-Pero, ¿qué hacemos aquí? -pregunta la pequeña nada más convertirse en humana.
-Tienes que llevarme al sitio dónde Elías, Leo y tú conocisteis al tal Marcos ese.
-No me acuerdo del viaje, te recuerdo que fingir se me ha dado bien, pero que a veces me he metido demasiado en mi papel.
-Aquella vez cuando me diste la piedra no.
-Quería ser yo por una vez. ¿Sabes lo agobiante que es? Te sientes vacío.
-Tomo nota, pero ahora necesito que lo hagas. Por favor, haz memoria, seguro que muchas cosas se te quedaron en esa cabeza. Ánimo, ¡piensa!
-Ya lo hago, ya lo hago...
Nerea cierra los ojos, no quiere ver a Ainhoa mirándola fijamente mientras que ella encuentra el camino hacia aquel desvío.
-No encuentro nada... ¡Ya está!
-¿En serio? ¡Pues vamos!
-No, porque el camino no está, pero el nombre sí. Vimos un cartel antes de entrar en el pueblo. Quieras o no, de alguna manera tendremos que llegar.
-¿Qué insinúas?
-¿Qué loco vestido de negro nos trajo aquí y se ha vuelto el admirador número uno de mi prima tímida que se siente intimidada?
-Rafa.
-Con su súper perro.
-Me sirve, le podremos preguntar, pero no tienes la mejor pinta toda llena de arañazos y heridas.
-Me caí entre pinchos en una pequeña escapada.
-Las heridas son más grandes.
-Estaban a gran altura, por lo que luego me caí entre piedras y más pinchos de esos.
-Bien, pues tenemos la excusa, pero...
-Oye, que aquí la que más cosas quiere saber, es decir, yo, se está callando sus preguntas, así que ahora chitón y sígueme el rollo.
Nerea corre hacia el fondo de la calle y Ainhoa la sigue como puede, ella es más humana que la primera, por lo que le cuesta más.
Antes, mucho antes de que la pueda alcanzar, Nerea ya ha tocado la puerta de su vecino lejano, y para cuando llega a las escaleras, la puerta ya está abierta y un gran perro ha salido de la casa como si fuera una de esas casas del terror de Halloween que se ven en las pelis.
-¡Hola! ¿Qué tal están mis chicas preferidas?
-Enara no está así que puedes guardarte las palabras bonitas, Rafa. Necesitamos tu ayuda.
-¿Entonces le hablarás bien de mí a tu prima?
-Se va a notar mucho que te estoy haciendo caso.
-Ya, pero la esperanza sigue presente, recuerda lo tozudo que soy. ¿Qué queríais? -dice dirigiéndose a las dos por primera vez.
-Necesitamos que nos lleves a Robadán.
-¿Ahora? Pero es muy tarde y no tenéis pinta de querer ir a una fiesta. ¡Joder! ¡Ya sé! ¡Me vais a invitar a una fiesta y por eso parece que acabéis de venir de escalar el monte! Que sepáis que si queréis hacer eso no hace falta el efecto sorpresa.
-En realidad íbamos a visitar a una amiga y sacarla de un lío, por eso este look tan extraño.
-Hay que decir que parece que hayáis peleado... -los corazones de las chicas comienzan a palpitar muy de prisa. -...con ardillas.
Las dos vuelven a coger todo el aire del que han privado a sus pulmones mientras que Rafa hacía ese espacio tan radical.
-¡Os he asustado! -dice entre risas extrañas que parecen más gritos de gatos a los que alguien está atropellando una y otra vez hasta que mueren y se quedan sin respiración, así como se queda Rafa, al que Ainhoa impide que se caiga escaleras abajo.
-Con tal de que no hagas eso otra vez, dejamos que nos lleves. -anuncia la menor.
-Os llevo, tranquilas, ahora, ¡a la súper furgo! Y que sepáis que esa idea de fiesta podríamos hacerla algún día.
Nerea y Ainhoa sonríen mientras ven al dueño vestido de negro acompañando a su perro hasta la furgoneta que va a sacar del garaje.
-Ahora en serio, ¿qué se supone que buscamos?
-Dirás a quién.
-¿Quién?
-A Marcos. Lo vi. Él es el que puede terminar con todo esto.

viernes, 9 de mayo de 2014

Capítulo 67

Capítulo nuevo y seudónimo nuevo, que pronto cambiará, todavía le sigo buscando segunda parte, pero bueno, espero que no os moleste los cambios de última hora que hago. Votad en la encuesta por favor y sobre todo, disfrutad de la lectura! :)

Ni piensa. El puñetazo o el calmante que ha repartido ha sido su reflejo más rápido.
