miércoles, 4 de junio de 2014

Capítulo 73

Hace rato que ha empezado a llover y por fin, a cargo de Elías, han conseguido llegar ilesos al campo de batalla.
Nerea reparte una goma a Ainhoa, para que pueda sujetarse el pelo, pero ella pasa, no quiere hacerse una coleta, siempre se le han echo muy incómodos. Desde aquella vez que Valeria le enseñó a hacérselos.
-¿Y una vez dentro que hacemos? -pregunta Ainhoa.
-Nosotros somos los encargados de buscar a Valeria y sacarla. También tenemos que intentar debilitar el sistema y procurar salir tal y como hemos entrado. -informa Nerea. -¿Los has avisado ya?
-Sí. -responde Elías. -Y cada uno ya está en su posición. Dicen que yo vaya con Ainhoa a buscar a Valeria y que los inteligentes del grupo intenten hacer lo otro.
-¿Por qué dices lo otro? -pregunta Fabio.
-Porque nunca me acuerdo del nombre completo.
-Bien, basta de cháchara, todavía es de noche, pero dentro de una hora más o menos amanecerá, y ellos tienen la ventaja del descanso, aprovechemos el nuestro.
-¿Cuál es el nuestro? -quiere saber Ainhoa.
-La sorpresa. Es obvio.
-¿Por qué si eres tú, Elías, el líder, nos está dando Nerea el sermón? Y por cierto, nunca te he oído dando uno, pero definitivamente que lo hace mejor que tú.
-Cállate, Fabio, que yo soy el líder.
-¿Queréis pelearos como dos niñatos o preferís hacer algo ya que habéis venido?
-Se supone que nos tienes que motivar.
-Ese es tu trabajo, capitán Elías.
-Bien. Pues vamos dentro. Ainhoa y yo a por Valeria y vosotros a lo que solo vosotros recordáis el nombre, maldita sea mi memoria. Ellos ya están dentro, las bases están empezando a ser destruidas silenciosamente. Ahora nos toca a nosotros no sacar ruido, ¿podremos?
-Claro que podremos. -responde sonriente Ainhoa y se da cuenta de que solo quedan ellos dos. -¿Cuándo se han marchado?
-Lamentablemente, en medio de mi charla. Ahora, vamos.
Ainhoa y Elías entran por la puerta del suelo que permanecía abierta tras haberla usado Fabio y Nerea, y se introducen en una sala de paredes grises con una única lámpara encendida que se va apagando por momentos, llegando a su fin.
Elías deja en el suelo la mochila que hasta entonces llevaba en la espalda y saca de él cuatro pistolas, diez bolas que cambian constantemente de color, un par de linternas, protectores para algunas zonas, dos capas marrones y dos especies de lápices que reparte entre los dos, mitad para cada.
-¿Vamos a necesitar todo esto?
-Mejor prevenir que curar, o eso dice Abraham.
-Nos vendría bien Carlos para el disfraz.
-Carlos está bien en su sección. Ahora, sígueme, Hermenegildo me dio una especie de mapa que nos llevará más o menos hasta la sala central de prisioneros, o mejor dicho en cristiano, la cárcel.
-¿Y dónde está?
-Hacia la derecha. Y no hace falta que te lo diga todo, solo sígueme.
Ainhoa lo hace. Lo sigue por pasadizos estrechos, pasillos interminables y de sala en sala buscando la que a ellos les conviene.
El tiempo pasa y estando a contrarreloj, es peligroso que todavía no los hayan encontrado. Ainhoa siente la presión en la cabeza, una que le provoca creer que su cabeza está siendo aplastada por una fuerza brutal.
-Elías, ¿dónde estamos?
-La orientación no es lo mismo.
-¡Eso ya lo sé!
-Lo que te he preguntado es haber dónde estamos.
-Ni idea, pero la última sala parecía la de medicina, por lo que tampoco estamos tan lejos.
-¿Estás seguro de que ese mapa está bien?
-Ha acertado en el orden de las salas donde hemos entrado, por lo que supongo que siguiendo el pasillo y cogiendo la derecha al lado de la habitación donde ponga cinco y entrando en la primera puerta a la izquierda tiene que haber una entrada secreta a la cárcel.
-Estás de coña, ¿verdad?
-No.
-Hemos perdido media hora, Elías, como Nerea ha dicho dentro de otra media hora saldrá el sol y todo esto empezará a convertirse en un caos. No tenemos tiempo que perder.
-Por esa misma razón tenemos que coger ese camino.
-No, Elías, tú mismo has dicho que no tienes buen sentido de la orientación, ahora te toca a ti seguirme a mí porque yo no me equivoco.
-Tú misma, pero yo voy a seguir ese camino.
-¿Te lo sabes?
-Sí.
-Pues entonces no te hará falta esto. -replica Ainhoa mientras que arranca de las manos de su amigo el mapa que el tío de Omar le ha dado.
-Si ves que algo malo ocurre, retrocede y sal pitando, no te preocupes por los demás. Saldremos adelante. Somos fuertes. -aconseja Elías y sin decir nada más, se va.
Ainhoa se queda totalmente sola, y eso le duele, porque ni siquiera sabe para qué sirven la mitad de las cosas que su compañero le ha dado al entrar, tendrá que improvisar sobre la marcha.
Si pudiera tener los recuerdos de Margarita seguro que terminarían antes... ¡Eso es! ¡Recuerdos! Pero no de esa mujer, sino de Hermenegildo. Sólo tiene que pensar en si le ha tocado alguna vez. Afirmativo, en el coche, al ayudarle a cambiar de canción.
Se sienta en el suelo y piensa, (o más bien recuerda), todo lo que el hombre ha podido tener con ese lugar, toca las paredes e incluso se levanta para tocar algún cristal que está por ahí, pero nada.
¿Qué puede hacer si el mapa no le puede servir de ayuda? Espera un momento, el mapa ha sido tocado muchas veces por Hermenegildo, lo que supone que por ese medio, podrá encontrar más recuerdos del hombre respecto al lugar.
Se pone manos a la obra, cierra los ojos, respira y trata de concentrarse lo más posible, obliga a concentrarse, y tras no conseguirlo, piensa que dejarse llevar puede ser lo mejor.
Y entonces ocurre, deja de sentir, deja de pensar y solo se convierte en una esclava de sí misma que sigue unas ordenes que nadie establece.
Tira el mapa, se levanta poco a poco y toca el pomo.
Todo se vuelve blanco. Lo ha conseguido. Se ha transportado a los recuerdos de otra persona. Pero no son de Hermenegildo, ni mucho menos. Se trata de su sobrino, Omar.
Se encuentra su lado, y él camina, sin verla. De pronto todo coge color y lo ve, sentándose junto a otra gente vestido con capas marrones, que se quitan la capucha al verlo.
-¿Y? -pregunta uno de ellos, el mayor.
-Me uno a vosotros. -responde él.
A Ainhoa se le cae todo encima. Omar. Es. De. Ellos. ¿Cómo ha podido pasar eso? ¿Por eso Nerea estaba sola bajo el acantilado?
Pero lo más importante en ese momento no es otra cosa más que Omar es de ellos. Omar se ha unido a los mágicos. Y su corazón está aplastado por un camión una y otra vez.

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