Cuando se gira se encuentra a Jon retorciéndose y quejándose en frente suyo.
Menudo alivio que le acaba de dar, y eso que Omar estaba tan enfadado y seguro hace tan solo unos segundos.
Entonces se da cuenta de que, realmente, acaba de pegar a un desconocido del que no sabe nada más que es amigo de tres chicos totalmente extraño, y de que él es el que más normal parece.
-¡Tranquilo, hombre! -exclama entre quejidos de dolor. -Ni que fuera un asesino en serie.
-Pero me seguías. -se defiende el chico.
-¿Tan mala baba tienes?
-¿Qué?
-Si tan mala leche tienes. Y por cierto, muy bonito usar la mano con la que has pegado al árbol y clavarme una astilla.
-Encantado, soy Omar. -dice el chico ofreciendo la mano del puñetazo, y se da cuenta de que de verdad, sí que una astilla o un trozo pequeño de madera se le ha clavado en el nudillo que se sangra.
Entonces, rápidamente, retira la mano herida y le ofrece la otra.
-Sí, ahora. Pues yo preferiría haberte dejado en paz.
-Habría sido un placer.
-Mejor para ambos, al parecer.
-No mejor, mucho mejor. Porque yo no me habría dado cuenta de que estoy sangrando y tú no te habrías echo daño.
Omar piensa entonces, que incluso ha sido mejor que Jon le haya encontrado antes que él, porque sino, el silencio del bosque lo habría llevado a la locura.
Todavía tiene la misma cuenta pendiente, una que Nerea ha cerrado, pero ella no es su madre y no le puede mandar. A pesar de que Dolores, habría preferido mucho más que su hijo se hubiera quedado en casa y hubiera estado del lado de la familia.
Pero, ¿y su tío Hermenegildo?
Respira hondo, ese no es momento para pensar, ahora tiene que coger confianza.
-¿Qué miras? -pregunta Jon.
Omar piensa rápido, eso de la improvisación siempre se le ha dado bastante bien, y ese es el momento más oportuno para usar su habilidad.
-Nada, me suenas.
-¡Cómo te voy a sonar si es la primera vez que ves! Maldito silencio.
Desde luego sí que es quejica el chico, por un momento, no le extraña que sea tan solitario y que sus amigos vayan cada uno más por su parte. ¡Oh! Eso es cruel.
-El silencio no tiene la culpa.
-Pero tú sí, y si te molesto, me vas a oír hasta que volvamos.
-Pues bueno, tengo entretenimiento.
-Serás...
-¡Omar! Soy Omar, encantado, ¿y tú eres?
-No te pienso decir mi nombre.
-Aparte de quejica, no querrás ser maleducado.
Por un momento piensa en dejarle de picar, necesita pensar, sí, pero se está pareciendo un poco a Elías, lo suyo es más escuchar, sonreír y consolar.
-Lo siento. -se disculpa, antes de que Jon pueda contestar.
-¿Por qué?
-Por insultarte y pegarte. Pero ha sido como un acto reflejo, a la siguiente, no vayas por atrás que soy como un caballo.
-Nota cogida.
Omar sonríe.
-Soy Jon.
-¡Es verdad!
-Hombre, claro que es verdad, con mi nombre nunca mentiría.
-No, es verdad de que ya te recuerdo, ¿tú sales con Sergio, Nicolás y Federico?
-Sí.
-Ya sé de qué me sonabas.
-¿De qué?
-Del pueblo. -miente Omar.
-¿Del pueblo?
-Sí, del pueblo.
-¡Ah! Ya sé...
<¿De verdad?> piensa Omar, o buena suerte o que es muy hábil, ahora mismo no puede distinguir entre esos dos.
-De Pamplona. Pero no es un pueblo.
-Ya, así le llamo por mi hogar.
-No conozco muchos de Pamplona que se llamen como tú.
-Ya, porque soy de Galicia.
-¡Ah! ¿Y de qué me conoces?
-Conozco a tu...
-Primo Aitor, seguro, con lo amistoso que es. Yo también era de ahí antes de mudarme, seguro que tú viniste de más tarde.
-No me gusta hablar del tema.
-Lo siento.
-Tranquilo. -sonríe Omar.
Por primera vez desde todas las veces que lo ha visto desde la ventana, se le ve contento, pero a menos que le corte el rollo, se le pondrá ahí a hablar y le cazará.
Suspira y sonríe mientras que habla alegremente con Jon. Descubre todos los cotilleos frescos que la hermana del chico le ha ido contando a él a medida que pasaban los días de verano. Pero, para nada hablan de nada sobrenatural, y Omar no lo hará si Jon no saca el tema.
Tampoco hablan sobre los otros tres chicos, pero a Omar le pica demasiado la curiosidad, y prefiere preguntárselo antes de cumplir su misión, por si mete la pata.
Y de repente, como por arte de magia, ven cómo alguien sale rodando cuesta abajo por la gran cuesta que tienen delante suyo. Por el momento, no consiguen saber quién es, sólo que tiene el pelo castaño, y Omar teme lo peor.
Justo cuando Jon pone un pie para ver de quién se trata y gritar por el casi acantilado, Omar le pone la zancadilla, y a pesar de que tropiece, no se cae.
-¿Pero tú qué haces? ¿Me quieres matar?
-Lo siento, iba a andar y justo te has adelantado. -miente.
Jon suspira y se lo cree, lo tiene que hacer, ¿cómo alguien quien recién acaba de conocer le pondría la zancadilla para que se cayera de un precipicio? Eso es de locos y sólo ocurre en las novelas y películas de espías.
Omar se fija en la cuesta más allá del acantilado, están altos y lejos del pueblo, no sabe ni dónde están, y seguro que Nerea tampoco. Ya la buscará para eso.
-Ve a buscar ayuda, yo bajaré para ver qué tal está.
-Pero...
-Soy un gran escalador.
-Bien.
Ni un pero más, así le gusta, que obedezca en vez de ponerle pegas a todo. Eso significa o que es obediente e intenta ayudar o que está cagado por la idea.
Omar decide mirar y quedarse con la imagen una vez que ha perdido de vista a Jon, pero primero mira abajo y se encuentra con una pequeña linterna azul en el pie de la chica que es capaz de dejar ciego a cualquiera. En ese momento lo comprende, no tiene que buscar a Nerea, ella lo ha encontrado.
En algo les ha mentido a Jon y Nerea. Para empezar, a Jon diciéndolo que es un gran escalador, sólo lo ha visto en la televisión, y bien difícil que parece. Para terminar, en que Nerea jamás vería a un poderoso convertirse en humo. Bueno, directamente, ya no lo verá.
Se da la media vuelta con un amargo sabor de boca y se va dejando sola a la chica. Pero ya, no volverá, porque acaba de decidirse.

Hace un rato, a Nerea la han tocado en la espalda y su corazón se ha encogido.
Ha tenido la mala idea de girarse lentamente, y se ha llevado un buen golpe en el estómago nada más hacerlo. Casi ni ha podido ver la cara de su adversario, pero algo le dice que no lo ha echo con todas sus fuerzas.
Hay algo extraño en la lucha, pero Nerea no se va a parar a pensarlo.
Cae al suelo y se levanta, se protege con una mano el estómago y se gira rápidamente para ver a su adversario encapuchado.
Capa marrón. ADM. Eso es lo único que puede llegar a deducir al ritmo que otros golpes del mágico llegan hacia ella y la pegan una y otra vez.
El adversario traga saliva, no le gusta pegar, y mucho menos a ella. En cierta manera, le cae bien, y hay algo más escondido.
Decidido, la dejará tal y como está, pero no puede dejarla en cualquier lugar donde la vayan a descubrir, por lo que la coge en brazos y la lleva al acantilado más cercano.
No tiene demasiada altura, por lo que no se hará más daño, y seguro que su amigo en seguida la ayuda a salir de ahí.
La deja en el suelo y empuja débilmente con el pie el cuerpo aparentemente inconsciente de Nerea, que en seguida se hace una bola mientras que el hombre la saluda con la mano y escucha un ladrido a poco tiempo de ella.

miércoles, 7 de mayo de 2014

Capítulo 66

Nerea y Omar llevan escondidos unos cinco minutos. ¿Por qué no se marcharan de una vez?
A Omar le hubiera gustado tener ayuda de aquellos cuatro chicos, pero no se esperaba que su ayuda llegara tan repentinamente dejándolos debajo de unos arbustos hasta que se marche, algo que parece de lo que Jon no tiene ganas.
-¿Qué hacemos? -pregunta el chico cuando cuenta hasta diez para intentar tranquilizarse.
-Tengo un plan.
-Con tal de que no tengamos peligro de muerte.
-No creo, pero necesito que me des la copia de las frases que Ainhoa escuchó en su súper alucinación.
-¿Cómo? Yo no...
-Te conozco, pelirrojo. Hay que buscar en algo que una a Jon con la piedra para que mi pierna deje de ser una linterna.
-Pero que yo...
-Digas lo que digas no te creeré. Soy muy observadora, para tu información, y sé que tienes una copia de las locuras del año.
-Pues puede que tu seguridad no sirva de nada.
-Tú lo has dicho, puede. Pero yo me conozco y mi seguridad siempre me ha ayudado. Ahora a sacar la hoja.
-Pero...
-¡Nada de peros, Omar! Sé que lo tienes.
Omar se rinde, la chica es tan segura que a veces incluso le ha llegado a dar miedo. Pero, en cierto modo aprecia esa valentía y esa seguridad que él no tiene.
Nerea, en cambio, observa cómo Omar lo saca con toda normalidad, él también actúa bien, pero los ojos no mienten, son la única arma segura que una persona puede tener. De repente, se le ocurre la idea perfecta en el que seguro que ninguno de los dos falla. Sí, lo del plan era una farsa para que el chico se dejara de secretismos de bolsillo.
Omar abre la hoja más que arrugada donde en palabras que parecen garabatos, se encuentran escritas todas las frases, por orden, y se la pasa a Nerea, quien le echa un vistazo rápido.
-No sabía que había voces para cada frase.
-Hay una desconocida.
-Fijo que es la más interesante e importante.
-Bueno, busca.
-Lo tengo desde hace rato.
-¿Cuál?
-Haber, se nota hasta de lejos que Federico y Sergio se llevan muy bien juntos, entonces, el más cercano de Jon tiene que ser Nico. ¡Y voilá! Aquí no estará Jon, pero Nico es importante.
-¿Y entonces?
-Por lo que entiendo, tienes que ponerle la zancadilla para ver si el chico rueda. ¡Yo qué sé!
-Pues no es tan mala idea.
-Pero pone que no tienes que pensar en si tropieza.
-Espera, ¿tienes?
-Claro, yo tengo la piedra, por lo que tienes que entretener a Jon.
A Omar le gustaría que la tierra lo tragara completamente y que se lo quedará ahí para siempre, porque no hay nada que le guste menos que tener que hacer daño a alguien, físicamente, incluso podrían denunciarlo, a menos que demuestre que ha sido sin querer.
"No pienses en si tropieza, piensa en si zalla".
Nerea vuelve a pensar en la frase, la verdad es que no tiene mucho sentido. Bueno, ni sentido, ni pies, ni cabeza. No tiene nada. Pero habrá que probar, por eso no pasa nada.
Ambos se miran, cada uno por su lado, está más confundido que el otro. Quizá deberían hablar un poco más, pero Omar prefiere pasar lo antes posible su pequeña misión, lo que no tiene claro es lo que Nerea hará, seguramente, mandar y quedarse de brazos cruzados a la hora de la verdad.
Ni siquiera ella sabe lo que de verdad va a tener que hacer, pero ya saldrá por la marcha, algo que nunca se le ha dado demasiado bien. Todas las cosas que ha echo, siempre han sido pensadas de antes. Si algo le gusta de su amigo, es que él sepa ir sobre la marcha, a pesar de que a veces no salga tan bien como se lo esperaba.
Pero bueno, hace mucho que quería ser ella misma, y ahora que puede, intentará aprovechar.
-Hasta luego. -saluda la chica.
Ninguna respuesta por parte del hijo de los poderosos, y la nieta de Margarita, intenta tapar la piedra lo mejor posible con sus, luego, se hace una bola y apoya su barbilla en sus rodillas.
Omar, por su parte, avanza con bastante inseguridad, pero Nerea no puede verlo.
Está decidido, mirará por si encuentra a Jon e investigará un poco la zona, solo ha pasado por ahí una vez y no estaría mal tenerlo como posible hogar después de todo lo sucedido.
Le asusta todo el silencio que la rodea, se supone que está en un bosque, y la última vez que pasaron por el lugar, se escuchaban miles de pájaros cantando alegremente, de echo, incluso vieron algún que otro animal que esta vez no ha visto.
Algo va mal. Muy mal.
Y parece ser que Jon también lo ha notado, porque la piedra en la que hasta hace un momento se encontraba en una piedra que ahora luce vacía.
Mira rápidamente a los lados.
Nerea se asusta, y mucho, y eso que no es de las que tienen miedo, eso que siempre le ha agradado el misterio.
En ese momento, recuerda a su abuela, a su prima y a todos los demás que hace tanto tiempo que no ve y a los que les gustaría volver a ver.
Poco a poco, los ojos le pesan cada vez más, su nariz le comienza a picar y tiene la necesidad de respirar más y más rápido. Está a punto de llorar. Y parece que va a ser una muy buena llorera que le pegará mucho tiempo.
Pero no es justo. Ni para ella ni para Omar. Mientras que él está ahí intentando encontrar la manera de encontrar la siguiente piedra, ella no se puede permitir estar ahí llorando como una niña pequeña que se acaba de pelar una de las rodillas. A pesar de que ella nunca haya llorado por eso.
Se mete las lágrimas y espera tranquilamente y con los ojos cerrados a que el nudo de su garganta desaparezca.
Sin pensárselo dos veces, guarda la hoja y después de mirar si encima de la piedra puede ver algo más allá, se dirige al norte, que es por donde ve algo brillante.
Su abuela, de niña, siempre le decía que no buscara las cosas brillantes y permaneciera distante a las cosas más importantes, escuchando pero sin formar parte, que sólo así podría aprender a liderar y a tomar sus propias decisiones debidamente. Le hizo caso, y tenía razón.
Pero fue ella también la que siempre le dijo que siendo uno mismo te estás vendiendo a que te ganen en cualquier momento. le hizo caso, a pesar de todo, en esto no tenía razón.
Lo único que Nerea ha conseguido mintiendo sobre cómo es, es ganarse la desconfianza de seguramente muchos y parecer una tonta delante de todos cuando tampoco es mucho menos inteligente que Fabio y conocía aquel lugar y sus costumbres como la palma de su mano.
Pero la vida sigue y ese no es momento para empezar a pensar en ñoñerías.
Respira hondo y escucha el alrededor para ver si el silencio que tan nerviosa la pone cesa de una maldita vez antes de que se vuelva loca.
El silencio cesa en un momento, pero no con el ruido más bonito de todos, más que nada porque parece que la sigan, y eso nunca le ha gustado a uno.
<¡Perfecto! ¡Sólo me faltaba esto!> piensa la chica aterrada, pero intentando controlarse.
-¡Hip! -exclama ella, y pronto se tapa la boca.
Siempre ha oído que cada uno tiene una manera de reaccionar al miedo o a los nervios, y el suyo no podía ser menos ruidoso.
Menos mal que sólo lo tiene cuando está en la tierra y en seguida volverá... ¡Pero si no tiene casa! Ya Daemón no es un lugar seguro para ella, y a pesar de que quiera volver con todas sus ganas, tiene que hacer lo que su abuela siempre esperó de ella.
Todos tienen pequeñas misiones de corto plazo, pero ella tiene que cumplir ese que le costará, pero podrá hacerlo a menos que el hipo continúo.
-¡Hip!
Para que no. Se tapa fuerte la boca y sigue un poco, hasta que estornuda, y luego rápidamente, le vuelve el dichoso hipo.
Parece una de esas escenas de película, pero no romántica, sino de miedo, cuando el prota hace mucho ruido y luego sus amigos lo encuentran muerto. Pues ella es la presa, a menos que el ruido sea echo por un animal.
El ruido se repite. Desde luego, lo ha echo o algo muy grande o una persona, no queda otra.
Pero sus dudas van a terminar pronto, ya que alguien le acaba de tocar la espalda y su corazón se ha encogido al instante como una pasa.
-Mierda. -murmura.
Mientras, Omar, tiene que hacerlo bien, lo tiene que hacer bien sí o sí, porque sino, se lo cargará y no volverá a ver nunca más a Ainhoa. El corazón se le encoje, pero intenta quitarse el sentimiento de encima y se para para tomar aire, hondo, para que llegue a todas las branquias de sus nuevos pulmones en marcha.
Necesita relajarse un poco, está demasiado tenso, así que deja su cuerpo como si no tuviera fuerzas y se mueve un poco para que toda la tensión se le vaya del cuerpo. Y cinco años más tarde, sigue funcionando su misma técnica, algo sorprendente que puede que llegue a ser la única cosa aparte de su asquerosa palabra infantil que conserve desde que llegó a la tierra.
Se pone en marcha y coge un susto de muerte cuando escucha un paso cerca suyo.
Su cuerpo vuelve a atrapar toda la presión de la que acababa de prescindir y mira con seguridad a todos los lados, no vaya a ser que le tome por sorpresa.
No puede repetir el método, en público, sería demasiado humillante y dejarse en bandeja de plata para que le ataquen en cualquier momento.
Mirando alrededor, se da cuenta de que se ha alejado un poquito de la piedra en la que Jon se encuentra apoyado.
Omar avanza un poco en la dirección de la piedra y escucha en inmenso silencio que lo rodea, y un sentimiento que hasta ese momento era inexistente le crece por el cuerpo. Aunque él no lo sepa, es la morriña que le tiene a su casa, ese sentimiento que te hace echar de menos todo, incluso lo malo, de tu hogar, de tu casa.
Por un momento y por primera vez, odia la tierra, lo separa de su familia, pero por el otro, piensa en qué bando está metido y recuerda que sus padres se encuentran en el contrario.
Entonces se pregunta algo que hasta hace tiempo se le hacía prescindible y de la que no se había dado cuenta, ¿por qué está contra la familia y los suyos si no le han echo nada? ¿Qué han echo los poderosos para que se les tome tan mal?
Siente rabia y se enfada con el mundo. Un acto reflejo hace que sienta ganas de pegar al árbol más cercano, y lo hace.
Su mano le escuece, pero su ira es mucho más fuerte y todas sus dudas, todos sus miedos desaparecen, se hace seguro de sí mismo durante un instante.
Ni se da cuenta de que tiene la piedra delante y que la acaba de pasar.
Más ruidos por atrás, pero ya le da igual si es un animal o lo que sea, si es un mágico le dirá quién es, y si es uno de esos del bando al que Enara y Leo buscan, le dará lo que tiene merecido desde siempre: una buena paliza.
Se vuelve a parar.
Por un instante no se da cuenta de que alguien lo toca por detrás y acto seguido, siente cómo su corazón da un vuelco enorme.

viernes, 2 de mayo de 2014

Capítulo 65

Mira hacia atrás y vuelve su mirada hacia adelante. Omar y Nerea han vuelto al bosque, pero esta vez, es Nerea quien no entiende nada y se encuentra perdida.
-No entiendo qué quieres que hagamos. -dice Nerea.
-Pues hablar con esos chicos.
-¿Qué chicos? ¿De qué hablas?
-Del grupito extraño con el que salíais una semana antes.
-¡Ah! Nico, Sergio, Federico y Jon.
-Sí. ¿Dónde pueden estar?
-Hace una semana que no los veo... ¡Y yo qué sé! Tampoco es que les prestara atención, solo observaba por si encontraba algún mágico.
-¿Y encontraste alguno?
-Nunca se me dio bien.
Omar suspira y se le escapa una risita, Nerea también sonríe, es un momento un tanto patético.
-Pero hubo un sitio donde sí que noté algo.
-¿Dónde?
-¿Sabes el bosque que está en la montaña detrás de la ciudad? -Omar asiente con la cabeza. -Ahí fuimos atacados, y ya notaba algo antes. Pero era cercano.
-Ese es un buen punto de inicio, pero estamos demasiado lejos.
-¿Qué tramas, pelirrojo?
Omar sonríe.
-Ainhoa estará en el lugar más alejado posible a nuestra búsqueda, que siempre hemos rastreado esta zona. Y teniendo una piedra, estamos más cerca de que esta nos guíe a otras. Así la encontraremos.
-Haber que me aclare. Dices que buscando las piedras con otra piedra porque se atraerán encontraremos a Ainhoa, pero que cuando más lejos empecemos mejor.
-Sí.
-Buena teoría esa de la que las piedras se atraen. Ainhoa fue quien las rompió y si ella puede sentirlas, las piedras pueden sentirla a ella también.
-Así es.
-Pero para eso, como el hombre nos advirtió, no la debemos buscar.
-Ya lo has entendido. Me alegra que esto te lo esté diciendo a ti.
-¿Por?
-Porque cualquier otro no lo habría entendido.
Nerea sonríe esta vez y mira al cielo para buscar la localización del sol.
-El bosque se encuentra para el norte. El sol se está alejando por el oeste y el este es el que justo está delante. -comenta ella con los brazos abiertos. -¡Aquí! -exclama ella sonriente. -Este es el norte. Puede que sea el camino más difícil, pero es el más rápido, y nunca he visto a un poderoso convirtiéndose en humo.
-Te aseguro que nunca lo vas a ver.
Los dos sonríen y la chica se pone en marcha mientras que el chico intenta alcanzarla. Anda demasiado deprisa para él, que siempre ha sido el niño mimado y por el que han echo todo... Esa sí que era la buena vida.
Nerea sospecha que Omar tiene que elegir, ella desde que nació, a fuerza fue llamada rebelde. Toda su familia era así, pero para Omar debe de ser difícil que siendo criado de un modo tener que elegir el otro bando e ir contra su familia. Y por eso nunca le contará nada confidencial al pelirrojo, a pesar de que parezca de confianza.
En seguida salen del bosque y se encuentran con un enorme prado por el que se ve una enorme bajada y delante de la subida, un pequeño pueblo.
-Hemos sido muy tontos dando la vuelta a todo esto, ¿verdad?
-Sí, pero nunca me han gustado los atajos. -dice ella encogiéndose de hombros.
-¿Entonces?
-O te conviertes en humo, algo que nunca va a ser, o cogemos el atajo. Uno o dos, y hemos elegido el dos.
Omar asiente y sigue a la chica, que baja corriendo toda la bajada, cubierta por hierva cortada y barro, a pesar de que los últimos días no haya llovido nada, y enseguida, sus pies terminan manchados.
A la subida no hay tanta suerte, el chico se cansa en seguida, y aunque a la chica le cueste algo más, también termina agotada.
-¿Te parece si rodeamos el pueblo? -pregunta la chica.
-Pero nos van a ver.
-Pues que nos vean, no hacemos nada malo, ¿verdad?
Omar se calla e intenta seguir alcanzando a la chica, que a pesar de su cansancio, sigue adelante a toda velocidad.
Pronto, casi terminando la vuelta al pueblo, comienzan a ver unos árboles, los primeros que comienzan a crear el bosque, y es entonces cuando por fin Nerea para. Omar llega hasta ella y se agacha apoyándose en sus rodillas y tomar aire.
-Deberías hacer más deporte. -sentencia la chica.
-Desde luego la prefería antes. -susurra el chico.
-¿Qué has dicho?
-Nada.
-Seguro.
Responde Nerea arqueando las cejas y mira hacia atrás.
A Omar casi se le escapa el "bu", pero decide dejarlo al aire y continuar por enésima vez persiguiendo a su compañera de faena.
En seguida entran en el bosque y Omar anda con cuidado con las ramas que suelta Nerea, para que ninguno de ellos le entre en el ojo.
El pelirrojo mira al suelo y se entretiene mirando pezuñas de animales, para cuando se quiere dar cuenta, tiene a la morena a unos diez metros de él.
-¡Espera un poco! -grita el chico.
Nerea se gira, su pierna brilla en una luz azul marina, algo que seguro que ella no se ha dado cuenta, porque anda con toda naturalidad, hasta que palidece un poco al instante.
El chico deduce que es porque se ha dado cuenta de que su pierna es similar a una linterna, pero no parece mirar mucho su pie y preocuparse por ese problema, más bien, coge otra piedra, esta normal y gris, por el suelo, y se levanta con cuidado.
-Apártate. -le ordena ella.
-¿Qué pasa?
-Que te apartes.
Ve pánico en su cara, como si algo realmente horrible pasara, por lo que le obedece sin rechistar y deja que la experta apunte con la piedra. Pero fácilmente cambia su trayectoria de nuevo hacia el chico.
A Nerea, mientras, el corazón le va a mil, lo que esta viendo no le gusta nada, y por lo que más miedo pasa es por estar rodeada de cosas como esas. Nunca en su vida había pasado tanto miedo.
El tiempo se le agota y no sabe si realmente lo importante en ese momento sea guardar el poder tan antiguo de su familia. Decide optar por proteger quien realmente es al hijo del poderoso más importante e intentar tranquilizarse. Nada nunca le ha dado miedo y este no va a ser el momento cuando empiece.
Respira hondo y en el peor momento existente, lanza fuerte la piedra y coge otra para rematarlo.
Al mismo tiempo, la razón por la que el corazón de Omar lata tan fuerte se debe a la ignorancia y a la cara pálida de su amiga, ya que sin decirle lo que pasa, parece no encontrarse bien y que lo que ocurre es grave, tanto como para cerrar los ojos y dar un adiós a la vida.
El tiempo corre despacio a su alrededor y observa cómo la piedra se acerca lentamente a la vez que Nerea ve cómo cada vez, la boca de la serpiente enorme se hace más grande, tanto como para poder tragarse a Omar de arriba abajo, entero.
Al chico ni se le pasa por la cabeza mirar hacia el lado.
La cara de Nerea termina por ponerse blanca cuando mira hacia el lado y ve algo que le da todavía más miedo.
Al mismo tiempo en el que la primera piedra pega a la serpiente, lo suficientemente fuerte para que se aparte por un instante, Nerea cierra fuertemente sus puños, con miedo, sintiéndose pequeña, y la espalda de Omar termina empapada en sangre.
El chico siente nauseas al instante y todo le empieza a dar vueltas al mismo tiempo en el que su mirada se vuelve borrosa. Hasta que una mano lo coge por el brazo.
No es Nerea. Es Claudia. La pelirroja que solo puede hablar con él.
-¿Quién narices es?
-Una de las tres marías.
-¿Qué marías?
-Las raras del pueblo o de las afueras. Esta solo me escucha a mí y yo soy el único con el que puede hablar, se ha sentido sola durante un buen tiempo.
-No te he pedido su historia, solo saber quién es, y ya de paso si más cosas como esa van a aparecer.
Por primera vez desde que conoce a Nerea, el miedo aterra sus ojos marrones, tanto que después de lanzar la piedra, apenas puede moverse.
-Claudia. Y ni sé a lo que has lanzado la piedra y ha explotado detrás mío, así que no puedo decírtelo, pero... ¡Claudia! ¿Qué era eso?
-Una serpiente. -dice ella con una dulce voz.
-La...
-Sí, tú y cualquiera la oye, pero ella solo me escucha y habla a mí. ¿Alguna otra pregunta?
-Si hay más de esos.
-¿Hay más por la zona? -repite al instante Omar con mala gana que se escucha claramente en su voz ronca y seria.
-No, aquí no, tampoco debería de haberlo.
-Joder. -murmura Nerea mientras que se deja caer al suelo.
-¿Más preguntas? -pregunta Omar mirando a Nerea.
Ella lo niega con la cabeza.
-Pues vamos.
Dice él mientras repone fuerzas, se suelta bruscamente de Claudia y tira de Nerea. En ese momento es él quien tiene la fuerza y el relevo del guía.
Nerea no tarda tanto en recuperarse y repite la acción de soltarse con brusquedad mientras que enfadada se dirige al chico:
-¿Pero tú dónde te has dejado los modales, pelirrojo? ¡Aquí no eres ningún poderoso! Esa chica ha salido de la nada, vale, y daba mucho cague, pero después de ayudarnos se merece algo más que tu desprecio, porque parece conocerte. ¿Sabes? A mí no me gustaría sólo poder escuchar y hablarme con un idiota como tú. -exclama de sopetón y vuelve en sus pasos hacia atrás hasta el sitio donde antes se encontraban.
Para cuando Omar llega, ve a Nerea dando vueltas y buscando a la chica.
-No está. Aparece y desaparece como un fantasma.
-¿Y tú qué haces aquí? Sigue buscando quién eres porque así no encontrarás nada.
-Ahí te has pasado.
-Lo sé, pero estoy cabreada contigo, y cuando me enfado digo lo peor de una persona. Es un defecto que viene de familia.
-A Enara nunca le he oído.
-Haber, porque viene de MÍ familia, padre y madre, no de la familia de Enara, ni la de mi otra prima.
-¿Que tienes otra prima?
-Así es.
Nerea sonríe amargamente, hace mucho que no sabe de ella. Lo que ahora teme es que...
-¿Y qué es de ella?
Perfecto, este tío o le lee la mente o por mala suerte siempre dice lo que no debe. Ella sonríe forzadamente, se levanta y cambia la pregunta.
-¿Por qué le has contestado tú así a Claudia? Entonces será cuando yo te contesta qué es de mi otra prima.
Omar suspira.
-No me seas Ainhoa.
-No es ser Ainhoa o no, es hacer un trato. ¿Te cuento otro tema de mi familia? Cuando prometo algo o hago un trato, siempre lo cumplo.
-Por eso voy a tener que contestar otra pregunta, ¿verdad?
-Pues no, pero ahora obedece y no hables de otras cosas.
-No sé. Cada vez que está cerca no me siente cómodo y me enfado fácilmente cuando la escucho. Trato de ignorarlo, pero no puedo.
-Pues el nombre de mi prima era Janire, y digo era porque no se sabe nada de ella.
-La recuerdo. Una chica que daba mucho miedo.
-Ya, lo simulaba, pero en realidad era un sol.
-Los poderosos siempre lo han intentado ocultar.
-¿Han? Dirás "hemos", que yo sepa sigues siendo uno de ellos.
Omar suspira. Decidido. No sabe ni por qué. Quizá por su tío, quizá por Ainhoa o por cualquiera de sus otros extraños compañeros a los que inevitablemente les ha cogido cariño. Lo único que en ese momento tiene claro es el bando al que pertenece y en el que se hará un huequito.
-Que algo que te quede claro desde ahora en adelante, Nerea como-te-apellides-de-verdad, de lo único que soy poderoso es de sangre, por lo demás soy totalmente rebelde, ¿entendido?
-Sí.
-¿Me crees?
-¡Qué remedio! Además, pareces buen tío, pelirrojo.
-Ahora, ¿qué pasó de verdad con tu prima?
-Desapareció en uno de estos viajes, por eso se pararon durante un tiempo. Muchos la acusaban de crear una rebelión aquí arriba, pero para que desapareciera tan repentinamente... se necesita valor para ser un imbécil y acusarla de eso.
-Han habido muchos rumores.
-Ya, pero que la gente diga lo que quiera.
-¿Alguna otra pregunta?
-No, una afirmación de hace mucho.
-Dime.
-Tu pierna brilla.
-¡Si es verdad! -dice ella maravillada mientras que corriendo se saca la piedra de su bolsillo y la aparta rápidamente. -Duele.
-¿Será Ainhoa?
-No creo. La luz y la fuerza son demasiado grandes. Eso significa que se trata de otra piedra.
-¿Eso es bueno?
-Buenísimo. Tenemos la manera más fácil para llegar a todo y encontrar a Ainhoa sin buscarla a la vez, ¡alegra esa cara, tontorrón!
Él sonríe sin ganas y ambos, siguen la luz de la piedra durante el resto del camino.